Desconfianza en las instituciones

27 enero 2013

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Un país fuerte necesita unas instituciones sólidas y confiables que puedan darle certeza a los ciudadanos de su actuar y por lo tanto estos puedan estar dispuestos a cooperar con ellas.

Desconfianza en las instituciones

En una plática de esas de sobremesa, unos adultos se congratulaban de que evadían impuestos (aunque sea legalmente) y pagaban lo menos posible a Hacienda. La congratulación no era tanto porque fueran evasores, sino porque veían a Hacienda como un ogro que tiraba su dinero a la basura y se malusaba, por lo cual se debía procurar que el SAT les quitara lo menos posible. Naturalmente pagar impuestos no es algo que agrade en todo el mundo, pero la gente estará mas dispuesta a pagarlos si se ve un beneficio tangible en la sociedad. Como en México se relaciona a los impuestos con el financiamiento de campañas electorales mediocres y enriquecimiento inexplicable de políticos, entonces las motivaciones para pagarlas son pocas. Esto por que las instituciones no hacen lo que deberían de hacer.

Es un círculo vicioso. El ciudadano busca saltarse a las instituciones mientras que dichas instituciones se saltan al ciudadano. Dicen que el origen de la corrupción en México es que en la época de la corona, los tributos eran tan altos y excesivos que, para sobrevivir, los habitantes de esa época buscaban evadirlos. Ahora posiblemente no son tan excesivos, sino que se prestan para muchos abusos. Y no solo hay que remitirnos a los impuestos, sino a varios ámbitos.

Lo que pasó la semana pasada le da el mensaje a los mexicanos de que las instituciones (esas que han creado ellos mismos) no funcionan. En un mismo día una secuestradora sale libre debido al pésimo desenvolvimiento de la PGR y una televisora (que parece tiene permiso de participar en la vida política del país), y por otro lado, el IFE exonera a un partido político por haber cometido actos que posiblemente determinaron el rumbo de la elección.

Es un círculo vicioso y si se quiere un cambio, alguna de las partes tendrá que romper. Al final ambas partes son corresponsables de este vacío institucional. Debido a esto, parece que nos hemos acostumbrado a que “las cosas son así”.

No se puede pedir institucionalidad a los ciudadanos cuando estas no funcionan bien, pero estos a la vez no pueden obligar a las instituciones a funcionar bien si ellos mismos abusan de ellas, las evaden y si se puede, las utilizan. Una de las claves para que México avance es la ruptura de este círculo tan nocivo, y dejar de aceptar que “así es México”.

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