Steve Jobs, o por qué ser ordinario no es siempre la mejor idea

3 julio 2013

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Quería escribir una reseña de la biografía autorizada de Walter Isaacson, pero creo que con este personaje tenemos la suficiente tela para cortar como para pensar en una sola reseña que se quedaría corta. Más bien he tratado de desmenuzar a este personaje, para entenderlo no sólo a él, sino a la condición humana, empresarial e incluso la supervivencia del más apto. Y voy por puntos.

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Me queda claro con este personaje tan adorado por unos y criticado por otros, que ser ordinario no es la mejor idea. Steve Jobs no lo era,  y posiblemente se ponga al nivel de inventores de la era moderna. Era un buen ingeniero pero no extraordinario (Wozniak se lo llevaba de calle), y no sabía programar. Tenía muy buenas ideas, y su equipo de trabajo (que también aportaron ideas geniales, porque no todas fueron de Jobs) se encargaba de llevarlas a cabo.

Creo que la meta de las personas comunes (la mayoría) es ser ordinario, lo más ordinario posible y dentro de eso ser felices. Nacer, ir a la escuela, tratar de ser popular en la adolescencia, tener relaciones sexuales, estudiar la universidad, buscar un empleo, casarse, tener hijos, ir de vacaciones a la playa, comprarse un auto que les gusta, envejecer y morir. A veces se prenden los focos rojos cuando una persona no va por ese camino, entonces se empieza a decir que puede tener algún trastorno psicológico o alguna deficiencia. La gente se puede asustar. Y es que si analizamos la infancia y juventud de Steve Jobs, veríamos a una persona lejos de ser el modelo a seguir por el mundo de lo ordinario.

Podemos ver en Steve Jobs varios rasgos criticables, hasta patológicos. Fue una persona contradictoria, al principio abrazaba ideales más bien cercanos a la izquierda por medio del movimiento hippie (que siempre afirmó defender), se oponía al materialismo, pero quiso trascender ofreciendo productos de consumo. Practicaba el budismo zen, pero era una persona demasiado lejos de la paz y la tranquilidad. Era obsesivo con la comida, vegetariano y no muy alejado del veganismo. Iba descalzo con los clientes, en su juventud no se ponía desodorante, sin importar que estuviera con ejecutivos de alto nivel. Era una persona que trataba mal a sus empleados, los humillaba, pero con todo eso los motivaba y casi todos se ponían la camiseta de Apple. Steve Jobs era una persona con rasgos maniqueos, no había grises. Como el mismo mencionaba, el mundo se dividía en héroes y capullos, no había más.

A veces aquello detectado como trastorno, o aquel rasgo indeseable que en el mundo común se debe extirpar, es lo que te termina impulsando. Steve Jobs era una persona controladora, obsesiva, distorsionaba la realidad, tenía un concepto muy peculiar de la libertad, buscaba mezclar la tecnología con el arte, no muchas personas sabían como tratarlo, era una persona difícil, demasiado directa e hiriente que odiaba los eufemismos, pero con una capacidad creativa muy alta, aunque como señaló su biógrafo Walter Isaacson, su inteligencia no era excepcional. Todas estas contradicciones y rasgos patológicos mezclados con una dosis de genialidad quedan resumidos cuando tú agarras un iPhone, percibes su diseño y empiezas a jugar con él. El caso de Steve Jobs no será el único, pero al analizar profundamente uno se impresiona de como la personalidad de uno puede quedar patente en lo que hace.

También queda claro que los rasgos de la personalidad pueden traer beneficios en algunos ámbitos, pero pueden ser un obstáculo en otro. Eso mismo que lo llevó al éxito fue lo que hizo que no estuviera lo suficientemente cercano con sus seres queridos, y posiblemente, que perdiera la batalla contra el cáncer.

La industria de la informática en la era de Steve Jobs y Bill Gates demuestra que no hay un camino al éxito, sino que existen varios, algunos pueden funcionar para algunos y otros para otros. Apple siempre ha fabricado dispositivos cerrados e integrados, mientras que Microsoft hacía lo contrario y vendía su software (Windows) a cualquier fabricante que pasara caminando. Las dos empresas, a pesar de sus ideologías diametralmente opuestas, tuvieron éxito. Ahora este fenómeno se replica con Apple y Android en los teléfonos. Apple busca ofrecer productos de calidad tratando de controlar todo el ecosistema de sus productos, lo cual le proporciona ciertas ventajas competitivas. Android hace lo opuesto y muchos terminales adquieren su software, y no solo eso, lo adaptan. A pesar de la fragmentación tan criticada por Jobs, Android está teniendo mucho éxito, y su modelo también le proporciona ventajas competitivas. Y esto es algo que ocurre en todos los ámbitos de la vida, y es por eso mi aversión a los libros de autoayuda que creen tener la solución (con fundamentos endebles en la mayoría de los casos) única para la búsqueda de la felicidad.

El libro de Isaacson es bueno, en el sentido de que a pesar de ser el libro oficial. Muestra a Jobs como un humano, y no como un Dios o como el demonio que muchos quisieron ver; es una perspectiva más cercana a la objetividad que a una obra de encargo. Nos habla de sus éxitos, pero también de sus fracasos, sus problemas como persona, su contradicción entre su sensibilidad nata y su dureza con sus empleados.

Creo que este personaje pasará a la historia, pero también su historia nos muestra el lado vulnerable del ser humano. Un humano fuertemente contradictorio, que a pesar de no tener una ideología sólida podía caer en el dogmatismo. Un hombre Zen y de carácter difícil; hippie y creador de objetos de consumo; de cabello largo, descalzo y estricto; humanista declarado que se estacionaba en los espacios para discapacitados; un rebelde que convivía perfectamente con los hombres del establishment; un hombre que logró que la creatividad y el control férreo pudieran coexistir.

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