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  • La conspiración del 9/11 de Nueva York

    Mucha gente ha dado por sentado que las torres gemelas fueron derribadas por un grupo radical islamista llamado Al-Qaeda el cual estaba lidereado por Osama Bin Laden. Durante años la gente aceptó la versión oficial, pero al transcurrir el tiempo, han surgido dudas, inconsistencias, y han creado teorías conspirativas donde afirman que hubo un trabajo interno (inside job), es decir, que el propio gobierno en complicidad con la élite corporativa había provocado un autoatentado para justificar las invasiones a Afganistán e Iraq, y así sacar provecho económico, sobre todo en relación al petroleo y los gaseoductos que planteaban construír en Afganistán.

    Algunas teorías conspirativas dejan algo que pensar, algunas otras caen ya en lo ridículo (como la que dice que los aviones que se estrellaron contra el WTC fueron un montaje). Pero a mi parecer tanto la versión oficial como la conspirativa tienen varias inconsistencias, lo cual hace que el humano común no pueda deducir con pruebas contundentes que fue lo que sucedió. Las teorías alternativas comenzaron a tener auge conforme el Internet y las redes sociales fueron creciendo (porque los medios de comunicación estadounidenses no les prestaron atención).

    Las personas que dudan de la versión oficial dicen que las torres gemelas no pudieron caer de la forma en que cayeron si no era mediante el uso de explosivos. No dan crédito a que las torres hayan caído verticalmente (muy parecido a las demoliciones controladas) por el impacto de unos aviones. Tambien algunos dicen que el pentágono fue impactado por un misil y no por un avión (en el video proporcionado por el pentágono, no se alcanza a percibir el objeto que impacta contra él), y también hacen hincapié en la destrucción que dejó el impacto, que supuestamente no era posible por medio de un avión.

    Pero el hecho que hace saltar dudas fue lo que ocurrió con el WTC7, un edificio que tenía incendios provocados por la caída de las dos torres gemelas y algunos daños estructurales en su parte posterior que cayó varias horas después, como si hubiera sido una explosión controlada. Nunca en la historia, un edificio de acero se había caído por un incendio. De hecho torres de concreto (menos resistente que el acero) como la torre Windsor de Madrid, que quedó severamente dañada por un incendio, soportaron el fuego casi 9 horas de pie y nunca se cayó. De hecho hay una entrevista con Silverstein (dueño y constructor del WTC) que afirma que mandó demoler esa torre (aquí pueden ver el video), aunque luego dijo que se expresó mal y no quiso decir eso.

    Las personas escépticas de la versión oficial no solo son personas comunes y corrientes. Varios arquitectos e ingenieros reconocidos mundialmente se han unido al movimiento por la verdad del 9/11, donde ellos discrepan de la versión oficial, aunque tampoco afirman si fue un autoatentado. Más bien piden pruebas para que se sepa la verdad sobre lo que ocurrió en esa fecha. Dicha organización está conformada por 1,500 arquitectos, 250 pilotos, 400 profesores, 300 sobrevivientes al atentado, 200 artistas y 400 médicos. (aquí pueden ver el listado) Ellos al tener las puertas cerradas en los medios de comunicación convencionales, han tenido que difundir su versión por medio de Internet, mitines y otros medios. También sorprende que medios de comunicación como el Reforma hayan sacado un apartado especial en Internet donde se afirma que la administración Bush perpetró el atentado (ver minisitio).

    Lamentablemente algunas de las pruebas ya no están. Necesitarían haber estado en el lugar de los hechos, donde ya todos los escombros fueron removidos, y enviados a otros lugares (más que para su estudio para deshacerse de ellos porque eran altamente contaminantes) como China. Las pruebas que tienen son las que todos hemos visto, los videos que tomaron los medios o aficionados y que ahora circulan por Internet. Según un estudio, uno de cada tres estadounidenses piensa que el gobierno sabía de los ataques del 9/11 y dejaron que ocurriera o bien, perpetraron un autoatentado.

    También hay preguntas que ponen en tela de juicio a las teorías conspirativas, como por ejemplo. ¿Cómo se justifican los atentados posteriores en Madrid y Londres?, o también ¿Por qué un país rival de los Estados Unidos como los árabes nunca mencionaron nada?.

    Las pruebas no son suficientes para dar por un hecho las teorías de la conspiración, pero la versión oficial tampoco es suficiente para tomarla como verdad. Yo particularmente no se que haya ocurrido y creo que nunca lo sabremos. Dicen que los ganadores son los que escriben la historia y en este caso es cierto, quien ganó con las invasiones a Afganistán e Iraq fue el gobierno de Estados Unidos y sus grandes corporaciones que de alguna forma lo controlan, los perdedores, además de los países invadidos, fueron los propios estadounidenses.

     

  • A 10 años

    Ayer hizo 10 años que, mientras conducía mi auto al trabajo, escuché en la radio la narración de una de las peores tragedias que Estados Unidos ha sufrido desde el ataque de los japoneses a Pearl Harbor: dos aviones comerciales acababan de estrellarse contra las torres del World Trade Center. Apuré mi paso, y al llegar, observé por televisión cómo sucumbían aquellos íconos neoyorquinos, compartiendo la mirada atónita de mis compañeras y compañeros de trabajo. Las cámaras de televisión no perdonaron nada.

    Podíamos ver el pánico reflejado en los rostros de las y los espectadores, la angustia y el desconcierto por lo que estaban viviendo. Parecía irreal. Los edificios estaban ahí, aún erguidos, pero mortalmente heridos; varios pisos habían sido cercenados por el impacto de dos aviones comerciales; el primero aparentaba ser un accidente, pero el segundo dejó en claro que se trataba de un atentado terrorista. Nueva York se paralizó. La atención estaba centrada en los humeantes rascacielos y las tres mil personas que se encontraban atrapadas dentro; algunas de ellas no soportaron el calor o la idea de morir calcinadas y prefirieron lanzarse al vacío. Las imágenes parecían sacadas de una película de terror de Hollywood.

    Cincuenta y seis minutos después del primer impacto una de las torres comenzó a derrumbarse; le tomó sólo 12 segundos desmoronarse por completo. A los 102 minutos, su gemela la siguió. Un tsunami de humo y escombros persiguió a las y los espectadores que corrían ahora despavoridos para ponerse a salvo, parecía la nube piroclástica de un volcán. Después todo fue desolación, incredulidad, parálisis. Nueva York se volvió gris. Desde lejos su perfil se había modificado definitivamente, faltaban los dos rascacielos. Una nube de polvo cubría Manhattan, la cual se equiparaba a la sombra que cubría los corazones de todos los estadounidenses, quienes por primera vez se sintieron vulnerados.

    Se informó también que otro avión se había estrellado contra El Pentágono, cuyas imágenes no podían dejar de llenar de incredulidad a todo aquel que las mirara. ¿Cómo habían podido llegar tan lejos los ataques? ¿Cómo al mismo centro de inteligencia del país más poderoso del mundo? Se supo entonces de un cuarto avión secuestrado: el vuelo Q93 de United Airlines que se dirigía a Washington. Todos asumieron lo peor: la Casa Blanca.

    Más tarde se supo que dicha aeronave se había estrellado en Pensilvania, no estaba claro si se había desplomado o si la había derribado la fuerza aérea estadounidense; la verdad fue más dramática: fueron los mismos pasajeros quienes lo hicieron para evitar que se perdieran más vidas que las suyas. Un acto de heroísmo que levantaba un poco el ánimo después de los golpes recibidos. Y todo quedó grabado.

    La desmoralizadora tragedia que lastimó el corazón y la cabeza del gigante norteamericano tuvo tal trascendencia porque fue transmitida en vivo y en directo. Porque todo el mundo pudo ver el dolor que se vive en este tipo de actos inhumanos, y se sintió vulnerable, aterrado. Las guerras posteriores «contra el terror», que en realidad fueron contra Afganistán e Irak, injustificadas ambas –la segunda más que la primera–, no tuvieron un eco tan profundo porque las cadenas internacionales no interrumpieron las transmisiones para relatar el dolor que las familias afganas o iraquíes vivían. El odio que 19 secuestradores suicidas dirigidos por un grupo fundamentalista provocaron se transformó en xenofobia que árabes y latinos sufrieron por igual dentro del territorio de Estados Unidos, y fuera de éste causó la desensibilización por la masacre que se estaba llevando a cabo en nombre de la venganza.

    George W. Bush relata en sus memorias lo que sintió cuando supo del impacto del segundo avión al WTC: «Me hervía la sangre. Íbamos a encontrar a los que lo habían hecho y les íbamos a machacar (…)». ¿Pero contra quién fue la venganza? ¿A quiénes machacaron? Olvidándonos de todas las teorías de conspiración que surgieron a partir de ese funesto día, ¿se hizo justicia con la invasión a aquellas dos naciones?

    En el atentado contra las Torres Gemelas murieron un estimado de dos mil 819 personas. El total de los decesos desde el inicio de la guerra en Afganistán e Irak, según el Departamento del Trabajo de EU, oscila entre 14 mil y 34 mil. Al día de hoy han perecido en combate seis mil 26 militares estadounidenses de acuerdo al Washington Post, además de que los ataques desataron un odio y una desconfianza injusta hacia los musulmanes en general.

    Las y los practicantes del Islam –o quienes aparentaran serlo– fueron el blanco principal de la guerra contra el terror personal de muchos que decidieron tomar la venganza en sus propias manos. Hubo agresiones a personas por el único hecho de ser musulmanas –o parecerlo. Los crímenes de odio se dispararon: un Sikh fue asesinado porque se consideró que su turbante lo catalogaba como sospechoso, y un cristiano murió sólo porque era egipcio (Miller-McCune, A Spotlight on the 9/11 Anti-Muslim Backlash 2011). El Islam, sus practicantes y quienes tuvieran rasgos físicos típicos de los originarios del medio oriente o similares, se transformaron en el enemigo. La guerra contra el terror se convirtió en la guerra a lo diferente, como pasa cuando se lucha contra adversarios subjetivos.

    Tuve la oportunidad de compartir una clase en la Universidad para la Paz con varios compañeros y compañeras de religión musulmana, y encontré que deseaban la paz tanto como el resto del mundo, y que, al igual que los católicos, cuentan con fundamentalistas en sus filas que provocan que el resto del mundo les tema. A todos los recuerdo con mucho cariño y tengo la fortuna de nombrarme amiga de ellos y ellas, con quienes compartí experiencias que lograron desmitificar en mí los estereotipos que la mala prensa y mi desconocimiento habían construido, pero hay una en especial que me marcó desde el inicio. Al preguntarnos el profesor al comienzo del curso qué era lo que entendíamos por paz, Mohammed Ali, musulmán iraquí de 26 años, dijo: «Desde que yo nací he visto a mi país en guerra, para mí la paz es cuando no se escuchan balazos».

  • El caso Osama Bin Laden. ¿Una contradicción?.

    El asesinato de Osama Bin Laden está dando mucho de que hablar, por lo cual creo que es metirorio dedicarle otro artículo a este caso. Empezamos por el entierro que recibió Osama. En el artículo pasado comentaba que según la tradición islámica, a los muertos se les tenía que aventar al mar, pues resulta que no es así. Clérigos de Arabia Saudita desmintieron los dichos de Estados Unidos y dicen que eso es totalmente falso, que a los muertitos se les debe de enterrar en tierra firme. ¿Entonces por qué carajos lo aventaron al mar? ¿Les dió miedo a que fuera a revivir?.

    La Casa Blanca está debatiendo si mostrar o no las imágenes del cadaver al público (ojalá y lo hagan para acallar todas esas voces que no creen en la muerte del terrorista árabe), supuestamente una bala le atravesó un ojo (confirmado por Estados Unidos) y a raíz de todo esto, se publicaron presuntas imágenes donde aparece Osama Bin Laden muerto, pero solo se trató de una imagen trucada donde «photoshopearon» a Osama Bin Laden con otro cadaver.

    También ya supimos que Barack Obama si tuvo incidencia en la captura de Osama Bin Laden, quien tenía la opción de seguir vivo si no se resistía (Bin Laden optó por resistirse). Tenían tres opciones: un asalto de comandos estadounidenses con helicópteros, un ataque con bombarderos B-2, o una incursión conjunta con los servicios de espionaje paquistaníes. Obama eligió la opción más arriesgada, según el diario el país que fué la primera. La segunda se desechó porque se necesitaban unas 32 bombas de más de 900 kilogramos cada una para volar el complejo y de esa forma tal vez no hubieran podido saber si en realidad hubieran matado al radical musulman.

    Claro, no dejan de llover las teorías de la conspiración. Muchos siguen pidiendo las pruebas de que Osama Bin Laden esté realmente muerto. Y más cuando ni los vecinos de la fortaleza de Bin Laden se habían percatado de su presencia. Yo a pesar de todas las teorías de que nunca existió, que si fué un invento de disneylandia, que si es un complót del los iluminati, le doy mi voto de razón a los Estados Unidos. Pero me pongo a pensar, ¿diez años tuvieron que pasar para que capturaran al autor intelectual del derribo de las torres gemelas? Entonces algo está fallando en los servicios de inteligencia, ¿que pasa con la CIA apá? La misma CIA que permitió la incursión de drogas a los Estados Unidos y acrecentó los cárteles de droga en México, todo para el caso Iran-Contras. Siempre me he temido que hay algo oscuro dentro de esa organización.

    No se me haría raro que surgieran algunas contradicciones en torno al caso Bin Laden. Lo mejor que pueden hacer, ya lo repetí, es sacar esas fotografías a la luz. Yo se que sería la barbarie y que muchos se alegrarán, festejarán y harán ediciones en Photoshop (unas muy buenas, otras no tanto) del cadaver de Bin Laden, pero creo que la verdad deberá ser mostrada, sino las especulaciones y las teorías del complot rondarán por el inconsciente colectivo mundial.

     

  • Osama Bin Laden ha muerto

    Para los estadounidenses, el terrorista Bin Laden ha sido algo así como la némesis de su nación. El se adjudicó los atentados del 11 de Septiembre del 2001 (aunque hay todavía varias teorías conspiratorias empecinadas en decirnos que los mismos estadounidenses se tiraron las torres) por lo cual era entendible ese odio de la población estadounidense contra este terrorista árabe. Ahora que Osama Bin Laden ha muerto, la mayoría de los estadounidenses han salido a festejar a las calles como una forma de catarsis para paliar el resentimiento que tenían después de la muerte de miles de estadounidenses en aquel atentado.

    ¿Como pasó todo?. Resulta que la noche del Domingo 1ro de Mayo, Barack Obama anunció la muerte de Osama Bin Laden, en un operativo que encabezaron los Estados Unidos: «El terrorista más buscado del mundo murió durante un ataque de un equipo de estadounidenses en Abbotabad, una ciudad de Pakistán localizada a 50 kilómetros de Islamabad«. El cuerpo del terrorista fué arrojado al mar como lo mandan los ritos mortuorios propios de la religión islámica. Naturalmente los integrantes de Al-Qaeda y todo el séquito de musulmanes radicales amenazan con represalias por la muerte de su jefe mayor.

    La muerte de Bin Laden me imagino que ha de traer felicidad y algarabía, a casi una década del aniversario del atentado de las torres gemelas. Para los estadounidenses se hizo justicia. Pero a pesar de todo ello no hay que olvidar todo lo que hubo detrás de esos atentados y todo lo que motivó a Bin Laden y sus hombres a cometer los atentados. No hay que olvidar que alguna vez los Estados Unidos apoyaron al grupo de Bin Laden al tratar de combatir el comunismo soviético, tampoco hay que olvidar los negocios que tenían los Bush con los Bin Laden en torno al petroleo, no hay que olvidar tampoco el trato que se les daba a las minorías árabes; pero tampoco hay que olvidar el radicalismo con el que se mueven algunos grupos extremistas en algunos lugares de Asia, pero también como este odio fue alimentado por los Estados Unidos y el occidente que trataron de imponerles su manera de pensar.

    Es curioso que el mismo día en que había sido beatificado Juan Pablo II, Bin Laden haya sido muerto. Es como un reencuentro entre lo bueno y lo malo. Aunque para muchos lo bueno en realidad no era tan bueno (sobre todo por las acusaciones por la relación con Marcial Maciel) y lo malo, en realidad no era tan malo (porque había sido un odio alimentado por los Estados Unidos). pero para la mayoría de las personas Juan Pablo II y Osama Bin Laden representaron el bien y el mal en este mundo. Eran Dios y el Diablo.

    Se va Bin Laden pero no se van las huellas de odio que quedaron diseminadas, gran parte del oeste asiático sigue odiando a Estados Unidos y viceversa, los grupos radicales siguen existiendo y seguirá siendo así hasta que lleguen a un común acuerdo y un respeto por sus creencias y sus costumbres, lo cual se ve bastante difícil, por la incompatibilidad entre las dos formas de interpretar al mundo.

    Quien gana es Barack Obama, porque fué bajo su presidencia que se dió muerte al odiado terrorista árabe, y no bajo la de George W. Bush, quien había prometido que iba a mover mar y tierra para hayar vivo o muerto a Osama Bin Laden. Con este acto Obama logrará posiblemente calmar un poco las aguas en los sectores conservadores que tanto lo han criticado, porque aunque en realidad no tuvo nada que ver, ni siquiera comandó dicho ataque, si fué bajo su mandato que se dió esta agraciada muerte.

    ¿Que piensan ustedes sobre la muerte de Bin Laden? ¿Creen que por fin se hizo justicia? ¿Creen que Estados Unidos también debería de pagar? o ¿Solo lograron derrumbar un accesorio de un complejo entramado social que forman las redes de Al-Qaeda?