Etiqueta: #Yamecansé

  • México no se cansa, dicen

    México no se cansa, dicen

    Basta con caminar del Zócalo al Ángel de la Independencia para entender el tamaño del problema (y también te recomiendo que lo hagas si quieres bajar de peso). En ese trayecto que inicia en el andador Francisco I Madero que después se convierte en la Avenida Júarez para girar a la izquierda y completar el trayecto en Reforma se pueden observar muchas contradicciones. Arquitectónicamente se ve un México moderno, con un Centro Histórico bien conservado y arquitectura histórica que algunos países desarrollados envidiarían (Estados Unidos, cof cof). Cuando Francisco I Madero se convierte en «La Juárez» nos topamos con el majestuoso Palacio de Bellas Artes, con la Torre Latinoamericana, La Alameda, y edificios antiguos art decó bien cuidados. Al recorrer Juárez, esa imagen tradicional se convierte paulatinamente en algo moderno hasta llegar a Reforma, torres, rascacielos de firmas extranjeras, empresas, instituciones bancarias, ciclovías, y detalles que nos podrían crear la ilusión de estar en un país de primer mundo.

    México no se cansa, dicen

    Pero esta impresión se contrapone con lo que uno puede ver a nivel calle. Lo majestuoso se hace chiquito, la gente cree no ser parte del cuento de modernidad y grandilocuencia, personas que cruzan las calles para encontrar el mínimo ingreso que necesita para subsistir, aquellos que te piden «voluntariamente de a güevo» para el año nuevo, jóvenes que gritan consignas políticas de izquierda con un megáfono porque están hartos del «narcogobierno», pintas en contra del gobierno, de Ayotzinapa y demás temas actuales hechas por anarquistas que quien sabe de donde vinieron. No sólo la realidad social de México se palpa en la calle, sino la indignación. Pareciera que ese recorrido no sólo es un monumento a lo más grandioso de México, sino a la indignación que tienen los mexicanos dentro.

    El #Yamecansé puede ser visto en ese trayecto expresado en muchas formas, de forma visual, auditiva, e incluso kinestésica (porque la indignación se puede palpar también), en pintas, en conversaciones entre la gente, en mantas, en la revista vendida en el puesto enfrente del Hemiciclo a Juárez. Ese recorrido es testigo mudo de las manifestaciones que se llevaron a cabo en los últimos meses, y ahí ha quedado algo de ese espíritu. Y mientras ese cansancio, y ese hastío sigue permeando en los diferentes sectores del país, el Gobierno Federal lanza un emotivo video para convencernos de que México no se cansa:

    Narra la voz de una niña: «En 2014 México vivió episodios muy dolorosos, pasamos juntos semanas de tristeza, dolor e impotencia, ya que hubo familias que lo perdieron todo y que incluso hubo días en los que la indignación hizo a los mexicanos salir a la calle para exigir una realidad distinta a ésta” Luego sigue diciendo: «Tenemos la obligación de salir adelante. Como mexicanos somos responsables de lo que pasa en nuestro país, no es una frase, son millones de acciones, México debe cambiar… y saben qué, ya lo estamos haciendo«.

    En el video, pareciera que el Gobierno trata de entender nuestra inconformidad. En dicha producción abundan las manifestaciones y el Gobierno parece legitimarlas (naturalmente eliminando cualquier alusión en contra del Presidente en ellas), y dice comprendernos. Es como ese #TodosSomosAyotzinapa pronunciado por el Presidente Peña Nieto en la presentación de su decálogo, nada más que más aderezado y mejor producido. El video a primera vista se palpa bonito, emotivo, pero sigue siendo parte de la simulación y parte de la intención de querer legitimarse con spots y no con acciones.

    Las épocas navideñas (el maratón Guadalupe-Reyes) parecieron servir de tregua, un efímero descanso para el Presidente y su gobierno. Pero efímero al fin, porque la gente sigue cansada de ellos, la indignación nunca se fue. Y la premisa del video titulado «México no se cansa» es errónea; porque los mexicanos no estamos cansados de luchar y de seguir adelante, estamos cansados de ellos, de los gobernantes y de los políticos, que son en parte responsables de eso que ahora lamentan y utilizan para hacer parecer que nos entienden. Porque la corrupción y la impunidad en la que están sumidos son los que han causado los trágicos hechos que nos han hecho pasar «semanas de tristeza, dolor e impotencia».

    El Gobierno quiere que demos vuelta a la hoja sin resolver los problemas de fondo que nos han traído hasta aquí. Quieren que cuando caminemos del Zócalo al Ángel de la Independencia, miremos hacia arriba, veamos los monumentos, contemos los pisos de los nuevos rascacielos, pero no veamos lo que ocurre a nivel calle.

  • Ya supérenlo

    Ya supérenlo

    Imagínense que unos «chavos prole» secuestraran a la familia de Peña Nieto y a su hija mayor, Paulina Peña, la desollaran. ¿Qué sentiría el mandatario si todos los mexicanos salieran a las calles con una pancarta que dice «ya supéralo»? Si algo así pasara, Enrique Peña Nieto no necesitaría salir a gritar «Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis ¡Justicia! No, él usaría toda la fuerza del Estado para dar en minutos con esos de delincuentes prole.

    Ya supérenlo

    De ese tamaño es la insensibilidad del Presidente Peña Nieto cuando nos dice que superemos Ayotzinapa, cuando el gobierno todavía no ha presentado pruebas de que los normalistas están muertos (lo cual es lo más probable). Ayotzinapa es la más grande tragedia del México contemporáneo, tal vez sólo después de la matanza del 68 (es decir, en los últimos 46 años), y al Gobierno de Peña Nieto no le ha importado, es más, creo que ni siquiera dimensionan como es que éste hecho les afecta políticamente al cometer error tras error.

    Si Peña Nieto se hubiera parado en Iguala el día después de la masacre a dar un mensaje a la nación y a tomar acciones determinantes (cosa que se espera de cualquier mandatario), no le estarían lloviendo tantas críticas. No le importó, incluso quiso pasarle la bolita al PRD (es problema de ellos y sus gobiernos) y ellos también contraatacaron. Si bien quienes estuvieron involucrados en el asesinato de los normalistas fueron el alcalde perredista y su esposa, ligados a Guerreros Unidos, el Presidente como Ejecutivo de la Nación, tenía una responsabilidad, responsabilidad que no asumió.

    El gobierno de Peña Nieto sigue viviendo en una burbuja formada, como afirmó ayer Diego Petersen, por políticos que después de estudiar en la universidad, se sientan en sus cubículos a tomar decisiones en un país que no conocen. Como él mismo refirió poniendo de ejemplo a Pedro Aspe (padrino político de Luis Videgaray), quien «presumió» haber ido al Centro Histórico solamente dos veces en su vida. Ese desconocimiento brutal de la sociedad, del país que los gobiernan, es una de las causas por las cuales la gente se haya volcado en la calle. El gobierno no sabe como enmendar algo que en realidad no conoce. Nos quieren hablar desde su burbuja, desde «allá arriba» cuando su trabajo como servidores públicos los debería obligar a «venir abajo cada rato».

    Esa insensibilidad es muestra de lo poco que le interesan los mexicanos a Peña Nieto: -Ah, pero esos normalistas son revoltosos, yo los vi en TV Azteca, y pues no son güeritos ni tienen plata. Peña Nieto cree que todo ese encono social que prevalece (expresándose de formas diferentes) en casi todas las diferentes clases sociales, proviene de una realidad alterna, de otro país diferente al que cree estar gobernando. Peña Nieto no puede caminar en la calle porque no le gusta, porque es algo extraño para él, aunque naturalmente se arriesgaría a recibir mentadas, insultos o hasta poner su vida en riesgo, por más sea segura la calle por donde camine.

    Muchos de los políticos de su círculo estudian en las universidades más prestigiosas del mundo, y eso debería implicar una mayor razón para que salieran a la calle y conocieran el terreno donde van a gobernar, para que con sus conocimientos adquiridos en Harvard o Stanford, puedan aportar soluciones. Pero estos políticos sienten que gobernar es como ponerse a jugar Fifa. Y cuando se han dado cuenta que quien sostiene a su gobierno son aquellos a quienes ignoran, puede haber sido demasiado tarde. El «Ya supérenlo» es un claro ejemplo de lo desconectados que están de la gente a quien gobiernan. Gobiernan para ellos, se dan licitaciones entre los amigos, se reparten la riqueza como reyes. Y no se dan cuenta que su maldito puesto es de servidores públicos, quienes tienen más de 100 millones de jefes a los que tienen que rendir cuentas.

    Lydia Cacho portando un pasamontañas termina siendo un símbolo de ello, de la lejanía del gobierno para con sus gobernantes:

  • #Yamecansé2, el Mitófago y la desinformación

    #Yamecansé2, el Mitófago y la desinformación

    Cuando las cosas salen mal, demasiado mal, sólo se pueden dar patadas de ahogado. Ya lo decía Einstein en sus frase tan repetida y usada por gurús del nada que si quieres resultados diferentes no hagas siempre lo mismo. Pero insisto, no aprenden, siguen con sus mismas estrategias que han usado durante años. Con los bots, tratando de comprar medios, tratando de silenciar críticas, mandando infiltrados, tratando de tumbar portales sin éxito (sinembargo.mx) ¿Y qué ha pasado? Les ha salido el tiro por la culata. Señores ¡Ya no estamos en los 70!

    #Yamecansé2, el Mitófago y la desinformación

    #Yamecansé2

    El Trending Topic (TT) #Yamecansé después de un mes comenzó a desaparecer de Twitter. Creí que era algo natural porque Twitter procura que los TT no permanezcan por tanto tiempo. Pero en realidad desapareció por una estrategia de los bots del gobierno, quienes usaron el hashtag como SPAM (porque de esta forma, Twitter penaliza el hashtag). Pero el gusto no les duró mucho, porque los usuarios volvieron a subir al primer lugar el #Yamecanse2. ¿Y si vuelven a usar la misma estrategia con éste? Ah bueno, pues podemos usar #Yamecanse3 y así consecutivamente. No han entendido y se siguen exhibiendo. Siguen haciendo las cosas como siempre las han hecho y luego se preguntan por qué su Presidente cae y cae hasta volverse tan impopular como Ernesto Zedillo en medio de la crisis económica del 94.

    Pero bueno, si no funciona eso. Hay que…

    El mitófago

    Ustedes han de conocer este sitio web (www.mitofago.com.mx), cuyo slogan es «Devorando mitos históricos». Bueno, para quien no conozca este sitio, ellos se encargan «o encargaban» de desmitificar la historia de México, a veces lo hacían bien, a veces no tanto (tenían muchas imprecisiones), pero era una página hasta cierto punto interesante hasta que…

    …se volvieron fervientes críticos de los opositores del gobierno (con más mentiras que verdades). Y yo me pregunto ¿Cómo es que un sitio que afirma «devorar mitos históricos» le hace la chamba al gobierno emanado del partido, que inventó todos esos «mitos históricos? Este sitio web se ha encargado de contradecir a quienes están indignados con el gobierno con el mismo discursito que los mismos allegados al gobierno utilizan. Que todos son chairos, cercanos a López Obrador, que Slim, y un sin número de etcéteras.

    Por ejemplo me llamó la atención una nota que decía «La hipocresía de Aristegui y Sandino Bucio» a quien, según ellos, ella lo presentaba como víctima, cuando en realidad, Aristegui cuando lo invitó a su programa, lo confrontó mostrando las fotografías donde cometía actos vandálicos.

    Y si bien, los administradores del Mitófago están muy lejos de ser unos intelectuales, si sorprendió ese repentino cambio en su página web donde en lugar de «devorar mitos», pareciera estar empecinados en «devorar» a los opositores del gobierno.

    La realidad es que la gente está indignada, y hay quienes tratan de jugar con la información, o quienes quieren apagarla. Hay quienes, desde varios espectros políticos, buscan manejar el asunto por razones de poder, y es algo más común y natural de lo que se cree. Pero las formas del gobierno actual preocupan, porque exhiben esa «vena autoritaria», el problema es que ya no saben que hacer e incluso las estrategias para paliar la crisis les está generando todavía más crisis.

    Espero y Zepeda Patterson no tenga razón cuando dice que el gobierno podría coquetear con una salida autoritaria para solucionar el conflicto.

     

  • El gobierno no ha entendido, y por eso se desestabiliza

    El gobierno no ha entendido, y por eso se desestabiliza

    Los gobiernos autoritarios recurren a la teoría del complot cuando perciben un riesgo real sobre su poder. Como es difícil frenar el vendaval de críticas, entonces se recurre a la magnificación o a la distorsión de la realidad para tratar de generar cierto consenso a través del miedo, la duda o la rabia contra supuestos adversarios. Así como ha sucedido en gobiernos como los de Venezuela, o no vayamos más lejos, como ocurrió con López Obrador, quien cayó en este vicio en un momento en que todavía tenía una amplia ventaja sobre su adversario Felipe Calderón en la elección presidencial del 2006.

    http://www.proceso.com.mx/?p=388668

    El problema es que ni Peña Nieto ni el gobierno han entendido el mensaje. Quieren combatir el problema con las mismas acciones que la sociedad repudia. El problema es que no han entendido que no pueden gobernar como antes, no han entendido que son otros tiempos, que hay una sociedad más despierta, más crítica, y por eso mensajes como el de Angélica Rivera terminan siendo un tiro por la culata. Parece que se están dirigiendo a una sociedad que ya no existe, una sociedad de mediados del siglo pasado que no tenía acceso a diversas fuentes de información.

    A pesar de que México ha tenido varios problemas a lo largo de su historia, estamos viviendo una coyuntura histórica que no se veía desde hace mucho, no sólo por las manifestaciones, sino porque desde hace demasiado tiempo no habíamos visto a un Presidente tan debilitado en funciones, y porque la posibilidad de que no termine su mandato existe.

    El Gobierno y muchos de sus simpatizantes no han mostrado sentido crítico alguno, han sugerido que los manifestantes están manipulados, que se trata de una estrategia bien planeada de parte de López Obrador, grupos de izquierda e incluso han sugerido indirectamente a Carlos Slim. Pero en realidad esa cerrazón a la crítica es la que está desestabilizando al gobierno. El grupo de inconformes es cada vez más heterogéneo, y la sociedad en sus diversas clases sociales e ideologías empieza a formar consenso sobre el deseo de que Peña Nieto renuncie.

    Si bien, es cierto que ante un gobierno débil, los grupos de poder empiezan a reacomodarse y muchas veces tratan de incidir en la sociedad o aprovechan la indignación de la gente, la inconformidad está dada por la crisis política que existe en el país y no por una estrategia planeada para desestabilizar a México. Crisis política no sólo producto del Gobierno Federal sino de la misma oposición.

    Pero el gobierno sigue dando razón a quienes los critican. Después de las manifestaciones trasladaron a 11 jóvenes a penales de máxima seguridad por «terrorismo y tentativa de homicidio» entre otros cargos, jóvenes que fueron detenidos arbitrariamente. El fantasma de la represión aparece, y más que mostrar un gobierno que «pone orden», logran lo contrario. También dan la razón a sus críticos cuando los policías agreden a manifestantes inocentes, cuando atacan a comensales en un restaurant del Centro Histórico de la Ciudad de México que ni siquiera eran parte de la manifestación y cuando envían infiltrados para tratar de deslegitimar una manifestación pacífica.

    Es incluso extraño que un Gobierno Federal el cual se supone debería tener asesores bien preparados, permita resbalones que han calado en la sociedad, como las últimas declaraciones de Peña Nieto, Angélica Rivera, y que permitan ir a su hija Sofía Castro a los Latin Grammy de Las Vegas sin ninguna preparación para responder críticas.

    El problema es que el Gobierno Federal se encuentra entre la espada y la pared, el problema crece y ya no pueden aspirar al «tiempo que hace que todo se olvide», pero a la vez ya carece de argumentos para poder responder contundentemente a las críticas. El problema es que siguen cometiendo errores, y sobre todo, que hacen caso omiso al mensaje que manda el pueblo mexicano, al cual gobiernan, pero ignoran olímpicamente.