El Starbucks y el amor.

8 enero 2010

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No se que tendrán los Starbucks, que al parecer no me permiten consolidar relaciones de amor. Yo no soy precisamente un experto en aventuras románticas, pero si se que al parecer, esta franquicia de café estadounidense radicado en Seattle, tiene alguna maldición, y por eso he llegado a la conclusión de recomendarle a mis lectores de “por favor no ligar en un Starbucks”.

Mi amiga Elizabeth siempre me dice. -¿Oye, que tienes con las chavas del Starbucks?, ya van 3 mujeres que tienen que ver con el Starbucks que te gustan. Bueno aclaro que son dos, porque esa que regalaba galletas en las fiestas técnicamente nunca me gustó, fué algo como raro. Así que vamos a profundizar con estas dos mujeres.

Maldición 1: Economía Frapuccina:

Bueno, resulta que Cerebro fué a una fiesta con unos amigos. Era un cumpleaños, y en eso veo a una chava que me llama la atención. Fue algo rarísimo porque en realidad no era una chava muy bonita, pero algo tenía, algo tenía, que a primera vista yo dije: -Quiero andar con esa chava.

En su fiesta no logré casi platicar con ella porque yo era un completo desconocido, pero era la amiga de la novia del mejor amigo; ya saben como es eso. Para eso le tuve que decir a mi amigo, -mi compa, acá entre nos, usted me tiene que ayudar. Mi amigo se ofreció como intermediario, pero resulta que su novia casi no tenía tiempo, y pasaron dos largos meses para poder ir a visitarla.

La primera vez que fuimos a visitarla al Starbucks (donde trabajaba), me dieron unos nervios, que todo salió mal. Pero rápido me repuse de esa mala experiencia. Aproveché que ella era una economista muy intelectual (de esas que te hablan de Keynes o la elasticidad de la demanda en lugar de hablarte del fín de antro) para pedirle asesoría para un estudio que le estaba haciendo a un cliente. Entonces todo pareció funcionar muy bien, la empecé a cotorrear, iba a visitarla, pero me ví muy lento, trate de no verme obvio, pero eso causó que hiciera mucho espacio entre cada visita que hacía y las cosas fluían lentamente.

Era difícil invitarla a salir porque era una mujer muy ocupada (estudiaba y trabajaba), y siempre que parecía que se iba a poder, algo lo hechaba a perder. Yo ya estaba a punto de desistir, cuando de pronto se me ocurre invitarla a mi cumpleaños. Estaba en mi cumple pasándomela a toda madre, hablando con los amigos de la vida, de lo estúpido que era el gobernador de Jalisco, cuando de pronto llega la prospecto, pero, pero, llega con su novio. No puede ser, 6 meses, si amigos. 6 meses duré tratándola de ligar, y me tardé tanto que resultó que ya me la habían ganado.

Moraleja: está bien no tratarse de ver obvio, pero tampoco aletargues un ligue demasiado porque no eres el único en la fila.

Fué un trago amargo, tan amargo, como un café del Starbucks.

Maldición II: Mocca Telefónica:

Esta me sucedió hace poco tiempo.  Suele suceder que siempre que busco cafés, cuando no se a donde ir, termino en un maldito Starbucks, si, maldito café plástico, pero es que están en todos lados.

Yo estaba tomando un café en un Starbucks con mi tío, y empezamos a hablar de mujeres. En eso volteo un poco la mirada y veo a una chava muy guapa. Morenita, bonito cabello, buen cuerpo, y sobre todo, lo que me gusta, bonita de la cara. En eso tomo la decisión de ir a sacarle plática, no podía perder la oportunidad. ¿Pretexto?, el librote que leía. -¿Oye, está interesante tu libro, de que se trata?, muy bueno salió el pretexto y logré platicar con ella.

Pero no tenía que acabar todo ahí, así que le pedí su teléfono. Y para eso mi teléfono celular tenía la memoria llena y no me dejaba agregar el contacto, pero eso lo hizo más padre, porque me dió su teléfono en una servilleta, así muy romántica la cosa. Parecía que todo estaba dado para que saliéramos. Me esperé unos días para no verme tan obvio (pero no tantos como para caer en el error de la primera experiencia starbucksiana) y le hablé. La chava me contesta, me dice que ese día no puede, pero que lo dejáramos para otro, y yo quedé en llamarlo.

¿Que pasó?, cuando marco a su celular nadie me contesta y me mandan al buzón. Llamo al siguiente día, buzón, ¿conclusión?. No se, pero ya no insistiré tanto, mejor pasemos a la siguiente mujer, al siguiente objetivo, que lo hay, que existe (y no tiene que ver con un Starbucks). Y aquí no hay moraleja, porque aquí no dependió de mí, simplemente pues no se logró concretar la cita.

Pero bueno, será mejor que vaya buscando otro tipo de lugares para conseguirme una mujer, así como se la merece cerebro: Bonita, de buen cuerpo, y sobre todo, inteligente. Quien me quiera presentar una, se lo agradeceré.

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