Etiqueta: Unión Europea

  • Lo que aprendí del #Brexit

    Lo que aprendí del #Brexit

    Lo que aprendí del #Brexit

    El Brexit es una mala noticia. No tanto por las consecuencias de la salida del Reino Unido per sé, cuya salida calará hondo en su economía por un tiempo, y (seguramente mostrará una recuperación, y seguirá siendo un país tan relevante como lo es ahora) por los millennials que ya no podrán aspirar a conseguir un trabajo en otro país de la Zona Euro, sino por el mensaje que se manda, el de volver a construir fronteras, el de regresar al atrincheramiento. Lo que temo es una reacción en cadena. Por ejemplo, en países como Francia con Marine Le Pen o en Holanda, ya están pidiendo referendums para salir de la UE. Ese mensaje, como mencioné, también puede beneficiar a Donald Trump, e incluso puede alimentar la retórica del populismo latinoamericano.

    UK seguirá siendo tan democrático como lo es. A diferencia de Estados Unidos, no está en riesgo de caer en manos de un hombre ignorante, xenófobo, y con rasgos fascistas que amenace los valores democráticos, al menos en este momento. Pero el mensaje que se da, si puede contribuir a que esto suceda en otras latitudes del mundo y arrecie las aguas en un mundo donde el nacionalismo está resurgiendo.

    Pero más allá de las conclusiones que hagamos, hay que hablar de lo que hemos aprendido. El Brexit ha roto muchos paradigmas, y también de alguna forma nos mostró que es lo qué funciona más, y qué es lo que no funciona tanto. Voy a partir de mi premisa de que la decisión que tomaron el 52% de los ingleses es errónea, no es la más benéfica para el Reino Unido (UK), y menos aún para el mundo en el afán de romper muros e integrarnos más como sociedad global.

    La democracia directa no funciona

    La democracia directa no funciona

    Esto ocurre, salvo algunas excepciones, donde quienes votan tienen pleno conocimiento sobre aquello que están votando. Por ejemplo, cuando se trata de un referendum sobre los servicios que recibe una colonia o un barrio, o un tema que no requiera una gran cantidad de conocimiento para tomar una decisión acertada.

    Los plebiscitos y los referendums están de moda. Se venden como el logro último de la democracia porque la población tiene incidencia directa sobre alguna cuestión de interés. Pero como Giovanni Sartori afirmó en su libro ¿Qué es la Democracia?», estos instrumentos no son eficaces porque los individuos no tienen el conocimiento necesario para tomar una decisión acertada. No puedes hacer, por ejemplo, un referendum sobre la Reforma Energética, en tanto la mayoría de la gente no tiene el suficiente conocimiento para decidir si una reforma es conveniente, o peor aún, para decidir sobre las características que deba tener. El voto del pueblo no puede reemplazar a la deliberación de los especialistas en la materia.

    Eso fue lo que pasó con el #Brexit. Algunos ingleses no sabían siquiera como es que funciona la Unión Europea. Algunos ingleses se arrepintieron después de haber votado sí al Brexit porque, o no se habían informado bien, o no creían que el Sí iba a ganar.

    No es casualidad que muchos líderes autoritarios que se legitiman electoralmente (véase Venezuela), utilizan mucho este tipo de instrumentos. Conociendo cual va a ser el resultado, lanzan el referendum y «dejan que el pueblo decida». Si el mandatario sabe que su nivel de popularidad es lo suficientemente bueno, lanza un referendum para que el pueblo decida sobre la permanencia del mandatario, sabiendo que va a ganar en las votaciones: ¡fue la voz del pueblo!

    La democracia representativa, por su parte, es aquella donde los ciudadanos dejan que otra persona decida por él. A la hora de ir a votar, el ciudadano delibera entre los candidatos, y decide quien es el más apto para que lo represente y tome las decisiones por él. Pero la participación ciudadadana no queda ahí, o no debería de quedar ahí. El ciudadano puede organizarse, crear organizaciones no gubernamentales (ONG) o colectivos que sí están especializados en una rama, y tener una incidencia dentro de la vida pública. Estas organizaciones también pueden incidir en la opinión pública e informarla. El ciudadano organizado así, es mucho más útil que un ciudadano que va a votar sobre un tema que desconoce.

    Idealizar a los países europeos

    Idealizar a los países europeos

    Los ciudadanos de los países de Europa son… humanos.

    Cuando se trata de cuestiones políticas, siempre nos comparamos con los países desarrollados. – Allá nunca ganaría el PRI, allá esto y aquello, esto no pasa allá, si gana López Obrador me quedo en Europa.

    Sí, pensar decir que un país europeo, en tanto está más educado que el nuestro y su poder adquisitivo es mayor, puede ser más racional a la hora de votar, puede ser medianamente válido. Pero eso no significa que sean «completamente racionales». De hecho, los humanos somos menos racionales de lo que creemos ser. Un país desarrollado, con el discurso y las condiciones idóneas, puede caer en manos de un demagogo o un populista.

    Imaginemos que un inglés va caminando por el barrio de Wembley y es asaltado por un lituano quien gracias a la pertenencia de UK a la UE, tuvo mayores facilidades para entrar al país y habitar ahí. Entonces, llega a la conclusión de que gracias a la entrada de migrantes, la inseguridad se ha incrementado, y entonces es culpa de la Unión Europea y tenemos que cerrar nuestras fronteras, y se organiza con varios amigos para en conjunto apoyar la salida de UK. Votar a favor del Brexit fue un error a mi parecer, pero de alguna forma se puede explicar por qué este individuo votó así. Igual que aquel mexicano que tiene problemas para encontrar trabajo, mientras que una élite concentra gran parte de la riqueza. De pronto asiste a un discurso de López Obrador y la mafia del poder y le decide dar su voto. Para muchos de nosotros es una elección errónea, pero tiene una explicación.

    El Inglés podría tener alternativas: exigir a sus representantes mayor seguridad, que los migrantes sean integrados (muchas veces la exclusión por parte de la sociedad alienta los crímenes), o bien, que sin salir de la UE, se tomen medidas para tener mayor control de la migración. El inglés, frustrado, irá por la opción que le parece más viable: ¡dejemos la UE! El mexicano también tiene alternativas, organizarse, integrarse a una ONG, exigir a sus representantes. Pero el discurso de López Obrador, en tanto es directo y describe el problema tal y como él lo ve, se vuelve muy atractivo.

    En los dos casos, profundizar sobre el asunto haría caer en cuenta al individuo que su elección posiblemente no sea la más correcta, una mayor educación y conocimiento sobre el tema también lo ayudaría.

    Pero los seres humanos muchas veces hacemos elecciones instintivas y viscerales. Incluso el conocimiento y la educación no siempre son garantía para blindar al individuo de tomar una decisión desde el instinto. La inteligencia emocional (necesaria para moderar los impulsos y poder racionalizar más una elección) juega un papel importante.

    Eso es lo que hacen políticos demagogos como López Obrador y Donald Trump, apelar al instinto, al miedo y al enojo. Por más grande sean esos sentimientos, mejor para ellos, así las posibilidades de que un individuo razone su decisión disminuyen.

    Y como dije, ambos europeos y mexicanos somos humanos. Tanto un mexicano, como un inglés o un sueco, puede tomar una decisión equivocada cuando se trata de tomar una decisión que afecte a sus intereses. Estamos hechos de la misma materia gris, y por eso es un error idealizarlos al extremo que muchas veces lo hacemos. Sí, tomarán decisiones más acertadas más veces, pero no siempre.

    A la democracia «no la necesitas derrocar para derrocarla».

    A la democracia "no la necesitas derrocar para derrocarla".

    Afortunadamente para los ciudadanos del Reino Unido, su nación seguirá siendo completamente democrática como lo es hasta ahora (a menos que en el escenario más pesimista y apocalíptico, su decisión genere una reacción en cadena donde surjan otros estados que se vuelquen al autoritarismo y éstos se conviertan en una amenaza para UK), pero el Brexit es prueba de que los mismos procedimientos democráticos pueden ser la puerta para que un estado autoritario se instale.

    Y vale recordarlo, porque hay registros históricos de esto y generalmente los ignoramos. Adolfo Hilter llegó al poder gracias la democracia de la República de Weimar, Hugo Chávez llegó también al poder por medio de elecciones libres en Venezuela.

    Para derrocar una dictadura, necesitas intervención militar, o bien, organizar a los habitantes de forma no violenta con el riesgo de ser encarcelados o de perder sus vida, en medio del acoso del régimen autoritario como ocurrió en Lituania con la Revolución Cantada, un precio que no muchos estarían dispuestos a pagar.

    Para promover un régimen autoritario en un país democrático no es necesaria la intervención militar, y ni siquiera es necesario preocuparte por ser acosado al promover tus ideas. Tu derecho a la libertad de expresión está garantizada.

    Un líder autoritario puede llegar a contender en elecciones porque los derechos que tiene como ciudadano se lo permiten. El trabajo del autoritario no es sortear a la policía ni al poder, sino simplemente encontrar la fórmula perfecta para atraer a la opinión pública a su favor, y llegando al poder, encontrar los métodos para destruir la democracia e instaurar su régimen.

    Conclusión

    La democracia es algo que damos por sentado, pero pende de muchos factores que juntos generan cierto equilibrio. Como recalca Moises Maím, vivimos en un mundo donde el poder se ha fragmentado. Hemos pasado de los regímenes absolutos, a aquellos donde el poder está dividido, a veces en exceso. Lo cual entorpece a los gobiernos a la hora de tomar decisiones urgentes. La parálisis que se vive dentro de los parlamentos y congresos de los países democráticos muchas veces derivan en aquello que frustra mucho a los ciudadanos.

    Muchos aseguran que la historia se repite una y otra vez, creen fielmente en el eterno retorno de Nietszche. A pesar de que los humanos somos lo suficiente torpes para repetirla, no es algo que pase necesariamente. Aunque repitamos algunos patrones, en parte producto de nuestra naturaleza como seres humanos, la historia contemporánea es muy diferente a aquella del medioevo o a la de las tribus. Los humanos, creo yo, tenemos la capacidad de no caer en los mismos errores del pasado. Por eso siempre es necesario rememorarlo y encontrar coincidencias en el presente para evitar tomar el mismo camino.

    El Brexit es una prueba. A pesar de que la decisión ya esté tomada (se puede revocar, aunque con un costo político muy alto), podemos aprender de ella. Que el Brexit no derive en una reacción en cadena depende de ello, que hagamos un buen análisis y nos percatemos de las coincidencias históricas.

     

     

  • El Brexit, y un disparo en el pie en la hora del te

    El Brexit, y un disparo en el pie en la hora del te

    El Reino Unido acaba de cometer un error, uno bastante grave.

    Es triste porque el populismo determinó una elección en la cual decidieron salir de la Unión Europea (UE). ¿Por qué me atrevo a decir esto?

    El Brexit, y un disparo en el pie en la hora del te

    Bueno, básicamente porque todos los pronósticos son sombríos para el Reino Unido (UK), con todo e información en la mano, los ingleses votaron por la cerrazón y por el nacionalismo. ¿Qué consecuencias podría tener esto para los ingleses?

    • Podrían perder, según London School of Economics, entre el 6% y 9% de su PIB, e incluso con el panorama más positivo donde UK siguiera manteniendo un tratado de libre comercio con UE, perderían entre el 2% y el 3% del PIB. Se vea por donde se vea, la decisión tendrá consecuencias económicas.
    • Tres millones de empleos dependen de la membresía con la UE. Tres millones de empleos en un país de sesenta y cuatro millones. Algo así como el 5%.
    • UK podría perder influencia a nivel global, tal como lo creen en Washington y Beijing.
    • Los recursos que obtienen las universidades británicas para investigación podrían reducirse en un 25%

    No, el Reino Unido no dejará de ser una región importante y relevante, no creo que sea tan catastrófico como algunos sugieren, pero la apuesta que hicieron parece no tener mucho sentido y tendrá consecuencias negativas para su economía. Esto si pensamos sólo en términos económicos.

    Pero nos tendríamos que preocupar aún más por las consecuencias políticas que puedan haber tanto para UK (Ya veo a Escocia e Irlanda del Norte haciéndose a un lado) como para la Unión Europea y el mundo.

    Curioso es que quienes decidieron el futuro del Reino Unido fueron quienes no lo tienen, quienes por su edad ya no estarán en las próximas décadas:

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    Muchos de quienes votaron a favor de #Brexit lo hicieron por miedo (generado por los actos terroristas de tiempos recientes). Al tener mayor control de sus fronteras habría menos riesgo de que UK fuera víctima de un atentado terrorista.

    Pero la mala noticia para quienes ahora lloran de felicidad por haber sacado a su país de «las garras de la Unión Europea», es que es menos gente la que llega de algún otro país de la UE (251,000) para vivir que la que llega del resto del mundo (292,000), quienes ya están sujetos a varias restricciones. Es decir, este nuevo contexto no será tan efectivo para combatir la «amenaza del terrorismo» como piensan.

    Tenemos que hablar también del nacionalismo, quienes quieren cortar lazos con Bruselas en pro de una hipotética «independencia».

    Hasta aquí podría afirmar que esto es problema del Reino Unido, que ellos votaron eso, que ellos sufran las consecuencias de sus decisiones.

    Pero ese es el problema, esta decisión no sólo afecta a UK, afecta al mundo, y puede ser el inicio de un cambio en un orden mundial que se aleje de la democracia y abrace el autoritarismo. De ese calado es el #Brexit.

    #Brexit va en contra del espíritu inglés, de la apertura, de la democracia, del libre mercado.

    La historia no es complaciente con esa decisión, de hecho nos ayuda a entender el tamaño del error. #Brexit va en contra de un proceso histórico de integración global que tiene siglos de existencia, y que incluso UK aceleró con la Revolución Industrial y la democracia liberal. La última vez que amenazamos con romper ese proceso de integración fue esa vez que Mussolini, Hitler y Stalin irrumpieron en el panorama mundial. Las consecuencias son ampliamente conocidas.

    Los paralelismos que uno puede encontrar entre el #Brexit y Donald Trump no son casualidad. Aunque #Brexit no tiene un líder visible e imponente como Donald Trump, el discurso es muy similar: Apología al nacionalismo, rechazo a los migrantes y a lo diferente. Y tampoco es coincidencia que quienes apoyen estas políticas populistas sean personas que tienen poca educación.

    Composición del electorado estadounidense que simpatiza con Donald Trump:

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    Composición del electorado británico que votó sí a #Brexit:

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    En ambos casos, por más se simpatice con las ideas nacionalistas (ya sea apoyar a Trump o votar por salir de la Zona Euro) menos nivel educativo se tiene. Quienes tienen menos educación, tienen menos información para emitir un voto, y por tanto son mas proclives a caer en las trampas del populismo. Sabemos de antemano que los votantes no son racionales, de hecho, los humanos somos menos racionales de lo que pensamos, pero mientras más información y conocimiento tengamos a la mano, más probabilidad existe de que un individuo haga una elección racional.

    Sí, hasta los países europeos de avanzada se pueden equivocar. Al final seguimos siendo seres humanos.

    Aquí no paran las «coincidencias». Quienes votan por aquello que representa la democracia liberal (es decir, lo contrario que proponen Trump y el #Brexit) se concentran en las principales urbes. Trump no tiene mucha simpatía en ciudades como New York, Chicago, Los Ángeles o San Francisco. De la misma forma, #Brexit no tiene mucha simpatía en Londres, Manchester, Liverpool o Leeds. Tampoco tienen simpatías en aquellas regiones donde se encuentran las instituciones educativas más importantes. Boston para el caso de Trump (donde se encuentran Harvard y el MIT), y Oxford o Cambridge para el caso del #Brexit.

    ¿Qué tiene esto de relevante? Que quienes viven en las grandes urbes tienen mayor acceso al conocimiento. Aunque ciertamente en estas épocas del Internet y los medios digitales una persona que vive apartada en una cabaña a 100 kilómetros de cualquier poblado puede tener acceso a cualquier diario del mundo, lo cierto es que la cultura dentro de los poblados pequeños suele ser más conservadora y tienden a estar más aislados que sus pares de las grandes urbes.

    Brexit

    Voy a agregar más coincidencias. Algunas más preocupantes.

    No estoy sugiriendo de ninguna manera que vayamos a entrar en una Tercera Guerra Mundial, es demasiado precipitado e irresponsable hablar de un escenario así a estas alturas, pero podemos observar paralelismos con el panorama que se vivía en el periodo de entre guerras. Una crisis mundial que la antecedió (véase 1929 y 2008) y que derivó en el surgimiento de corrientes ideológicas de extrema derecha e izquierda.

    No se asusten, no entraremos en una guerra, pero sí podremos ver un «proceso desglobalizador» donde varios países se atrincheren y cierren sus fronteras, lo cual ya de por sí es preocupante y puede tener consecuencias negativas tanto a nivel político como económico. La decisión de UK podría traer una reacción en cadena. Ciertamente el modelo de la Unión Europea no es perfecto y ha generado descontento en varios sectores de la región (euroescépticos), pero lo peor tanto para la economía británica como la economía mundial, sería cerrar las fronteras y regresar a un estado anterior de proteccionismo y aranceles altos.

    Inclusive, dentro del Reino Unido, podremos ver una Escocia que se separe por su marcado europeísmo. No es casualidad que los escoceses hayan votado abrumadoramente en contra del Brexit.

    No quiero imaginar un año después a un Donald Trump intentando sacar a Estados Unidos del TLC. No quiero imaginar a un López Obrador inspirado (en caso de que llegara a la presidencia, cosa que no se puede descartar) que lance su referendum para sacarnos del TLC y regresar a la economía de los años 70.

    E insisto, esto va contra la propia esencia del Reino Unido, del país de las fronteras abiertas y del comercio con otros países. Esto va en contra de eso que hizo grande al Reino Unido.

    Y quiero entender a la gente que votó sí al #Brexit, y como demócrata debo respetar su decisión aunque afirme que dicha decisión se tomó con base a la ignorancia. Quiero imaginar a quienes tienen miedo de ser parte de un atentado terrorista, quienes no tienen empleo mientras una persona de origen árabe sí lo tiene, quiero imaginar a la gente mayor que no tiene recursos económicos. Quiero ser empático y ponerme en sus zapatos, pero al final no me cuadra. Y como he dicho, al final somos humanos y podemos equivocarnos. Ni los países desarrollados son infalibles, y a través de la historia hemos visto una y otra vez como incluso ellos pueden tomar decisiones que afecten a sus propios intereses.

    Hoy es un día triste, e históricamente triste. En dos años, podríamos tener a las dos naciones emblema de Occidente, Reino Unido y Estados Unidos, cerrados, promoviendo medidas proteccionistas.

    Y no está demás imaginar la repercusión que eso podría traer dentro del orden mundial.

    Y de verdad, el dólar a 20 es lo menos importante.

  • Cambio de civilizaciones

    Cambio de civilizaciones

    El mundo no es estático. Dentro de él siempre hay cambios, la gente cambia, los estados cambian, la civilización humana está en constante movimiento. Las posiciones de las naciones en este planeta van cambiando, y dichos cambios muchas veces son difíciles de predecir.

    Cambio de civilizaciones

    A veces nos acostumbramos a vislumbrar al mundo de una forma, y durante un lapso determinado de tiempo caemos en una zona de confort y creemos que «las cosas van a ser así durante mucho tiempo». La realidad es que no es así, porque el ser humano es dinámico y no estático. Por ende, todas la instituciones creadas por este tenderán a ser dinámicas. Incluso ahora las cosas son más dinámicas que hace mucho tiempo. Por ejemplo, la Edad Media que comprendió prácticamente 10 siglos mantuvo a la civilización occidental en un estado estático, lo cual más que beneficiar a la sociedad mundial terminó postergando su progreso. Ahora es diferente, porque vivimos dentro de una sociedad altamente innovadora, cambiante, donde algunos pueblos buscan adaptarse para poder sobrevivir, se vive un proceso globalizador donde las actividades económicas se vuelven interdependientes y donde se percibe una estandarización de las culturas.

    En la primera mitad del Siglo XX, José Ortega y Gasset hablaba de la irrupción de las masas y la decadencia de Europa, que según él, lo primero había tenido su apogeo en el Siglo XIX. Naturalmente ese concepto de masa que él describe sigue siendo vigente y esa característica se ha permeado y consolidado hasta ahora, incluso se ha incrementado. Posiblemente la decadencia que se vive en Europa es mayor a la que él percibió. Si bien en el Siglo XX, la estafeta de superpotencia fue rebatada por Estados Unidos, Europa se mantuvo como la región que les podía ofrecer un mejor nivel de vida a sus ciudadanos. Ahora se duda si en un futuro esta supra entidad podrá seguir ofreciendo los niveles de bienestar que ofrece ahora.

    El ex Presidente Ernesto Zedillo tiene una visión que podría ser calificada por muchos como pesimista sobre lo que podría pasar en Europa. Él ha criticado fuertemente a los dirigentes europeos por su falta de liderazgo para resolver las cosas. Afirma que existen riesgos de que se quebrante la Unión Monetaria Europea, lo cual a su vez quebrantaría el mercado común europeo, lo cual, en palabras de Zedillo, nos llevaría a una regresión que nadie quisiera ver, y podría ser el inicio del fin de la globalización moderna. Si esto sucedería, habría sido erróneo, al menos en el corto y mediano plazo, el pronóstico de muchos analistas que afirmaban que debido al proceso globalizador, se crearían supra naciones (así como ya empezaba ocurrir esto con la Unión Europea, ocurriría con Norteamérica, Sudamérica, Asia y demás). Por el contrario si sucediera esto, veríamos una contracción y una regresión en dicho proceso globalizador.

    Sí, existen posibilidades de que en unas décadas la configuración haya cambiado dramáticamente y terminemos viviendo ante otra realidad. Muy posiblemente así sea aunque no podamos pronosticar los cómos, porque en cierta forma así había sido siempre. Cuando tenía 8 años recuerdo bien que existía eso llamado «Unión Soviética» y que eran acérrimos enemigos de Estados Unidos. Incluso se habían muchos chistes de tal relación. No había caído el muro de Berlín. Algunos países de ese entonces ahora no existen, y viceversa, existen países nuevos. En México apenas empezábamos a transitar a la globalización, muchas empresas eran propiedad del gobierno. Los niños de mi escuela para molestar a los otros decían: -Ya se supo, ya se supo, que tus calzones son de la Conasupo-.

    Hay incertidumbre porque no conocemos lo que va a suceder incluso en el corto plazo y como nos vamos a adaptar a dichos cambios. Estamos en una época en que no podemos estar en la zona de confort. El mundo se está reconfigurando, la civilización está cambiando, y tenemos que pensar qué lugar queremos tener en dicho cambio.

  • El Tecnócrata

    En medio de la crisis europea, me llama sobremanera la atención la forma en que buscan sacar a países como Grecia e Italia de la crisis. Decidieron hacer algo que para mí no es muy democrático, porque con presiones de la Unión Europea y quien sabe que poderes fácticos que están inmiscuídos ahí, hicieron renunciar a sus principales mandatarios, a Silvio Berlusconi de Italia y a Yorgos Papandreu e impusieron a Mario Monti y Lucas Papademos, quienes tienen algo en común, haber trabajado para el banco de inversiones estadounidense Goldman Sachs, que al parecer tiene mucha influencia sobre la Unión Europea. Es cierto que las crisis desatadas en ambos países vienen provocados por gobiernos irresponsables, sobre todo en el caso de Grecia quien les ofrecía a sus habitantes un estilo de vida «artificial» que tarde o temprano tenían que pagar, esto aunado a unas olimpiadas que albergaron en el 2004 que los dejó muy endeudados, aunque algunos presumen que las propias instituciones financieras, entre ellas la misma Goldman Sachs tuvieron alguna responsabilidad en la profundidad de la crisis.

    Ambos mandatarios (que durarán el resto del mandato que les dejó sus antecesores) son tecnócratas. ¿Qué es un tecnócrata?. El término tecnocracia significa «el gobierno de los técnicos», es decir, un tecnócrata busca soluciones técnicas sobre cualquier ideología, o asunto social (aunque en realidad sabemos que los tecnócratas de hoy son neoliberales). Los tecnócratas de hoy son nada más que economistas que, puede ser cierto, son muy hábiles en su campo, que interpretan la situación de una nación en base a gráficas, estadísticas, números, tendencias. Pero a la vez así como brillan en este sector, cuando entramos a terrenos sociales, son unos completos «ignorantes» del tema. Es decir, la especialidad de los tecnócratas está en lo meramente cuantitativo, pero ignoran la parte cualitativa, son incapaces de salir de sus oficinas y conocer el mundo real. No se inmutan si ven en la calle a niños muriendo en completa desnutrición, pero si les llama la atención que las tasas de interés suban o que el PIB no tenga un buen crecimiento.

    Para los tecnócratas solo somos un número y lo que a ellos les importa son que los números sean positivos, que pueden ser indicadores de un crecimiento económico, pero ellos desconocen las implicaciones sociales que pueda tener por ejemplo un sistema económico o alguna decisión económica en el terreno social. Ellos solo buscan que sus «gráficas y tendencias vayan a la alza», y nos presentan como resultados de su gestión, esas gráficas. Aunque en la práctica no sintamos una congruencia entre los que vivimos como ciudadanos y lo que dichas estadísticas dicen.

    Me preocupa por eso que un tecnócrata tome un puesto presidencial o en el caso de Europa, de primer ministro. Porque son tecnócratas, no son políticos en realidad, son técnicos, y en un mandatario se esperaría que tuviera una visión amplia de la sociedad que esté gobernando, y no uno que esté encasillado y cerrado en manejar números. Tal vez un tecnócrata estaría bien para una secretaría de economía o en Hacienda, pero no para estar al frente de una nación. Un ejemplo de tecnócrata es Ernesto Cordero. No dudo que tenga capacidades en economía (a pesar de su desliz de los $6,000 pesos), pero no lo veo enfrentando otros temas que no tengan que ver con la economía, ¿Cómo le hará con los asuntos de la  sociedad?, ¿Cómo le hará para ejercer ese liderazgo que se necesita en un político y no tiene? ¿Cómo le hará en cuestiones de diplomacia? ¿Cómo le hará para atender a los marginados y a las comunidades indígenas?.

    Aristóteles decía que la democracia era una depravación de la timocracia, pues, la tecnocracia es una degeneración de la democracia, donde un todo se reduce a puras cuestiones técnicas.