Futbolistas como dioses

1 septiembre 2014

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Los argentinos le han creado un religión propia a Diego Armando Maradona. Fue un excelso futbolista, jugaba muy bien con las piernas, y nada más. Nunca fue una persona ejemplar, se drogaba, llegaba a golpear a quienes lo criticaban, despilfarraba dinero al tiempo como buen capitalista al tiempo que apoyaba los gobierno de Chávez y Fidel Castro. No fue buen técnico tampoco, al punto en que le habló al Club Atlas de Mèxico para que le diera trabajo (naturalmente necesitaba dinero).

Futbolistas como dioses

Una cosa es la admiración hacia los futbolistas, y otra cosa es el “endiosamiento”. Yo admiro la forma en que juega Leonel Messi, o Cristiano Ronaldo. Pero son personas de carne y hueso con la particular habilidad de jugar bien al futbol. No son héroes porque no salvan la vida de nadie, y tan sólo juegan para equipos a quienes muchos apoyan.

Un futbolista no aporta mucho a la humanidad como mero futbolista, son demasiados pocos los que logran escribir su nombre en la historia más allá del futbol, y se cuentan con la mano. Se les puede tener admiración, pero no se les puede elevar ni mitificar.

Muchos niños desearían ser Leonel Messi y sueñan con hacer un gol corriendo desde media cancha para así driblar a varios jugadores y poner el balón en la portería, al tiempo que son millonarios, tienen chicas, autos deportivos, casas, lujos y son admirados por la gente. Ese es sólo el lado superficial de las cosas, yo en el Mundial de Brasil vi a Messi vomitando, he visto jugadores importantes que se quiebran. Porque de lo que no te hablan mucho es de la presión inmensa que llegan a sufrir esos jugadores. Toda una industria se sostiene gracias a su juego, y una baja de nivel implica muchas pérdidas, aparte de la lluvia de críticas.

El Real Madrid contrata al Chicharito Hernández quien pareciera no tener el nivel de hace años (y un buen negocio para vender camisetas en México). Uno esperaría apoyo de sus connacionales, y todavía se toleraría alguna fina burla sobre, por ejemplo, su condición de jugador guardado en la banca. Pero muchos lo linchan, vaticinan su fracaso, lo llaman petardo, lo culpan de todo, lo ven como un villano, lo juzgan más que a un político. La gente puede olvidar rápidamente la corruptela de los políticos, pero no pueden olvidar como un jugador falló en un Mundial hace 8 años.

O que decir del otro jugador, Carlos Vela, quien es vilipendiado por la afición por negarse a ir al mundial (a causa de serios conflictos con la FMF), tachado de antipatriota más que de un político. Y que yo recuerde nadie paga impuestos o contribuciones para mantenerlo.

Muchos aficionados quieren que los futbolistas sean dioses y se comporten como tales, quieren tener a quien admirar eternamente, quieren declararse anti-Messi o pro-Ronaldo como si eso le fuera a dar sentido a sus vidas. Ciertamente ganan demasiado bien, y eso se explica porque su ingreso es directamente proporcional a la desproporcionada afición que alguien puede tener por este deporte y por la mitificación que se hace de algunos jugadores. Pero los futbolistas no son dioses, son futbolistas, son personas que usan sus piernas para patear una pelota.

Y un jugador no es un héroe.

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