Etiqueta: tolerancia

  • El Papa Francisco y los indignados

    El Papa Francisco y los indignados

    No faltan los «críticos», quienes están molestos por la venida del Papa Francisco a nuestro país. Es cierto, hay algunas cuestiones que pueden ser muy criticables, pero estas tienen que ver más bien con actores que tratan de sacar cierto provecho de la visita del Papa, como algunos sectores del Gobierno (que Angélica Rivera o Anahí realicen canciones al Papa es, o debería de ser, un insulto para los creyentes) o empresas privadas que buscan lucrar con la venida de Mario Bergoglio. Pero que este personaje, quien además es la cabeza del Vaticano, llegue a nuestro país, no tendría por qué causar indignación. Mucho menos debe indignar que creyentes vayan a admirarlo.

    El Papa Francisco

    No, no soy practicante, aunque ciertamente le tengo cierta simpatía al Papa Francisco. Pero aunque así no fuese, no debería tener razón alguna para «indignarme».

    82.7% de los mexicanos son católicos (cierto, son cada vez menos), y en una nación libre, cualquier persona debería de poder profesar las creencias que le plazca. Si un individuo decide ser católico, protestante, testigo de Jehová, musulmán, o pastor de Gokú, debería poder serlo sin ser molestado ni criticado. Cada persona tiene derecho de hacer su vida mientras ésta no afecte a los demás.

    Muchas personas que se autodenominan liberales, han comenzado a criticar a los creyentes, los llaman borregos, o publican memes apócrifos como el siguiente (dudo mucho que sean lectores voraces):

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    Y afirmo que se autodenominan así, porque un liberal, por antonomasia, respeta las creencias de los demás. Un liberal, por poner un ejemplo, posiblemente no profese alguna religión y se considere ateo (un liberal no lo deja de ser si decide profesar una religión, como aclaración), pero respeta a quienes sí la profesan. Un liberal puede, sí, tener un sistema de creencias muy diferentes a las de un religioso (el aborto, eutanasia, matrimonios gay, por un decir) y lucha por ideales que se contraponen con los de las personas religiosas; pero si bien esta contraposición puede confrontarlo con los religiosos, no deja de respetar el derecho de la otra parte de tener su religión y sus creencias, como él tiene las suyas.

    Ese halo de superioridad moral de algunos, al criticar y considerar poco inteligentes a quienes profesan una religión, sólo deja patente su ignorancia. Máxime cuando ese tipo de personas solamente se encargan de repetir los mismos discursos, posts y dibujos que otros publican en las redes sociales. Creen que por el mero hecho de ser ateos son más intelectuales, saben más (porque vaya, para conocer bien una religión se necesita leer y estudiar mucho también) y son superiores, y con base en esas premisas falsas, se dan la autoridad moral de criticar y denostar a quienes han elegido una religión como su forma de vida.

    Es válido poner en tela de juicio lo que no se cree. Si un ateo emite una crítica a la Iglesia, o incluso a la doctrina, está en su derecho. Si quiere hablar de los casos de pederastía o la inqusición, también lo puede hacer. Pero una persona que se quiera autodenominar liberal, deja automáticamente de serlo cuando se burla o denosta a aquellas personas que han decidido profesar sus creencias.

    Curioso con un Papa que se ha mostrado bastante más tolerante con aquellos que estaban etiquetados por algunos integrantes de la Iglesia o algunos círculos conservadores, como los gays, y que en este sentido ha mostrado una mayor apertura.

    Dicen las lenguas, que lo que te choca, te checa.

  • La tolerancia en la política, o como no perder amigos en las elecciones

    La tolerancia en la política, o como no perder amigos en las elecciones

    Yo tengo una amiga que milita en el PRI, que contiende a un cargo público y la apoyo, e incluso he trabajado profesionalmente con ella, y lo hago porque tengo confianza en ella y porque me ha demostrado sólidas razones: -Cerebro vendido, ya eres parte de la mafia en el poder, ratero, corrupto, te voy a borrar, ¿Ya tienes tu Casa Blanca?. Muchos me dirán que es una contradicción. Yo digo que no es así, que más bien es sentido común y es saber usar la cabeza. ¿Por qué razón?

    La tolerancia en la política, o como no perder amigos en las elecciones

    Cuando uno «se deja llevar» pone su chip en automático, termina generalizando. Cuando algo nos indigna tanto (indignación justificada o no), nos puede llevar a dejarnos llevar (valga la redundancia) por las emociones, lo cual sofoca la razón. Las generalizaciones se hacen cuando no hay mucha disposición para ser autocrítico ni para esforzarse en pensar. -Si Peña es corruptazo, entonces todos lo son, si Cuauhtémoc Gutiérrez es un proxeneta, entonces todo el PRI es un burdel lleno de depravados. O como dijo un padre la otra vez, que todos los que apoyan a AMLO tienen problemas psicológicos (un absurdo).

    Es cierto que cuando una institución o un partido da mala imagen (que el tricolor la tiene merecida, en mi opinión, así como todos los demás partidos), la gente tomará sus precauciones; es una reacción natural del ser humano. Pero no implica que absolutamente todos los integrantes sean iguales. Al igual que tampoco podemos pensar que todos los alumnos del Cumbres son mirreyes pedantes, o que los sacerdotes son pederastas. Si a mi me dicen, Juan Pérez es del PRI, o de Morena o del partido que te caiga mal, sí, tomaré mis precauciones, porque de alguna forma el partido en el que milita es parte de una ecuación, pero yo no puedo dar sentado que tiene los mismos defectos que veo en los líderes de su partido y si hago conciencia puedo descubrir que tal o cual perfil es muy bueno, en vez de desecharlo por mis prejuicios.

    Ni siquiera cuando simpatiza con los líderes. Cuando eres parte de algo (y eso es una condición general del ser humano) tiendes a ver los defectos de las demás personas quienes también forman parte de ese algo de una forma más tenue. Igual podrá pasar con un conservador, con un liberal; y eso no necesariamente implica que se haga por conveniencia. Un amigo priísta podrá pensar que Peña Nieto no es tan malo como yo creo que es,  que no es tan mal Presidente y eso no lo hace una mala persona (aunque su percepción sea muy diferente a la mía), igual con un panista que ve con buenos ojos a Emilio González y así nos podemos ir yendo.

    Eso aplica para quien tiene diferentes preferencias políticas. La gente tiene el derecho a tener su preferencia política «que se le hinche el hüevo» porque en una sociedad que aspira a ser democrática, todos tienen el derecho a creer en lo que sea, siempre y cuando eso que se cree no atente directamente contra sus semejantes (ejemplo, creer que se vale matar, robar o pisar sobre los demás).

    A mí me puede caer muy mal Peña Nieto, o Vicente Fox, o Bejarano. Pero si un amigo mío lo apoya, está en su derecho y debo de respetarlo. Podemos debatir, discutir, pero siempre separando las ideas de las personas. Cuando hayamos aprendido a ser tolerantes, nos daremos cuenta de las muchas cosas que podemos ganar. Te podrás dar cuenta que puedes tener amigos que simpatizan la oposición y que las preferencias políticas no tienen que ser un problema.

    Recuérdalo siempre, todos los humanos percibimos al mundo de distinta manera. Desde la educación, la experiencia y hasta las condiciones genéticas definen nuestra cosmovisión del mundo. La gente tiene derecho a pensar distinto a ti, y no por eso es mala, ni ignorante.

    Recuerda que no vale la pena perder amigos por dos meses de campaña. Ganarás más cuando te des cuenta que ese que simpatiza con el corrupto de Peña Nieto, el borracho de Calderón o con el loquito mesiánico de López Obrador puede ser tu gran amigo y estar ahí en los momentos más difíciles.

  • Quienes son demócratas de «a de veras» y quienes cuando les conviene

    Quienes son demócratas de «a de veras» y quienes cuando les conviene

    Es fácil hablar, es muy fácil usar cierta retórica para dar una imagen ante la sociedad de democracia, tolerancia y demás palabrería que son parte del supuesto progreso. Es todavía más fácil cuando las circunstancias externas te permiten utilizar dichos términos, sobre todo cuando los principios democráticos están del lado de la postura o de tus intereses propios.

    Quienes son demócratas de "a de veras" y a quienes cuando les conviene

    Desde antes del 2000 y hasta hace poco (quién sabe por qué) se empleó mucho el término «transición democrática» para hablar de los avances democráticos que se estaban llevando a cabo en en nuestro país. Aún en la actualidad hay agentes políticos y ciudadanos que van en el sentido de seguir con esta transición y acercar al país a una democracia cada vez más sólida, pero las tentaciones autoritarias son muy notables, y de los muchos que hablaban de «transición democrática» ahora sólo algunos hablan de este riesgo.

    Me refiero a las leyes secundarias propuestas por el Presidente relativas a la Reforma de Telecomunicaciones donde busca censurar el Internet con el pretexto de la seguridad. No son muchos los que hablan de este problema, en algunos medios alternativos como animalpolitico.com o sinembargo.mx sí han abordado el caso. También la periodista Carmen Aristegui lo ha hecho. Curiosamente (y lo digo porque muchos tratan de asociar todas las críticas hacia el gobierno con la izquierda) quien sacó este tema a la luz, fue el panista Javier Corral, al cual le llovieron críticas por aquellos que están contentos con la regresión o con los intereses de Televisa, diciendo que trabaja para Carlos Slim (aunque el historial del panista refleja lo contrario). Algunos otros a quien he visto alertar sobre esta situación es a Jesús Silva Herzog, Sergio Aguayo, Denisse Dresser, Jenaro Villamil entre algunos otros.  Algunas voces como la de Enrique Krauze han tocado el tema tal vez de una forma más discreta usando sus redes sociales.

    Otras personas, que pregonan la democracia, simplemente han callado. El principal caso es el de Sergio Sarmiento, libertario (es decir, apoya el libre mercado y las libertades sociales). El día de hoy toca el tema del autoritarismo y la censura debido a que Graco Ramírez, el gobernador de Morelos, canceló el concierto de Komander por razones «de seguridad». Pero Sergio Sarmiento jamás ha hablado del tema de las leyes secundarias ni hecho crítica alguna.

    Esta doble cara no exenta a ninguna posición política. Mientras el panista Javier Corral legisla para que esto no suceda, otro panista, Javier Lozano, Senador y Presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones defiende esta ley y descalifica de una manera burlona a los críticos o escépticos. Algunos personajes que han estado muy «preocupados» por el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro en Venezuela y la represión a los manifestantes, callan ante esta reforma y piden que se regulen las manifestaciones en México. Pero esto depende de la postura política y el ambiente. En San Luis Potosí un panista puede pedir su regulación y en Quintana Roo, al mismo tiempo, un panista defiende el derecho a manifestarse, porque la propuesta de regulación por parte del PRI, argumenta, es represiva.

    Y hablando de las mismas incongruencias vamos con los manifestantes y el tema de Venezuela, para ahora enfocarme a la izquierda mexicana. Muchos de los personajes que hablan de la «represión de Peña Nieto» y presumen como tatuaje la bandera de la izquierda, o apoyan a López Obrador, callan ante lo que sucede en Venezuela y no expresan solidaridad alguna, sobre todo los más radicales, quienes incluso se muestran del lado de Maduro contra «el imperialismo», justificando la represión hacia quienes se oponen (muertes incluidas).

    Igualmente, si gobernara López Obrador y al igual que lo vemos con Peña Nieto, buscara pasar leyes con fines de regresión, habría que ver, quienes de los que ahora gritan, terminarían callando y defenderían.

    Es más fácil defender los «principios democráticos» cuando estos satisfacen a uno y a sus intereses. Pero entonces el planteamiento se vuelve una falacia porque en realidad no se defendería principio democrático alguno, sino sólo los conductos para que «mis intereses y mi forma de pensar» puedan ser satisfechos.

    Para ser tolerante y aceptar el derecho de la libre expresión, sobre todo cuando se trata de posturas diferentes a la nuestra, falta madurez, tanto individual y colectiva. No basta con pronunciar la palabra «democracia» y defender el término, porque entonces nos habremos dado cuenta que de mil demócratas, ya sólo nos quedaron cien.

     

  • La tolerancia en las diferencias políticas e ideológicas en México

    La tolerancia en las diferencias políticas e ideológicas en México

    Escrito para México desde México.

    Una amiga mía que vivió un tiempo en Argentina, me relató que presenció una discusión política que se llevó a cabo entre diversas personas. La discusión había sido muy dura, al punto en que llegaron a los gritos. -Que si el peronismo, que si Menem, que si no se qué-. Hasta aquí todo normal, lo que llamó la atención fue que al terminar la discusión, los debatientes dejaron el tema político dentro de ese salón, y salieron todos como amigos que son. Es decir, demostraron cierta madurez donde pudieron separar las diferencias políticas e ideológicas, de la amistad, de la relación con las demás personas.

    La tolerancia en las diferencias políticas e ideológicas en México

    Dicen que en la mesa no hay que discutir de política, religión o futbol. Pero más bien habrá que decir que el individuo debe procurar tener la tolerancia para debatir sobre esos temas. Una posición intolerante no sólo puede deteriorar una relación interpersonal, sino que priva a la persona de la oportunidad de compartir información y nutrir su postura.

    En un país como el nuestro, se ha usado mucho la discusión política para atacar y degradar a la otra persona, símbolo inequívoco de un país que no ha podido consolidar una democracia no sólo a nivel gobierno, sino a nivel sociedad. Y en este ataque se ha supeditado la integridad de la persona a una preferencia política. -Este señor votó por Peña Nieto, entonces debe de ser corrupto, le dieron su despensa, quiere un puesto en el gobierno, su empresa tiene relaciones con el PRI-, -Este otro votó por Andrés Manuel, seguro quiere que lo mantenga, es un radical que tiene problemas personales-. Trasladamos una indignación que A Priori sería sana, sea objetiva o subjetiva, hacia otro individuo al cual de forma tácita e incluso explícita, termina culpando de la desgracia política en turno, tan sólo por emitir un voto o expresar una preferencia.

    El problema también viene cuando el individuo se toma de manera personal una crítica hacia el político, partido o ideología de su preferencia. El individuo tiene la entera libertad de expresión de emitir una crítica, indignarse, o aplaudir cualquier acto político. Algunos podrán arguir que quien critica, no sale de la crítica, o no propone, o no participa. Debate en cierta forma válido, pero el cual no cancela de ninguna forma, el derecho que tiene el individuo de expresar su postura ante cualquier expresión política. Claro, mientras esta no tenga una intención deliberada de causar un daño a alguien relacionado con esa postura a la que se quiere criticar -¡Ojalá estuviera Díaz Ordaz para matar a los maestros de la CNTE!- -¡Ojalá fusilen a Peña Nieto y a toda su familia!-.

    En la gran mayoría de los casos, estos ataques no son personales hacia quienes concuerdan con la ideología, preferencia, político al cual emito la crítica. Pensar que Peña Nieto es una persona corrupta, frívola, marioneta, no implica de ninguna manera, que quienes hayan votado por él, lo sean. Y la indignación frente a un personaje o acto no implica tampoco que esta vaya en contra de las personas que lo apoyan, o que al emitirla, busque atacar a las personas que respaldan al político o a la decisión tomada.

    Creo que la mayoría de las personas concordamos en que queremos que éste sea un país mejor. La cuestión es que, los seres humanos, animales políticos, cuya ideología y forma de pensar está formada por muchos factores, como la educación, el entorno, la experiencia, la información adquirida, e incluso el temperamento, tienen diferentes concepciones sobre cómo es que podría o debería mejorar el país. Al punto en que dos concepciones pueden ser diametralmente opuestas una de la otra, lo que puede generar un conflicto. Esta heterogeneidad de opiniones fue lo que hizo surgir las diferentes ramas políticas como derecha, izquierda, conservadurismo, liberalismo etcétera.

    Por eso es que la intolerancia no abona para construir democracia en nuestra sociedad. Porque si algo puede consolidar nuestra forma de pensar, ponerla a prueba, hacerla más objetiva, es el debate. Y para esto se tiene que partir de que se debe asumir que muchas personas pensarán de una forma diferente a nosotros. Y que eso no tiene que ver con la integridad de las personas, y que una persona critique lo que yo creo no significa que me esté atacando, que más bien podría ser una oportunidad para crear un debate, una discusión donde cada uno se quede con lo mejor.

    En este tema falta mucho avanzar. La intolerancia forma un círculo vicioso, porque la poca información, o la información sesgada propicia el dogmatismo, lo cual cancela el debate, y la falta de debate cancela la posibilidad de adquirir más información. Las discusiones se convierten en peleas e insultos, desde el bloquear contactos en las redes sociales porque «no tengo la capacidad de ver que otras personas critiquen a algo con lo que yo sí concuerdo» hasta a los golpes. Discusiones que podrían formar una sociedad más preparada y políticamente más madura, terminan en el encono y la agresión.

  • El asunto Peña Nieto. De la indignación al encono y la agresión

    El asunto Peña Nieto. De la indignación al encono y la agresión

    Es válido indignarse, es válido manifestar la inconformidad ante el que llega, es válido hacer un juicio sobre el proceso electoral, es válido tener una postura escéptica ante el nuevo gobierno. Lo que ya no es tan válido es que bajo esta bandera se busque atacar la integridad de las personas nada más «por que sí».

    El asunto Peña Nieto. De la indignación al encono y la agresión

    Tengo yo una amiga que es funcionaria pública en el gobierno de mi ciudad el cual es presidido por el PRI, partido del cual ella forma parte. Ella tiene un perfil ciudadano (ha participado en Organizaciones de la Sociedad Civil) y por lo cual es respetada en este mundo (la gran mayoría inclusive respeta su filiación política). El día de la toma de posesión de Peña Nieto ella colocó en su Facebook una imagen de Peña Nieto con la banda presidencial. Algunos de los comentarios vertidos en esa fotografía por parte de algunos usuarios se me hicieron lamentables cuando menos. Un usuario le recriminó e incluso puso en tela de juicio toda su trayectoria ciudadana por el simple hecho de subir una fotografía de Peña Nieto. O sea, todo lo que ha hecho entonces ya no cuenta porque apoya a Peña Nieto. ¡caray, que excelso ejercicio de razonamiento!. Naturalmente invité a esta persona a que en lugar de emitir ese tipo de juicios, la evalúe por su trabajo en el ejercicio público, no sin cierto dejo de molestia de mi parte dado que esta amiga ha sido una persona muy entregada por las causas sociales.

    Lo repito, es válido indignarse, pero también hay que saber educar las emociones y no convertir un problema político en un partido de futbol. Esas posturas de algunas personas contradicen lo que supuestamente defienden. Porque si se indignan ante un PRI autoritario y ante una imposición, ellos de esta forma también están haciendo lo mismo. Ese tipo de conductas son las que promueven el autoritarismo y a la vez son el resultado también de ese autoritarismo que tanto se critica.

    Este tipo de actitudes no solo atañen a los declarados «anti-PRI», también a muchos que tienen una postura totalmente opuesta quienes igualmente denigran a las personas por su postura política y les lanzan calificativos sumamente insultantes tratando de hacer una relación directa entre los defectos del candidato-partido y el simpatizante, como si fueran una misma cosa. Todo aquello que se critica se termina convirtiendo en el «enemigo» donde pasa a un segundo plano el porvenir del país. Esto hasta el grado de que a algún «curioso» se le ocurre abrir una cuenta apócrifa de Paulina Peña (la hija del mandatario conocida por su calificación despectiva respecto a «la prole») para denigrar a esta persona porque pertenece al «lado oscuro de la fuerza». Uno paga impuestos para que el mandatario en turno gobierne bien, no para decirle como debe de educar a sus hijas.

    Este tipo de personas no son todas, incluso son una minoría en medio de una sociedad indignada ante la llegada de un presidente con antecedentes a discutir, bajo un partido también con antecedentes a discutir. Y viceversa, entre quienes apoyan al nuevo presidente. El problema es que hacen mucho ruido y eso hace que se descalifique por automático los argumentos de los demás, de los que muestran su indignación o postura siempre respetando las preferencias políticas del otro. Esto llega a un punto en que se transforma en un concurso de cual de las dos posturas es más autoritaria e intolerante. Estas personas usan Internet para agredir a quienes no piensan como ellas (inclusive si tienen una relación cercana) o simplemente se comportan como trolls en Internet, buscando agredir a quienes «no piensan como ellos».

    A fin de cuentas el conflicto personal es de ellos, pero lo que no se vale es que en ese conflicto se busque involucrar a las demás personas.

  • Me duele la gente, me duele mi país

    Me duele la gente, me duele mi país

    me duele la gente, me duele México1) Todos dicen creer en la democracia, pero no muchos la ejercen en su vida diaria, lo que menos abunda en la gente es el sentido de la tolerancia hacia aquellos que piensan diferente. Resulta ahora que todos los partidos son autoritarios, pero los ciudadanos somos bien democratototeees.

    2) Manifestar el repudio en contra de un candidato y lo que representa no es intolerancia, se le llama libertad de expresión; y es que todo tenemos el absoluto derecho a manifestar que algún candidato (en este caso presidente electo) es un peligro para la nación, ¿y nos podemos equivocar?, claro. Intolerante sería si insultara y degradara a aquellos que apoyan a dicho candidato; para eso hay formas más civilizadas para disentir con ellos, como el debate de ideas, mostrar nuestros puntos de vista (aunque estos sean contundentes) sin agredir al contrario y limitarse a atacar las ideas.

    3) Yo voté por López Obrador, pero aún así reconozco muchos de sus errores y soy muy crítico con el personaje. En el siglo XXI no se puede pensar en ser totalmente leales a un partido o político, menos en una época en la cual la cultura política se ha degradado y la cual está en crisis en nuestro país. La historia nos ha enseñado que no siempre los buenos son tan buenos, o los malos tan malos (aunque en este caso si le atinamos con más frecuencia).

    4) Me recalcitra cuando gente afín a Peña (no generalizo porque muchos así no son) cuando habla de mi posición política se refiere a mí como «ustedes», por tener ideas diferentes ya me discriminaron cuando yo nunca he criticado a la persona que se refiere a mí con esa polarizante palabra. No niego que muchos del «otro bando» (para usar su término) también hagan lo mismo. Digo, así si se va a dividir México.

    5) Muy triste es, que las diferencias políticas terminen por lastimar amistades, nuestra democracia es tan incipiente que todavía supeditamos una amistad a cuestiones políticas, incluso cuando le hemos demostrado a esas amistades nuestro genuino sentimiento de muchas otras formas. Lamento el hecho de que la gente crea que las amistades dependan de las ideologías, y que cuando disentimos, crean que estamos agrediendo a ellos.

    6) Un partido político o ideología no es un equipo de futbol, cada quien tenemos una ideología adquirida por nuestra experiencia de vida y bajo la cual creemos que el país la sociedad pueden progresar, si nos va bien, les va bien también a la gente con posturas diferentes, si nos va mal, a todos nos «carga el payaso» sin excepción.

    7) Esta partidización (futbolera) de, los partidos, hace que la gente generalice y artibuya los defectos visibles de una partido a todas las personas afines a él, como si «todos» los priístas fueron corruptos, como si «todos» los panistas fueran mochos, o como si «todos» los perredistas fueran revoltosos. Así, se contribuye más a dividir y a polarizar este país. Y lo que no se dan cuenta es que los partidos y su forma de comportarse son un claro reflejo de lo que es la sociedad.

    8) Me dicen antipriísta, se equivocan, no puedo estar completamente en contra de un partido por el punto anterior (a menos que fuera un partido totalitario, no sé, el partido nazi, pero eso en México no existe), yo no soy antipriísta, cuando hablo mal del PRI no meto en el saco a «toda» la gente  de ese partido, critico a lo visible, al PRI de Peña, al PRI que va a llegar al poder. Y no dudo que dentro de ese nido de «fichitas» del PRI copetudo exista alguna gente bienintencionada.

    9) La gente le echa la culpa de las desgracias a los demás por haber votado por el otro candidato, tomo literalmente lo que pusieron en el muro de Facebook de una forma totalmente destructiva y despectiva de la gente del partido tricolor:  Eso es lo peor, la gente tiene toooodo el derecho de estar pendeja, lástima que nos llevan entre las patas. =( . Me pregunto si alguna vez le habrán preguntado a esa gente por qué votó por Enrique Peña Nieto.

    10) En resumen, México no es un país democrático, porque no sabe ejercer la democracia, me duele la gente, me duele mi país. Y sé que la llegada de un candidato con rasgos autoritarios, y con una tremenda ignorancia como Peña Nieto, es representativo de la sociedad, y no solo de los que lo apoyan, también representa a muchos que lo detestan.

     

  • Tengo amigos priístas…y panistas y perredistas

    Tengo amigos priístas…y panistas y perredistas

    Tengo amigos priistas... y panistas y perredistas

    El nivel de discusión política que tenemos es igual de mala que la democracia incipiente (o fallida que tenemos), si cuadran las cuentas. Y es que para discutir temas políticos mucha gente es todo menos democrática; y es que en una democracia real se da por entendido que debe existir tolerancia (que no significa de ninguna manera estar de acuerdo) con las diferentes posturas políticas que pueda asumir la gente. Lo malo es que en México no ocurre así. Una amiga contaba que en Argentina, cuando la gente discutía de política se gritaba, pero cuando terminaba la discusión ellos salían siendo buenos amigos, porque sabían separar perfectamente las ideas de la integridad de las personas.  En México insultamos a la gente que piensa diferente a nosotros; los priístas son los ignorantes, los perredistas son los «pejezombies», los panistas son… trasnochados neoliberales y vendepatrias. Y erroneamente queremos clasificar a una persona por su postura política lo cual es un error. La polarización en que a veces cae la sociedad es debido a esto, como si «estuvieras conmigo, o en contra mía».

    Yo cuando discuto soy duro, directo, y evito cualquier tipo de eufemismos. Si creo que Peña Nieto es un «estúpido ignorante» o AMLO un «viejito recalcitrante», o Josefina una «robotina aburrida y sin ideas» (nomás para poner un ejemplo), lo digo. Muchas personas no van a estar de acuerdo conmigo, y van a discutir y tratar de repelerme, y está bien que lo hagan. El problema viene cuando muchas personas creen que dentro de esa crítica se les está criticando a ellas y es donde viene el error, peor aún, algunas otras terminan evaluando la integridad de las personas, casi asumiendo que si Peña Nieto es un inculto y corrupto, entonces todas las personas que votaron por él lo son.

    Yo estaba discutiendo con un amigo que votó por el PRI, y argumentaba la historia corruptil del partido y del candidato que «ganó» la presidencia, la compra de votos y otras cosas más. El no estaba de acuerdo conmigo en lo más mínimo, y yo naturalmente fui tajante y directo. Pero en eso una mujer empezó a cuestionar su persona por el simple hecho de votar por el PRI, que según eso era corrupto, y casi casi que a fuerzas votó por que buscaba «hueso», y pues de ser el adversario en la discusión, me uní a mi amigo, porque esas descalificaciones no me parecieron en lo absoluto. Incluso mi amigo fue muy acertivo a decirle: -a ver, yo colaboro en una AC, ¿tú que haces?-. Si a mí un priísta me pide la opinión de su partido, le diré que el PRI en su generalidad (lo digo así, porque hay muchos priístas que no lo son) es un partido autoritario y corrupto. Tampoco me referiré muy bien cuando un panista o perredista me lo pregunte.

    La gente que descalifica a las personas pierde automáticamente la posibilidad de obtener sabiduría a partir de un debate. Una vez en Facebook comentaba que Peña Nieto era un presidente autoritario, y otra amiga priista me debatió. El debate fue tan fructífero que terminé conociendo a dos sociólogos que no había escuchado nunca, y por los argumentos de mi amiga (aunque no estaba de acuerdo en ellos) dije que tales sociólogos podrían valer la pena. Si hubiera criticado a la persona, no solo no hubiera ganado, sino que hubiera perdido. Naturalmente si existen priístas que buscan su «hueso» (y no es excepción en los otros partidos), pero no es necesario llegar al punto del debate o conocer su preferencia política para saber que esa persona se maneja de esas formas, se nota en su vida diaria.

    Lo mismo pasa con los #YoSoy132, ellos están en el absoluto derecho de mostrar su repudio a un candidato (más que al contrario de lo que se piensa, no es un ataque en contra de su persona, sino de lo que representa, y el efecto que sus acciones podrían tener en el país). Tienen argumentos (sean válidos o no) para hacerlo. Igual la gente está en el derecho de decir que López Obrador es un Hugo Chávez; si nosotros pensamos que no, podemos debatir con argumentos y datos.

    Esto no exime de hacer crítica de las posturas que están realmente mal. No por esto no puedo decir que es lamentable que unos perredistas hayan agredido a Carlos Marín (que por más infame sea, al ser un ser humano no se le puede agredir de nunguna forma), o que unos priístas hayan vendido su voto a cambio de una despensa; o bien, panistas que votaron por Josefina para mantener sus «privilegios fiscales». Porque aquí si los hechos podrían hablar de las personas, dado que el problema no es la ideología, sino las conductas que no necesariamente tienen que ver con una ideología.

    Yo tengo amigos priístas… y panistas y perredistas. Y no puedo hacer un juicio a su persona por su postura. Naturalmente una postura política puede hablar de la forma de pensar de una persona más no de su integridad. Por ejemplo, la gente que votó por AMLO, suelen ser más bien jóvenes que están inconformes con como se han llevado a cabo las cosas, que tienen mucho que ganar y poco que perder (porque para ellos las cosas no están bien, no hay empleo, la democracia no funciona bien), en cambio la gente que votó por Josefina, es más bien gente que ya tiene su vida hecha, y por ende no quiere correr riesgos que sí correrían los jóvenes. Si ven, los dos puntos son válidos, podrán sustentar bien o no sus argumentos, pero esto nunca habla de la integridad de las personas.

  • Ser de izquierda es bueno y ser de derecha es malo (o viceversa) ¡Que no me ma…!

    Izquierda derechaExisten algunas personas que evalúan la calidad moral de otras en torno a su ideología política. Si son de derecha es que son unos empresarios corruptos que quieren explotar al trabajador o unos religiosos de doble moral, o si son de izquierda resulta que son unos revoltosos sin nada que hacer. Ciertamente el caer en un extremo muchas veces es sintomático de un transtorno de personalidad. Pero no entiendo como es que una posición ideológica hace buenas y malas a las personas.

    La afinidad ideológica (todo el ser humano la tiene, aunque no la conozca) se determina por muchas cosas, desde el temperamento de la persona (sabemos que el temperamento es innato y no se puede cambiar), su carácter, su estilo de vida, su historia de vida, el ambiente en el que se rodea, y muchas otras cosas más. Incluso se habla de la inteligencia, donde algunos expertos afirman que las personas poco inteligentes suelen preocuparse más por la seguridad lo cual los terminan haciendo derechistas, y si bien es cierto que el promedio de cociente intelectual entre la gente de izquierda es algo más alto, no es lo suficiente como para afirmar que «los izquierdistas son inteligentes y los derechistas tontos».

    Buscar en una afinidad política e ideológica la moral e integridad de las personas es una estupidez, al menos en la mayoría de los casos. Hay quienes promueven cierta postura ideológica por interés o por obtener un beneficio: Un empresario que apoya la teoría neoliberal porque no quiere pagar impuestos, o una persona que apoya a un candidato izquierdista porque quiere que el gobierno lo mantenga y no tenga que trabajar. Pero eso no es problema de la ideología, este tipo de personas más bien se sirven de las ideologías para mostrar su poca integridad.

    Yo tengo amigos, parientes o conocidos afines a la derecha y también a la izquierda y no he visto como es que su preferencia política modifique su integridad, la fortalezca o la deteriore. Simplemente tenemos formas diferentes de contemplar al mundo. Por eso es que suena irrisorio cuando López Obrador trata de hacer esa distinción moral diciendo que la «derecha mexicana» es corrupta y malévola, mientras que ellos son unos tiernos angelitos que proueven la república besucona. La derecha no cae en ese juego (al menos a ese grado) no porque no quiera, sino porque no pueden. Por razones culturales (contrario a lo que sucede en Estados Unidos) no es muy bien visto decir que se es de derecha, y para eso la gente utiliza eufemismos, incluso mucha gente se la piensa dos veces para decir que es conservadora. Por ejemplo el candidato del PAN a la gobernatura del Estado de Jalisco relacionado con la corriente más ultraderechista del PAN aceptó con trabas que era un conservador.

    Simplemente en el mundo habrá discrepancias sobre como la gente lo percibe. Y en tanto exista un régimen lo suficientemente democrático para que no exista un absolutismo o un totalitarismo, estas discrepancias se harán patentes. Y lógicamente esto provoca roces entre ambas ideologías (y todos sus derivados) porque no es fácil poder compaginar un proyecto con personas que perciben las cosas de otra forma. Pero esto no las hace más buenas ni más malas. La gente no puede ser más buena que los demás al afirmar que por que es de izquierda se preocupa por el bien común, ni tampoco alguien de derecha puede afirmar ser mejor persona por el hecho de ejercer su religión activamente. Los dos personajes malévolos de la historia moderna lo demuestran. Un Hitler ultraderechista, católico declarado, y que tenía buenas relaciones con el Vaticano; o bien un Izquierdista Stalin, que implementó una dictadura totalitaria coartando la libertad de expresión.

    No es malo tener discrepancias, y en este punto es donde debe de entrar la tolerancia. Donde la disputa entre ideologías políticas, quede en eso, y no abarque cosas que no tienen que ver, donde ponen en juego la integridad de las personas. Naturalmente no siempre se podrán lograr concensos y cada trinchera luchará por lo que crea que es mejor. Pero no por eso se debe hacer un juicio moral, en base a algo que no determina, lo repito, la calidad moral de las personas.