El Internet y la política. La nueva revolución

25 febrero 2011

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La política antes del fenómeno del Internet y las redes sociales, era una práctica que se desenvolvía como algo aparte de los ciudadanos. Estos percibían los resultados (muchas veces maquillados) de los políticos en la práctica y en base a eso los evaluaban, no había una retroalimentación entre la ciudadanía y los políticos. El papel del ciudadano se limitaba a recibir información unidireccional sobre lo que nuestros servidores públicos realizaban (por medio de la televisión, la radio y los medios tradicionales), no existía interacción entre el ciudadano y el político. Y no quiero decir que con esto ahora dicha interacción sea plena, pero no podemos negar que gracias a Internet esta se ha fomentado más de lo que se hacía antes.

Internet ya tiene más de diez años, pero la revolución en la forma de hacer política cambió hace apenas unos pocos. Uno de los precursores en utilizar Internet como herramienta para mantenerse en contacto con los ciudadanos fué el entonces candidato y ahora presidente de los Estados Unidos Barack Obama quien utilizó las redes sociales como Facebook, MySpace y el naciente Twitter para mantenerse en contacto con sus electores. Dicha estrategia fué clave para que ganara la presidencia, puesto que los ciudadanos sintieron esa sensación de cercanía, ellos se sentían más escuchados.

Después del fenómeno Obama, muchos políticos trataron de replicar su estrategia de redes sociales, se inscribieron en ellas, abrieron sus propios blogs y buscaron una forma de comunicarse con el electorado. Algunos lo hicieron con mayor éxito que otros. Los que tuvieron más fué porque lograron una sincera conexión con su gente y los que no fué porque lo vieron como simple estrategia mercadológica sin ir al fondo del asunto: Estar cerca de la ciudadanía.

Ahora es común ver al Presidente Calderón usar Twitter o a Marcelo Ebrard, aunque a veces falta más interacción con la gente para realmente lograr una comunicación más cálida. Alguien que si ha logrado esa cercanía con su público es Gerardo Fernández Noroña (@fernandeznorona), el cual responde a muchos comentarios de sus seguidores (followers) y genera conversación y polémica. Otro curioso ejemplo de interacción con el público es el dictador Hugo Chávez. A través de su cuenta @chavezcandanga comúnmente platica con sus seguidores y habla sobre las acciones que está realizando en su país.

Pero Internet no solo ha fomentado la comunicación entre el ciudadano y el político. Sino que le ha dado un gran arma a los ciudadanos para organizarse. Las asociaciones civiles del siglo XXI organizan sus eventos y sus manifestaciones vía Twitter y Facebook y también utilizan estas herramientas para dar a conocer sus propósitos al grueso de la ciudadanía para adherir más simpatizantes a su causa. En estos últimos años hemos escuchado de revoluciones que se han gestado vía Internet. Twitter y Facebook fueron clave para que los egipcios se reunieran y pidieran la salida de Mubarak, la cual lograron,  también lo lograron por este medio los tunecinos y ahora se ha formado una ola expansiva que ha logrado influír a ciudadanos de otros países como Libia para derrocar a sus dictadores.

En México no estamos exentos de estos fenómenos, cabe recordar la indignación que se generó en las redes sociales por la salida de Aristegui de su programa de radio de MVS. La presión por las redes sociales fué tanta, que bien haya sido por decisión de MVS o del mismo gobierno, terminaron devolviéndole el trabajo a la periodista. El columnista Zepeda Patterson afirmó que fué gracias a los “Twitts” de los seguidores de la periodista que se devolvió el trabajo a Carmen Aristegui.

Con Internet es cada vez más difícil llevar a cabo actos represivos y de censura porque el mensaje que se quiere omitir se termina multiplicando en la sociedad. Los políticos de hoy tienen que entender que ahora deberán hacer mejor su trabajo puesto que la ciudadanía tiene más herramientas para evaluar sus acciones. Cualquier intento de atentado por parte de algún político o grupo de políticos contra los valores fundamentales de la ciudadanía como el respeto o la libertad de expresión serán severamente castigados y podrán sufrir un daño irreversible en su carrera política.

 

 

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