Etiqueta: trabajo

  • El día de trabajo no cayó… ¡en pinchi lunes!

    El día de trabajo no cayó… ¡en pinchi lunes!

    Como sabemos, el primero de mayo se conmemora el día del trabajo (y mi cumpleaños).

    Para encontrar su origen tenemos que remontarnos a 1886 en la ciudad de Chicago donde el proletariado estadounidense llevó a cabo todo tipo de actos para reducir la jornada laboral a 8 horas; lo cual consiguieron, no sin algunos muertos, heridos y encarcelados.

    El día de trabajo no cayó... ¡en pinchi lunes!

    Tenía sentido: 8 horas de trabajo, 8 horas de sueño, y 8 horas para pasar el tiempo con la familia y los hijos.

    Desde ese entonces, esta jornada ha sido el estándar en todo el mundo. Naturalmente los tiempos han cambiado, la forma en que se trabaja también y por consecuencia podemos observar algunas variaciones. En algunos países europeos incluso se trabaja menos (amén de sus altos índices de productividad), otras personas trabajan más porque así lo han decidido (quienes trabajan por su cuenta o son dueños de empresas), y también tenemos a quienes, en el papel deberían de trabajar 8 horas, pero se quedan hasta la tarde en la oficina porque no está bien visto marcharse a la hora que timbra la chicharra.

    En un país donde muchos asumen que la productividad está intrínsecamente relacionada con el número de horas trabajadas (por más tarde te quedes, más productivo eres y más comprometido con la empresa) y no con la productividad en sí (el valor agregado que puedes aportar a la compañía como empleado) se entiende entonces que en México muchos viven para trabajar. El número de horas trabajadas, aunadas al problema del tráfico, hace que muchas personas no tengan casi algún momento de esparcimiento entre semana. Ahí los altos niveles de estrés e insatisfacción laboral (pinchis lunes).

    El mexicano no es productivo porque hemos promovido esa visión distorsionada de la productividad propia de la economía industrial donde la mayoría de los trabajos eran mecánicos y repetitivos: «más horas + compromiso con la empresa». No importa que hagamos varios breaks durante el día para tomarnos el cafecito, para contar el chisme, no importa si algunas de las horas damos vuelta en nuestra silla para «tener algo que hacer» porque hemos terminado con nuestra carga de trabajo.

    A pesar de toda la información relacionada a la psicología de trabajo que circula por Internet y dentro de documentos especializados, muchos siguen premiando a quienes trabajan horas extras porque eso significa un mayor compromiso (en realidad, puede ser una consecuencia del desorden e indisciplina del empleado, o bien, de las políticas arcaicas de la empresa). A pesar de que ya varios estudios han demostrado que a un mayor número de horas trabajadas al día, la productividad por hora se reduce; las políticas y paradigmas parecen no cambiar dentro de muchas empresas.

    Un mayor número de horas libres no sólo beneficia al individuo, sino a la larga, beneficia a la misma empresa. El empleado al tener más tiempo libre, puede llevar a cabo actividades que lo hagan más productivo, tiene más tiempo para hacer ejercicio, para estudiar y capacitarse.

    Una persona que tiene más tiempo libre tendrá más posibilidades de sentirse más satisfecho con su trabajo, ¡Y probablemente no odiará los lunes!

    Actualmente hay varias propuestas para modificar las jornadas laborales. Por ejemplo, Carlos Slim y otros especialistas están promoviendo una jornada laboral de 3 días 11 horas y con una edad de retiro de 75 años. Es decir, 33 horas a la semana en vez de las 40 actuales (y que en la práctica suelen rebasar las 50). Puede ser una idea disparatada pero tiene sentido:

    Lo tiene, porque en el futuro cercano (menos de 10 años) muchos puestos de trabajo desaparecerán, debido a que serán reemplazados por robots; sobre todo aquellos que requieren poca especialización. Al crear jornadas de 3 horas (en el entendido que las empresas seguirán trabajando toda la semana), se abrirán más fuentes de trabajo con mayor especialización. Los individuos dedicarán 3 días de la semana casi exclusivamente al trabajo, pero las otras cuatro podrán usarlas para el esparcimiento y la educación. Los individuos tendrán más tiempo para capacitarse, para realizar sus actividades e incluso para desarrollar proyectos que de alguna otra manera no podrían hacer.

    La economía y la dinámica de la cual somos parte cambia constantemente, por eso no podemos seguir aspirando a modelos rígidos, arcaicos, o que ya han sido refutados por la comunidad científica. De igual forma, también los urbanistas, psicólogos y especialistas en recursos humanos deben de pensar en como mejorar la calidad de vida de quienes laboran ya sea en una empresa, o por su cuenta. Desde la salida de su casa (repensar las ciudades para que se vuelvan más amigables y menos estresantes) así como dentro de sus puestos de trabajo. Se necesita una visión más flexible y humana si queremos tener una sociedad más productiva, y sobre todo, más feliz.

  • Mañana es pinche lunes

    Mañana es pinche lunes

    Mañana es pinche lunes.

    El fin de semana ha llegado a su conclusión. Los 4 jinetes del apocalipsis sonarán en forma de alarma que emitirá un estridente sonido una y otra vez hasta que terminemos de estar conscientes de que estamos despiertos, y por lo tanto debemos de empezar con nuestras actividades.

    Mañana es pinche lunes

    Tengo que organizarme, volver a recordar aquello que olvidé el fin de semana (necesitaba relajarme) organizar mis ideas, los pendientes, muchos pendientes; recordar que tengo mucho trabajo y poco dinero porque uno de mis clientes se ha retrasado algunos meses con los pagos y tengo que «ir a pelearme», viene la boda de mi hermana y tengo muchos gastos, entonces la liquidez no abunda (a nadie le agrada sentir que no tiene dinero).

    Se acabó un fin de semana donde hice ejercicio, leí un libro muy interesante llamado «El Fin del Poder» de Moises Naim, fui a celebrar el cumpleaños de mi sobrino, y  claro, descansé. Ahora toca buscar a los clientes, ver con ellos los avances de los proyectos. Apurar dichos proyectos porque como no tengo liquidez, espero recibir la liquidación de estos en cuanto antes.

    Pero a pesar de todo esto, el lunes para mí no es el fin del mundo. Por el contrario, es una oportunidad.

    Cuando no te gusta lo que haces, el lunes por consiguiente se vuelve más pesado, una carga: Tengo que… tengo que… Los días hábiles y el fin de semana conforman una dicotomía de «dolor – placer». Cuando sucede eso, es que algo está mal.

    Hace unas décadas o siglos, la gran mayoría de la gente tenía que trabajar para sobrevivir, tenía que ir a la fábrica o debía ocupar puestos burocráticos a realizar labores rutinarias propias de la era industrial jerárquica y vertical idealizada por Max Weber. Bueno, técnicamente en el mundo todavía son mayoría quienes trabajan para sobrevivir. Pero nosotros somos parte de una clase media con la suficiente capacidad de construir un proyecto de vida, de tal forma que nuestro trabajo no debería de ser una cuestión de supervivencia sino de superación personal y autorrealización.

    Claro, no es un parque de diversiones, el estrés está ahí, los clientes, los trabajos que tengo que entregar, mi futuro, la agencia que tuve que posponer por un tiempo o si quiero estudiar una maestría y todavía no sé de que. Pero cuando tu trabajo forma parte de un proyecto de vida, los lunes no pesan tanto. La semana ya no es una dicotomía de «dolor – placer», sino de «esfuerzo – reposo». Es decir, uno utiliza la mayor parte de las energías entre semana y en el fin se busca descansar el cuerpo y mente por medio de actividades lúdicas que no requieren tanto esfuerzo físico e intelectual.

    Entonces, si te encabronan los lunes, pregúntate si el trabajo donde estás de verdad te llena, si forma parte de tu proyecto de vida. Y si no es así, posiblemente requieras un cambio. Tu encabronamiento con los lunes es directamente proporcional a la satisfacción que tienes con tu trabajo. ¡Recuérdalo!

  • Trabajar por tu cuenta es bien padre

    Trabajar por tu cuenta es bien padre

    Los Godínez, sentados desde el escritorio de la opresiva oficina que se encuentra a un lado del garrafón con sus conos de agua reutilizables, afirman que quienes trabajamos como freelance (condición que no me durará mucho al estar montando una agencia con otros socios), somos algo así como «ninis» no asumidos. Los entiendo, yo fui Godínez en un buen tiempo de mi vida. Recuerdo esos momentos en que tenía que despertarme temprano para empezar a trabajar de 9 a 7 (aunque técnicamente lo sigo haciendo), pero a pesar de que la carga de trabajo es la misma, o incluso puede llegar a ser más, no tengo esa sensación de opresión, de «debo de ir a trabajar».

    Trabajar por tu cuenta es bien padre

    Creo que tener un ingreso fijo le quita un poco de diversión al trabajo, y si a eso le sumas tener que depender de un único jefe y tener horarios y normas preestablecidas (aunque los que freelanceamos debemos autoimponerlas) entonces se comprende esa atmósfera opresiva que a veces se siente en una oficina. A algunos les gusta ser empleados, a otros como a mí no tanto, es cuestión de personalidades. A nosotros tal vez no nos pese tanto levantarnos a trabajar, porque al no tener ingreso fijo y a sabiendas que volumen de trabajo significa nivel de ingresos, nos preocupamos por sacar la chamba, por hacerla lo más rápido posible. Que pagar el viaje, que los impuestos, los gastos fijos, es un mundo.

    Esta parte que yo veo como divertida, otras personas lo verán como algo indeseable. Los freelance no tenemos tanta seguridad, si queremos ahorrar para un carro, para un viaje caro, o queremos pagar un departamento, tenemos que ser muy meticulosos con nuestras finanzas, y debemos de rogar que «nos caiga una iguala». Los ingresos dependen directamente de nosotros, lo cual conlleva una mayor responsabilidad, tenemos que estar cobrando, lidiando con clientes. No basta con «tener contento al jefe» para asegurar tu quincena.

    A nosotros nos da mucho ese sentimiento de «trabajar mucho y andar de pobres» que luego es recompensado con varios pagos en un mismo mes cuyo monto total podrá superar por bastante el sueldo de un Godínez. Eso nos obliga a administrar nuestro dinero, en saber en que lo vamos a gastar porque no sabemos cuanto nos llegará después.

    Pero lo disfrutamos, el tener que lidiar, que pensar, que crear estrategias, mantiene ocupada tu cabeza. Las opciones para que un Godínez aumente su ingreso se reducen a dos: Pedir un aumento (lo cual con la situación actual no es algo fácil) o buscar otro trabajo. Nosotros pensamos continuamente en diversas estrategias, en hacer networking, en comprar publicidad, en ir a fiestas, eventos, en capacitarnos continuamente u ofrecer nuevos servicios, lo cual lo hace todo más divertido.

    Hay una falsa creencia de que los freelancers tenemos mucho tiempo libre. Es falso. Es cierto, tenemos mayor flexibilidad de horarios. Pero en mi caso, tiendo a trabajar las mismas horas que trabajaría en una oficina. A veces puedo «salir antes» porque cuando no hay trabajo, no necesito quedarme a calentar la silla. En otras ocasiones debo trabajar hasta tarde, o trabajar sábado o domingo. Muchas veces las juntas con los clientes son en sábado o incluso domingo en la tarde. Aunque administres tu tiempo, el número de horas que trabajas son más o menos las mismas, e incluso más.

    Lo que sí es cierto es que al tener una mayor flexibilidad de horarios podemos hacer más cosas. ¿Queremos salir a comer con una amiga? No hay problema, puedo organizar mis horarios. ¿Queremos salir de viaje sin tener que pedir permiso? Vemos cuando es más prudente irnos (hay que tomar en cuenta la carga de trabajo) nos organizamos y lo hacemos. Por eso es que nosotros tenemos esa sensación de libertad que no se tiene en una oficina, porque el trabajo y el tiempo es nuestro.

    Pero conlleva autodisciplina, como no tienes jefe (aunque digan que tus clientes son tus jefes, al final no juegan el rol de jefe de empresa tal cual) entonces debes de organizarte tú solo. En mi caso, suelo levantarme a las 8, suelo correr (cuando no, corro al finalizar la jornada), regreso a las 9, desayuno rápido, a las 9:20 ya estoy en mi computadora trabajando y así hasta pasadas las 2:00. A esa hora hago alguna actividad lúdica como leer o escribir un artículo en mi blog, a las 3:00 como, a las 3:20 tomo una pequeña siesta y algo así como a las 3:45 ya estoy de vuelta trabajando, hasta las 6:30 – 7:00. Esto es un día normal. Cuando el trabajo es mucho, suelo terminar más tarde, en algunos casos hasta la madrugada. Cuando hay días en que casi no hay trabajo (muchas veces los proyectos que estás realizando quedan en stand by por uno o dos días porque tienes que juntarte con tu cliente para ver avances y dudas) uso el «horario de oficina» en algo productivo, como salir a correr (si no lo hice en la mañana), leer, o capacitarme en cosas relacionadas con mi trabajo.

    Mi trabajo (desarrollo web) hace que te concentres tanto que abusar de ello te puede llegar a desgastar. Como en mi caso trabajo solo y no tengo compañeros con los cuales bromear, me doy pequeños recesos en los que voy a la tienda, veo redes sociales o leo artículos (de política o interés general). el 70% del tiempo de mi trabajo transcurre frente a una computadora y el 30% en la calle (hay que visitar clientes, ver avances y demás). Como les comentaba, una cita puede ser desde un lunes a las 12:00 hasta un sábado en la tarde.

    Procuro siempre manejar este horario. Tengo suerte de no tener un jefe que me jale las orejas si me levanto tarde, pero en este caso lo hago yo solo, aunque es muy raro que llegue a levantarme tarde por cuestiones de mi organismo.

    Luego aparte del trabajo normal, hay que pensar en pagar impuestos, si no hay tanto trabajo hay que ir a prospectar, hay que ir a tejer relaciones (si no confías en ti mismo, posiblemente te quede mejor un trabajo de oficina donde no tienes que tomar muchas decisiones). Hay que ir planeando el futuro, hay que ir tomando muchas decisiones, unas no van a salir, otras sí. No te puedes quedar estático ni haciendo lo mismo todo el rato.

    ¿Y que decir de saber que el proyecto es tuyo, que la aventura es tuya y no estás trabajando en la aventura de alguien más? Este punto para mí es el que hace la diferencia entre trabajar por tu cuenta y trabajar para una empresa.

    No es que trabajar por tu cuenta sea mejor. Depende de tu personalidad, posiblemente estás contento yendo a una oficina. Pero en mi caso trabajar por mi propia cuenta es gratificante, y sé que cuando termine de dar el siguiente paso (montar una agencia), el número de responsabilidades aumentarán, y el volumen de trabajo también, habrá todavía más trabajo duro y sacrificios.

     

  • Filosofía para Godínez Parte 2, salir de la caja

    Filosofía para Godínez Parte 2, salir de la caja

    Todos esos artículos insulsos de emprendimiento que ves a diario en el Facebook y que te dicen que salgas de la caja parecerían banales porque existen dentro de miles de artículos que tienen fórmulas repetidas, pero muchas veces tienen razón. Muchos los escuchan, los leen y los comparten en forma de ilustraciones por las redes sociales (a veces con faltas de ortografía), pero no los aplican ni lo intentan. «Sal de la caja», «deja de hacer lo mismo de siempre», o esa de Einstein repetida hasta la saciedad «si quieres resultados diferentes, haz las cosas diferentes», tan repetidas pero tan poco usadas en la práctica.

    Filosofía para Godínez Parte 2, salir de la caja

    Alguna vez en una noche familiar mi padre contaba como es que mucho «cerebrito» que sacaba dieces en la escuela no la hacía en el mundo laboral mientras que a sus ex compañeros vagales les estaba yendo muy bien. Y no, no se trata de fomentar la mediocridad ni de pedirle a tus hijos que no se esfuercen en la escuela (el conocimiento es muy importante). Pero interpretando esto, creo que tiene que ver con que los «aplicados» siguen los esquemas y las estructuras que les dicen que tienen que seguir, se adaptan al «sistema» y a las «cosas como son». Esto funciona muy bien en una escuela, pero en el mundo profesional es más bien al revés, porque, insisto, hay que salir de la caja; hay que hacer las cosas diferentes y no ser un simple peón que sigue órdenes.

    En el último trabajo que yo tuve, yo competía por el puesto de Gerente de Mercadotecnia (la empresa desapareció posteriormente y me independicé). Como analista de mercado que era, me gustaba involucrarme en otras áreas y no sólo hacer lo mío, ayudé a hacer el layout de lo que sería el sitio web y para eso me juntaba con el programador (gracias a eso aprendí poco a poco a programar y ahora vivo del desarrollo de sitios web) y el diseñador. Manejé lo que entonces eran las redes sociales algo así como un «proto-community mannager» (Facebook, Hi5 y MySpace) y aprendí muchas cosas, me dio la formación para ser un independiente y  microempresario. Mi colega con la que competía por el puesto, estaba muy molesta porque el jefe quería que vendiera (en una etapa de crisis de la empresa) y ella decía que no era su papel, dado que ella era Relaciones Públicas y no ventas.

    Saber moverme por muchas áreas me ayudó mucho, y me dio mucho conocimiento para hacer lo que hago ahora. Después de una mala racha, en este año me consolidé, pero decidí que no me podía dormir en mi zona de confort, y ahora estoy comenzando a construir una agencia con otros socios.

    Pero la mayoría de las personas creen que deben de hacer simplemente lo que les toca hacer y se indignan si se les pide que hagan otra cosa. Creen que si son contadores, deben de dedicarse a hacer declaraciones anuales y sólo así llegarán a trascender. Muchos creen que para tener éxito se necesita un ticket que avale tus estudios y tu experiencia laboral tal cual trámite burocrático cuando en esta vida los que trascienden son los que mejor saben satisfacer las necesidades de los demás.

    Es decir, soy licenciado y tengo un puesto donde gano $8,000 pesos ¿Cómo le hago para poder a aspirar a cosas más grandes? Simple -Estudio una maestría, con lo cual mi currículum dirá que soy maestro y entonces me ofrecerán más dinero-. Ese razonamiento es estúpido.

    Por eso es que se recomienda estudiar una maestría ya cuando se tiene recorrido cierto camino en el mundo profesional y cuando sepas lo que quieres. Porque la maestría no es un boleto ni un pase de abordar, la maestría te confiere un mundo de conocimientos que harán que te puedas desempeñar mejor. Son los conocimientos y no la maestría per sé los que darán mayores posibilidades de trascender.

    En el mundo actual, ese -mesalgodelaescuelatrabajoycrezoenlaempresa- ya no vale. Ya cada vez vale menos acumular años de experiencia y vale más lo que tú puedas dar. Y para dar algo mejor, y sobre todo, algo diferente de lo que dan los individuos ordinarios, debes de ser diferente y por eso tienes que prepararte, tienes que incluso quererte, aceptarte como persona, conocer tus habilidades y desarrollarlas. Por eso debes de dejar de usar fórmulas gastadas, por eso debes de dejar de hacer lo que «todo el mundo hace», por eso te vas a tener que tragar las críticas de muchas personas, e incluso gente que te quiere, para poder tomar tus propias decisiones.

    Salir de la caja es esencial, a menos que estés conforme con trabajar detrás de un escritorio para alguien en el mismo puesto toda tu vida (incluso así ya se antoja muy difícil). ¿No has pensado en adquirir otras habilidades, e incluso hobbies que de alguna manera puedan formarte más como profesional? ¿Cómo puedes ser diferente a los demás? ¡Analiza cuales son tus habilidades! ¿No las tienes? Desarróllalas.

    ¿Quieres ser alguien feliz que trasciende? ¿O quieres esconderte detrás de esa masa de personas anónimas que hace lo mismo y que a nadie les importa?

    Primera parte aquí: https://elcerebrohabla.com/2014/07/24/filosofia-para-godinez/

  • ¿Para qué estudiar en México?

    ¿Para qué estudiar en México?

    Cada vez hay más voces (sobre todo de charlatanes y vendedores de libros Best Sellers cuestionables) que dicen que estudiar no sirve, que cursar una carrera universitaria o una maestría no hará alguna diferencia en las expectativas de empleo. En los cursos de inducción de las empresas multinivel te lo repiten hasta el cansancio, con su biblia en la mano (es decir, el Padre Rico, Padre Pobre de Kiyosaki) te mencionan como es que estudiar es una gran pérdida de tiempo, y como enrolarte en su sistema de ventas podrás hacerte millonario, podras viajar por todo el mundo o inclusive comprar un equipo de futbol.

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    El estudio de la OCDE parecería darles razón a estos mequetrefes. El reporte llamado «Panorama de la Educación» menciona que en México existe una mayor tasa de desempleo entre los individuos que tienen más estudios. Por ejemplo, la tasa de desempleo entre quienes no tienen educación media superior es del 4% y quienes tienen estudios de educación superior es del 5%, parecería un dato no tan relevante, pero lo es cuando los comparamos con el promedio de los países de la OCDE donde quienes no tienen educación media superior tienen una tasa de desempleo del 14% y quienes tienen educación superior su tasa es del 5%. ¡Vivimos en el mundo del revés!

    Seguramente este indicador se puede explicar porque nuestra economía no está lo suficientemente desarrollada para emplear a todos aquellos que ofrezcan un valor agregado. Posiblemente tenga que ver con el hecho de que las carreras más demandadas son las de siempre, las que (con excepción de Contaduría) casi no llevan matemáticas, las que son fáciles de estudiar, como lo son Contaduría, Administración, Derecho, Comunicación, Ciencias Políticas, Educación y Pedagogía, Psicología, Turismo, Diseño y Medicina que son las carreras más demandadas según la ANUIES ¡Ninguna ingeniería!.  En cambio las empresas solicitan egresados de Administración de empresas, Contaduría, Ingeniería Industrial, Mercadotecnia, Actuaría, Economía, Relaciones Internacionales e Ingeniería en sistemas.

    Lamento decirles a los estudiantes de preparatoria que si quieren estudiar una carrera que les pueda generar una mayor expectativa (al menos que tengan un talento excepcional para destacarse en alguna de las carreras de siempre) le van a tener que agarrar el gusto a las matemáticas.

    Otra cosa tiene que ver con el hecho de que muchos se atienen a encontrar empleos en una empresa como si fuera la única solución, entran a portales como el de OCC Mundial o Computrabajo en búsqueda de su empleo soñado pero se topan en general con sueldos muy magros, se quejan de que las empresas no les dan oportunidades (las empresas abren vacantes que les puedan generar valor añadido a a su trabajo, no son hermanas de la caridad) pero no se han puesto a pensar en que ellos mismos se podrían generar sus propias oportunidades, trabajando por cuenta propia o abriendo sus empresas. El futurólogo Alvin Toffler hace ya varios años auguró que los empleos formales tal y como los conocemos hoy decrecerían en beneficios de los autónomos que prestan servicios para empresas.

    Al final del día se tiene que pensar en los estudios como el conocimiento que te ayudará a especializarte y con el cual podrás aspirar a un mayor nivel de vida, y no a una especie de papelito o boleto que te abrirá automáticamente las puertas (luego por qué abundan los estafadores que te venden titulaciones). Algunos piensan que estudiando una maestría automáticamente obtendrán mayor posibilidad de obtener un buen empleo por el simple hecho de tener el título y no se enfocan en el conocimiento que la maestría les da.

    Si en México las empresas no otorgan los suficientes empleos, habrá que pensar cómo podemos generar esas empresas, y quienes ahora claman por un empleo podrían ser los que las generen si logran pensar fuera de la caja.

  • Filosofía para Godínez

    Filosofía para Godínez

    No, no es que sea malo ser empleado, pero por alguna razón (o varias razones) no me gusta, y en mi particular punto de vista, serlo tiene más desventajas que ventajas.

    Filosofía para Godínez

    El empleo crea una falsa sensación de seguridad, más bien estimulada por los discursos repetidos desde hace años, y que ya tienen años siendo caducos. El discurso donde el individuo busca un empleo en una empresa, sube de puestos y vive ahí toda su vida. Una carrera a la que más bien pocos pueden aspirar, porque ¿te digo la verdad? La mayoría de los empleados en algún momento van a ser víctimas de los recortes.

    Y por eso trabajar por cuenta propia es mejor. Se habla de tomar riesgos, y se toman riesgos. Pero una vez tomados, el futuro termina siendo menos riesgoso que en una empresa.

    Yo trabajo por cuenta propia y tengo varios clientes. ¿Qué pasa si hay una crisis económica? Un empleado posiblemente pierda su empleo (y los criterios para ser seleccionados no siempre van en función de la productividad y la eficiencia) y tarde mucho tiempo en encontrar otro. Alguien independiente verá mermados sus ingresos, menos clientes contratarán sus servicios o comprarán de su negocio. Pero la pérdida no es total, tu negocio sigue vivo, y si quiebra, al menos tendrás algunos de tus activos, y en el peor y más apocalíptico de los casos, estarás en la misma situación del empleado que perdió su empleo y busca un empleo.

    Trabajas para alguien más. Recuerda bien esta frase, trabajas para alguien más. Seas gerente o lo que sea, como no será lo mismo que tener un negocio propio, las empresas necesitan crear incentivos para que te motives. El empleado del mes, días de vacaciones, reconocimiento frente a los demás empleados. Pero recuerda, trabajas para alguien más, y los cuadritos de honor nunca podrán reemplazar la hermosa sensación de ver tu negocio crecer.

    Pérdida de libertad. No hay nada más desesperante que tener horarios fijos que no siempre van en relación con tu carga de trabajo. Sistema de horarios heredados de la Revolución Industrial. Cuando eres independiente, tú eres dueño de tu propio tiempo. Eso no significa que no vayas a trabajar, por el contrario, incluso podrías trabajar más (inclusive fines de semana), pero tienes la posibilidad de ajustar horarios, organizarte, hacer un espacio para salir a comer con una chica, irte de vacaciones. Sí, es cansado, pero no sientes esa «obligación de ir al trabajo» que sientes cuando eres empleado.

    Como independiente (freelance, emprendedor, empresario) conoces mucha gente. En un empleo conoces a un grupo de empleados de los cuales, por razones de competencia interna, muy pocos serán verdaderos amigos. Como independiente necesitas relacionarte con mucha gente, clientes, intermediarios. Y créeme, es más fácil hacer amigos afuera, que dentro. Un colega tiene más razones para envidiarte dentro de una oficina, que las que la tiene un cliente al cual vas a visitar.

    Cierto, no tienes el ingreso seguro, y tienes que saber prever y visualizar el futuro. Es diametralmente opuesto a la rutina de ir a la oficina diariamente a cumplir tareas específicas. Tal vez será un poco más difícil en un principio hacer pagos fijos, como un coche o incluso un teléfono celular con un plan grande. Pero con el tiempo, eso no será ningún problema, incluso podrás dar adelantos que un empleado nunca se dará el lujo de hacer.

    Tienes un jefe. Recuerda esta frase también. Los independientes no tenemos un jefe, tenemos muchos. Pero hay una sutil pero importante diferencia. Tú como empleado no puedes prescindir de tu jefe, si te cae mal y te trata mal, tendrás que aprender a lidiar con el problema. Nosotros podemos ir seleccionando con quienes trabajar y teniendo ya cierto número de clientes, podremos prescindir de los jefes «más mamones».

    Ah y la experiencia. La experiencia que aprendes en un trabajo puede ser muy útil, pero al final sólo te da experiencia para un empleo, o incluso sólo para la empresa en que trabajas. Como independiente puedes adquirir experiencia en lo que sea, te puedes dar más tiempo de estudiar (una maestría, diplomados) y capacitarte.

    ¿Entonces, quieres ser empleado?

    Por cierto, si eres nuevo en el mundo laboral, sonará paradójico después de todo lo que comenté. Pero antes de emprender, te recomiendo ser empleado por algún tiempo, para que aprendas a trabajar. Pero después de eso, te recomiendo iniciar una aventura en el mundo de los emprendedores.

    La gente más exitosa es emprendedora, no empleada.

  • Mejor ponte a trabajar

    Mejor ponte a trabajar

    Este artículo lo escribo en modo zombie. El primero de mayo es mi cumpleaños (es más coherente que la gente tome el día de asueto para honrarme y no a un día socialista que lanza a los sindicatos a las calles), me festejé un día antes y no dormí. Tal vez el estado que tenga a mis neuronas el día de hoy incida en la forma en que escriba el artículo del día de hoy.

    Mejor ponte a trabajar

    Trabajar, trabajar. En la constitución todos tenemos derecho al trabajo. Pero la constitución como lo comenté hace tiempo, es un decálogo de buenas intenciones. Por eso los defensores de las leyes secundarias de la Reforma de las Telecomunicaciones la citan para tratar de «contrariar» a los opositores -quesque la libertad de expresión está garantizada en la constitución-.

    Me dicen que es incoherente que no se trabaje el día del trabajo. Más bien no entienden muy bien lo que se celebra. No se celebra el trabajo por el trabajo, se celebran las reindivicaciones sociales y laborales de los trabajadores. Por eso en este día los sindicatos desfilan por las calles, muchos sacan sus banderitas comunistas rojas y amarillas compuestas por martillos, hoces y estrellitas, aunque esas reindivicaciones pues benefician a todos, ¿o no señor Godínez?. Esta fecha no se celebra en Estados Unidos y Canadá no se celebra porque en algún momento los norteamericanos temieron que la marea rojilla pudiera aprovechar la coyuntura para penetrar en el sistema estadounidense.

    Trabajar, trabajar. Esas reindivicaciones sociales se parecen cada vez más a la constitución en el punto en que en realidad la gente trabaja más de las horas que legalmente debería de trabajar. Razones hay muchas. La primera es desorganización y la segunda es la falsa creencia de que trabajar más horas es mejor en base a un argumento destrozado por la evidente realidad donde el humano baja su nivel de rendimiento por hora. Esto a diferencia de muchos países desarrollados donde trabajar más de las horas asignadas son un símbolo de incompetencia.

    Los que trabajamos por nuestra cuenta no sabemos mucho de reindivicaciones sociales porque trabajamos en función del trabajo que tenemos. A veces nos puede sobrar tiempo libre, y a veces podemos trabajar voluntariamente como esclavos a destajo para «sacar» los proyectos que debemos de terminar. Pero somos nuestros jefes, somos señores feudales, reyes y campesinos al mismo tiempo.

    Trabajar, trabajar. ¿Cómo sería un mundo sin trabajo? Pues el humano no haría nada, se aburriría, se desesperaría, lo cual se traduciría en violencia y podría acabar con su propia existencia. Por eso debes valorar lo que el trabajo hace por la raza humana cuando te levantas quejándote y de mal humor dirigiéndote a la oficina.

    En la vida hay ganadores y perdedores. Los ganadores obtienen el trabajo que les gusta hacer, los perdedores odian su trabajo y lo ven como mera actividad de supervivencia.

    Trabajar, trabajar

     

  • ¡Odio los lunes!

    ¡Odio los lunes!

    ¿Quieres ver a un México más desarrollado, productivo, menos desigual y con más oportunidades? Empieza por amar los lunes

    Todos los domingos ocurre un fenómeno colectivo en el Facebook y en todas las redes sociales, no importan los medios, puede ser textos, una ilustración, un meme. Es como un mantra, una frase (con todas sus variaciones) repetida de tal forma que se podría pensar en alterar el curso de las cosas para cambiar una realidad inmutable: «Odio el pinche lunes». Salen las frases chuscas -Plácido Domingo tiene un hermano ingrato llamado Puto Lunes-, se desea que ese día no exista, que sea derogado, como si fuera un castigo impuesto.

    ¡Odio los lunes!

    Entiendo que una persona que viva en condiciones precarias repita esa frase, su trabajo o es muy monótono, o implica un gran esfuerzo físico, o un riesgo para su vida o las tres cosas a la vez. Por eso estas personas se refugian en el alcohol, en la TV abierta o en el futbol y ahí llega su perspectiva. Pero asumo que la mayoría de los usuarios de redes sociales tienen una posición económica como para tener un trabajo al cual se le pueda sacar alguna gratitud. Un vendedor y su lucha encarnizada para obtener más ventas, el freelance en búsqueda de clientes, el abogado que debe de defender casos, el que lucha por un ascenso en el trabajo. Pero es cierto, en México no todos tenemos la oportunidad de «trabajar donde nos guste», pero quienes se enfocan bien y no se conforman sí pueden lograr hacerlo.

    Dicen los textos bíblicos, que cuando Adán y Eva fueron expulsados por Dios del paraíso por comer esa manzana el fruto prohibido después de ser exhortados por la serpiente, los castigó con el dolor, la vergüenza y el trabajo. Pero creo que el buen Moy no le entendieron bien al Señor, o el corrector de su iPhone lo traicionó a la hora de recibir las sabias palabras del creador (luego Apple, el corporativo que terminó fundando la serpiente al ver el éxito de su primera manzana, no quiso cambiarle el teléfono cuando se le mojó el aparato en el diluvio), porque el trabajo no tiene que ser algo doloroso. Por el contrario, el trabajo dignifica al ser humano. Imagínense que pasaría si estuvieran en un paraíso solos con una pareja no elegida por ustedes, sino que fue «creada» con una de sus costillas, con toda la vida resuelta sin tener que mover un dedo. ¿Estarían en la gloria? No, en realidad terminarían aburriéndose hasta el hartazgo, porque su vida no tendría retos, o ambiciones. Su estado iría en contra de la teoría evolutiva.

    Entonces al darnos cuenta que el trabajo puede ser gratificante, llegamos a la conclusión de que quejarse de los lunes expresa una profunda insatisfacción con el trabajo que uno desempeña. Después de años y años de luchas por los derechos sociales, se determinó que el individuo tenía derecho al descanso y por eso es que descansamos sábados (unos la mitad) y domingos. Cierto, el trabajo es cansado, y es totalmente natural porque deseamos gastar todas las energías para obtener un ingreso óptimo. Pero se supondría que los fines de semana son para eso, para descansar del esfuerzo empleado entre semana.

    Quien se siente satisfecho con su trabajo no tendría por qué verlo como una molestia o un castigo. Cierto que los trabajos a veces generan situaciones de estrés y cansancio, pero nunca un estrés tan agudo como el no tener trabajo. El trabajo debería redimir al ser humano, hacerlo sentir completo, productivo, útil, y no se debería de ver como un ritual de castigo

    Quejarse en las redes sociales del «maldito lunes» puede funcionar como catarsis, pero nada más, eso no hará que el trabajo sea mejor (aunque veces sí que puede abonar para que sea lo contrario). Y creo que en vez de eso, uno debería de reflexionar y ver si la carrera laboral que uno ha delineado para sí es la correcta, si se está en un trabajo que le gusta, o sólo está ahí porque no le pagan mal. Se tendrá que pensar si ese trabajo le puede dar perspectivas a futuro (porque el que no lo haga, abona más al desencanto), y si pueden haber alternativas mejores. Si tienes esa costumbre, tal vez eso es indicativo de que no sería mala idea buscar otra oportunidad de empleo, o pensar en independizarte poco a poco, sobre todo si no tienes compromisos fuertes como mantener a una familia.

    Créelo, los avances humanos, científicos, tecnológicos, humanos y filosóficos en los que se sienta tu bienestar actual, no existirían si no hubiera un «pinche lunes».

    Y cuando hay puente, luego el martes se pregunta por que hay un linchamiento generalizado en contra de él.