Salir de la zona de confort

5 enero 2012

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Leía una noticia que no era tan trascendental y que ya todos sabíamos, y es que Kodak está en quiebra. Naturalmente esta cuesta abajo de Kodak que se originó por las cámaras fotográficas digitales hizo que tuviera que hacer si o si, recortes de personal para que la empresa se pudiera solventar. Así como Kodak tuvo que despedir a varios de sus empleados, las otras empresas que se empezaron a beneficiar de las nuevas tecnologías, como Canon, HP, Sony, y muchas otras, naturalmente tuvieron que contratar más empleados para poder desarrollar su nuevo modelo de negocio. Y en un mundo competitivo, donde la tecnología avanza cada vez más rápido, igual que la innovación; uno ya no se puede dar el lujo de tener un empleo, o una empresa y pensar que haciendo las cosas de la misma manera ya uno tendrá la vida resuelta.

La vida es caótica y así siempre ha sido, a veces te mantendrá en la cima, y luego posiblemente, en la sima. Existirán épocas en las que todo se le puede dar a uno, se podrá dar lujos, gastos; y de pronto tendrá que ajustarse el cinturón. La vida de cierta forma ha sido así, y los hombres naturalmente tienen que adaptarse a sus vaivenes. Naturalmente el que sufrirá más es aquel que se queda estático, el que no cambia de estrategia, pensando que lo que le funcionó antes, le funcionará por siempre. En cambio quienes se adaptan, podrán no solo neutralizar un poco esas mareas altas, sino que por el contrario incluso podrán aprovecharlas a su favor.

El salir de la zona de confort no es algo fácil. Porque a veces los humanos nos quedamos con nuestras ideas, y pensamos que estas son inmutables; incluso algunas personas piensan que el modificar su estructura de pensamiento es una traición. Pero sucede lo contrario, las ideas no son inmutables, pueden funcionar a la perfección en algún momento de la vida, pero luego pueden ya no funcionar. Y es por eso que el hombre siempre se tiene que mantener abierto a los cambios e irse adaptando a ellos, por lo cual siempre se tiene que manener activo y flexible, seguir aprendiendo, estar actualizado. Dejar de añorar tiempos pasados y ver que es lo que depara el futuro. Ese conservadurismo mental era ideal para la edad media, pero no para la postmodernidad.

En algún momento de la vida, un economista marxista se dió cuenta que sus teorías ya no aplicaban y eran obsoletas, con los economistas neoliberales empieza a ocurrir algo parecido. Y el problema es que al “abrazar una ideología” una persona se niega a ver los cambios y busca justificar todas aquellas lagunas que van surgiendo y las atribuye a otros factores de una manera erronea. Todos los que estudiamos carreras universitarias nos encontraremos que en unos años, parte de lo aprendido ya no será tan útil y tendremos que actualizarnos y modificar nuestra estructura de pensamiento.

Si somos conscientes de esta mecánica natural de la vida, nos será mucho más fácil adaptarnos. El adaptarse inevitablmente genera ciertas dosis de ansiedad porque no sabemos a ciencia cierta si las estrategias que utilizaremos para adaptarnos sean las correctas, pero aquí entra la prueba del acierto y el error, de experimentar, seguir con lo que funciona y lo que no irlo desechando. Lo peor es que uno se quede petrificado y esperando a ver que lo que le funcionó antes le funcionará después aunque la verdad empírica demuestre lo diametralmente opuesto.

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