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  • La generación de los Millennials. Ser Esteban Godínez antes que Steve Jobs

    La generación de los Millennials. Ser Esteban Godínez antes que Steve Jobs

    Este texto podría desilusionar a algunas personas. Pensé alguna vez si era injusto que las tratara de bajar de su nube desde donde sueñan cuando yo mismo siempre he insistido en no repetir los patrones que todo el mundo repite y en tratar de ser algo diferente a lo común. Pero en realidad mi propósito no es matar los sueños de nadie, sino simplemente contarles con base en mi punto de vista y experiencia cómo son las cosas, o cómo me he dado cuenta que son en realidad, y que para perseguir esos sueños se necesita algo más que soñar.

    La generación de los Millennials. Ser Esteban Godínez antes que Steve Jobs
    makia.la

    Vivimos en una era paradójica, al mismo tiempo que es homogeneizadora te invitan a «pensar fuera de la caja». ¡Sé diferente para que seas igual! La generación de los millennials somos el futuro, somos los que la vamos a romper, somos los que traemos ideas diferentes. Aunque bueno, eso siempre sucede, las nuevas generaciones siempre traen «ideas nuevas y diferentes», ocurrió con los Baby Boomers y con la Generación X. Es un proceso completamente normal cuando hablamos de las nuevas generaciones y así ha sido al menos desde los tiempos de la Ilustración.

    Dentro de este contexto, sabemos los millennials son aquellos que dicen que van a salir, van a romper esquemas y van a inventar algo nuevo. Los millennials no son empleados, son emprendedores, traen otro chip. Mark Zuckerberg es un millennial que dejó la universidad para crear Facebook (ni Steve Jobs ni Bill Gates lo eran), hay jóvenes que se han hecho ricos con sus inventos, hay quienes han revolucionado el mundo. Entonces ¡yo soy millennial y lo puedo hacer! Muchos de ellos salen de la universidad con su idea rompedora, se imaginan volviéndose millonarios mientras trabajan desde su casa en pijama inventando ese nuevo invento que va a marcar un parteaguas en la industria.

    Cierto, los millennials apuestan cada vez menos a ser «simples empleados», quieren mayor libertad, no quieren jerarquías sino estructuras horizontales. Tiene sentido, una organización burocrática weberiana con horarios estrictos ya no es muy funcional en la era de la información que requiere cada vez más del «músculo intelectual», que a la vez requiere mayor flexibilidad para poder desempeñarse de mejor forma. Las necesidades de la sociedad van por ese sentido, las clases medias realizan trabajos cada vez más especializados en vez de trabajos monótonos y repetitivos que están siendo reemplazando por robots o mecanismos más automatizados.

    Otra cosa es pensar que ser millennial te hace ser algo especial. No, no lo eres, y si lo eres no es porque seas un millennial. Y no, tampoco vas a cambiar el mundo con tan solo soñar. Cuando se trata de hablar de aquellos que siguieron sus sueños, la mass media se enfoca más en su carácter irruptivo, en lo que los hizo diferentes a los demás, más que en todo el esfuerzo que debieron emplear y en aquello que los hace iguales a los demás. Hablan del esfuerzo sólo cuando está relacionado con su «irrupción» y no tanto de la disciplina o la rutina diaria de estos personajes que son modelos para muchos.

    Por eso entiendo que te imagines cambiando el mundo en pijamas. Como si se tratara tan solo de «inventar algo nuevo» y pelearte con todos los que no creen en tu idea y no entienden que eres especial para ¡vualá!

    Pero así no funciona el mundo.

    El genio es 1% inspiración y 99% transpiración – Thomas Alva Edison

    Primero hay que entender el contexto. Ni México ni todos los países latinoamericanos tienen un mercado dinámico como el estadounidense. Eso hace más difícil de inicio el surgimiento de «entrepreneurs genio». A pesar de algunos esfuerzos por crear una comunidad de innovadores de tecnología de punta (como sucede en Guadalajara), estamos todavía en pañales.

    La realidad es que para crear un proyecto irruptivo, se necesitan adquirir muchas habilidades. Cuando sales de la universidad la realidad es que no sabes nada, lo que aprendiste allá dentro posiblemente sea valioso porque son las bases de tu profesión, pero al mismo tiempo es minúsculo en comparación con todo lo que vas a aprender en el mercado laboral. Entonces, si quieres romperla, primero tienes que aprender «cómo romperla».

    Existirán algunos «genios» como Bill Gates que casi no trabajaron en algún otro lado antes de comenzar con su proyecto (otros como Steve Jobs sí lo hicieron). Pero vaya, el genio que se salió de la universidad para emprender su negocio es un caso demasiado excepcional. Es la excepción, no la regla. Por ejemplo, el guitarrista de Nirvana, Kurt Cobain, no era ni de lejos el mejor guitarrista de la historia y se convirtió en una leyenda. Muchísimas personas tocan mucho mejor que él en su recámara y no trascienden, menos lo van a hacer si no se preocupan mucho por su técnica como ocurrió con Kurt. Y la realidad es que si quieres tener una banda que trascienda, lo más probable es que te debas preocupar por refinar tu técnica en vez de esperar a tener demasiada suerte como Cobain.

    Dentro de esa misma tesitura, entonces tienes que entender que vas a tener que aprender a trabajar. Si quieres crear un negocio o proyecto propio, necesitas adquirir habilidades que sólo vas a poder adquirir dentro de un trabajo.

    The Huffington Post
    The Huffington Post

    Y cuando de esto se trata, muchos caen en el error de buscar un trabajo bien pagado en vez de uno donde puedan aprender. Muy posiblemente al salir de tu carrera sigas viviendo con tus padres y ellos sigan financiando varios de los recursos que necesitas: comida, ropa y tal vez hasta gasolina. Entonces ganar mucho no es prioritario, aprender a trabajar sí.

    Porque la realidad es que necesitas adquirir disciplina de trabajo (lo cual una empresa te puede dar) porque ser autodisciplinado es todavía mucho más costoso, crear un horario o agenda sin que alguien te lo imponga, es sumamente difícil. Necesitarás aprender a lidiar con tu jefe y tus compañeros (lidiar con socios y colegas es todavía más difícil). Necesitarás además aprender sobre la industria donde «la quieres romper», trabajar en ese ramo naturalmente te dará mayor experiencia.

    Ya cuando hayas adquirido las habilidades necesarias dentro de tu trabajo, puedes pensar en crear tu proyecto. Posiblemente dejes tu empleo o te decidas por alternar horas (lo cual suena más sensato a menos de que hayas ahorrado lo suficiente para emanciparte por completo del mundo godínez).

    Ya estás fuera, ya tienes en tu mente tu proyecto innovador. ¿Ahora qué?

    El inicio va a ser muy diferente al que pensabas. Porque no sólo se trata de soñar, sino de ejecutar ese sueño, que es lo que hace que muchos ilusos se rindan y regresen al mundo godínez.

    Necesitarás conocer gente que haya recorrido de alguna forma el camino que tú quieres recorrer, necesitarás un mentor. Muchos de los «genios» que admiras tuvieron alguno.

    Muy posiblemente no tendrás vida social. Vas a estar tan ocupado en tu proyecto, que eso de las fiestas, saliditas o ligues, va a ser algo muy esporádico. A veces ni siquiera tendrás tiempo de publicar en Facebook que estás en una relación con tu mano izquierda.

    Vas a tener que trabajar duro, mucho más duro que en tu pasado empleo godínez. Vas a tener que aprender a relacionarte, necesitarás conocer a gente de tu ramo, hacer networking, establecer relaciones estratégicas. Vas a tener que topar con pared una y otra vez. La mayoría de las puertas que toques se te cerrarán y te las restregarán en tu cara. Muchos no creerán en tu proyecto (posiblemente ni tu familia), perderás algunos amigos, unos por falta de tiempo, otros por conflictos, algunos relacionados con tu proyecto. Habrán momentos de infinita frustración, sentirás que el mundo se te viene encima. Y sólo es el principio.

    Ah, y tendrás que hacer mucha talacha, al menos hasta que tengas la experiencia y capacidad económica de delegar esas responsabilidades. Es decir, tu mayor tiempo no lo gastarás soñando, sino llevando a cabo tareas repetitivas. Pregúntaselo a Steve Jobs. Él, junto con Wozniak, hacían mucha talacha al armar las computadoras una y otra vez, empaquetarlas, llevarlas en automóvil, pegar etiquetas, abrir, cerrar. Te tendrás que levantar muy temprano y dormirte a deshoras para terminar de hacer estos trabajos.

    Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.
    Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.
    Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.

    Y sólo soñar de forma muy esporádica…

    Entonces te darás cuenta que ésto no se trataba de soñar tu proyecto en pijamas sentado frente a tu Mac mientras ves memes y videos de Youtube.

    Se trataba de «pegarle duro», de esforzarte hasta el cansancio, al punto en que estarás a punto de abandonarlo y dejarlo todo una y otra vez.

    Y aún así no será garantía alguna, aparte de esfuerzo y decisiones bien tomadas, necesitarás un poco de suerte. Porque como expuso Malcolm Gladwell en su libro Outliers, los triunfadores requirieron también algo de suerte, que ciertos eventos ocurrieran y que el entorno fuera favorable. Por ejemplo, en su libro menciona que no es casualidad que estos genios del oeste de Estados Unidos hayan nacido casi en el mismo año, por ejemplo, Bill Gates o Steve Jobs (ambos de 1955), para que después no surgiera alguno durante un periodo prolongado de tiempo hasta la nueva generación como la de Mark Zuckerberg, Google y Youtube.

    No es que no haya surgido gente con el talento de Jobs en ese periodo prolongado de «ausencia de genios». Ello se debió al comportamiento de la industria de la computación. Jobs, Gates, Bezos y Zuckerberg nacieron en la fecha indicada para que su edad de mayor capacidad creativa, coincidiera con ciertos cambios en el ramo en que se desempeñaban.

    Entonces te tendrás que quitar esa aura de que eres especial, y que como eres especial, entonces vas a triunfar. Olvídate de ser arrogante, de que puedes tratar mal a tus cercanos, a tus socios, o a tus nuevos empleados porque traes una idea bien chingona que muy posiblemente ni hayas estructurado bien.

    The simpsons / FOX

    No, no estoy sugiriendo que mates tus sueños. Te estoy contando cómo es todo esto en realidad.

    De hecho, se entiende por completo que sueñes, porque necesitarás hacerlo y mucho para poder soportar psicológicamente todo el desgaste, toda la chinga, todas las críticas, todas las puertas restregadas en tu cara, todos los fines de semana sin salir, toda la talacha. Sólo soñando y teniendo tu meta muy clara podrás permitirte hacer todo eso.

    Y aún haciendo todo esto, no tendrás nada seguro. No hay fórmulas mágicas, tú tendrás que encontrar la fórmula por ti mismo.

    Así que quítate la pijama, métete a bañar y vístete decentemente porque vas a tener que trabajar todo el día.

  • Apple después de Steve Jobs

    Apple después de Steve Jobs

    ¿Podría Steve Jobs ser comparado con Tesla o con Alva Edison? No sé realmente, de hecho sus perfiles son un tanto diferentes. A Jobs se le puede reprochar no haber creado tantas cosas por su cuenta, pero es que en el Siglo XXI el innovador no es sólo el que crea el producto, sino el que sabe como ponerlo en las casas de todos los consumidores. Seguramente Jobs será recordado después de varias décadas.

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    Si Steve Jobs no tuviera méritos propios, veríamos a Apple con el mismo ritmo de innovación de hace algunos años. Que si un técnico inventó x o y cosa y Jobs sólo lo hizo producto final, por lo cual no tendría mérito alguno ¿Por qué entonces ya no se ven tanto esas innovaciones de dichos técnicos? Steve Jobs fue un grande, aunque no te guste.

    Que Apple supo crear culto a la marca es cierto, que lo creo al punto de generar una comunidad que se va a formar a las Apple Store para comprar el último iPhone, es cierto. Algunos lo ven como un defecto, hasta hablan de manipulación de masas, y ello lo mencionan para recordarle a la gente la «estafa» que es Apple. Pero es una estrategia comercial exitosa, lo suficientemente exitosa como para preguntarte si serías de crear algo así y me des una respuesta negativa. La genialidad no sólo tiene que ver con crear, tiene que ver con el cómo saber vender lo que creas.

    Con todas esas críticas, aunadas al carácter de Steve Jobs y la forma en que trataba a sus empleados; mientras él estuvo al frente de Apple se producieron las suficientes innovaciones como para hablar de un fuerte cambio en como consumimos productos tecnológicos. iPad no fue la primera tablet (recordemos el fiasco de Microsoft) pero Apple fue quien supo ponerla en el mercado, supo satisfacer las necesidades de los consumidores en vez de crear un simple capricho tecnológico.

    Steve Jobs fue tan importante que su pérdida está afectando mucho a Apple. Con Jobs, Apple innovaba y los demás (entre ellos Android) se adaptaban a esos cambios. Ahora pasa al revés. Apple lanza iPhones de diferentes tamaños (algo que posiblemente Jobs hubiera considerado una aberración) respondiendo a las tendencias que marcan los competidores (como Samsung o Sony).

    Apple sigue haciendo grandes productos, sigue perfeccionándolos, pero ya no son muy innovadores, no marcan un antes y un después. El «Watch», posiblemente será un accesorio bonito, y puede ser que ocupe el primer lugar de ventas, pero ya no se trata de una innovación, se trata de una respuesta hacia la innovación que hicieron otros. Muestra de la dependencia que tenía Apple para con el cerebro de Steve Jobs.

    Algunos me dirán: -Cerebro no seas tonto, el mercado de los celulares ya está totalmente saturado, ponte a comer más manzanas a ver si así te pones a pensar. Pero cuando Apple lanzó el iPhone, el mercado del celular estaba completamente saturado; de hecho habían más modelos que los que hay en estos momentos; igualmente cuando se lanzó el iPod. Quienes logran ser recordados por sus innovaciones lo son porque innovaron en un momento en que creían que ya no se podía innovar.

    Se trata de pensar fuera de la caja.

    Y si Apple no se pone las pilas, en un día no tan lejano…

    Por cierto, hablando de quienes ya no innovan.  A favor de Apple puedo decir que siguen lanzando productos muy buenos. No así de U2 quienes lanzaron gratis su último disco en iTunes en medio de la presentación de Apple, un fiasco total.

     

  • Steve Jobs, o por qué ser ordinario no es siempre la mejor idea

    Steve Jobs, o por qué ser ordinario no es siempre la mejor idea

    Quería escribir una reseña de la biografía autorizada de Walter Isaacson, pero creo que con este personaje tenemos la suficiente tela para cortar como para pensar en una sola reseña que se quedaría corta. Más bien he tratado de desmenuzar a este personaje, para entenderlo no sólo a él, sino a la condición humana, empresarial e incluso la supervivencia del más apto. Y voy por puntos.

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    Me queda claro con este personaje tan adorado por unos y criticado por otros, que ser ordinario no es la mejor idea. Steve Jobs no lo era,  y posiblemente se ponga al nivel de inventores de la era moderna. Era un buen ingeniero pero no extraordinario (Wozniak se lo llevaba de calle), y no sabía programar. Tenía muy buenas ideas, y su equipo de trabajo (que también aportaron ideas geniales, porque no todas fueron de Jobs) se encargaba de llevarlas a cabo.

    Creo que la meta de las personas comunes (la mayoría) es ser ordinario, lo más ordinario posible y dentro de eso ser felices. Nacer, ir a la escuela, tratar de ser popular en la adolescencia, tener relaciones sexuales, estudiar la universidad, buscar un empleo, casarse, tener hijos, ir de vacaciones a la playa, comprarse un auto que les gusta, envejecer y morir. A veces se prenden los focos rojos cuando una persona no va por ese camino, entonces se empieza a decir que puede tener algún trastorno psicológico o alguna deficiencia. La gente se puede asustar. Y es que si analizamos la infancia y juventud de Steve Jobs, veríamos a una persona lejos de ser el modelo a seguir por el mundo de lo ordinario.

    Podemos ver en Steve Jobs varios rasgos criticables, hasta patológicos. Fue una persona contradictoria, al principio abrazaba ideales más bien cercanos a la izquierda por medio del movimiento hippie (que siempre afirmó defender), se oponía al materialismo, pero quiso trascender ofreciendo productos de consumo. Practicaba el budismo zen, pero era una persona demasiado lejos de la paz y la tranquilidad. Era obsesivo con la comida, vegetariano y no muy alejado del veganismo. Iba descalzo con los clientes, en su juventud no se ponía desodorante, sin importar que estuviera con ejecutivos de alto nivel. Era una persona que trataba mal a sus empleados, los humillaba, pero con todo eso los motivaba y casi todos se ponían la camiseta de Apple. Steve Jobs era una persona con rasgos maniqueos, no había grises. Como el mismo mencionaba, el mundo se dividía en héroes y capullos, no había más.

    A veces aquello detectado como trastorno, o aquel rasgo indeseable que en el mundo común se debe extirpar, es lo que te termina impulsando. Steve Jobs era una persona controladora, obsesiva, distorsionaba la realidad, tenía un concepto muy peculiar de la libertad, buscaba mezclar la tecnología con el arte, no muchas personas sabían como tratarlo, era una persona difícil, demasiado directa e hiriente que odiaba los eufemismos, pero con una capacidad creativa muy alta, aunque como señaló su biógrafo Walter Isaacson, su inteligencia no era excepcional. Todas estas contradicciones y rasgos patológicos mezclados con una dosis de genialidad quedan resumidos cuando tú agarras un iPhone, percibes su diseño y empiezas a jugar con él. El caso de Steve Jobs no será el único, pero al analizar profundamente uno se impresiona de como la personalidad de uno puede quedar patente en lo que hace.

    También queda claro que los rasgos de la personalidad pueden traer beneficios en algunos ámbitos, pero pueden ser un obstáculo en otro. Eso mismo que lo llevó al éxito fue lo que hizo que no estuviera lo suficientemente cercano con sus seres queridos, y posiblemente, que perdiera la batalla contra el cáncer.

    La industria de la informática en la era de Steve Jobs y Bill Gates demuestra que no hay un camino al éxito, sino que existen varios, algunos pueden funcionar para algunos y otros para otros. Apple siempre ha fabricado dispositivos cerrados e integrados, mientras que Microsoft hacía lo contrario y vendía su software (Windows) a cualquier fabricante que pasara caminando. Las dos empresas, a pesar de sus ideologías diametralmente opuestas, tuvieron éxito. Ahora este fenómeno se replica con Apple y Android en los teléfonos. Apple busca ofrecer productos de calidad tratando de controlar todo el ecosistema de sus productos, lo cual le proporciona ciertas ventajas competitivas. Android hace lo opuesto y muchos terminales adquieren su software, y no solo eso, lo adaptan. A pesar de la fragmentación tan criticada por Jobs, Android está teniendo mucho éxito, y su modelo también le proporciona ventajas competitivas. Y esto es algo que ocurre en todos los ámbitos de la vida, y es por eso mi aversión a los libros de autoayuda que creen tener la solución (con fundamentos endebles en la mayoría de los casos) única para la búsqueda de la felicidad.

    El libro de Isaacson es bueno, en el sentido de que a pesar de ser el libro oficial. Muestra a Jobs como un humano, y no como un Dios o como el demonio que muchos quisieron ver; es una perspectiva más cercana a la objetividad que a una obra de encargo. Nos habla de sus éxitos, pero también de sus fracasos, sus problemas como persona, su contradicción entre su sensibilidad nata y su dureza con sus empleados.

    Creo que este personaje pasará a la historia, pero también su historia nos muestra el lado vulnerable del ser humano. Un humano fuertemente contradictorio, que a pesar de no tener una ideología sólida podía caer en el dogmatismo. Un hombre Zen y de carácter difícil; hippie y creador de objetos de consumo; de cabello largo, descalzo y estricto; humanista declarado que se estacionaba en los espacios para discapacitados; un rebelde que convivía perfectamente con los hombres del establishment; un hombre que logró que la creatividad y el control férreo pudieran coexistir.

  • iPhone 5, iPod Nano y iPod Touch ¿Qué le pasa a Apple?

    iPhone 5, iPod Nano y iPod Touch ¿Qué le pasa a Apple?

    El Think Different de Apple iba en el sentido de «Think Different». Pero tengan cuidado porque luego podría ir más en el sentido de «Josefina Diferente».

    Era predecible que Apple no fuera a ser lo mismo sin Steve Jobs. El ya fallecido puede que no metía mano en la programación de los productos como sí lo hizo Bill Gates, pero era un gran vendedor que tenía una enorme capacidad de innovar y de decirle a la gente que debían de querer. Sin él, esto podría estar en riesgo, y parece ser que es lo que estamos viendo con el nuevo iPhone 5 y demás productos. 

    El iPhone 5 tiene muchas mejoras, nuevas prestaciones, es más avanzado que sus predecesores y es más, se animaron a alargar la pantalla. Pero no trae ese diferendo, ese toque innovador sobre sus antecesores. Y esto es preocupante cuando la competencia en los smartphones arrecia. Antes fue la cacareada pantalla retina, luego el Siri. Ahora si bien trae cosas nuevas, no trae ese algo novedoso. No digo que la gente no lo prefiera cambiar, porque con la cultura del consumo y más la promovida por Apple, en cuando abran las tiendas, habrán filas más largas y más tiendas de campaña que un concierto de la reunión de Pink Floyd en un país donde nunca han tocado.

    No puedo decir que el producto sea malo, es todo lo contrario. Pero al faltar ese algo, eso que le daba Steve Jobs a sus productos, posiblemente podría animarme a buscar alguna otra alternativa, como un Android o el Nokia Lumia 920 por un ejemplo. Apple siempre daba la impresión de ir al frente de todo, y ahora creo que ya no lo es tanto. Ciertamente Apple vende status, pero dentro de ese status incluye el tener un dispositivo que aparentara estar al frente de los demás, más en el producto final en el software que en el hardware (por esto mismo Apple nunca ha tenido el hábito de presumir las prestaciones en hardware).

    Más que una innovación, el nuevo iPhone 5 ofrece una mejora en tecnología, el problema es que sus competidores quienes ya han lanzado sus smartphones los logran superar en algunos rubros. Ciertamente el iOS es un sistema demasiado sólido para aprovechar al máximo las prestaciones del hardware, pero a este sistema operativo le hace falta innovación. Su imagen no es muy diferente de su primera versión lanzada en el 2007 cuando apareció el primer iPhone.

    El iPod nano es un tema aparte y es que tiene demasiado parecido con el Nokia Lumia 920. Podrán decir una coincidencia, pero es de llamar la atención porque hace poco, la empresa de Cupertino demandó a Samsung por una presunta copia del diseño de sus aparatos. El iPod nano ha recibido críticas por que su tamaño ha crecido (recuerden que una ventaja del anterior era que se podía usar como reloj incluso) y porque a diferencia también del anterior que emulaba en chiquito el ecosistema del iPhone, parece romper con la estandarización del diseño del software. Seguramente Steve Jobs se estaría revolcando en su tumba al ver esta extraña decisión.

    Apple tendrá que innovar, si no lo hace, la competencia en un mediano plazo podría empezar a comerle el mandado. A pesar de que Apple no es el que más smartphones vende (porque su nicho de mercado es más específico), si es el que más dinero ingresa. Aunque también entra la duda de que tan bueno serán innovando sin Steve Jobs, igual les sale el tiro por la culata.

  • Apple, el culto y la adoración a un nuevo dios

    Apple, el culto y la adoración a un nuevo diosLa anunciada muerte de Steve Jobs fue algo así como la muerte de Jesucristo y su regreso al cielo. Para los adoradores de Apple, la crucificción se dió cuando hace varios años lo despidieron de Apple. Resucitó al tercer día y dotó a la humanidad de iMacs iPods, iPhones y iPads. Luego se fue cuando todos ya sabíamos que se iba a ir, y nombró a Tim Cook algo así como el San Pedro, el que seguiría su legado. Sus productos se volvieron objeto de adoración y entre su partida, sus fieles en estado depresivo colocaron velas virtuales en sus dispositivos para despedir al creador de estas tecnologías. Aunque a diferencia de Jesucristo, Steve Jobs no hacía milagros, más bien el los ideaba y los que los ejecutaban eran sus ingenieros, pero él se llevaba todos los créditos, y el era adorado.

    No niego la calidad de los productos Apple, si tuviera el dinero de sobra pensaría en comprar una iMac para trabajar (que en su precio no viene solo la calidad sino el costo de la marca), mi teléfono es un iPhone, el cual me ha funcionado muy bien, y he usado iPods para escuchar música. Pero también es cierto que la interesante mercadotecnia utilizada por este emporio que empieza con una manzana monocromática mordida (cuando tenía muchos colores no funcionaba) ha hecho que sus productos sean objeto de culto más que de necesidad. Es una especie de consumismo elevado al nivel de una religión, donde sus fieles seguidores creen que todo lo que tiene «esa manzanita mordida» es garantía de que tienen lo mejor en sus manos, aún cuando en realidad no sea así.

    Debido a eso, a que el diferendo de Apple está en el hecho de ser una «marca exclusiva» no hacen mucha gala de las características técnicas del hardware de sus productos (tal vez si lo hacen más con las iMac porque en una computadora de escritorio es algo totalmente necesario), cuando anuncian en la clásica Keynote un iPhone, se limitan a decir que tiene una cámara HD de no sé cuantos megapixeles, que tiene pantalla retina, y a lo más, que tiene un procesador de doble nucleo. A diferencia de su competidor más cercano Android (en sus varias modalidades, porque este sistema está instalado en dispositivos de varias empresas) que se enfocan mucho en las características del hardware.  Saben que al consumidor promedio no le interesa tanto esas características, sino como es que un iPhone va a satisfacer sus necesidades y que por medio de la experiencia (y no datos técnicos) se den cuenta de que tienen la última tecnología a la mano, y sobre todo, que son parte de algo.

    Para mucha gente tener un iPod o iMac es símbolo de status. Pero no solo eso, es como ser parte de una cuasireligión, parte de un movimiento, de una cultura. Es la adoración a un ente de cierta forma abstracto. Su «Jesucristo» se ha ido, pero Apple seguirá ahí, tal vez no por toda la eternidad, sino que desaparecerá cuando la empresa ya no sea económicamente rentable. Al igual que la Iglesia, muchos críticos le encuentran defectos a esta nueva religión, no, no es la pederastía lo que se critica, es más bien el trabajo esclavo en las fábricas chinas.

    La adoración a la manzana mordida es algo que muerde pasiones, como en el viejo testamento de la Biblia, la manzana de Adán y Eva representa la tentación. Pero ¿Quién no ha sucumbido alguna vez a la tentación de tener algo de Apple?, no importa si cuesta $3,000, $8,000, $14,000 o $50,000 pesos, lo vale la pena si se es parte de la nueva religión. Y si, también acá hay doble moral, porque muchos de sus fieles, fallan al 5to mandamiento de la ley de Apple: No harás Jailbreak a ninguno de nuestros productos.

  • Steve Jobs, su legado

    Hoy, 5 de octubre de 2011 ha muerto Steve Jobs, a sus 56 años por un problema de cáncer pancreático. No importó toda la fortuna que tenía a su disposición, la vida es caprichosa y ya sea Dios o quien ustedes consideren, decidió que era hora de que Steve dejara de vivir. Parece que es injusto, que la vida así es. Porque mientras vemos que muchos millonarios estadounidenses lograron su fortuna mediante la corrupción y la especulación; Steve Jobs la hizo de la forma más digna, por medio de la innovación y ofreciendo productos de calidad a los consumidores, el colaboró con el desarrollo tecnológico de la computación y la telefonía celular. Facilitó muchas tareas a sus consumidores mediante sus productos.

    Cuando regresó Steve Jobs a Apple, esta empresa no era nada, solo un muy pequeño segmento del mercado compraba sus productos, pero el se encargó de popularizarlos. Decidió abandonar los productos Apple que no estaban funcionando en el mercado como el PDA Newton, y firmó un acuerdo con Microsoft para que las Mac pudieran incluír la paquetería Office en el software. Después todo fueron buenas noticias, las iMac de varios colores se comenzaron a popularizar, luego llegó el iPod que revolucionó los dispositivos portátiles en MP3 mientras creaba el iTunes y el iTunes Store. Pero ahí no quedaría nada, lanzaría el iPhone que revolucionaría por completo el concepto de los teléfonos celulares. Después de ello lanzó una tablet llamada iPad el cual representó una innovación en el área de la computación. Ante este fenómeno, muchos desarrolladores crearon programas para la App Store y muchos hicieron un gran negocio. Apple se llevaría el 30% de las ventas, mientras que el 70% sería para los primeros.

    Jobs rompió con el paradigma del empresario vestido de traje y corbata. En sus keynotes, el siempre lucía unos pantalones de mezclilla y un sueter, el se encargaba de presentar las ventajas de todos los productos que lanzaban al mercado, lo que hablaba de lo involucrado que estaba en el diseño de los productos. Steve Jobs siempre mostró un lado humano y espiritual (profesaba el budismo), aunque también algunos lo criticaron por ser autoritario. Jobs también al parecer tiene un lado oscuro y parte de su vida privada no ha sido revelada. Steve Jobs fué dado en adopción, de hecho su apellido es dado por sus padres adoptivos, y dicen que eso afectó en su personalidad y de cierta forma ayudó a que fuera un gran empresario, también tenía dislexia.

    Jobs, como muchos otros genios de la computación (entre ellos Bill Gates) no termino la universidad, la tuvo que dejar debido a problemas financieros. Creó varios de los dispositivos Apple bajo la influencia del LSD y fue vegetariano (aunque también consumía pescado). Tambien, a diferencia de Bill Gates que donó gran parte de su fortuna a causas benéficas, a Steve Jobs no le gustaba la filantropía y cuando regresó a Apple decidió eliminar todos los proyectos filantrópicos para recortar gastos.

    Steve Jobs tiene muchos seguidores a nivel mundial y ha influenciado a muchos (aunque también tuvo a sus detractores), su muerte causó mucha conmoción y ha aparecido en las primeras planas de todos los periódicos. Su legado es tan reconocido que incluso periódicos de izquierda como SDP (antes El Sendero del Peje) en sus páginas le ofrecieron un homenaje por sus aportaciones. Steve Jobs, a diferencia de muchos millonarios de su país jamás pidió rescates al gobierno ni buscó infiltrarse en él para sacar beneficios. El se dedicó a hacer lo que los millonarios deberían hacer: Trabajar, crear productos de calidad, y crear empleos.

    Steve Jobs murió en paz, rodeado por su familia. Pero la duda ahora es ¿Qué futuro le deparará a Apple después de la partida de Steve Jobs? ¿Aprenderán de su legado, o irán a la deriva?, eso solo nos lo podrá decir el futuro.

    Por último les dejo el discurso más memorable de Steve Jobs, no fue una Keynote, fue un discurso que dió en la Universidad de Stanford:

  • ¿Quién dijo que hay que tener una imagen de éxito?

    Me han dicho que para tener éxito uno debe de proyectarlo con la imagen. Redundando un poco, uno debe de tener una imagen de éxito. Debe ser parecido, debe tener buena ropa, una buena compostura y guardar las apariencias. Pero al navegar un poco por internet y ver a las personas exitosas, me doy cuenta de que muchas veces no es así. Muchas de las personas triunfadoras no solo no son narcisistas, sino que se saltan todos los códigos de etiqueta existentes en el mundillo empresarial.

    Para un especialista en modas, dar un discurso en pantalones de mezclilla sería un tremendo pecado, pero Steve Jobs lo hace. Mark Zuckerberg, dueño de Facebook rara vez anda en saco y corbata, y que decir del CEO de Microsoft, Steve Ballmer, quien actúa como loco y pierde la compostura, que brinca y patalea en público, y no solo eso, tiene una peculiar forma de burlarse de la competencia (como cuando se rió porque el entonces nuevo iPhone no tenía teclado) que falta el respeto, pero aún así, es uno de los hombres de éxito.

    Parece que las apariencias se han reducido al grupo de los ejecutivos de nivel medio. Los grandes logran sacar sus dotes muy por delante de su imagen personal.

    Mientras estoy aquí soportando el calor veraniego, les dejo el video donde Steve Ballmer se vuelve loco, y sí, es una de las personas más ricas del mundo: