Una nación que rompe con lo local

19 septiembre 2011

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La realidad de la violencia estructural del país y la descomposición del tejido social va acompañada de la fortaleza que adquieren los “cacicazgos locales”, la impunidad estatal y la inoperancia e ineficiencia nacionales. Habiendo arribado al final del sexenio y entrando en tiempos de pre-electorales, nuestras autoridades y la clase política nacional, han encontrado el mejor momento para repartir culpas y sacrificar a ciertos “puercos”, con tal de que minimizar los riesgos e incentivar la confusión de los electores.

Mientras en el mundo la palabra que describe el hartazgo y el descontento se visualiza en la “indignación”, en México, estamos arribando a un momento en que sin importar las marchas, los caminos, las caravanas, los plantones o los mítines; los adjetivos que nos describen como sociedad son la destrucción, el desánimo, la desestabilización, la desesperación y la desesperanza. La destrucción del país, adquiere un matiz local que se muestra con el rostro peculiar de los 2,438 municipios que conforman la nación y que las autoridades sólo observan bajo una realidad limitada a 32 entidades federativas y en el mejor de los casos, a la realidad de las 56 zonas metropolitanas que tiene registradas el Inegi en el Censo de 2010. En México, nadie se anima a observar la realidad de la violencia y la descomposición nacional, a partir de las 2,438 realidades locales que han demostrado ser muy diversas y en las cuales, los cacicazgos y la corrupción local se hacen fuertes y se consolidan de forma distinta.

Quienes aspiran a tener un cargo de elección popular en el próximo proceso del 2012, insisten en dejar a la así llamada “autonomía municipal” la responsabilidad de sus discursos, de sus propuestas y de sus realidades sociopolíticas y culturales; y no se puede entender a un país, si no se implican y se imbrican en las realidades locales. La clase política nacional, prefiere hablar de un discurso nacional simplista y ha demostrado ser más proclive a buscar a los cacicazgos locales solo para negociar y pactar apoyos políticos y electorales, no para implicarse en el entendimiento y las soluciones de cada municipio.

A menos de un mes de que el IFE de por iniciado el proceso electoral del 2012, México vivirá un proceso plagado de fanatismos partidistas en donde el debate central, se establecerá en la vaguedad y la levedad de los motivos: para no regresar al PRI y para no seguir con el PAN en medio de una izquierda desdibujada. La gran mayoría de los ciudadanos que viven en esta destrucción local a la que nadie “quiere entrarle” y en la que ninguno quiere inmiscuirse; tendrán que elegir pensando en lo que no quieren y muy poco en lo que necesitan. El proceso del 2012 será uno de los más grandes en términos históricos, pero también, será uno de los más pobres en términos de reflexionar y atender las realidades locales.

El discurso político electoral de los aspirantes a Presidente de la República, seguirá siendo arcaico y evidenciará la preocupante ruptura que existe entre el nivel político nacional y el local, misma que se evidencia cuando desde lo nacional, solo se reparten culpas y nada se hace para coadyuvar en la mejora de sus propias realidades. Mientras no exista una voluntad política de entender el imaginario y las realidades locales, no podrá existir un verdadero discurso y propuesta nacional.

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