Etiqueta: totalitarismo

  • Las izquierdas latinoamericanas y las derechas europeas

    Las izquierdas latinoamericanas y las derechas europeas

    Hay un dicho popular que dice que quienes se odian se parecen. En el ámbito político eso es algo peculiar y notable, pero ignorado por quienes forman parte. Un fascista y un comunista nunca se podrán ver, y si lo hacen es para participar en una lucha sangrienta a muerte, y sin embargo estos dos tienen mucho más en común que el que pueda tener cualquiera de ellos con un demócrata. Los totalitarismos sean de derecha o izquierda, siempre buscan tener en sus manos el control de la sociedad y de la economía, y conforme más se van radicalizando, más se van pareciendo.


    Las izquierdas latinoamericanas y las derechas europeas

     

    Los partidos radicales suelen quedar condenados al ostracismo cuando en un país las cosas marchan bien, pero cuando no es así, los votantes encuentran un refugio en ellos, y eso es algo que está sucediendo en Europa, como en Francia, donde han obtenido muchos votos. La ultraderecha en Europa empieza a ganar terreno (algunos incluso empiezan a ver coincidencias con el clima pre Segunda Guerra Mundial) por la sencilla razón de que los partidos tradicionales de derecha e izquierda, asumidos como más democráticos, no han podido con el paquete.

    Estos partidos suelen ser populistas, nacionalistas y demagogos. Están en contra de los influjos externos, hablan con desdén de las «oligarquías financieras», alientan el patriotismo. La hija del ultraderechista francés Le-Pen critica a las «recetas neoliberales de Bruselas», al «feudo de burócratas y tecnócratas». ¿Les suena a algo? ¿A quién se parece su discurso?

    Pues a la izquierda latinoamericana. Y es donde vengo insistiendo en que estas ramas supuestamente opuestas en la aritmética política más bien se parecen. Por un ejemplo, no es muy difícil encontrar similitudes en el MORENA de López Obrador y en el Tea Party de Estados Unidos, sobre todo por la forma a que apelan al nacionalismo. Y vayámonos a casos más extremos. Los discursos de Jean-Marie Le Pen no son tan distintos que los de Hugo Chávez o Nicolás Maduro.

    Tal vez en un principio los fundamentos políticos que sustentan a ambas ramas sean distintos, pero a la hora de radicalizarse y justificar un control férreo para la implementación de estos fundamentos (al menos en la retórica), los métodos terminan siendo muy similares, y ambas partes terminan más deseosos de mantener el poder y exprimir a sus ciudadanos que de otra cosa. Entonces el combate entre ambas posturas termina limitándose a la retórica.

    Posiblemente los radicalismos en latinoamérica se den en la izquierda porque su postura tiende a ser más bien defensiva, y en Estados Unidos y Europa se den en la derecha porque son más ofensivos dada su fortaleza, donde de alguna manera también hay una cerrazón, pero pensando que a partir de ahí, se extenderán y dominarán a los demás.

    Cuando las opciones moderadas ya no funcionan para el ser humano (y me refiero a todos los ámbitos, no exclusivamente al terreno político), éste tenderá a buscar tomar medidas extremas para solucionar sus problemas. Es parte de nuestra naturaleza. El problema es que en política, las opciones extremas terminan siendo contraproducentes y al final terminan siendo un yugo del cual los ciudadanos (si pueden seguirse llamando así) tratarán de escapar.

    Pero claro, dirán algunos, no todo es izquierda y derecha: -Mira Cerebro, que el PRI puede llegar al mismo punto desde el centro político-.

     

  • III Guerra Mundial, Corea del Norte, Kim Jong-Un y sus seguidores del PT como Alberto Anaya

    III Guerra Mundial, Corea del Norte, Kim Jong-Un y sus seguidores del PT como Alberto Anaya

    Se respira tensión, se percibe una inminencia de guerra (claro está, en la historia moderna hemos vivido muchas «inminencias» que no han llegado a concretarse), y algunos aseguran que está cerca esa chispa que desentonará la tan esperada «III Guerra Mundial». Los mandatarios de Corea del Norte han sido conocidos por abrir la boca de más, y la retórica beligerante es lo que dicen que funciona, en aras de preservar sus intereses. Si esa retórica les funciona dentro de su país, ¿Por qué no les iba a funcionar fuera? Si no ocurre una guerra, su retórica entonces tuvo efecto en la gente occidental que ni siquiera es parte de su secta colectiva comunista juché que se vive en su país. Si ocurre una guerra entonces han de ser palabras sinceras. Pero la tensión acumulada desde la guerra de las coreas y bajo el auspicio estadounidense, podría estallar en cualquier momento, más cuando las reglas no son justas y Corea del Norte sale perdiendo contra occidente.

    III Guerra Mundial, Corea del Norte, Kim Jong-Un y sus seguidores del PT como Alberto Anaya

    Se habla, como siempre, de una III Guerra Mundial. Para que esto ocurra tienen que pasar tres cosas: Que Corea del Norte ataque, que sea verdad la posesión de las armas atómicas listas para destruir ciudades surcoreanas y norteamericanas, y que países que puedan hacer un fuerte contrapeso a Occidente como China, Rusia, e incluso Irán, se unan a la causa de los norcoreanos. Si Corea del Norte no tiene las armas logrará hacer nada. Si tiene las armas y las usa, ya sea contra una base militar norteamericana, el centro de Nueva York o Seul por un ejemplo, Corea del Norte simplemente desaparecerá del mapa por naturales razones. Si pasa algo así será una tragedia difícil de olvidar, pero no será una Guerra Mundial sin el apoyo de otros países. Veríamos una parte de una ciudad importante desaparecida, y Pyongyang lo mismo pero completamente. Sí China o Rusia toman una postura favorable, o un conjunto de países que juntos hagan contrapeso, entonces ahí sí, podríamos hablar de una nueva tragedia humana.

    Desde un punto de vista moral sería difícil ponerse a favor de un bando. Corea del Norte es una tragedia humana bajo la sombra de un comunismo manipulado, Estados Unidos está muy lejos de ser un santo en la geopolítica mundial y siempre trata de preservar sus intereses sin importar si perjudica a los demás, es un imperio y actúa como tal. Pero desde un punto de vista práctico, preferiría a los estadounidenses que a los norcoreanos. Me pregunto, ¿Qué pasaría si países como Corea del Norte, China o Irán aumentan su influencia en el mundo? ¿Les gustaría que a la larga viviéramos en un régimen más autoritario? ¿Un régimen donde no tuviéramos libertad de expresión, donde el Internet estuviera fuertemente controlado por el estado? La verdad que yo no.

    Por eso mismo, no entiendo como Alberto Anaya del PT alaba a Kim Jong-Un. ¿Qué tiene en la cabeza? Se puede hablar de dictaduras, de Hugo Chávez por ejemplo, donde al final del día la gente puede pensar lo que quiera. Es más, hasta con Videla o Pinochet. Corea del Norte es el 1984 orwelliano llevado a la práctica. Sus habitantes son adoctrinados en masa, se adora a sus líderes como si fueran dioses. En sus casas obligatoriamente deben de estar dos cuadros: Uno del Presidente Eterno, y otro del recién fallecido Kim Jong-il. Viven para el estado, no tienen autonomía. Una de las formas para provocar (véase la foto) es una imagen de centenas de miles de norcoreanos militares adoctrinados acomodados en «filita» en la plaza más importante de Pyongyang. Los humanos no son seres humanos, son autómatas al servicio del estado. Si algunos critican al capitalismo actual como enajenante que orienta a las personas al consumo, el comunismo juché de Norcorea, le da tres vueltas.

    Podrá gente como Alberto Anaya afirmar que en Corea del Norte hay menos pobres que en México. Pero me pregunto si se le puede llamar vida a «ciudadanos» totalmente alienados cuyas vidas (valga la redundancia) están completamente controladas. Me pregunto si la lamentable masacre del 68 se puede comparar con las miles de personas que mueren en los campos de concentración en Corea del Norte. Anaya dice que todos los «progresistas» están orgullosos de las «grandes hazañas» de Kim Jong Un. Pero me pregunto si en la palabra «progresismo» cabe un gobierno retrógrada, enclavado en un pasado autoritario totalitario. Y también cuestiono cuales son esas grandes hazañas, de un presidente demasiado joven como para pensar que es el que toma todas las decisiones finales, y que por su corto periodo se le pueda atribuir alguna hazaña. Mientras que incluso ex candidatos presidenciales abanderados por su partido como AMLO (criticado por muchas cosas, como su postura dura y beligerante) comentó en un debate que había que mirar a Estados Unidos (un guiño amistoso a los norteamericanos, al menos en la retórica), otros «dizquierdistas» siguen viviendo en un algo que los humanos superamos. Igual a Alberto Anaya y sus compinches dueños de un partido creado, sí, por Carlos Salinas, les podríamos pagar con dinero del erario el viaje a Pyongyang para que se queden ahí unos años para que de regreso nos cuenten las maravillas que se viven en Corea del Norte (aunque temo que no los van a dejar salir, y menos tendrán iPads para comunicarse).