¿La necesidad de los transgénicos?

2 octubre 2013

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AQUÍ EL CUENTO ES COMO HACEMOS PARA TENDER PUENTES DE DIÁLOGO CON LOS OTROS, y eso creo se logra con el ejemplo, el decir haciendo. Por otro lado, en lo que no coincido con algunos columnistas es en el ejemplo tan a la ligera sobre los alimentos, he visto desconocimiento y el estancamiento de los argumentos científicos para este tema tan importante como son: los transgénicos. Sí, en ratas estos maíces han producido deformaciones y la muerte, y por supuesto una rata no es un HUMANO; pero creo que se percibe desde una perspectiva muy desinformada y me parece que dado que he aprendido un poco de ello, quisiera compartirlo aclarando que no es la verdad total, sino algo que sigo aprendiendo.

La Necesidad de los Transgénicos

Hoy en día se piensa que la introducción de los alimentos transgénicos es una medida urgente ante la “supuesta” hambre planetaria, y entonces esta afirmación es confrontada por los defensores del maíz y una cultura milenaria en los pueblos latinoamericanos -pero sobre todo en el mexicano- los cuales rezan: sin maíz no hay país. En efecto, cada vez más el maíz es importado de Estados Unidos y el que se exporta se nos regresa en harinas o fructuosa, y el arraigo de otros cultivos por encima del maíz se afianzan cada vez más, tales como el azúcar. Lo que algunos critican ante esta manera de defender el maíz son muchos factores que van implícitos en el cambio de saberes campesinos que se ha venido desarrollando: la pérdida de las semillas nativas, la introducción de los pesticidas, la tecnología en exceso (que ha hecho dependiente al campesino en muchos casos) y sobretodo la introducción de maíces híbridos o mejorados (algunos ya modificados). Y en efecto la multiculturalidad de México se liga a su maíz también multicolor, a esta conservación de un alimento que consumimos en variedades de formas y sazones diversas, debemos apreciarla yendo más allá y no sólo como una consigna de protesta.

En este sentido me gustaría compartir 5 ideas que me surgen a manera de lo que en el campo mexicano y en donde me toca trabajar he podido observar y vivir.

1. Coincido en que lo más acorde sería su ETIQUETADO para que el consumidor pudiera DECIDIR si lo consume o no, bajo sus propios riesgos. Y también coincido, esto va más allá de SIN MAÍZ NO HAY PAÍS, pareciera que entre más se dice ¡fuera MONSANTO! más vende, creo que muchos de ellos siguen gritando ¡Fuera el maíz transgénico! Pero no son capaces de sembrar maíz criollo en su azotea (y por supuesto que esto implica tiempo, pero sí, es posible tener maíz en nuestra casa) o de tender puentes con productores locales o regionales, no, CONSUMEN MASECA. No haremos nada contra MONSANTO, siendo por ellos mismos declarado en BRASIL: no tenemos poder… somos el PODER; si antes no iniciamos una revolución interna y coherente en nuestra manera de hacer las cosas diarias, empezando incluso por nuestra propia familia.

2.-Algo equivocado es, desde mi punto de vista, pensar que esta medida (la introducción de transgénicos) sea la necesidad última o más vigente para que el consumo de alimentos siga siendo accesible, el precio sería otro. Y pongo un ejemplo, EL CAMPO ESTA SIENDO OLVIDADO Y RELEGADO DESDE HACE MUCHOS AÑOS, sí, quizá un lugar común, dirán muchos. Pero, ¿Por qué? Pues porque en la región que estudio, es el rescate de las semillas criollas una alternativa al autoconsumo de las familias y no, NO ES CHIAPAS es en el SUR de JALISCO, en donde se apuesta por no seguir endeudando campesinos con la venta de estas semillas modificadas y “mejoradas” ¿sabe usted cuánto gasta un campesino en 6 hectáreas de maíz modificado-mejorado en todo el proceso hasta su cosecha? Cerca de 80 mil pesos, debido al alto costo de las semillas, las grandes cantidades de pesticidas que necesitan (y eso que son mejorados y para que resistan plagas), los peones que necesitan para aplicar los pesticidas y otras tareas, fertilizantes (también químicos), gasolina y la pizca. ¿Imagina cuanto lleva en las mismas 6 ha un campesino que práctica la agricultura orgánica? 30 mil pesos, sí, el guarda su semilla en cada cosecha para su próxima siembra (los modificados sólo pueden ser utilizados una vez, si la semilla se quiere utilizar para sembrar un año después, las milpas no se dan), no utilizan pesticidas, ni fertilizantes químicos, sino los saberes que antes y han sido usados por quiénes siembran el maíz, estiércoles, casangueo (cortar la hierba y no tirar pesticidas), peones que se pagan con el ahorro en la compra de la semilla y los químicos, en fin significa TRABAJO, y NO, no están peleados con tecnología, algunos usan arado, otros el tractor y así de simple, ellos eligen.

3.-EL SECRETO ESTA EN EL MEJORAMIENTO DEL SUELO, con la composta, con no sólo la siembra de maíz en una parcela, sino su diversificación, de esta manera me toco participar en la preparación de una composta de varias toneladas, con los árboles que fueron talados en otras parcelas del ejido en donde ando, basura orgánica del propio campesino, mierda de varios corrales, en fin, y sí, se necesitó un trascabo para hacer el proceso (he aquí el ejemplo de que la tecnología no es repudiada, sólo se usa como herramienta y no como el centro del trabajo campesino), para que al preparar la tierra darle más materia orgánica (este productor tiene 5 años mejorando su suelo con compostas y lixiviados, entre otras cosas), y sí, SEMBRAR 17 CULTIVOS DIFERENTES principalmente maíz, 7 variedades de chiles, jitomate, frijol, jamaica, pepinos, jícama, calabacitas, calabaza cacahuate y sandía.

4.- El vende (al igual que otros tres campesinos, además de regalar) lo que se ha ido cosechando (pepinos, chiles, jitomates y calabazas -los dos tipos-) en el propio ejido y en dos municipios aledaños, y su maíz es vendido a una cooperativa de mujeres que vende tortillas hechas a mano en el ejido y en 3 municipios aledaños, creando empleo y protección contra otros de los grandes endeudadores del gobierno LOS COYOTES, sí, esos que si juegan con el mercado y hacen que los precios suban y bajen según su conveniencia por sus acaparaciones de cultivos, con contubernio de muchos gobiernos no sólo a nivel federal, sino estatal y hasta municipal (como siempre habrá sus excepciones y espero que las haya) que siguen observando como el mercado sigue dejando en la ruina a los campos y la ganancia del trabajo campesino en los “mercaderes del campo” LOS COYOTES y los VENDEDORES.

5.- Por lo tanto, personalmente creo que no es posible afirmar que la entrada de los transgénicos es una medida que hace de los alimentos algo que aún podemos consumir, es la falta de consumo local, y de la desaparición de la siembra de nuestro propio maíz por otros que no dejan nada al campesino (véase la caña, que ahora inunda el sur de Jalisco y que de tener un precio de 7,50 por tonelada -así los embaucaron- después del año y medio para su primer corte, esté en los 4,50, quizá baje a los 3,90), y si a los empresario del ingenio, a los empresarios y por supuesto a los coyotes que siguen siendo intermediarios entre campesino-productor/consumidor.

La entrada de los transgénicos con el problema de las cosechas y de falta de alimento, es un pretexto viejo, con el cual hace algunos años Maseca –MINSA, logró subir el precio de la tortilla de 3 a 6 pesos, aun cuando el maíz se sabía estaba acaparado, al final cada vez ha subido más alegando falta de maíz, y por lo tanto su importación. El campesino ha perdido la fe en sí mismo, en sus semillas nativas, es ya una competencia quien produce más, quien da el maíz más grande, cuanto les va a dejar; eso sin poner en consideración el factor clima que también viene jugando un factor primordial en las parcelas de México, un temporal cada vez más incierto.

Creo que sería importante, más información, pero más allá de eso, comenzar a dejar de consumir enlatados (paulatinamente) y demás ofertas de comida fácil y que al final del día no nutre, por el consumo local, en Guadalajara ya hay ejemplo de ello, así que creo que no hay pretexto para dejar que la moda “verde” sea eso “sólo para los que tienen”, es necesario que esa distinción que buscan los mercados desaparezca entre quiénes son los que tienen derecho a comer bien y quiénes no.

La creación e interés en talleres que nos enseñen como aprovechar la azotea y convertirla una pequeña hortaliza, con cultivos fáciles, ya está cada vez más en la ciudad (talleres con costos indignos muchos y otros sin costo). Dejar el estrés de la ciudad y dedicarle 30 minutos, como lo hacemos para leer el periódico, estar en Facebook, ver algún programa, o a alguna actividad; además de la valoración del proceso para que una planta nazca y crezca hasta tener en nuestra mesa su alimento, creo que esto sensibiliza aún más nuestro espíritu y nos da equilibrio.

Pero como todo, esa es mi postura, decir haciendo, de a poco y sin tanto academicismo, sin tanta presunción… sigo aprendiendo y comprendiendo estos temas, pero creo necesario salir de los conceptos para entrar en las acciones, de esta manera el empoderamiento social sería otro, ya hay ejemplos de ello en la ciudad también, y muchos en donde sociedad y gobierno caminan de la mano, la protesta sin la acción es ya ambigua: HAGAMOS PUES.

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