El Mercado Corona, símbolo de la ineficiencia mexicana

5 mayo 2014

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Hoy es un triste día para los tapatíos. Un incendio está consumiendo el Mercado Corona, colapsó el segundo piso, y se asume que esto será una pérdida total. Para quienes no son de Guadalajara, déjenme explicarles que el Mercado Corona es (o era) un lugar de mucha tradición en nuestra ciudad. Ubicado en el Centro Histórico, a dos cuadras de la Catedral, ese lugar había cumplido ya más de 100 años de historia.

El Mercado Corona, símbolo de la ineficiencia mexicana

De pronto hay un incendio que lo derrumba, así como derrumbados están los locatarios, algunos en llanto y desesperación, no sabrán como llevar dinero a casa. Pero un incidente como este no debe de verse como algo aislado, sino más bien como algo representativo, como el efecto de una causa. Y es que si bien, ninguna obra construida por el hombre es perfecta y a lo largo de la historia nos hemos dado cuenta de ello, la forma en que se construyen o mantienen dichas obras las acercarán o las alejarán de la perfección.

El Mercado Corona es uno de tantos mercados mexicanos, y éste, comparte peculiaridades con muchos otros que se pueden encontrar en el país. Una de ellas es la improvisación. Dentro del Mercado Corona uno podía ver un montón de cables, diablitos para colgarse de la electricidad y demás expresiones de una profunda desorganización a lo largo de los locales. Eso es tan común que ya se percibe como folklórico. Los locales abarrotados de productos, letreros en muchos casos mal escritos con plumón, instalaciones en mal estado, una oda al desorden que se vuelve tan típico que llega a verse como atractivo turístico, que se confunde con el color y la amabilidad de los locatarios.

El problema es que estas características reflejan la forma en que los mexicanos nos organizamos. ¿Protección civil?, -No los necesitamos, aquí nos cuidamos todos, tenemos nuestros métodos-. Los mexicanos tendemos a improvisar mucho, a poner parches donde se requieren estructuras nuevas, a esconder los defectos en lo oscurito, a hacer como que no pasa nada y a ser pasivos ante problemas que requieren soluciones. El Mercado Corona tiene (o tenía) mucho de lo mexicano, mucho colorido, pero también una tremenda desorganización.

El Mercado Corona colapsó, probablemente por algún desperfecto o incidente aislado que se magnificó hasta tomar toda la instalación para destruirla, una pequeña coyuntura. Pero esa pequeña coyuntura muy posiblemente provocada por toda esa improvisación, un cable suelto, algo que se dejó abierto que ni siquiera debió haber estado ahí, una falla eléctrica.

Esperaría que este lamentable incidente (que afortunadamente no se llevó ninguna vida) sirviera para reflexionar y buscar nuevas formas de hacer las cosas. Pero al parecer esto es difícil porque ya estamos cómodos haciendo las cosas como las hacemos, y si pasaron 100 años para que el Mercado Corona cayera, entonces no hay tanto de que preocuparse. Y con esto me viene a la mente el Mercado San Juan de Dios, que quedó afectado hace varios años por un temblor. Los locatarios presionaron para que este no se demoliera, y ahora es una bomba de tiempo… que podría terminar en una tragedia.

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