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  • Robin Williams y la vulnerabilidad de los seres humanos

    Robin Williams y la vulnerabilidad de los seres humanos

    La noticia me sorprendió. Al escuchar por primera vez de su muerte pensé que no era lo suficientemente grande para morir por causas naturales. Su muerte nos sorprendió porque se trataba del actor principal de muchas películas de nuestra infancia, y en la gran mayoría de los casos tenía el papel de un personaje bonachón, bienintencionado, con un gran corazón, que nos quería dejar siempre un mensaje positivo. No era de esos actores de relumbrón, que salieran en revistas, pasarelas, ni siquiera se trataba de alguien que le llamara la atención a las mujeres con su parecido. Pero de alguna forma, silenciosamente todos admiraron la obra de Robin Williams, al punto en que su muerte ha sido lamentada, ha sido reconocido por el Presidente Barack Obama y homenajeado por los usuarios de las redes sociales.

    Robin Williams y la vulnerabilidad de los seres humanos

    Sinceramente no conozco a fondo la vida personal del actor, pero en algunos momentos de su vida tuvo problemas con el alcohol y las drogas y en sus últimos tiempos vivió una depresión profunda que lo llevó al suicidio. Sus referencias biográficas dando un breve paseo por Internet nos dicen que tuvo una relación extramarital que le valió el divorcio y una denuncia, y que su segunda esposa se divorció de él por «diferencias irreconciliables». También fue muy amigo de Christopher Reeve (conocido por su papel de Superman) y después de que quedara cuadrapléjico por un accidente que tuvo cuando andaba a caballo, Williams hizo mucho por animarlo, incluso la hacía de un doctor excentrico ruso (usando sus dotes de actuación) para sacarle una sonrisa en esos momentos difíciles.

    Así también Robin Williams tenía una muy fuerte preocupación por las personas necesitadas y por eso creó la fundación Windmil y por medio de Amnistía Internacional, sumó su voz para la lucha contra la tortura. Con esto puedo llegar a la conclusión (tal vez errónea) de que se trataba de una buena persona, pero bastante inestable emocionalmente (que vaya no es algo poco común en los actores y artistas, porque en algunos casos incluso en esa estabilidad reside el origen de su genio).

    Robin Williams fue admirado por sus personajes que nos aleccionaban. En su última película intenta suicidarse, pero en la vida real lo logró. Y ya que no está en vida, todos recordamos lo importante que fue este actor en el mundo del cine, nos dolió porque el ser humano no logró tener un final feliz como lo tuvo la mayoría de sus personajes.

    Pero este hecho nos recuerda lo vulnerables y frágiles que somos los humanos. Las depresiones profundas o depresiones clínicas tienen que ver menos con la actitud y más con un problema químico del cerebro. Para las personas que no sufren esta enfermedad o no conocen bien de lo que se trata, es fácil decir -Es que tiene que cambiar tu actitud, -no entiendo como te la pasas tirado en la cama, -deberías hacer algo con tu vida y cambiar.

    En algunos casos la diferencia entre las personas estables emocionalmente y las que son inestables tiene que ver con eso, con la forma en que se comporta el organismo, en especial lo que tiene que ver con las sustancias químicas, los neurotransmisores y demás procesos que influyen en la personalidad del individuo. No siempre se trata solamente de la «actitud» o del «historial de vida o los traumas» de la persona. Tan es así que personas similares en eventos similares pueden comportarse de una forma muy diferente.

    Posiblemente Robin Williams lidiaba con algo así, tal vez su inestabilidad emocional fue la que lo orilló a crear esos personajes que muchos admiramos, tal vez eso le dio sus tan conocidas habilidades histriónicas. Pero lamentablemente esa inestabilidad fue lo que hizo que tomara la decisión de suicidarse. Por eso para el individuo común hasta extraño le parecerá que un individuo, después de acabar con su vida, termine siendo fuertemente reconocido.

    Que en paz descanse.

  • Esa diferencia entre las relaciones virtuales y las relaciones reales

    Esa diferencia entre las relaciones virtuales y las relaciones reales

    Mucho se ha satanizado a las nuevas tecnologías arguyendo que aíslan a la sociedad y dañan las relaciones interpersonales. En mi punto de vista, a veces esta creencia se lleva al extremo, y si bien los avances tecnológicos pueden modificar de alguna manera la forma en que el humano se conduce consigo mismo y con sus semejantes (desde la imprenta, el teléfono, la televisión, el Internet), tampoco creo que una tecnología como lo es el Internet termine deteriorando las relaciones interpersonales como algunos críticos de estas dicen. Pero sí es cierto que al haber algún cambio en esta dinámica, si tenemos que entender también los riesgos (nuevos) que ésta pueda tener (entendiendo que los cambios llevan riesgos y dificultades implícitas a ellos).

    Esa diferencia entre las relaciones virtuales y las relaciones reales

    Uno de estos tiene que ver con la dificultad que tienen muchas personas para entender que una relación virtual no puede ser una relación real. Que parte de la confianza se genera a través de la plática en vivo, donde la presencia, el tono de la voz, el lenguaje corporal y la forma de expresarse nos dice mucho sobre la otra persona. En tanto que una relación virtual se limita al intercambio de ideas, afirmaciones y pensamientos, a través de caracteres de código binario, y en el mejor y menos común de los casos, fotografías o videoconferencias por Skype que no logran sustituir la interacción personal.

    Así sucedió con Gabriela Hernández Sierra, cuyo caso causó conmoción de la red, y lamentablemente en algunos casos, burlas por su suicidio debido a que un joven ecuatoriano con quien tenía una relación virtual limitada a texto y fotografías, la terminó debido a la distancia que los separaba. Es cierto que en este coctel habría que incluir problemas psicológicos que pudiera tener esta adolescente, que decidió terminar su vida a los 22 años con un futuro por delante, y por un joven al cual no conocía bien.

    El problema con las relaciones virtuales, es que también es muy fácil mentir y crear un personaje o alter-ego para engañar a otra persona, o en el más honesto y común de los casos, que el individuo oculte sus defectos y altere su esencia (lo cual es muy fácil a través de estos medios) por miedo al rechazo, lo que hace que la otra persona se quedará con un concepto equívoco de ésta. Esto no sería gran problema si quien participa en ellas entiende que una relación virtual nunca podrá asemejarse con una relación real y en persona. Pero a 15 años de que este tipo de tecnologías se empezaron a usar, parece que no se ha logrado entender esa diferencia. Y no entenderlo puede acarrear muchos problemas, desde decepciones y depresiones, hasta suicidios.

    Las burlas que recibió Gabriela Hernández por su suicidio en las redes, es también el ejemplo de como virtualmente el individuo se puede comportar de una manera totalmente diferente (con desconocidos) a como lo haría en la vida real. Muchas personas, sin mostrar compasión alguna por el caso, se burlaron creando memés, tweets, y comentarios crueles y agresivos.

    No creo que las nuevas tecnologías aíslen a la sociedad, sobre todo porque quienes se refugian en ellas para evitar el mundo real, son personas que sin éstas lo harían de otro modo. o bien acarrean problemas psicológicos donde el uso abusivo de estas redes son consecuencia y no causa. Inclusive en algunos casos, dichas tecnologías pueden reforzar las relaciones sociales y facilitarlas más al ser un canal de comunicación si estas son bien usadas. Aunque con ellas habrá que crear nuevos apartados en nuestro manual de buenos modales, como el evitar el uso de los smartphones en una conversación en vivo con otras personas.

    Pero para evitar estos riesgos, es importante el papel que deben de jugar los padres para evitar que sus hijos puedan salir afectados al no entender esa diferencia entre las relaciones virtuales y las relaciones reales, y que les enseñen a usar las redes sociales como un complemento de sus relaciones personales, y no como una forma de evadir a la gente de carne y hueso, o como una forma de obtener lo que en el mundo real no se puede obtener.

  • El Universal Caso de Amanda Todd

    El Universal Caso de Amanda Todd

    En un video de Youtube editado en blanco y negro, con música de fondo y valiéndose tan sólo de unas cartulinas en color blanco, escritas con su puño y letra, Amanda Todd, una adolescente de 15 años, cuenta su desgarradora historia de acoso cibernético y escolar. Unas semanas después, el nombre de esta jovencita traspasó las fronteras, cuando los medios de comunicación anunciaron su suicidio.

    El Universal Caso de Amanda Todd

    La historia es corta, como es de suponer en una persona de apenas 15 años de edad. Amanda cuenta que cuando tenía 12 años solía videochatear con sus amistades para conocer gente, una de esas personas la halagó y consiguió que mostrara sus pechos a la cámara; un año después la contactó por Facebook y la amenazó con hacer pública la foto de su busto si no le montaba un “show”, lo que aparentemente significaba desnudarse ante la cámara. La persona en cuestión tenía todos los datos de Amanda, su dirección, el nombre de su escuela, conocía el nombre de sus familiares, amistades, todo. Ella accedió.

    Después de la Navidad, la policía acudió a su casa para informarle que sus imágenes habían sido enviadas a todos sus conocidos, lo que la afectó gravemente en su salud emocional, comenzó a tener ansiedad, ataques de pánico y depresión, cayendo posteriormente en el abuso del alcohol y las drogas. Al año siguiente, el mismo sujeto creó una página de Facebook a su nombre, donde la foto de perfil mostraba la imagen de Amanda desnuda.

    A raíz de ahí, cuenta que perdió el respeto de sus compañeros y compañeras, y con ello a sus amistades; el estudiantado comenzó a rechazarla y a acosarla. La juzgaron y le pusieron apodos, lo que afectó aún más su ya frágil salud emocional, llevándola a realizarse cortes en la piel. Posteriormente, se cambió de escuela, y aunque siguió estando sola, el acoso estudiantil cesó y las cosas mejoraron, hasta que un mes después empezó a tener comunicación por internet con un viejo amigo, quien, aunque tenía novia, comenzó a cortejarla. En una ocasión le propuso que lo visitara mientras su pareja estaba de vacaciones y tuvieron relaciones. Amanda confiesa en el pedazo de papel que creyó que ella le gustaba.

    A la semana recibió un mensaje de texto para que saliera de la escuela; afuera la esperaban su amigo, la novia de él y quince personas más. La pareja del muchacho la golpeo mientras el resto filmaba la escena, sin que nadie interviniera. Amanda juró que había sido su idea para evitar que su amigo tuviera problemas, pues aún creía que él la quería. Los profesores de su escuela corrieron a parar la golpiza, pero la muchacha se escondió en una zanja hasta que su padre la encontró ahí. Al llegar a su casa intentó suicidarse tomando cloro. “Me mató por dentro y creí que en verdad iba a morir”, relata Amanda, sin embargo, al llegar al hospital los doctores le lavaron el estómago y salvaron su vida.

    Pero al regresar a su hogar, vio en su página de Facebook mensajes como: “Se lo merecía”, “¿te quitaste el lodo del cabello?” y “espero que esté muerta”. No levantó cargos contra sus agresores, simplemente se cambió de escuela a la ciudad donde vivía su madre, pero el acoso por internet no cesó, seguían colgando fotografías de zanjas, Clorox y otros productos con esta sustancia, poniendo mensajes en donde le decían que esperaban que esta vez no fuera tan estúpida y tomara un tipo diferente de lejía, que deseaban que viera esos mensajes y se suicidara. Dos semanas después de hacer el video en Youtube, y sin poder entender el porqué de esa incesante persecución, finalmente lo hizo.

    La historia de Amanda Todd es terrible y conmovedora a la vez; terrible porque muestra hasta dónde llega la crueldad con la que se practica el acoso o bullying en los y las adolescentes, y conmovedora porque tuvimos la oportunidad de conocer la historia. Pero ¿cuántos jóvenes sufren esto mismo en silencio? ¿Cuántos son orillados a escapar en las drogas, el alcohol o en antidepresivos, para soportar el acoso de los bullies? ¿Cuántas jovencitas son catalogadas diariamente como “putas” por una fotografía colgada en las redes sociales? ¿Cuántos muchachos son tildados como “jotos” o “maricones” como una afrenta a su masculinidad? Y ¿a cuántas personas realmente les interesa averiguar el porqué y cómo enfrentar este fenómeno?

    La Encuesta Nacional de Salud 2008 (Ense 2008) señala que Colima tiene el bochornoso primer lugar en la tasa de incidencia de acoso escolar entre niños de primaria, y el segundo en el nivel secundaria, sin embargo, es poco lo que se ha hecho para resolver el problema, en buena parte porque las autoridades no se dan cuenta del peligro que este fenómeno puede representar para la juventud y la niñez, y por otro lado, por las añejas e incomprensibles rencillas que dividen a los políticos del Congreso local. Cómo no recordar que en 2010, el bloque PRI, PT y Nueva Alianza rechazó la iniciativa de ley del entonces diputado local Nicolás Contreras, para prevenir y tratar el acoso escolar en las instituciones educativas de Colima.

    Según la encuesta, el 29.3 por ciento de los niños colimenses menores de 10 años sufren acoso (bullying) físico y/o verbal, porcentaje que sube a 31.7 por ciento entre las edades de10 a11, y a 32 por ciento en las de12 a14. Aun cuandola Ense2008 hace una diferenciación por género a nivel nacional, en la cual se evidencia que las agresiones a escolares son más o menos iguales entre hombres y mujeres, no sucede lo mismo en la entidad de Colima, en donde falta información tanto en cuanto a género, como en cuanto a las escuelas en donde este fenómeno se presenta con mayor frecuencia.

    Historias como la de Amanda Todd son un indicativo de que el bullying se ha ido agravando en todo el mundo, y de cómo las redes sociales pueden contribuir a que el acoso prevalezca, aun cuando las víctimas del mismo no se encuentren en su centro educativo, pero el que esto esté sucediendo no significa que deba de ser así, ni que deba de normalizarse en la sociedad. Afirmaciones como “los niños son crueles” no sólo son inciertas, sino también injustas, puesto que los y las niñas únicamente reproducen los modelos que observan en sus casas y en la sociedad en la que viven, donde la indiferencia constituye un aliciente a su conducta.

  • Un simple tiro de gracia

    Es tan simple, como agarrar una pistola apuntando a la cabeza y jalar el gatillo. Es tan simple, como agarrar una soga, hacer un nudo y colgarse de ella. Tan simple como tomar veneno y vertirlo en un vaso, no sin antes con un potente somnífero para que no se sienta nada. Es tan simple, solo se requiere de una acción, y una pequeña inversión monetaria para acabar con esa vida de desgracia.

    Para creer que se es lo suficientemente desgraciado como para acabar con la vida, no se necesita ser pobre, ni vivir como prisionero ni nada de eso, ni es necesario tener problemas psiquiátricos que alejen de la realidad al individuo. No señores, solamente se necesita ser lo suficientemente cobarde como para no tolerar alguna pérdida en la vida. Y muchas veces ni siquiera es la pérdida de la esposa amada, o aquel amor imposible. Puede ser la creencia de que se ha perdido la dignidad, una pérdida económica, de status, una pérdida que puede ser revertida con esfuerzo y lucha diaria.

    No entiendo porque un hombre que ha logrado ser rector de la U de G como Carlos Briseño Torres, que si, fué víctima de grilla política, pero que tenía todo como dinero, y una familia que lo quería, decide terminar con su vida. Y entiendo que a veces los seres humanos sentimos unas crisis de angustia y sentimos que podemos perderlo todo, pero he ahí la diferencia entre los que son valientes y los que no lo son. Entre los que tienen la capacidad de ver una luz dentro de la oscuridad y de quienes no pueden, o se niegan a verla.

    Porque a veces parece la solución más simple. La religión católica que es mayoritaria en México, dice que si uno se suicida, se va al infierno. Pero el suicida está tan desesperado que ya creé vivir en el, y tiene más fé en que la doctrina esté equivocada que en que el pueda arreglar las cosas. Si es ateo o agnóstico no hay tanto problema, suicidarse es como lanzar unos dados y esperar que suerte le toca, si reencarna, si va a otro mundo o quien sabe que pase.

    Pero yo lo digo y lo he dicho siempre. Suicidarse es el camino fácil que lleva a ninguna parte. El camino difícil es superar la pérdida o el fracaso, pero es el más redituable.