La desigualdad vista desde un automóvil.

26 mayo 2010

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Rich people are getting richer, poor people are getting poorer.

Les voy a contar un poco sobre mi recorrido en automovil que tuve el martes pasado en Guadalajara: Tomo avenida Patria, sorprendido de todos los cambios que ha habido en su entorno, una parte está llena de nuevos rascacielos de entre 20 y 40 pisos, todos son departamentos de lujo que cuestan millones de dolares. Sigo avanzando por Patria, cruzo el bosque de los Colomos y doblo en Américas, ahí también se ve una transformación total, más rascacielos nuevos, esta vez de oficinas, sigo en Américas y luego doy vuelta en López Mateos, un paso a desnivel nuevo para los automovilistas que convierte en algunos puntos a la avenida en un viaducto (aunque sin solucionar por completo el problema del tráfico), y cuando salgo del largo tunel que pasa por debajo de la Glorieta Minerva veo una enorme mole en construcción que ya se ve imponente, y que al parecer será un hotel que rondará entre los 45 y 50 pisos de altura. En ese punto cruza Lázaro Cárdenas donde tengo que dar vuelta, me doy cuenta de que esa avenida es muy caótica, ¿por que razón?, porque se está construyendo un puente atirantado que busca hacer de Lázaro Cárdenas una vía rápida.

Hasta ese punto la impresión es de modernidad, ¿que no que México está mal?, ¿no que hay crisis?. Si yo veo rascacielos nuevos en todos lados, oficinas, viaductos, una enorme cantidad de tráfico que da a entender que cada vez más gente puede adquirir automóviles, nuevos desarrollos comerciales, centros nuevos de entretenimiento y espectáculos, estadios e inmuebles nuevos para albergar los Juegos Panamericanos o para hospedar a las chivas, equipo que alista su partido de inauguración en el nuevo inmueble contra el Manchester United. Mientras voy pensando en eso, en el cruce de López Mateos y Lázaro Cárdenas se para un indigente enfrente de mí, se avienta a mi automovil para lavarme el vidrio frontal, en eso le pito y le hago una seña con la mano para indicarle que no quiero su servicio. El indigente se va de mi automovil enojado e indignado, a pesar de que seguramente recibe tratos que en verdad son humillantes por otro tipo de automovilistas.

Ahí es donde empiezo a notar un poco la incoherencia entre todo el enorme desarrollo que había visto y la realidad de ese pobre indigente. Me sigo de largo en mi automovil sobre Lázaro Cárdenas y el panorama empieza a cambiar poco a poco. Entro a la zona industrial donde empiezo ver otra realidad, gente de escasos recursos, muchos indigentes y gente pobre en las esquinas, camiones abarrotados de gente de bajo poder adquisitivo que nunca podrán aspirar a tener un departamento u oficina en esos edificios lujosos y espaciosos, que por cierto ya cada vez están más lejos de la zona en que me encuentro. Me sigo derecho por todo Lázaro Cárdenas y doy vuelta en la carretera hacia el aeropuerto. La realidad es otra, están los cinturones de miseria a la vista, la avenida tiene arbustos a los lados (que habían sido colocados para que en la cumbre del 2004, los presidentes de los países visitantes no se percataran de la pobreza extrema que hay en Guadalajara). Pero también notaba que al igual que en la zona moderna, las cosas habían crecido. Los cinturones de miseria ya son mucho más grande de lo que era antes, hay mas casas atiborradas entre calles empolvadas sin asfalto y en muchos casos sin los servicios básicos.

Esa Guadalajara no tenía nada que ver con la otra, era como si de dos mundos paralelos y contradictorios se tratase (o bien de dos países totalmente distintos). Seguramente mucha gente de ahí no conoce la otra Guadalajara que me había impresionado tanto por su modernidad, o si la conocían era porque habían conseguido algun trabajo temporal en alguna construcción de algun rascacielos o de alguna avenida. Mientras manejaba meditaba sobre aquella contradicción, entre la modernidad creciente y la pobreza que también crecía, como si no fueran opuestas entre sí, mas bien se como si se complementaran o bien como si una necesitara alimentarse de la otra para crecer.

Ahí termina el recorrido, el camino de regreso no lo narro porque sería la misma historia, pero a la inversa. Y yo solo me quedo meditando acerca de la desigualdad percibida desde un automovil, desigualdad que se repite entre personas, ciudades, estados, naciones o continentes, pero que parece ser que es inherente al ser humano y que siempre va a existir.

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