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  • Terremoto en Guadalajara, por qué es posible, y qué debemos de hacer

    Terremoto en Guadalajara, por qué es posible, y qué debemos de hacer

    El día de ayer, un temblor estremeció a la ciudad de Guadalajara. Su escala (4.8 grados Richter) puede ser un tanto engañosa en tanto el epicentro se encontró cerca de la superficie y fue trepidatorio (de arriba hacia abajo), lo cual hizo que se sintiera más fuerte que temblores de hace años que rebasaron los 6 grados y ocasionara más daños.

    Terremoto en Guadalajara, por qué es posible, y qué debemos de hacer

    Lo que me preocupa es lo poco que estamos preparados en varias zonas de nuestro país para recibir este tipo de eventos. La actitud displicente de los ciudadanos y de las autoridades es producto de mitos y suposiciones. Por ejemplo, nadie recuerda haber vivido un gran terremoto de gran intensidad esta ciudad, entonces se supone que en Guadalajara nunca ocurrirá terremoto alguno.

    Pero la historia y la ciencia nos dicen lo contrario. Los terremotos son eventos cíclicos. Es decir, ocurren cada determinado tiempo, porque las fallas van acumulando energía que en algún momento tiene que liberarse en forma de en ondas sísmicas. Si bien, no se puede predecir bien a bien el momento exacto cuando un terremoto ocurrirá, sí podemos determinar de forma aproximada las posibilidades de que haya un terremoto en una determinada zona dentro de un determinado periodo de tiempo. Basta ver los registros, Guadalajara es una ciudad que se encuentra en una zona sísmica donde sí han ocurrido terremotos.

    La Catedral es fiel testigo de ello. Las torres de la Catedral no son las originales porque éstas cayeron debido a un terremoto. De hecho no cayeron una vez, sino dos veces. Es decir, las primeras torres cayeron en 1807, luego fueron remplazadas por otras que cayeron en otro terremoto ocurrido en 1818, para después ser reemplazadas por las actuales. También a principios del siglo pasado, en 1912, ocurrieron varios temblores fuertes (llamado enjambre) que hizo que la gente saliera a dormir a las calles y que causó daños en algunas edificaciones, como se muestra en la siguiente fotografía:

    Temblores-1912-aa

    Después no tenemos registro de temblores muy fuertes. Tal vez los que más recordemos sean el temblor del 85 (más por el terremoto que ocurrió en la capital que otra cosa), o el del 2003, el cual ocasionó graves daños en Colima, y que en Guadalajara casi provoca el colapso del estacionamiento de Plaza del Sol.

    Por otro lado, algunos arguyen que en Guadalajara no puede haber terremotos porque nuestro subsuelo compuesto de piedra pomez o jal (de ahí el nombre de Jalisco), amortigua las ondas sísmicas.

    Eso sólo es cierto cuando el epicentro tiene su origen en las costas de Guerrero. Cuando eso ocurre, mientras la Ciudad de México sufre porque el subsuelo acuosas magnifica las ondas (que después rebotan en el cerro del Chiquihuite), en Guadalajara las ondas son amortiguadas (un ejemplo claro es el terremoto de 1985 que golpeó a la capital y a Ciudad Guzmán, pero que no provocó daños en Guadalajara).

    Pero cuando el epicentro se origina en una falla cercana, entonces el subsuelo no cumple con esa función.

    No es completamente improbable que en Guadalajara ocurra un terremoto de magnitud similar al de Ecuador o Nepal.

    Y los terremotos que ocurrieron en nuestra ciudad hace dos siglos fueron producto de las fallas cercanas, las mismas que ocasionaron el temblor del día de ayer, no de las originadas en las costas de Guerrero.

    Entonces, estábamos hablando de que las fallas acumulan energía, y que no hemos tenido un terremoto desde hace dos siglos. Eso significa que estas fallas (como las que se encuentran cerca del Río de Santiago) tienen ya mucha energía acumulada que en algún momento se debe de liberar. Y eso podría ser dentro de poco tiempo. Tal vez ocurra por un decir, en 50, 80 años, o tal vez ocurra el día de hoy.

    Si crees que un terremoto como el de Ecuador no puede ocurrir en nuestra ciudad, estás en el error.

    Eso quiere decir que ya deberíamos estar tomando medidas más serias con respecto al tema. En una ciudad que crece verticalmente, cuyas avenidas cada vez están más colapsadas por el tráfico en medio de obras viales, varias de las cuales tienen mucho tiempo, deberíamos contemplar que un terremoto sí puede tener lugar en nuestra ciudad.

    Guadalajara terremoto

    Ciertamente hay ciertos requisitos y normas para construir edificios. Seguramente los edificios más altos (como los que se encuentran en Puerta de Hierro) y aquellos que requirieron una inversión económica fuerte, están preparados para un evento de este tipo, porque básicamente sería el fin para una inmobiliaria cuyo edificio colapsó por no cumplir los requisitos técnicos o por no usar los materiales adecuados. Pero también existen edificios no tan grandes, que no pertenecen a firmas inmobiliarias grandes, y quienes no escatiman en usar materiales de más baja calidad para ahorrar dinero.

    De igual forma, muchas de las edificaciones de nuestra ciudad tienen varios años, y fueron construidas sin las normas actuales. Muchos edificios que se encuentran en el centro de la ciudad, por ejemplo.

    De hecho, basta recordar que en la Ciudad de México en el fatídico terremoto de 1985, colapsaron muchos edificios porque éstos no se construían con normas tan estrictas, y muchos de ellos fueron construidos con materiales baratos para ahorrar dinero (o robárselo). De hecho, no es casualidad que las edificaciones que sufrieron daños en el temblor de ayer (como cuarteaduras y demás), fueron en su mayoría edificios del gobierno y edificaciones que ya tienen cierto tiempo de antigüedad. En la capital ha habido avances considerables en la cultura de la prevención (tal vez no suficientes) y en caso de que ocurriera otro terremoto de la misma magnitud, el número de muertos seguramente sería bastante menor al que tuvieron aquella vez.

    El grado de destrucción no sólo depende de la intensidad del terremoto, sino de la cultura de prevención.

    Pero en Guadalajara no estamos tan preocupados a pesar de que la ciencia y la historia nos dicen que sí hay que estarlo. No sólo se trata de las edificaciones, se trata de la cultura de prevención que en nuestra ciudad nos tomamos a la ligera.

    Más que los grados en la escala de Richter, muchas veces es la cultura la que determina el grado de destrucción. Por ejemplo, el terremoto en Katmandú, Nepal (7.8 grados) fue bastante más destructivo que el terremoto en Tokio, Japón en el 2011 (9.0 grados) sin incluir el posterior tsunami que azotó varias ciudades costeras. Naturalmente Nepal es un país relativamente subdesarrollado, y Japón es uno de los países más desarrollados y con una de las culturas organizacionales y de prevención más grande del mundo.

    Un terremoto de 7.8 grados por ejemplo, podría ser posible en una ciudad como Guadalajara. La cuestión es que tanto impacto tendría. ¿Nuestras avenidas, casas, y edificios podrían soportar un sismo de esta magnitud? ¿La gente está preparada para recibir un sismo de ese tamaño? Es decir ¿Conocemos el protocolo que debemos seguir? Si un terremoto así azota la ciudad ¿seremos capaces de caminar hacia las zonas de evacuación en vez de correr y pisotear a toda la gente? ¿Todos los edificios cuentan con rutas de emergencia? ¿Las casas están bien construidas?

    Posiblemente las respuestas a esas preguntas no sean del todo optimistas. Y sí, una Guadalajara con cientos o miles de muertos y algunos edificios colapsados no es algo que no pueda ocurrir. Pero a pesar de que la naturaleza es impredecible, nosotros sí podemos hacer algo para que el impacto del movimiento telúrico en nuestra sociedad sea el menor posible.

  • Cuando nos llegue el terremoto a México

    Cuando nos llegue el terremoto a México

    ¿Qué pasaría en caso de un terremoto en México? Muchos nos aseguran (sobre todo en la capital) que estamos preparados, que la cultura ha cambiado. Y es que en la caso de la capital esto es importante porque en algún momento llegará un nuevo terremoto (algunos hablan de un mega terremoto), es algo que ocurrirá aunque no sabemos cuando. Nuestro país en realidad está establecido en una zona sísmica y tan sólo tanto en la parte noreste (donde se encuentra Monterrey, Tamaulipas y demás ciudades y estados) así como en la Península de Yucatán pueden no preocuparse tanto.

    Cuando nos llegue el temblor

    Lo acontecido en Nepal debería de ser un recordatorio de que la mitad de nuestro territorio está expuesto a una eventualidad así. Los videos filmados por aficionados donde vimos como se derrumbaban los templos y monumentos protegidos por la UNESCO nos debe de recordar que en México estamos expuestos ante una vulnerabilidad así. Es cierto que Nepal es un país más pobre que el nuestro y que por lo tanto sus previsiones para un temblor son más deficientes. Pero hay que ser sinceros, aunque de 1985 a la fecha nos hemos acostumbrado a hacer simulacros, a preocuparnos «un poco más» por la estructura de los edificios levantados, no estamos lo suficiente preparados para sortear un terremoto.

    La Ciudad de México está en una situación complicada por su situación geológica. Como todos saben, parte de la capital se construyó sobre el lago de Texcoco, por lo cual se encuentra asentada sobre una superficie blanda que magnifica las ondas telúricas que llegan desde las costas occidentales que es donde generalmente se encuentra el epicentro. Tiene la mala fortuna de tener también el cerro del Chiquihuite en el norte debido a que las ondas rebotan ahí y se regresan. Parte de la Ciudad de México, la que no se encuentra en lo que fue el lago, corre riesgos mucho menores y podrían no sufrir ningún desperfecto al mismo tiempo en que el centro queda devastado. Parte de la Avenida Reforma, Santa Fe, Polanco y demás lugares ubicadas al occidente no resentirían mucho un terremoto. Pero si hablamos del Centro, de la Colonia Roma, La Condesa, la Colonia Doctores, la historia sería muy diferente.

    Basta caminar por la avenida Juárez desde la Torre Latinoamericana hasta Reforma para percatarse que muchos edificios que debieron ser demolidos en 1985 se encuentran en pie y si bien están deshabitados, en la planta baja hay comercios, y en el caso de un terremoto, tardarán muy poco tiempo en derrumbarse. Un terremoto en la capital con la misma intensidad del 85 sería un tanto menos catastrófico, tal vez habrían menos muertos y menos edificios derrumados, pero no dejaría de ser una catástrofe. Si bien las normas de construcción son más estrictas, la corrupción hace que estas no se cumplan al pie de la letra: Rascacielos como la Torre Mayor, o la Torre Bancomer en construcción están completamente blindadas frente a un terremoto, pero muchos edificios medianos siguen siendo construcciones improvisadas. Edificios medianos en la Condesa donde no se preocupan tanto por blindar los edificios nuevos porque eso significaría no poder construir estacionamiento en los sótanos.

    En Guadalajara, la cultura preventiva es menor y parte por un exceso de confianza. A pesar de estar en zona sísmica, la capital jalisciense tiene la fortuna de tener piedra jal o piedra pomez dentro de su subsuelo, lo cual hace que las ondas se dispersen en un temblor ocasionado por un epicentro lejano (los mismos que hacen sufrir a la Ciudad de México). Pero esa ventaja se pierde si el epicentro se encuentra cerca de la ciudad e incluso esa condición puede acelerar las ondas. Las torres de la catedral dan fe del riesgo en que se encuentra nuestra ciudad. Las originales colapsaron en 1818 y en su lugar se contruyeron las que conocemos ahorita. También los temblores recientes son un parámetro, que si bien no han sido tan intensos como los de la Ciudad de México si han logrado causar daños, como el estacionamiento de Plaza del Sol que estuvo cerca de colapsar, o el edificio donde se encuentra actualmente la Secretaría de Administración en la Glorieta de La Normal que tuvo que ser reforzado en su estructura.

    La naturaleza es implacable e imprevisible. No nos queda más que estar preparados. Un gran terremoto puede llegar en más de 100 años o en 10, pero estar o no preparados significará una diferencia de miles de muertos y de recursos perdidos que pueden incluso alterar el rumbo de este país.