Abarca y su esposa debajo del colchón de Iztapalapa

4 noviembre 2014

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Abarca y su esposa, los presuntos autores intelectuales del crimen fueron encontrados en una casa en Iztapalapa. Dato curioso que esta casa se encontrara sólo a 15 minutos del centro de mando de la Policía Federal.

Abarca y su esposa debajo del colchón de Iztapalapa

Quien crea que con su detención el asunto está resuelto se equivoca.

Porque las preguntas siguen al aire ¿Dónde están los 43 estudiantes desaparecidos? ¿Ya murieron o no, y si fue así, quienes fueron todos los culpables? ¿Cómo explican las fosas clandestinas que siguieron apareciendo? Llevamos más de un mes y no hay respuestas. La detención del alcalde y su esposa no hará mucho, sobre todo porque el problema de Guerrero (que proviene desde la Guerra Sucia de los años 70) va mucho más allá, y éste alcalde es más que la creación del problema, la manifestación del problema.

Es natural que el asunto de Ayotzinapa se le salió de control al gobierno. Hemos tenido una de las manifestaciones más grandes de los últimos tiempos, y es que la gente no sólo está molesta por lo sucedido en Iguala, las inconformidades con el gobierno actual son muchas y vienen tanto de la izquierda como de la derecha. Llegamos al punto en que personajes como Eugenio Derbez (que trabaja en una televisora oficialista) arremete contra el gobierno, y se publican columnas como la de Jorge Ramos en el Reforma cuyo titular habla sobre “La renuncia de Peña Nieto”.

 

El gobierno busca por todos los medios que esto les afecte lo menos posible, aunque parte del daño a su alicaída imagen ya está hecho. Para ellos la detención de Abarca y su esposa puede ser una buena noticia desde el punto de vista mediático. Pero la gente se sigue preguntando dónde están los estudiantes, la gente no ve la masacre como un incidente aislado cometido por Abarca y su esposa, sino como lo que es, un problema que está enquistado en todos los niveles de gobierno, narcotráfico, impunidad, corrupción.

Que los partidos creen un Pacto contra la Inseguridad es poco menos que insultar a los gobernados. Primero, porque los partidos han tenido mucho que ver en las manifestaciones de violencia actuales, y parte de lo sucedido es consecuencia de sus decisiones. Segundo, porque el Pacto por México firmado hace dos años tenía un propósito que traería resultados distintos a los que hoy vemos. Gracias a este se aprobaron reformas cuya calidad está en tela de juicio, y porque fue una estrategia que al final trató de beneficiar la imagen del gobierno actual en detrimento de los otros partidos. Gracias a ese pacto, Peña Nieto se presumió como el reformador (sin otorgarle ningún crédito a los otros partidos) aunque ese hype ha sido ya completamente opacado por Tatlaya y Ayotzinapa. A esto hay que traer a colación los miles de acuerdos y apretones de manos que sólo han servido para la foto.

La detención de Abarca y su esposa sólo es una pequeña cosa de las tantas cosas grandes que se deberían de hacer. Creer que el asunto estará resuelto con la detención es minimizar lo ocurrido y evadir culpas y responsabilidades. Porque lo de Ayotzinapa no es un hecho aislado de un alcalde, es la punta del iceberg de un sistema que no funciona bien. Porque atrapar a un alcalde otorga un efecto poco menor a detener un capo de la droga para después ver que el narcotráfico sigue creciendo a niveles alarmantes. Porque debería ser sólo una anécdota, y porque supondríamos que la detención e interrogatorios deberían de ayudarles a dar con los desaparecidos (vivos o muertos) pero mientras no suceda, esto es poco menos que nada.

Poco menos que nada.

P.D. Al tiempo que termino de escribir este artículo, aparece una nota en el portal de aristeguinoticias.com que afirma que los integrantes de guerreros unidos fueron quienes dieron la orden de matar a los 43 estudiantes: http://aristeguinoticias.com/0411/mexico/integrantes-de-guerreros-unidos-confiesan-ejecucion-de-normalistas/

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