Etiqueta: tejido social

  • Marchando por el Chapo – Esa sociedad dañada y pervertida

    Marchando por el Chapo – Esa sociedad dañada y pervertida

    Vivo en un país donde los patos le tiran a las escopetas. Donde el Gobierno es delincuente y los narcotraficantes son héroes. Donde bueno es el malo, y el malo es el bueno. Donde ante un atraco ya no se critica el accionar de los criminales, sino que se critica a la persona que fue víctima del atraco -¿Es que como se te ocurre sacar tu iPhone en la calle para hablar?-. Así es donde vivo, así es mi país «elMéxicodondenopasanada».

    Marchando por el Chapo - Esa sociedad dañada y pervertida

    Y por esto es de sorprender que en Sinaloa se hayan realizado manifestaciones a favor del «Chapo» Guzmán. Parecería una suerte de masoquismo colectivo combinado con un síndrome de Estocolmo agudo. Los manifestantes, que fueron mil, fueron menor cantidad que los tres mil que el pobre Chapo inocente dijo haber matado en sus primeras declaraciones. Los manifestantes salieron de blanco, como si se tratara de una manifestación por la paz. En las fotografías se puede apreciar a gente de toda clase social manifestándose, donde proliferan los trombones e instrumentos de grupos musicales norteños acostumbrados a componer narcocorridos.

    Mario López Valdés, gobernador de Sinaloa, mejor conocido como «Malova», afirmó que les dieron dinero y cervezas a los manifestantes, agua y tamales, y que esta manifestación fue organizada por familiares y amigos de los narcotraficantes. ¡Déjà vu! ¡Déjà vu!

    La sociedad en México está tan deteriorada que los niños de hoy aspiran a ser narcotraficantes. Influenciados por los narcocorridos, por la imagen del narcotraficante fuerte y el gobierno débil, y bajo el cobijo de una deteriorada familia, asumen que la «noble profesión» de narcotraficante es el camino más fácil que tienen para salir de su condición. Para esos niños, el narco es el Gobierno, y el Gobierno es un estorbo, algo espurio, sin valor. El narco tiene mayores posibilidades de proveer un aparente bienestar que el gobierno, y hasta cierto punto así es, hasta que el individuo termina ultimado por algún cártel rival, o el mismo al que pertenece, o por un combate entre policías y narcotraficantes, o en el más condescendiente de los casos, termina en la cárcel.

    Una defensora del Chapo Guzmán afirma que no los entendemos, porque no sabemos que es sufrir carencias y falta de oportunidades. Que no entendemos que le entran a «lo ilegal» porque así ellos no tienen que pagar impuestos caros que nunca se utilizan para cosas buenas, porque los narcotraficantes les proveen un mejor estilo de vida y mayores oportunidades que el Gobierno. Su testimonio nos deja en claro que la debilidad e incapacidad del gobierno, ha hecho que proliferen este tipo de grupos que se alimentan, en parte, de las necesidades de los individuos.

    Para «salvar a México» falta mucho. No basta con la detención del Chapo, se necesitan combatir las causas que hacen que estos grupos criminales subsistan. Aunque se acabara con todos los cárteles de tajo, si el caldo de cultivo sigue ahí, entonces no necesitaremos mucho tiempo para ver el surgimiento de nuevos cárteles, que incluso podrían llegar a ser más peligrosos y violentos.

    Mientras, yo vivo en este país con una gran contradicción. Donde los buenos son malos, y los malos son buenos.

  • La cultura y la cohesión social

    La cultura y la cohesión social

    Peña Nieto propone un recorte de cuatro mil millones de pesos a la cultura, sólo un mes antes (en su informe), él mismo afirmaba que la cultura favorecía la cohesión social. ¡Paradójico!. Y es que desde una perspectiva política (más no social) parece convenirles, porque mucha gente ve la cultura como algo innecesario. Cuando muchas personas escuchan los términos “jazz”, “danza”, “letras”, “artes plásticas”, “literatura” (entre muchos otros más) sienten que no le entienden, que es algo ajeno a ellos, porque no se han dado a la tarea de aprender a apreciar las expresiones culturales del ser humano. Pero el mismo Peña Nieto lo dijo, la cultura favorece la cohesión social. Es de esas cosas cuyos beneficios no son tan tangibles a primera vista, pero no deja de ser un pilar importante en el desarrollo social. Máxime que casi todos los pueblos fuertes del mundo se han caracterizado por su cultura.

    La cultura y la cohesión social

    Parece que hay una tendencia (no sólo nacional) a despreciar todo lo cultural, todo aquello que tiene que ver con el intelecto. Y en esa transición algunos se preguntan por qué la delincuencia en las naciones aumentan y por qué tienen una sociedad más fracturada. La cultura además es lúdica, ¿No sería mejor que los jovencitos de hoy que se juntan a vagar por exceso de tiempo libre aprendan por un decir, un instrumento musical? ¿No sería mejor que en vez de armar una pandilla de delincuentes, un grupo de jóvenes conformen una banda musical aunque sea con instrumentos reciclados con la basura?

    Existen dos formas para combatir la delincuencia (que de ninguna manera son, o deben de ser excluyentes entre sí) los mecanismos preventivos, y los mecanismos correctivos. Estos últimos buscan corregir un problema que ya ha surgido. Por ejemplo, castigar con cárcel a un delincuente., o incluso tener que privar de la vida a un individuo en el momento que amenaza la vida de los demás. Por otro lado, están los mecanismos preventivos. Los cuales apuntan a las causas por las cuales los delincuentes surjan. Esto con el objetivo de que el número de los delincuentes sean los menos.

    Una parte esencial de la estrategia preventiva es la cohesión social, el saneamiento del tejido social. La cultura y el deporte son grandes aliados para esta tarea. Un joven que tenga un parque donde jugar futbol con sus amigos, tenga la posibilidad de aprender un instrumento o adquiera el hábito de la lectura, tendrá menos posibilidades de delinquir que un joven que no tenga estas facilidades. Para lo cual el gobierno busca o debería rescatar espacios públicos (lo cual a ojos de los desconocedores del tema, podría representar un derroche innecesario de dinero), aunque es algo que no sólo debería ser trabajo de nuestros gobernantes, también los demás sectores como la iniciativa privada y las organizaciones de la sociedad civil, deberían sumarse a la creación de espacios lúdicos.

    Por más cultura posea un persona, mejor formada estará, y será más útil a la sociedad. No sólo en el sentido productivo (a lo cual han querido reducir el papel del ser humano en los últimos tiempos) sino en el sentido social. La falta de cultura no sólo termina por afectar la identidad nacional, sino que tendremos a personas técnicas, como lo predijo Ortega y Gasset, individuos expertos en su área de especialización, pero ignorantes en todo lo demás, tendremos a personas fácilmente manipulables, con una menor capacidad para incidir en el quehacer público.

    Por eso es que la cultura no se debe de hacer a un lado. Su efecto a corto plazo no es tan notorio como el aumento de un nuevo impuesto o una prestación social nueva. Pero a largo plazo podría inclusive determinar la fortaleza de la sociedad.

    Publicado en México desde México.

  • Sociedad Podrida, ¿y los valores?

    Abriré este artículo con la historia de un conocido, del cual no voy a revelar su nombre por obvias razones, el era una persona muy controvertida, en el club deportivo que yo frecuentaba se corrían los rumores de que el, en su juventud (no debía tener ni 15 años) había tratado de violar a la sirvienta, también en dicho club deportivo había mostrado sus genitales a un grupo de mujeres para impresionarlas. No era cualquier persona, había algo malo dentro de él. Este hombre tenía posición muy cómoda, sus padres tenían solvencia económica, vivían en Colinas de San Javier en la ciudad de Guadalajara, una de las colonias de mayor nivel socioeconómico en Guadalajara, sus padres, según me describía un gerente del club, eran muy buenas personas, su hermano también, pero el no. No sabían porque.

    Después, al ver la conducta rebelde de esta persona, deciden enviarlo a Estados Unidos a un campamento militar para que corrigieran su conducta. Aparentemente regresó muy reformado, su corpulencia había cambiado, de ser un joven debilucho, terminó convirtiéndose todo un atleta con una gran musculatura. Cuando regresó se inscribió en la preparatoria donde yo cursaba y ahí coincidí con él. A pesar de que su actitud era dura, parecía que si había logrado un cambio. No estabamos en el mismo grado pero coincidíamos en las clases de inglés y ahí me contó su experiencia dentro del campamento militar. Me decía que la disciplina era tan estricta que muchos trataban de huír (lo cual era imposible) y que algunas personas terminaron suicidándose porque no aguantaban el ritmo de vida que le imponían los militares. Ese cambio parecía haber moldeado su caracter, pero nunca logró extirpar esa maldad que tenía dentro.

    Después de la preparatoria ya no lo ví. Supe de él hasta después de la universidad cuando yo trabajaba en una franquicia de cartuchos remanufacturables. Justo cuando fuí al club con el gerente para ofrecerle mis servicios, me contó todo lo que había sido de el. Había asaltado una tintorería (sin más no recuerdo) y terminó en la cárcel. Su papá, al tener mucho dinero, lo logró sacar de ahí. Me pregunté, ¿como una persona que vive bien, tiene recursos económicos y tuvo la posibilidad de ser educado en las mejores escuelas, decide irse por ese camino?. Pero ahí no acabó todo, junto con otra persona, secuestraron un joven y pidieron un rescate económico. Pero todos los planes salieron mal, las autoridades lo agarraron con las manos en la masa y lo volvieron a meter a la cárcel. Su padre ya no se quiso hacer responsable de el y actualmente está en los separos cumpliendo una condena.

    Seguramente el tenía algo mal dentro de su cabeza, tenía un ambiente propicio para desarrollarse bien y terminó lléndose por el lado equivocado, el es una persona que seguramente no podrá ser reformada, su naturaleza es destructiva, nociva. Ahora, cuando veo todo lo que está pasando en el país, me pregunto ¿cuanta gente será como él, que seguramente un mal congénito los hace comportarse de esa manera o cuantas personas se volvieron criminales por las circunstancias que los rodearon?. Leyendo sobre la historia de los grandes capos del narcotráfico veo ambas modalidades. Algunos empezaron en la siembra de mariguana, pero ni sus padres ni sus amigos eran violentos, no tenían mucho dinero pero tampoco vivían tan mal. Otros si tenían problemas familiares, sufrieron el divorcio de sus padres o maltrato.

    La sociedad mexicana está viviendo un proceso de putrefacción, de pérdida de valores. En solo una semana hubo dos sucesos que me llamaron en demasía la atención, primero fué el asalto a un pizzería en Nuevo Laredo, y luego la balacera ocurrida en las afueras del Territorio Santos Modelo mientras se jugaba el partido Santos vs Morelia. Cada vez más personas sucumben ante las tentaciones del narco, de la delincuencia, de la violencia. Todo esto podría si no erradicarse, al menos si aminorarse con la transmisión de valores humanistas que dignifiquen al ser humano. A muchos les vendrá la mente la religión. México es un país religioso, pero parece que la enseñanza de esta religión no es suficiente, o bien, algunos la tergiversan en su favor. Por alguna razón vemos algunos de los narcotraficantes tienen sus santos, asisten a misa, e incluso tienen compadrazgo con párrocos.

    Se necesita hacer un cambio más drástico. La guerra emprendida por Felipe Calderón es correctiva, pero no previene los brotes de violencia. De hecho provoca su aumento, porque esta guerra divide a los cárteles, provoca que se peleén entre ellos y generen más violencia. Por eso muchos culpan al mandatario por el aumento de violencia. No están equivocados, aunque cabe mencionar que los primeros responsables son los narcotraficantes mismos. La estrategia debe de ser replanteada y se debe apelar a los valores y a reconstruír el tejido social para evitar que emergan más ciudadanos violentos, aquí es donde ha fallado Felipe Calderón. Muchos le han reclamado, primero lo hicieron sus opositores con un toque de oportunismo, pero luego también lo hizo la gente común y corriente, gente que ha marchado en contra de la violencia como Javier Sicilia. Las encuestas no mienten, la popularidad de Calderón va en picada mientras la percepción de la violencia por parte de los ciudadanos va en aumento (consultar fuente aquí).

    Hace falta una revolución de las conciencias, cambiar la idiosincrasia del mexicano donde todo se vale y donde el que no tranza no avanza. México está podrido, las instituciones funcionan a medio gas, los partidos políticos velan por sus intereses saltándose sus preceptos ideológicos, la gente se pasa los altos y da mordidas. Tenemos que repensarnos como sociedad ¿qué es lo que nos está sucediendo?. Hay que buscar soluciones, en la Guerra ante el narcotráfico veo dos posturas, quienes se alinean a Felipe Calderón, como si estuvieran cerca de caer dentro de un precipicio y la mano que la sostiene empieza a perder fuerzas, y quienes quieren la retirada del ejército y el pacto de los carteles. Creo que los dos puntos son muy debatibles, más bien hay que compaginarlos y proponer una tercera vía, pero en esta como digo, se necesita la colaboración de la sociedad y la reconstrucción del tejido social, si no, estaremos perdidos.