Sociedad Podrida, ¿y los valores?

21 agosto 2011

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Abriré este artículo con la historia de un conocido, del cual no voy a revelar su nombre por obvias razones, el era una persona muy controvertida, en el club deportivo que yo frecuentaba se corrían los rumores de que el, en su juventud (no debía tener ni 15 años) había tratado de violar a la sirvienta, también en dicho club deportivo había mostrado sus genitales a un grupo de mujeres para impresionarlas. No era cualquier persona, había algo malo dentro de él. Este hombre tenía posición muy cómoda, sus padres tenían solvencia económica, vivían en Colinas de San Javier en la ciudad de Guadalajara, una de las colonias de mayor nivel socioeconómico en Guadalajara, sus padres, según me describía un gerente del club, eran muy buenas personas, su hermano también, pero el no. No sabían porque.

Después, al ver la conducta rebelde de esta persona, deciden enviarlo a Estados Unidos a un campamento militar para que corrigieran su conducta. Aparentemente regresó muy reformado, su corpulencia había cambiado, de ser un joven debilucho, terminó convirtiéndose todo un atleta con una gran musculatura. Cuando regresó se inscribió en la preparatoria donde yo cursaba y ahí coincidí con él. A pesar de que su actitud era dura, parecía que si había logrado un cambio. No estabamos en el mismo grado pero coincidíamos en las clases de inglés y ahí me contó su experiencia dentro del campamento militar. Me decía que la disciplina era tan estricta que muchos trataban de huír (lo cual era imposible) y que algunas personas terminaron suicidándose porque no aguantaban el ritmo de vida que le imponían los militares. Ese cambio parecía haber moldeado su caracter, pero nunca logró extirpar esa maldad que tenía dentro.

Después de la preparatoria ya no lo ví. Supe de él hasta después de la universidad cuando yo trabajaba en una franquicia de cartuchos remanufacturables. Justo cuando fuí al club con el gerente para ofrecerle mis servicios, me contó todo lo que había sido de el. Había asaltado una tintorería (sin más no recuerdo) y terminó en la cárcel. Su papá, al tener mucho dinero, lo logró sacar de ahí. Me pregunté, ¿como una persona que vive bien, tiene recursos económicos y tuvo la posibilidad de ser educado en las mejores escuelas, decide irse por ese camino?. Pero ahí no acabó todo, junto con otra persona, secuestraron un joven y pidieron un rescate económico. Pero todos los planes salieron mal, las autoridades lo agarraron con las manos en la masa y lo volvieron a meter a la cárcel. Su padre ya no se quiso hacer responsable de el y actualmente está en los separos cumpliendo una condena.

Seguramente el tenía algo mal dentro de su cabeza, tenía un ambiente propicio para desarrollarse bien y terminó lléndose por el lado equivocado, el es una persona que seguramente no podrá ser reformada, su naturaleza es destructiva, nociva. Ahora, cuando veo todo lo que está pasando en el país, me pregunto ¿cuanta gente será como él, que seguramente un mal congénito los hace comportarse de esa manera o cuantas personas se volvieron criminales por las circunstancias que los rodearon?. Leyendo sobre la historia de los grandes capos del narcotráfico veo ambas modalidades. Algunos empezaron en la siembra de mariguana, pero ni sus padres ni sus amigos eran violentos, no tenían mucho dinero pero tampoco vivían tan mal. Otros si tenían problemas familiares, sufrieron el divorcio de sus padres o maltrato.

La sociedad mexicana está viviendo un proceso de putrefacción, de pérdida de valores. En solo una semana hubo dos sucesos que me llamaron en demasía la atención, primero fué el asalto a un pizzería en Nuevo Laredo, y luego la balacera ocurrida en las afueras del Territorio Santos Modelo mientras se jugaba el partido Santos vs Morelia. Cada vez más personas sucumben ante las tentaciones del narco, de la delincuencia, de la violencia. Todo esto podría si no erradicarse, al menos si aminorarse con la transmisión de valores humanistas que dignifiquen al ser humano. A muchos les vendrá la mente la religión. México es un país religioso, pero parece que la enseñanza de esta religión no es suficiente, o bien, algunos la tergiversan en su favor. Por alguna razón vemos algunos de los narcotraficantes tienen sus santos, asisten a misa, e incluso tienen compadrazgo con párrocos.

Se necesita hacer un cambio más drástico. La guerra emprendida por Felipe Calderón es correctiva, pero no previene los brotes de violencia. De hecho provoca su aumento, porque esta guerra divide a los cárteles, provoca que se peleén entre ellos y generen más violencia. Por eso muchos culpan al mandatario por el aumento de violencia. No están equivocados, aunque cabe mencionar que los primeros responsables son los narcotraficantes mismos. La estrategia debe de ser replanteada y se debe apelar a los valores y a reconstruír el tejido social para evitar que emergan más ciudadanos violentos, aquí es donde ha fallado Felipe Calderón. Muchos le han reclamado, primero lo hicieron sus opositores con un toque de oportunismo, pero luego también lo hizo la gente común y corriente, gente que ha marchado en contra de la violencia como Javier Sicilia. Las encuestas no mienten, la popularidad de Calderón va en picada mientras la percepción de la violencia por parte de los ciudadanos va en aumento (consultar fuente aquí).

Hace falta una revolución de las conciencias, cambiar la idiosincrasia del mexicano donde todo se vale y donde el que no tranza no avanza. México está podrido, las instituciones funcionan a medio gas, los partidos políticos velan por sus intereses saltándose sus preceptos ideológicos, la gente se pasa los altos y da mordidas. Tenemos que repensarnos como sociedad ¿qué es lo que nos está sucediendo?. Hay que buscar soluciones, en la Guerra ante el narcotráfico veo dos posturas, quienes se alinean a Felipe Calderón, como si estuvieran cerca de caer dentro de un precipicio y la mano que la sostiene empieza a perder fuerzas, y quienes quieren la retirada del ejército y el pacto de los carteles. Creo que los dos puntos son muy debatibles, más bien hay que compaginarlos y proponer una tercera vía, pero en esta como digo, se necesita la colaboración de la sociedad y la reconstrucción del tejido social, si no, estaremos perdidos.

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