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  • ¡Vamos a boicotear a las empresas gringas! ¡Trump va a caer!

    ¡Vamos a boicotear a las empresas gringas! ¡Trump va a caer!

    ¡Vamos a boicotear a las empresas gringas!
    Imagen: Vanguardia

    Entiendo la frustración que sentimos los mexicanos ante un vecino hostil -o un presidente hostil- ante el cual no podemos hacer mucho porque básicamente somos un país muy débil si nos comparamos con éste. De hecho, Trump ha decidido bullearnos a nosotros -y no a China- porque no somos un país fuerte que pueda responderle con duras represalias. 

    Tan débiles somos, que México -contrario a lo que dijo Carlos Slim- está dividido. No son muchos los que han decidido apoyar moralmente al gobierno para enfrentar al problema -comprendo perfectamente esa dificultad-. El magnate tomó a México -en una de sus peores versiones- como un pretexto para legitimarse ante sus bases, a quienes les inventó el discurso de que nosotros somos culpables de todos sus males.

    Entendida la frustración, entiendo entonces que los mexicanos decidan por su cuenta tomar medidas para manifestarse. Incluso debo decir que me parece extraño que no nos hayamos volcado a las calles para repudiar el muro; de hecho, en algunos casos parece que algunos han normalizado el conflicto. Muchas personas no ven las amenazas de Trump como un problema mayor, les parece algo anecdótico.

    Hay quienes dicen que cualquier tipo de manifestación es mejor a no hacer nada, que deberíamos sentirnos contentos porque los ciudadanos están participando y tomando cartas en el asunto ,y que por ende tenemos que respetar las formas en que la gente se manifiesta.

    Si bien concuerdo en que «participar es mejor a no hacerlo» eso no significa que no debamos poner en tela de juicio ni ser críticos con esas manifestaciones. No porque sea noble el acto significa que debamos conformarnos con manifestaciones que no sólo no tienen pies ni cabeza, sino que incluso pueden llegar a ser contraproducentes. Por el contrario, debemos decir a los manifestantes que su propuesta esta mal articulada, porque no sólo se trata de buenas intenciones sino de efectividad. Si nos manifestamos es porque queremos que nuestro acto tenga un efecto, y que tal efecto sea positivo.

    Cuando hablo de manifestaciones sin sentido, me refiero, claro, al llamado a boicotear productos americanos. 

    Me llama la atención porque todos hablamos del absurdo proteccionismo de Donald Trump el cual no se sostiene desde la teoría económica y terminamos respondiendo de forma similar. Si Trump va a castigar a México lastimando no sólo a nuestro país sino al suyo propio ¡entonces vamos a hacer lo mismo!

    ¡Vamos a joder a Trump aunque también nos jodamos a nosotros mismos y a los empleos que esas empresas generan en México! ¡Bravo!

    Supongo que la mayoría concordamos en que el problema no es Estados Unidos, mucho menos su gente -mucha de la cual se ha solidarizado con nosotros-, sino el gobierno de Donald Trump. Basta ver a los artistas de Hollywood, los presentadores como Conan O’Brien -quien grabará un programa en México- y muchos ciudadanos que han cerrado filas con nosotros. El Estados Unidos que nos odia, el de la clase trabajadora mexicana que fue engañada por Donald Trump, no es el que ha fundado y levantado a las empresas a las que queremos «castigar», de hecho ese sector tiene menos relevancia en la economía y en lo intelectual que el sector que repudia a Trump. Recordemos que Trump tiene algo así como un 40% de aceptación y un porcentaje similar está a favor de la construcción del muro, menos de la mitad de los estadounidenses. 

    Entendido esto, deja tener sentido boicotear a las empresas -sólo lo podría entender si se trata de aquellas empresas que tienen un interés directo con Trump como Chevron-. 

    Una de las consignas fue no comprar cafés en Starbucks ¡así nos vamos a chingar a Trump!

    Pero los manifestantes no repararon en lo siguiente: Starbucks es una empresa progresista -por ende, contraria a la filosofía de Donald Trump-. Los manifestantes tampoco pensaron siquiera en que Starbucks por más «gringa que sea», es operada en México por Alsea -empresa mexicana- la cual da empleo a muchos mexicanos. Es decir, parte del dinero que llega a Starbucks se queda aquí y Alsea tan sólo le paga un porcentaje a la cadena estadounidense, quien le permite operar la franquicia.

    Si a esas vamos ¿por qué los manifestantes no cierran su Facebook para «chingarse a Donald Trump»? Es más, ¿Por qué no dejan de pedir Uber? Su CEO integra el consejo de asesores tecnológicos de Donald Trump -lo cual le trajo muchas críticas en Estados Unidos aunque cabe aclarar que formar parte de ese consejo no necesariamente tiene que estar acompañada por una simpatía al magnate-. 

    Respuesta: porque dejar consumir en Starbucks requiere un sacrificio menor a pedir un Uber o cerrar el Facebook. Regresamos al tema de las manifestaciones comodinas que no requieren algún esfuerzo o sacrificio. 

    No estoy en contra de que la gente quiera apoyar al mercado nacional, por el contrario, me parece bien que se haga eso para fortalecer el mercado interno. Pero se vuelve un sinsentido cuando el propósito es «joderse a las empresas gringas para joderse a Trump» cuando en muchos casos esas empresas ni siquiera simpatizan con el presidente. 

    Es como si neutralizar a una amenaza que tenemos enfrente disparando balazos por doquier a ver si una de esas balas se impacta con el enemigo cuando la posibilidad de que nos disparemos al pie es similar.

    Ni Starbucks, ni Apple, ni siquiera Uber ni Facebook tienen responsabilidad alguna en el ascenso de Trump ni en sus políticas proteccionistas ni en su hostilidad hacia nuestro país. Por el contrario, pueden verse afectadas. 

    Y no, no porque sea una noble causa significa que no tengamos el derecho de señalar sus contradicciones.

  • El Starbucks y el amor.

    No se que tendrán los Starbucks, que al parecer no me permiten consolidar relaciones de amor. Yo no soy precisamente un experto en aventuras románticas, pero si se que al parecer, esta franquicia de café estadounidense radicado en Seattle, tiene alguna maldición, y por eso he llegado a la conclusión de recomendarle a mis lectores de «por favor no ligar en un Starbucks».

    Mi amiga Elizabeth siempre me dice. -¿Oye, que tienes con las chavas del Starbucks?, ya van 3 mujeres que tienen que ver con el Starbucks que te gustan. Bueno aclaro que son dos, porque esa que regalaba galletas en las fiestas técnicamente nunca me gustó, fué algo como raro. Así que vamos a profundizar con estas dos mujeres.

    Maldición 1: Economía Frapuccina:

    Bueno, resulta que Cerebro fué a una fiesta con unos amigos. Era un cumpleaños, y en eso veo a una chava que me llama la atención. Fue algo rarísimo porque en realidad no era una chava muy bonita, pero algo tenía, algo tenía, que a primera vista yo dije: -Quiero andar con esa chava.

    En su fiesta no logré casi platicar con ella porque yo era un completo desconocido, pero era la amiga de la novia del mejor amigo; ya saben como es eso. Para eso le tuve que decir a mi amigo, -mi compa, acá entre nos, usted me tiene que ayudar. Mi amigo se ofreció como intermediario, pero resulta que su novia casi no tenía tiempo, y pasaron dos largos meses para poder ir a visitarla.

    La primera vez que fuimos a visitarla al Starbucks (donde trabajaba), me dieron unos nervios, que todo salió mal. Pero rápido me repuse de esa mala experiencia. Aproveché que ella era una economista muy intelectual (de esas que te hablan de Keynes o la elasticidad de la demanda en lugar de hablarte del fín de antro) para pedirle asesoría para un estudio que le estaba haciendo a un cliente. Entonces todo pareció funcionar muy bien, la empecé a cotorrear, iba a visitarla, pero me ví muy lento, trate de no verme obvio, pero eso causó que hiciera mucho espacio entre cada visita que hacía y las cosas fluían lentamente.

    Era difícil invitarla a salir porque era una mujer muy ocupada (estudiaba y trabajaba), y siempre que parecía que se iba a poder, algo lo hechaba a perder. Yo ya estaba a punto de desistir, cuando de pronto se me ocurre invitarla a mi cumpleaños. Estaba en mi cumple pasándomela a toda madre, hablando con los amigos de la vida, de lo estúpido que era el gobernador de Jalisco, cuando de pronto llega la prospecto, pero, pero, llega con su novio. No puede ser, 6 meses, si amigos. 6 meses duré tratándola de ligar, y me tardé tanto que resultó que ya me la habían ganado.

    Moraleja: está bien no tratarse de ver obvio, pero tampoco aletargues un ligue demasiado porque no eres el único en la fila.

    Fué un trago amargo, tan amargo, como un café del Starbucks.

    Maldición II: Mocca Telefónica:

    Esta me sucedió hace poco tiempo.  Suele suceder que siempre que busco cafés, cuando no se a donde ir, termino en un maldito Starbucks, si, maldito café plástico, pero es que están en todos lados.

    Yo estaba tomando un café en un Starbucks con mi tío, y empezamos a hablar de mujeres. En eso volteo un poco la mirada y veo a una chava muy guapa. Morenita, bonito cabello, buen cuerpo, y sobre todo, lo que me gusta, bonita de la cara. En eso tomo la decisión de ir a sacarle plática, no podía perder la oportunidad. ¿Pretexto?, el librote que leía. -¿Oye, está interesante tu libro, de que se trata?, muy bueno salió el pretexto y logré platicar con ella.

    Pero no tenía que acabar todo ahí, así que le pedí su teléfono. Y para eso mi teléfono celular tenía la memoria llena y no me dejaba agregar el contacto, pero eso lo hizo más padre, porque me dió su teléfono en una servilleta, así muy romántica la cosa. Parecía que todo estaba dado para que saliéramos. Me esperé unos días para no verme tan obvio (pero no tantos como para caer en el error de la primera experiencia starbucksiana) y le hablé. La chava me contesta, me dice que ese día no puede, pero que lo dejáramos para otro, y yo quedé en llamarlo.

    ¿Que pasó?, cuando marco a su celular nadie me contesta y me mandan al buzón. Llamo al siguiente día, buzón, ¿conclusión?. No se, pero ya no insistiré tanto, mejor pasemos a la siguiente mujer, al siguiente objetivo, que lo hay, que existe (y no tiene que ver con un Starbucks). Y aquí no hay moraleja, porque aquí no dependió de mí, simplemente pues no se logró concretar la cita.

    Pero bueno, será mejor que vaya buscando otro tipo de lugares para conseguirme una mujer, así como se la merece cerebro: Bonita, de buen cuerpo, y sobre todo, inteligente. Quien me quiera presentar una, se lo agradeceré.