Reflexiones sobre Haití.

15 enero 2010

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La naturaleza es muy caprichosa. No distingue entre clases sociales, de hecho las principales víctimas de sus fechorías son la gente humilde. Porque sus casas no son lo suficientemente fuertes como para soportar sus caprichos, ni cuando hace soplar el viento, ni cuando hace mover la tierra.

Llama la atención que Haití haya sido la siguiente víctima de la madre tierra, porque estamos hablando de uno de los países más pobres del mundo, y como país con escasos recursos que es, entonces debemos de hablar de una tragedia de enormes proporciones, que hace que hablemos de la pérdida de miles de vidas.

A diferencia de lo que ha ocurrido en México, los haitianos vieron la caída de sus principales monumentos, de su catedral, de su palacio de gobierno y de otros inmuebles que eran orgullo para esta ex-colonia francesa, que a pesar de haber sido la segunda colonia en independizarse en toda América (solamente después de Estados Unidos) no han logrado algún progreso económico ni ninguna estabilidad política. Y lamentablemente ahora les tocó a ellos vivir un movimiento telúrico de grandes proporciones.

Es increíble ver como la naturaleza puede arrebatar todos nuestros anhelos de creernos dioses, de construír puentes, torres, túneles; con solo un movimiento tectónico de dos minutos de duración. Como puede arrebatar también nuestros proyectos de vida, como nos puede quitar de las manos a nuestros seres queridos, e inclusive quitarnos la vida.

Los haitianos eran tan pobres que tuvieron que enterrar a siete mil víctimas en una fosa común, como si se tratara de un campamento de concentración. Ni siquiera tenían los recursos económicos para poder ser enterrados dignamente como muchos de nuestros familiares lo han sido. La duda es, ¿se recuperará Haití de esta enorme catástrofe?, porque a pesar de todos los conflictos políticos, masacres y demás tragedias que han vivido, precisamente han nombrado a este evento telúrico, como el peor día de la historia de Haití.

Esta tragedia nos deja mucho que pensar, nos hace ver que los humanos no somos invencibles, y que la vida de cualquiera de nosotros podría cambiar en cualquier momento, por el capricho de la naturaleza.

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