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  • Hermoso Amanecer: Cuando los ancianos ya no nos importan

    Hermoso Amanecer: Cuando los ancianos ya no nos importan

    Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.

    Hermoso Amanecer: Cuando los ancianos ya no nos importan

    En diversas etapas históricas, el anciano ocupó un lugar preponderante en la sociedad. El anciano era la cabeza, era quien poseía la sabiduría, quien aconsejaba a los más nóveles. En las sociedades antiguas, ser anciano era un privilegio; Platón en La República relacionaba la vejez con la virtud:

    Pero aquel que nada tiene que reprocharse abriga siempre una dulce esperanza, bienhechora, nodriza de la vejez

    Ahora los ancianos no pueden trabajar porque representan una carga fiscal para las empresas, al anciano se le subestima, se le ve como una carga. El anciano no es visto como un sabio, sino como un hombre chapado a la antigua, terco, no se le perdona que sea de «ideas retrógradas», que él tuviera que aventar piedritas a la casa de la pretendiente para que ésta pudiera salir mientras el malagradecido nieto se burla al tiempo en que le pasa la ubicación de la casa de su abuelo a su novia por Whatsapp porque ya se hartó del cascarrabias.

    Yo visitaba constantemente a mis abuelos en su casa sobre la Avenida Américas al salir de la Preparatoria que quedaba a unas cuadras en la Colonia Providencia. Mi abuelo me hablaba sobre historia, me platicaba sobre la Segunda Guerra Mundial, de Hitler, sobre como era Guadalajara en los años 40 y dónde estaban los límites de la ciudad; me platicaba también sobre lo estrictos que eran los maestros en la escuela, sobre libros, sobre cultura. Gracias a mi abuelo me nació mi pasión por la lectura. Mi abuelo vivió sus últimos 4 años en cama, ya no recordaba cosas, me hacía las mismas preguntas. Los nietos (de 8 hijos) nos turnábamos para cuidarlo una noche. Era un trabajo difícil y demandante, pero me siento muy bien de haberlo hecho. Me tocó ver morir a mi abuelo, tocarlo y sentir su cuerpo frío e inerte cuando minutos antes estaba hablando. Mi abuelo Rafael fue un orgullo para mi familia y siempre fue recordado.

    Pero la sociedad actual los ve como una carga. Sólo así se explica que la trágica noticia de que el incendio donde murieron 17 ancianos debido a un incendio intencional no cause revuelo. Ni siquiera es Trending Topic. ¿Ya no importan tanto porque «de todos modos ya se iban a morir? ¿No importan tanto porque son una carga? El caso de la Guardería ABC donde murieron 49 niños es una herida que sigue abierta, cuya causa fue el incendio de una bodega aledaña (se presume que el Gobierno de Sonora presidido por Eduardo Bours dio la orden de la quema de unos documentos comprometedores), pero el caso del asilo Hermoso Atardecer parece no importar, donde no se habla siquiera de un homicidio imprudencial, sino de uno premeditado.

    ¿Tan poco importan los ancianos? ¿No merecen nuestro respeto? ¿Son los ancianos sólo una carga aunque nuestra existencia deforma directa o indirecta se la debamos a ellos? ¿Sólo importa una causa cuando está de moda? ¿Tenemos que esperar a que Facebook ponga alguna función bonita para que nos preocupemos por una causa? ¿No nos importan mucho porque son old fashioned y no entienden nuestro mundito de redes sociales y de tecnologías donde podemos hacer cualquier cosa al presionar un botón? ¿No nos importan porque son parte del pasado y porque ya no tienen un futuro por delante como nosotros sí lo tenemos?

    Media hora después… no, no es Trending Topic todavía.

    ¿Y sabías que, a menos que ocurra un infortunio, tú serás anciano también? ¿Te gustaría que a las «nuevas generaciones» las cuales dicen que «no entiendes su onda» les valieras madre, no les importaras? ¿Qué pensarías si fueras víctima de una masacre donde mueres lentamente mientras los chicos buena onda textean sobre el #NoEraPenal porque tú no importas tanto?

    El incendio en el asilo Hermoso Amanecer (cuyo nombre tiene una dosis de sarcasmo) es algo que merecería las primeras planas, merecería la indignación generalizada de quienes tienen acceso a la noticia. Ah, pero son ancianos, están viejitos, ya, cómete un Snickers y vente a ver el Netflix.

     

  • Reflexión sobre los ancianos.

    El primer artículo que escribí en la historia de mi vida, se llama «La importancia de leer». (http://alvarolsite.blogspot.com/2006/12/la-importancia-de-la-lectura.html), lo escribí más de hace 3 años, y esto lo resalto porque hablaba de como mi abuelo me había inspirado a leer. Cuando escribí este artículo, mi abuelo acababa de fallecer, y de hecho a mi me tocó verlo morir. Él era como una enciclopedia viviente, siempre que me tocaba ir a cuidarlo a su casa, me contaba muchas cosas sobre historia (era especialista en la Segunda Guerra Mundial), sobre política, sobre como eran las cosas en su época. En fín, era una persona muy interesante de quien se podía aprender mucho.

    Antes el ser anciano era sinónimo de experiencia, de inteligencia. Pero ahora en la sociedad postmoderna los hemos rebajado a la definición de «persona senil inutil». He visto como muchas personas desearían no llegar a ser ancianos porque sienten que se convertirían en un estorbo para los familiares. –Les quitaría su valioso tiempo porque me tendrían que cuidar, -dicen por ahí algunos. Y tal vez puede sonar cierto, porque en el mundo actual todos vivimos de prisa, estamos muy ocupados y tenemos muchas cosas que hacer.

    La sociedad actual no solo es cruel con los ancianos, sino que el establishment actual no es el mejor que puede haber para la gente mayor. Ser una persona de edad (y ya no me refiero solo a los ancianos, sino a la gente que acaba de cumplir los 40 años) significa perder oportunidades de empleo, significa ser un estorbo para las empresas (a pesar de su capacidad) porque las prestaciones que se les debe de pagar a la gente mayor son más altas, y también porque no cumplen con el perfil del joven que buscan muchas de las empresas (con energía, ingenuo y sumiso). La gente mayor tiene más experiencia y más colmillo para cuestionar las cosas que están saliendo mal dentro de una empresa, y por eso es natural que las empresas no los quieran, sino que los ven como una amenaza en lugar de verlos como una oportunidad (generalizo, porque yo se que si existen aquellas empresas que aprovechan las cualidades del adulto mayor).

    También deberíamos mencionar las pensiones. Anteriormente la pensión garantizaba al anciano su mantenimiento desde la ancianidad hasta la muerte. Ahora ya no es así. La disminución en el crecimiento de la población está poniendo en crisis el sistema de pensiones a nivel mundial. En los países europeos se la han pensado seriamente en aumentar la edad de jubilación. Esta crisis que se ha generado ha provocado que muchos jóvenes piensen desde tempranas edades en su retiro. ¿Ya me comprenden por qué nadie quiere ser viejo?.

    Los ancianos nos pueden enseñar muchas cosas, y son personas a las que se les puede sacar mucho provecho. Pero se les subestima, y a veces se les vé como un estorbo. Los jovenes de ahora lo creen saber todo, sobre todo porque están expuestos a una gran cantidad de información importante; y en parte por eso ya no les sorprende lo que un anciano les pueda decir. El joven de ahora le tiene mas fé al cuadro de búsquedas de Google o a los links o hashtags de Twitter. Pero lo que ignora el joven es la gran cantidad de experiencia que tiene el anciano, el camino recorrido por estas personas es algo difícil de encontrar pulsando el «enter» del teclado de la computadora.

    La ancianidad es la culminación de la vida. No habrá esa energía que tenían en la juventud, pero si existe la acumulación de la experiencia vivida. Los ancianos son expertos en ello y son quienes pueden hablar mejor de ello. Por esa razón no se les debería subestimar, por el contrario, se les debería admirar por el largo historial que tienen, y que nos puede dejar una grata enseñanza a los jóvenes.