Etiqueta: sufrimiento

  • El dolor ¡ay no!

    El dolor ¡ay no!

    Navegando por Youtube, me encuentro con un video de una conferencia de ese tal Guillermo Dellamary titulado «Soy bueno ¿Por qué sufro?». En realidad vi casi nada de ese video, y lo terminé a los dos minutos donde hablaba sobre un libro de Juan Pablo II sobre el sufrimiento. El título de la conferencia me dejó pensando (que esto no es una crítica a una conferencia que omití ver, pero el dar una conferencia con ese título me deja ver que mucha gente vive en una falacia), porque para empezar. ¿Quién rayos ha dicho que la gente buena no debe de sufrir? Creo que lo he explicado varias veces en este blog, sobre como la bondad per sé, no va a traer la felicidad, y que quienes esperan sentados a que les caiga todo del cielo porque son bonachones, en realidad no son tan buenos porque usan esa pretendida bondad como ventaja y no como convicción.

    El dolor ¡ay no!

    Si la bondad evitara el dolor, entonces la gente no tendría que esforzarse para salir adelante, se portaría bien esperando que todo se de por añadidura, eso naturalmente provocaría la extinción de la especie humana. Con eso lo explico todo. Pero voy más a fondo ¿El dolor es malo?

    Creo que en este mundo postmoderno nos han enseñado a evitar el dolor. Tenemos que sufrir lo menos posible y obtener más placeres. El problema es que a veces el  dolor es parte esencial de la vida y si existe, es porque es parte de un proceso evolutivo. El dolor es parte de un necesario desarrollo del ser humano, y lo paradójico es que cuando se trata de evitar, puede aparecer con más fuerza en el largo plazo.

    El ser humano no puede vivir en una zona de confort, y su vida debe de tener varios cambios constantes para lograr la autorrealización. Un ejemplo mundano, estoy gordo, necesito bajar de peso, para lo cual tengo que hacer una dieta y ejercicio. El dejar de comer todo lo que me gustaba comer implica cierto dolor, acostumbrarme a hacer ejercicio, disciplinarme para todas las mañanas despertarme antes de las siete, implica dolor también. Dolor que me va a traer a largo plazo más placer. Posiblemente me vea mejor, me sienta más ligero, y mi salud tendrá menos riesgos.

    Igualmente existen momentos de la vida difíciles, pero que forjan el carácter de una persona (lo que no te mata, te hace más fuerte). ¿Qué pasa cuando en su familia se le da «todo» a un hijo? Simplemente crece y se vuelve un bueno para nada. La frustración de alguna manera es el motor de la raza humana. Muchos de los inventos que ha realizado el ser humano, han tenido la intención de reducir una frustración personal o colectiva. Sin esa ansiedad necesaria, un científico tal vez no hubiera desarrollado algún invento dentro del cual todos nos beneficiamos. Sin esa ansiedad, posiblemente ni nos hubiéramos molestado en estudiar esa carrera para disminuir la preocupación sobre nuestro futuro.

    Es más, sin ese dolor no se explicaría la existencia de este espacio. Con la ausencia de dolor, viviríamos en un mundo tan monótono y aburrido, que la distopía de Aldous Huxley quedaría rebasada. La felicidad, la alegría, sólo se entiende con la existencia de su contraparte, del dolor y el sufrimiento necesarios para llegar a ella.

    Paradójicamente la gente que sufre más, es la más ansiosa por no sufrir, y la que menos arriesga porque no quiere sufrir. Esa gente se queda vegetando viendo como el mundo se mueve mientras ellos terminan rezagados, despojados de su espíritu de lucha y por lo tanto de su dignidad. Los fuertes sufren, y asumen el dolor como parte necesaria de su crecimiento. Pero como lo asumen como parte de un proceso, lo superan de una forma más fácil. La gente cobarde en cambio termina encontrando incluso cierto placer masoquista a ese dolor, porque viven con él, porque pareciera más un fin que un medio: ¡Vivo para sufrir! ¡vine a esta vida a sufrir!

    El dolor es un motor para cambiar las cosas, para decirle al ser humano que su condición actual no es la apta para satisfacer sus necesidades y que debe hacer un cambio en su vida. Por eso los cobardes que «no quieren sufrir» terminan sufriendo tanto, porque empiezan a juguetear con esa luz roja de alerta, en vez de actuar. Empiezan a disfrutar del color de esa luz, y de como encandila sus ojos mientras va dañando progresivamente su retina debido a la sobreexposición.

    Así de simple, no se compliquen.

  • El sufrimiento necesario para una vida plena

    El sufrimiento necesario para una vida plenaMucha gente cree que hemos venido a la vida a gozar de los placeres que esta nos da, a derrocharnos en felicidad. Y es que así nos lo han vendido. El hombre hedonista es el hombre feliz, es el que suponen (porque yo lo considero incluso utópico) tuvo una muy feliz infancia, juventud, adultez, gozó de todos los placeres, se acostó con chicas, fue admirado por la gente, es rico, buscó la buena vida. Pero es que eso en realidad es una falacia porque es inhumano; tal vez para que alguien llegue a tener una vida así, tiene que tener un gran soporte económico (primero de los padres) y una disciplina laxa; después heredar una gran fortuna. Pero aún así deberíamos pensar si esa gente es en realidad feliz, porque es una felicidad superficial, que a través del tiempo, por la costumbre, termina sabiendo a nada, y la vida termina perdiendo sentido. La vida de estas personas no tiene un propósito, y bien, es cierto que todos los humanos por naturaleza queremos «cada vez más», pero el hombre hedonista al no tener propósitos termina encontrando incluso esa felicidad que sus otros placeres ya no le pueden proporcionar en agentes nocivos.

    El sufrimiento es algo indeseable porque es un sentimiento negativo, pero dicho sentimiento por algo existe en la naturaleza del ser humano, tiene una función en el mecanismo de supervivencia, y también tiene un propósito donde cuando este es bien manejado, puede conducir a una vida plena que los placeres mundanos no pueden proporcionar. En mi caso, hace dos años tuve momentos bastante difíciles, no entendía lo que pasaba e incluso me parecía injusto porque «yo no le había hecho nada a nadie», y trataba de hacer las cosas bien, duré algun tiempo en depresión pero no perdí la esperanza y a pesar de mi situación anímica, busque construír, seguir adelante, porque sabía que si tiraba la toalla, el efecto iba a ser bastante peor. Curiosamente esos desagradables eventos me orillaron a ir tomando decisiones que con el tiempo se convirtieron en cosas fructíferas a un punto en que termino agracediendo el haber pasado por todo eso. Y no es solo eso, sino que todo esto te da un sentimiento de autorrealización, te hace crecer como persona y terminas valorando muchas cosas que antes no tomabas en cuenta. Esto te hace sin lugar a dudas una persona más fuerte, con más capacidad de enfrentar los retos.

    Muchas veces el sentido de la autorrealización (una necesidad inherente al ser humano) se da cuando después de un trabajo arduo, duro donde el sufrimiento, ciertas dosis de estrés y ansiedad, son una constante, y donde al final superada esa etapa se empiezan a ver los frutos. Esa felicidad es placentera y más duradera que la «felicidad hedónica» que nos quieren vender. Porque el orgullo de haber logrado cosas importantes marca la vida de una persona, e incluso cuando esta por alguna razón cae (porque aceptémoslo, no tenemos todo el control de nuestras vidas), este sentimiento de haber logrado metas y proyectos sirven para que el ser humano pueda volver a tomar impulso para salir adelante. En cambio si el modus vivendi del hedonista se deteriora, no sabrá que hacer, muchos de sus «amigos» que estaban por conveniencia se terminarán yendo, quedará solo y sin ningún arma para hacer frente a la adversidad. Y sufrirá, pero sufrirá a un punto que rebasa el límite de lo sano, y con su poco carácter caerá en una mala vida, posiblemente se refugiará en el alcohol, en las drogas, maldecirá la vida, se perderá, más porque siempre fue un barco sin rumbo alguno.

    Para terminar este artículo, les comento una enseñanza que se me quedó grabada. En algún momento de mi vida necesité tomar medicamentos para regular las descompensaciones químicas que sufría (era un problema netamente químico y orgánico, mas no algún problema de actitud), este doctor también se encargaba de dar una especie de terapia para que los pacientes aprendieran a controlar su ansiedad. Abrió la ventana de su consultorio, donde lo que había a la vista eran varios edificios modernos, y me decía, -las dosis razonables de ansiedad hace que la gente busque cosas nuevas, ideas nuevas, todo esto que ves, es gracias a gente que tuvo que crear una buena idea, ya sea para tener el dinero para mantener a su familia, o para lograr crecer en base a su esfuerzo; no fue gente que vino a vivir la felicidad-. Y me puse a pensar, el hedonista en realidad contribuye poco al progreso de la sociedad. Más bien se alimenta de aquellos que de algna forma sufrieron para terminar desarrollando tecnologias que ahora consumimos, nuevos modelos de transporte, casas, edificios, ciencia, medicina entre otras cosas. El hecho de querer venir a «vivir los placeres de la vida» es una posición sumamente egoísta, y lo peor es que esta gente no termina siendo tan feliz como cree.