Día Internacional del Hombre

22 noviembre 2011

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Tengo que confesar que cuando me enteré de que el 19 de noviembre se celebraba el Día Internacional del Hombre, mi primera reacción fue negativa. Siendo su equivalente, el Día Internacional de la Mujer, una fecha para crear conciencia sobre las dificultades, inequidades e injusticias que viven las mujeres en todo el mundo, no podía entender cómo los varones podían ser considerados un género en desventaja.

A diferencia de las mujeres, a los hombres no se les mata por el simple hecho de serlo; no es común el ejercicio de la violencia contra ellos dentro de los hogares; no es su sexualidad un riesgo para su integridad física cada que salen a la calle; no se les paga un 30 por ciento menos que a las mujeres por el mismo trabajo, ni se les exige una doble jornada en el hogar. ¿Cómo entonces podía justificarse la existencia un día internacional para ellos?

Al principio consideré que se había caído en una guerra de egos, que se estaba banalizando la causa creando una celebración en lugar de una conmemoración, algo al estilo del Día de la Madre y del Padre, irremediablemente secuestrados por el consumismo y la mercadotecnia; pero al querer entender su justificación investigando al respecto, comprendí que estaba cayendo en lo mismo que criticaba, al juzgar algo basada en los estereotipos comunes, antes de informarme sobre el tema. Recordé lo que decía una maestra mía: “Es difícil desprenderse de una vida entera de vivir sumergida dentro del sistema”.

El 19 de noviembre se instauró como el Día Internacional del Hombre (DIH) precisamente con la finalidad de erradicar los prejuicios que exigen una masculinidad agresiva como la aceptable, destacando el rol positivo de los varones, que no requiere poner un valor superior a lo masculino sobre lo femenino.

El DIH, que está apoyado por la Organización de las Naciones Unidas, tiene seis objetivos principales según el sitio global de internet sobre esta conmemoración:

1.- Promover modelos masculinos positivos; no sólo estrellas del cine y el deporte, sino hombres de la vida diaria, pertenecientes a la clase media que viven vidas honestas y decentes.
2.- Celebrar las contribuciones positivas de los hombres a la sociedad, comunidad, familia, matrimonio, cuidado de niños, y para el medio ambiente.
3.- Centrarse en la salud y el bienestar de los hombres, social, emocional, físico y espiritual.
4.- Destacar la discriminación contra los hombres, en áreas de servicios sociales, actitudes sociales, expectativas y ante la ley.
5.- Mejorar las relaciones de género y promover la equidad.
6.- Crear un mundo mejor y más seguro, donde la gente pueda estar a salvo y crecer hasta alcanzar todo su potencial.

La finalidad de promover tipos distintos de masculinidades es en sí una vertiente de la lucha por la equidad de género, pues la base de la discriminación contra las mujeres que fomenta el desprecio hacia lo femenino obra asimismo en detrimento de los mismos varones. El machismo también los afecta a ellos al exigirles sólo un modelo aceptable de ser, donde la “hombría” no es algo per se, sino que se debe de ganar demostrando los atributos que se han considerado como deseables desde tiempos antiguos, entre los que se cuenta la fuerza, el liderazgo, la firmeza de carácter, la sobriedad, la capacidad de dominar las emociones, etcétera.

Aquellos que no se ajustan a la norma, o cuyas cualidades físicas los ponen en desventaja con hombres más musculosos, generalmente sufren el acoso por parte de los demás, y se ven forzados a poner énfasis en otras cualidades para defender su masculinidad, pues no hay peor cosa para un hombre que ser comparado con una mujer.

Es precisamente este temor a caer en un rol femenino lo que fomenta el machismo, que en distintos grados puede crear un odio capaz de llegar a matarlas por el simple hecho de haber nacido mujeres, asesinando así al objeto que representa todo lo que la sociedad les ha enseñando a despreciar: la “debilidad”, la “obediencia”, la “timidez”, la “emotividad”, etcétera.

Una masculinidad diferente, libre de tales estereotipos, puede liberar a los hombres del juicio social que les impide actuar auténticamente, de disfrutar su hogar y a su familia sin tener que colgarse el epíteto de “mandilón”, de recuperar el derecho de ser hombre sin tener que probárselo a nadie.

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