El arte de decir groserías

10 septiembre 2009

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Yo aprendí a decir groserías desde muy temprano. No se me va a olvidar que antes de entrar a la primaria, mi hermana mayor me enseñó un compendio de malas palabras, que después me sirvió para defenderme y para que me suspendieran de clases. -Mira cerebrito, estas palabras son malas, malas: Puto, pendejo, cabrón, idiota, pinche, imbécil, tarado, estúpido… Y dicho y hecho, llegué a la primaria con un léxico muy avanzado para un niño de 7 años, pero de pura mala palabra.

Y como no iba a usar mi alto nivel de cultura del idioma español en su versión insultante. Claro que no sabía que significaba puto o idiota, pero yo sabía que eran palabras muy fuertes. Así que pongámoslas en acción. El profe me castiga sin recreo por alguna razón que no recuerdo, (era 1ro de primaria) y mientras me hecha su sermón. -Mire cerebrito, aquí vino usted a estu… Yo interrumpo y le digo, profe Aldo, vete a chingar a tu madre.

Me salió barata, solo me suspendieron por solo un día. Ya no recuerdo que me hicieron en mi casa, no se si fué regaño verbal, fajazos (que antes eran más comunes, ahora son vistos por la CNDH como un acto de tortura), castigo de todo el día en el cuarto, o lavado de boca con jabón. El castigo fué lo de menos, lo gracioso fué la anécdota, porque yo contaba con el léxico que pocos niños conocían. Y menos en un colegio del Opus Dei, Dioos nos libre.

De lo que si recuerdo, es de haber sentido un gran alivio psicológico al haber retado a esa “autoridad represora fascista totalitaria” encarnada en un profesor que iba a darnos clase para recibir un sueldo a cambio. Y quien no ha sentido ese alivio al mentar madres, todo el mundo lo hace, y a los mexicanos nos gusta muchísimo ¿o no?. -Pinche gobierno, pinche puta no me hizo caso, al portero: eeeeee puuuuuto, métete el dedo cabrón, (hasta el gober) digan lo que digan, chinguen a su madre.

Decir groserías es la mejor forma “no violenta físicamente” de desquitarse, aunque si puede provocar que el sujeto insultado venga a ponerte a tu madre. Eso si, si te quedas llorando en el piso lleno de moretones, puedes desquitar en parte al menos, el atraco físico que sufriste. -buaaa, ese pendejo me partió la madre, pinche pendejo.

Para la Iglesia es pecado mortal, para las madres es un susto, una verguenza; pero para los jóvenes es motivo de orgullo y caché. Nada más escuchen a las mujeres utilizar palabras que antes eran consideradas groserías, ahora adaptadas al léxico femenino: o sea güey, vámonos de antro, ¿o qué güey?. En realidad no están insultando a nadie. El hecho de que una mujer le diga güey a otra es signo de confianza. Y entre hombres es todavía más fuerte. -¿Que ondaaa mi putito, a donde vamos a ir cabrón?. Y en realidad nunca hubo un insulto. Es una forma de decir, me caes bien y te hablo así porque te tengo mucha confianza y eres mi amigo.

Y no solo los jóvenes. La gente mayor ya las utiliza con más soltura. En épocas anteriores una persona madura diciendo una grosería era una persona corriente. Ahora es una persona ejemplar (versión México al menos). -Que pasó cabrón, ¿no que nó?, me chingue al Rodrigo y ahora si soy director de Kunoquinesis.

Y yo se, estimado lector. ¿Que pasa mi pinche reader?. Que usted me va a hechar la culpa de promover las malas palabras por saberlas usar desde temprano. Pero yo no fuí, ya hay alguien que me gana, para muestra basta un “pinche” botón del Youtube:

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