Cerebro Salinas de Gortari

16 diciembre 2014

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Quisiera ser un Salinas de Gortari, quisiera entender ese hambre de poder que tienen; quisiera comprender esa insensibilidad; ese cinismo; ese maquiavelismo; esa incapacidad, que comparten con los delincuentes, de no sentir el dolor ajeno. Quisiera entender al primer Presidente que supe, era Presidente de México (tenía 6 años cuando llegó al poder), del cual ya muy niño sabía que era ratero y que se había robado las elecciones en 1988. Yo recuerdo, a mis 5 años, mi mamá tenía una calcomanía de Manuel Clouthier en su Brasilia y me decían que él era el bueno, cuando el PAN todavía valía la pena. Pero ganó Salinas de Gortari, acompañé a mis papás a votar, yo quería votar, pero estaba muy chico, aunque su voto no sirvió de mucho. Salinas le cometía fraude electoral a Cuauhtémoc Cárdenas.

Cerebro Salinas de Gortari

El día de hoy nos acordamos de ellos por dos cosas, por la exoneración de Raúl Salinas de Gortari, y por la declaraciones de Carlos Salinas sobre Carlos Slim. Los dos eventos simultáneos tienen algo en común, Enrique Peña Nieto, supuestamente apadrinado y apoyado por Carlos Salinas (aunque las cosas van tan mal que ni siquiera parece haber un cerebro inteligente como el del ex Presidente detrás). En tiempos de Peña Nieto, Raúl Salinas es absuelto del cargo por enriquecimiento ilícito. Esto significa que las autoridades deben de devolverle las pertenencias que le fueron confiscadas en 1996, y el “descongelamiento” de varias cuentas bancarias. Raúl Salinas fue ajusticiado por un priísta enemigo como Ernesto Zedillo, y ahora, en los momentos en que uno al que muchos señalan como cercano gobierna, termina eximido de culpas. Así la impunidad y la corrupción en México. Si eres poderoso e influyente, al final te vas a salir con la tuya.

El cinismo es más cruel cuando escuchas hablar a Carlos Salinas de Gortari sobre Carlos Slim. La crítica es dura, pero Slim puede estar muy contento, porque el deslinde le ayuda a su nombre el cual está vinculado con el de Salinas. El ex Presidente afirma en una columna suya para El Financiero que él hizo una muy buena privatización que fue incluso aplaudida por sectores internacionales, pero que Carlos Slim resulto ser un empresario muy voraz y pragmático que se benefició del “régimen neoliberal” (en tiempos de Zedillo según èl, claro) para que Telmex terminara siendo lo que siempre fue, un monopolio privado. ¿Salinas hablando de los males neoliberalismo? ¿Pero que podemos esperar del miembro de un partido en cuyos estatutos está en contra del estatismo y del neoliberalismo a la vez, pero al mismo tiempo puede ser estatista y si quiere neoliberal?

Si la relación cercana entre Carlos Salinas y Enrique Peña Nieto es real (algunos sugieren que no lo es así), tal vez tendría algo de sentido, porque a Slim no se le ve cómodo con el gobierno de Peña Nieto. Incluso algunos priístas han afirmado que Carlos Slim está detrás de los intentos de “desestabilizar el proyecto de nación de Enrique Peña Nieto”, porque como sabemos, salió perdiendo, mientras que el gobierno de Peña se ha preocupado por beneficiar a Televisa, empresa que lo promovió a la silla presidencial.

Los Salinas son el más claro ejemplo de impunidad en el país y el claro ejemplo de que con poder, puedes beberte a México y llevarte a tus bolsillos el dinero de todo el pueblo sin temer que te caiga todo el peso de la ley. El PRI de Peña y “el nuevo PRI”, no se entiende sin los Salinas. De ellos pareciera heredaron el cinismo, y la incapacidad deliberada de saber que están gobernando para el pueblo, como Pedro Aspe, mentor de Luis Videgaray y Secretario de Hacienda de Salinas presumió; que él sólo ha ido dos veces en su vida al Centro Histórico de la Ciudad de México.

No es gratuito que a los 7 años supiera que Carlos Salinas era un “ratero”, no es un secreto que después de su mandato, cuando los mexicanos entendimos el daño que nos hizo, se vendieran sus máscaras por doquier (había que sacar la rabia). Pero no logramos completar el cambio, y lamentablemente, estamos lo suficiente mal como sociedad para volver a tropezar con la misma piedra.

Los Salinas siguen impunes, y conforme sigan hablando, sigan siendo absueltos y sigan saliéndose con la suya, no podremos hablar de un Estado de derecho en México. Su sola presencia genera desconfianza, nos habla de que algo sigue podrido.

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