Cuando a uno le toca… le toca.

2 marzo 2010

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Resulta que hace unos días, dos conocidos míos (y dos amigos) iban saliendo de un antro. Habían ido, como cualquier noche, a divertirse y a romper un poco la rutina. A mover un poco las caderas, a platicar, y tal vez a ligar. Pero no sabían lo que les esperaba a dos de ellos. El conductor tenía algo de alcohol encima, parecía no ser mucho, por lo que podía manejar con normalidad. Vamos, como cuando uno toma dos tres copas y se regresa a su casa, como todo mundo.

En eso, ellos, que iban manejando un Chevy (de esos que no tienen cajuela), se frenan para poder sortear un tope (como tantos que hay en las ciudades de México), pero resulta que un automovil iba manejando a 130 kilómetros por hora, no se frena y choca contra la parte trasera de este pequeño auto.

¿Resultado?, la hermana y el mejor amigo del conductor mueren aplastados. El conductor del Chevy había resultado con solo dos grados de alcohol y se había salvado de cualquier responsabilidad. El otro conductor tenía, ya no recuerdo si tres o cuatro, y actualmente está tratando de sortearla y conseguir ayuda para no ser castigado porque ha cometido homicidio imprudencial.

Yo no los conocía mucho, pero cuando me entero de la noticia, me dá una sensación de impotencia. Me empecé a preguntar, ¿ellos que han hecho?, ¿que culpa tuvieron para morir de esa manera?, ¿por qué el conductor inconsciente que iba manejando a 130Km por hora esta vivo y con la posibilidad de ser exonerado de toda responsabilidad?, ¿que hay de la vida de los fallecidos?, ¿donde quedan sus anhelos, sus metas, sus aspiraciones?, ¿que hay de sus padres, de sus amigos que los querían, de sus hermanos?, ¿que hicieron todos ellos para que ocurriera esto?, simplemente nada.

La noticia me revolvió un poco la conciencia. El hermano, en su homenaje, sube unas semanas después las últimas fotografías de las víctimas al Facebook, cuando estaban divirtiéndose en el antro justo una noche antes. Se veían muy felices, como cualquier persona. Esta claro que ni ellos ni nadie sabían lo que les esperaba, y es que nunca nos ponemos a reflexionar que nada es para siempre. Que la naturaleza puede ser tan arrogante que decide terminar de tajo con nuestra vida, nuestros planes, y nuestros proyectos.

Si le preguntas a cualquier persona, quien sea te puede aseverar que morirá alla entre los 70 y los 90 años. A pesar de que sabe que no necesariamente debe de ser así, si cualquiera está confiado en poder tener una vida plena y morir naturalmente. Y es por eso que este tipo de eventos nos dejan una lección de vida. Nada es para siempre, y por eso los humanos debemos aprender a valorar lo que tenemos, a pesar de toda la adversidad, los problemas cotidianos, y cualquier obstáculo que se nos presente; porque todo es solucionable menos la muerte.

Hay una frase latina muy conocida, llamada Carpe Diem, que significa “aprovecha el día” (“seize the day” en inglés). Es una invitación a vivir cada día de tu vida como si fuera el último de tu existencia. Es acuñada al poeta romano Horacio, y creo que es muy aplicable a la hora de recordar este tipo de tragedias. No sabemos cuando va a ser nuestro último día, y por eso hay que aprovechar la vida al máximo.

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