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  • 10 cosas que debes de saber de la gente

    10 cosas que debes de saber de la gente

    10 puntos, así de fácil y simple, 10 puntos que debes que saber de la gente. El desconocimiento de estos puntos hará que te lastimes constantemente. Para estar bien, debes de conocer el comportamiento humano y entenderlo. El mundo está hecho a la medida de las leyes de la naturaleza, o de un Dios, pero no está hecho a tu medida, así que el mundo no va a ser como tú quieres que sea. Para que te vayas acostumbrando, lee bien los puntos, apréndetelos de memoria, repítelos, postéalos en Facebook (claro, citándome a mí), grábalos en tu smartphone, dile a Siri que te los repita. Comparte este artículo en las redes sociales para que todos lo sepan, por más likes tenga el artículo, a más gente estarás ayudando  y yo me haré más famoso. Empezamos con esta hermosa lista de 10 puntos, ni 1, ni 11, ni 69, ni 132, son simplemente 10 puntos.

    10 cosas que debes de saber de la gente

    1.- No puedes poseer a nadie, la gente es libre de quererte.

    No. Nadie puede ser tu amigo, novio, socio, pareja por obligación. La gente es libre, y si una persona ya se aburrió de ti, está en su derecho, si le caes mal, también está en su derecho de caerle mal. Aunque duela, aunque sea feo, así es, y la gente puede hacer lo que se le plazca son sus vidas.

    2.- Nunca va a existir alguien igual que tú.

    Puedes encontrar a alguien que comparta de alguna forma tus mismos gustos. Pero en cuanto conozcas más a esa persona, te darás cuenta que tienen muchas cosas diferentes,y si no logras tolerar las diferencias, difícilmente vas a poder intimar (como amigo, novio, whatever)  con otra persona.

    3.- La gente tiene sus propios intereses y deseos. 

    Siempre, a menos que la persona tenga serios problemas de autoestima, buscará satisfacer sus necesidades primero. No le puedes pedir a nadie que se preocupe por ti antes de que se preocupe por el mismo o ella misma. Por ley natural se preocupará antes por sus problemas que por los tuyos. Así que encárgate de tus problemas antes de esperar a que te los resuelvan, porque eso se llama egoísmo.

    4.- Siempre serás criticado.

    El Don Nadie es quien menos recibe críticas, porque como su estilo de vida es defensivo, timorato, entonces nadie lo ve. Siempre que quieras sobresalir, siempre que te veas, siempre, pero siempre, serás criticado. Así que no actúes evitando obsesivamente que la gente te critique. Porque si no te critican por tus defectos, te van a criticar por ocultarlos, o te van a criticar por no tener defectos.

    5.- Al final del día, la gente tenderá a tratarte como eres.

    Si quieres fingir que eres de una forma que eres, podrás engañar a una, a dos personas, pero la gente poco a poco te irá conociendo, y se irá dando cuenta de quien eres. Así que deja de perder el tiempo en fingir y trata de cambiar de fondo aquellas cosas que no te gustan. Y no solo no llegarás a ser perfecto, sino que nunca le llegarás a caer bien a todos, porque a muchos incluso, no les cae bien la perfección.

    6.- Aprende a diferenciar a los amigos de los intereses.

    Cuando creces, socializas con mucha gente, porque los roles cambian y nos obligan a interactuar más, a menos de que tengas que hacer un trabajo monótono y repetitivo en la oficina. Debes saber diferenciar bien a tus amigos de aquellas personas que tienen una relación contigo por algún interés, ya sea, laboral o económico. De la misma forma, tienes que saber a quienes tratas con el fin de cultivar una amistad y a quien tratas con el fin de saciar un interés. Debes de ser sincero contigo mismo, de tal forma que puedas ser sincero con los demás.

    7.- Quien te habla cosas malas de otras personas a sus espaldas, hará lo mismo contigo.

    La gente bocona y criticona, lo será con todo mundo y con todos lados. Se precavido con la gente que suele criticar constantemente a otras personas, porque seguramente hará lo mismo contigo. Huye de esas personas, o bien, señala su problema.

    8.- Todo mundo tiene problemas (psicológicos).

    Lo raro es que en realidad «la gente normal» (según el estereotipo que nos vende) no es normal. No se si han notado que casi siempre que hablamos de gente muy sana y estable, hablamos de gente con la que no hemos intimado mucho. La vida de prácticamente todos los humanos dista de ser perfecta, y todos tenemos algún pasado difícil, alguna secuela. Algunos menos, otros más. Pero técnicamente todos, estamos locos.

    9.- Amigos tenemos pocos.

    Para tener un amigo de verdad, tenemos que intimar mucho con él. Los humanos no tenemos mucho tiempo para intimar con todo mundo, así que no importa que seamos sociables o no los seamos, amigos de verdad se cuentan con una mano. Y eso es lo que los hace valiosos, la escasez. Y como son escasos, se tienden a valorar más y por eso las relaciones son duraderas. Te podrás llevar bien con mucha gente, pero cuando pase algo difícil, verás que quienes te tienden la mano sinceramente, son pocos.

    10.- No trates de dar a la gente que no está dispuesta a dar. 

    Un poco relacionado con el primer punto. Así de fácil. No te esfuerces por mostrar afecto a quien no te lo quiere dar. Esa persona está en su derecho de no dártelo, y si tu lo haces solo estarás malgastando tu tiempo. Y acéptalo, haces eso no por ser una persona cariñosa, sino porque estás aferrado a que la otra persona te corresponda.

  • Sociedad en decadencia

    Sociedad en decadencia

    Alguna vez pensé que la sociedad no estaba tan mal. Que no ibamos «para arriba» pero tampoco «para abajo». Estos últimos tiempos me han hecho tomar otra postura, mis debates internos, y ahora una conversación interesante que tuve hoy, hacen que lo confirme. Como sociedad estamos en una continua decadencia. No significa con esto que tiempos pasados siempre sean mejores o que el futuro sea pesimista. Simplemente creo que estamos en una pendiente, y sí, posiblemente es parte de los ciclos que vivimos como humanidad. Así como Ortega Y Gasset afirmaba que el siglo XVIII fue el climax de la humanidad y en el XIX empezó a decaer (según su visión de principios del siglo XX), yo digo que llegamos a un climax en los 90, y a partir de ahí, hemos ido para abajo.

    Sociedad en decadencia

    Posiblemente un evento representativo de este cambio fue el «atentado» en las torres gemelas, aunque realmente es algo simbólico, porque no es que eso haya marcado un antes y un después per sé (esta decadencia se empezó a gestar algunos años atrás), pero el mundo ya no volvió a ser el mismo.

    Estoy convencido, de que se busca que el grueso de la humanidad sea lo más ignorante posible con el fin de poderla manipular fácilmente. Se trata de generar una sociedad donde el ignorante sea visto como algo cool, y el estudioso, el que le gusta leer e informarse, sea visto en casos extremos como un marginado, como una minoría. El humano instintivo, torpe para razonar, parece ser el modelo a seguir. Lo comenté la otra vez con el famoso Harlem Shake, donde el individuo actúa de una forma primitiva, y no solo eso, se vanagloria de su acto y se exhibe en las redes sociales. No, no es propio de una sociedad civilizada que un individuo en ese baile, se sienta orgulloso por haber simulado fornicar con su perro semidesnudo y los demás le aplaudan por la forma creativa en que bailó dicho Harlem Shake: -No mames weey, te cogiste a tu perro, no le vayas a generar problemas sicológicos, cool men-.

    La gente cada vez lee menos. Asume como verdad lo que se muestra en la televisión, donde se glorifican e incluso mitifican a actrices y cantantes, con una calidad moral deplorable, e incluso con un talento cuestionable. Se pasa de la mochería y los tabúes a la incapacidad del cuestionamiento de los principios de las personas. Irrisorio que en México Peña Nieto sea Presidente y eso explica muy bien esa decadencia. Un hombre con su historial personal no cabría en muchos otros países donde importa la integridad a la hora de elegir a un mandatario. Curioso que un país que acusa a los estadounidenses de liberales (y que nunca se permitiría a alguien así), pueda aceptar a una persona con integridad demasiado pobre si no es que inexistente, en la Presidencia de la República. En política a nivel mundial los estadistas van en decadencia, son cada vez menos, los figurines son cada vez más. Cada vez se exige menos de la preparación del político, de sus capacidades, y se espera más de los slogans de campaña y del impacto mediático.

    En otras áreas, veo también esta decadencia. Un ejemplo es la música. En los años 90, donde ubico el último climax de la sociedad, se vivían movimientos musicales importantes, bandas de rock cuya música tenía «algo» y sus letras tenían contenido, eran músicos que gustaban de leer, informarse sobre lo que ocurría en el mundo y lo plasmaban en las canciones. Ahora no hay tanto de eso, hay cada vez menos propuestas, algunas más que aceptables (las menos), y más banalidad (no es que antes no existiera, pero ahora tiene el monopolio). Igual con otras instituciones, la Iglesia cuestionada, el mundo empresarial también, no se diga del mundo político, y peor aún de la educación, en franco declive.

    ¿Y la economía? Ni hablar.

    Definitivamente, estamos pasando un mal momento como sociedad, tanto mexicana, como mundial ¿Se puede corregir el rumbo? Claro que sí. Yo tengo la fe en que si se puede hacer un replanteamiento. Dirán que soy pesimista, pero creo que sí, al final del túnel hay una luz. Pero para replantearnos primero hay que darnos cuenta de nuestra triste realidad.

  • ¿Y nos podría ir bien con el PRI?

    ¿Y nos podría ir bien con el PRI?

    Aquí en este espacio he sido muy crítico con el PRI de Peña Nieto, y creo que hay razones de peso para serlo las cuales ustedes ya conocen. También creo que es estúpido desearle «mala suerte» (lo pongo entrecomillado porque yo no creo en la suerte) al nuevo gobierno porque no simpatizamos con este, o porque no nos dan muchos motivos para creer en este. Eso no significa de ninguna manera que hay que alinearse, por el contrario, prefiero mantener una postura escéptica. Eso sí, pensando antes en mi país que en mis simpatías con X o Y político.

    ¿Y nos podría ir bien con el PRI?

    Últimamente he tenido la corazonada de que nos puede ir bien. ¿El PRI ya cambió?. No creo que vaya tanto por ahí, sino que para ellos las reglas del juego son muy diferentes. Existen más contrapesos, una ciudadanía mucho más despierta y exigente. Un López Obrador al que acuso de terco y obstinado, que si bien fractura a la izquierda, ha puesto temas de relevancia que terminan imprimiéndose en la retórica de los gobernantes en turno (nada más ver que algunas de sus propuestas están contenidas en el Pacto por México).

    Es un hecho que el PRI ya no puede gobernar a «la antigüita». Veo a un gobierno de Peña más dispuesto a negociar que sus antecesores, sabiendo que lo tiene que hacer para procurar su supervivencia. Sus propuestas son comentadas, discutidas, criticadas. Ya no puede existir, al menos como antes, ese secretismo. A pesar de sus intentos de censura, existen medios de comunicación más plurales los cuales tienen el suficiente peso como para pensársela dos veces si se quiere censurar a una figura importante (no me quiero imaginar la respuesta de la sociedad si censuran a Carmen Aristegui), saben que tienen que actuar de otra forma, y en esa coyuntura creo que incluso podríamos ver avances.

    La Reforma Educativa es una muestra. Independientemente del propósito con el que fue efectuada, dicha reforma significa un avance importante. No solo porque limita el poder de Elba Esther Gordillo, sino porque se acaba con el clientelismo que existe en la asignación de plazas a los maestros, y los obliga a ser más competitivos. Cierto, la reforma es mejorable, pero ya se dio un paso. Y tal vez el móvil podría ser la legitimación por parte del mandatario, pero digo, prefiero una reforma educativa a una guerra mal planteada contra el narcotráfico. Desde luego los contrapesos influyen, la demanda de la sociedad por esta situación seguramente fue determinante, reclamos de ciudadanos de a pie, del #YoSoy132, de perredistas.

    Los contrapesos parecen ser más eficientes incluso para evitar tentaciones populistas. El PRI históricamente usa el gasto como forma de legitimación, pero ahora saben que van a escarbar en su propuesta económica y política para encontrar el más mínimo error. Así como AMLO tuvo que hablar de economías resposnsables, en la práctica el PRI parece pensársela más antes de hacer gastos innecesarios para mantener contenta a la población artificialmente, ahora van a gastar pero no «tanto, tanto».

    Claro que hay muchas preocupaciones sobre el nuevo gobierno, y las debe de haber. Y precisamente esa postura crítica de un sector ante este, es la que presionará más al gobierno a hacer las cosas mejor. Esto es un juego por el poder, y el PRI sabe que para tenerlo, debe de saber satisfacer a una necesidad cada vez más exigente y sabedora de lo que realmente necesita. Mientras sea más grande este tipo de sociedad y más pequeña la sociedad tradicional clientelar, entonces estarán más orillados a gobernar bien si quieren mantener dicho poder.

  • Esperanzas para México

    Esperanzas para México

    Tengo, sí, la corazonada de que México podría vivir un cambio positivo, e incluso tanto en el corto como en el mediano plazo. No, no es el regreso del PRI a Los Pinos. Aunque ellos podrían digamos «tener que ver» (más por necesidad que por voluntad). Creo que tiene que ver más con una sociedad más madura, una sociedad diferente a la de hace décadas con más herramientas a su mano. Un gobierno que pueda poner a prueba a la sociedad (quien más que el PRI con antecedentes autoritarios y clientelares) posiblemente sea útil, si la sociedad logra responder bien, entonces de alguna forma las cosas habrán cambiado.

    Esperanzas para México

    Enrique Peña Nieto lleva 6 días en el poder. Y lo que se alcanza a percibir, es que se están dando cuenta que llegan ante otra realidad diferente a la que se fueron. El PRI que llega es el mismo que se fue (ver gabinete), pero la sociedad no, y no es lo mismo un pendenciero en un salón donde todos son débiles, a ese mismo en un salón donde abundan atletas deportivos. Solo 6 días nos muestra que la realidad es diferente, y el gobierno de Enrique Peña Nieto actúa en consecuencia.

    Los sucesos violentos del primero de diciembre son una muestra de ello. Si estuviéramos en 1968, habría percepción generalizada de que #YoSoy132 fue artífice de todo eso, y que quien diseñó todo fue López Obrador. Los medios oficialistas sin prueba alguna empezaron a arremeter contra AMLO y contra el movimiento responsabilizándolos de lo que pasó el domingo. Pero a diferencia de esos años donde la única forma de defenderse era por medio de la comunicación de boca en boca y medios de comunicación muy marginales, ahora por medios de redes sociales, celulares, la capacidad de crear videos y contenido multimedia a un bajo coste, sitios web, los de a pie tenemos una mayor facilidad de hacer un contrapeso a los medios de comunicación alineados al gobierno.

    No sabemos quien estuvo detrás (debido a la historia algunos sugieren que podría ser el mismo gobierno, aunque no hay nada claro, y pudo ser cualquier cosa). Pero no se necesitó mucho tiempo para que parte de la sociedad se empezara a convencer de que esto no había sido obra de los jóvenes universitarios, sino de un grupo de vándalos bien focalizados con una vestimenta en común. Menos de una semana bastó para que nos diéramos cuenta de que muchos inocentes fueron encarcelados, y esto hizo que la sociedad actuara, se contrataran abogados, se buscara en Facebook una colecta para la fianza, artistas grabaran un video pidiendo la liberalización de los presos. No, la sociedad ya no es la misma, es más fuerte. Parecía que el #YoSoy132 había sido finiquitado, pero parece que gracias a esto el golpe fue más tenue, e incluso no sé si a largo plazo pueda salir fortalecido inclusive.

    El Pacto por México es una muestra de ello. Cierto, que este pacto es grandilocuente y pareciera tener un propósito legitimador. Pero también es una muestra de que el poder ya tiene que ceder más antes. Dentro de todo lo mediático que implica este pacto, quiérase o no, ya se pusieron dos temas en la mesa que antes no eran reconocidos: Los poderes fácticos, y los privilegios fiscales. Cuesta mucho trabajo creer que alguien que llegó al poder gracias a los poderes fácticos pretenda eliminarlos. Pero al reconocerlo en el discurso, hace que la sociedad e incluso la oposición se abalance sobre esos temas. Llegó el PRI y se dieron cuenta de que tienen en la sociedad a un importante ente opositor. Y le dieron voz, porque en este pacto está parte de lo que la sociedad reclama. Y si eso no garantiza que muevan un dedo sobre estos temas, ya dieron legitimidad al discurso ciudadano, y este discurso al ser reconocido, tiene más poder que si no lo estuviera.

    La sociedad comienza a tener relevancia, y me queda claro que el gobierno en turno ya no tendrá la capacidad de callarla ni aletargarla, al menos como antes. Será más fácil para el poder tratar de gobernar de tal forma en que esta se sienta satisfecha con su desempeño, y eso puede ser más positivo. La guerra sucia de antes sería contraproducente en el México actual porque es más difícil taparla. Para tener un país democrático se requiere una sociedad democrática, y creo que hay avances en eso. De esta forma será difícil regresar a un estado autoritario, al menos como en el pasado.  Faltan cosas a mejorar, yo colocaría la tolerancia, dado que en México todavía persisten sectores donde quedan patentes las viejas prácticas y son agresivos con el que piensa diferente. Pero poco a poco se irá avanzando. La globalización, el tránsito de las nuevas ideas, los jóvenes con una mentalidad fresca y desentendida del pasado «tloataniesco«, una mayor cultura, una cada vez mayor creencia de que el gobierno no es el poder supremo y ni se debe de esperar todo de él.

    Desde esa perspectiva soy positivo. A pesar de mi fuerte escepticismo ante el próximo presidente, al cual se cuestiona mucho los métodos que se utilizaron para llegar, pero donde nos dimos cuenta que cada vez es más difícil, porque su capital electoral está «en el pasado» y conforme la sociedad mexicana vaya gradualmente abandonando esa mentalidad codependiente para con un partido, entonces el partido tricolor deberá buscar su capital electoral en los ciudadanos que esperen resultados positivos y reales.

  • Orgulloso de la sociedad mexicana

    Orgulloso de la sociedad mexicana

    Orgulloso de la sociedad mexicanaNunca me había sentido tan orgulloso de la sociedad mexicana, estaba viendo las fotos de las marchas del día de ayer (que en este caso no fueron convocadas por #YoSoy132) y la verdad es que se me salió una lágrima, parece ser que los mexicanos hemos tomado conciencia de nosotros mismos y nos empezamos a dar cuenta que el cambio está en la sociedad. Algunos creen todavía que hubo fraude en las urnas, yo no lo creo así, yo más bien creo que este se fraguó en la compra de votos, que tal vez legalmente no se le puede llamar fraude, pero moralmente sí, porque a fin de cuentas el PRI de Peña buscó todas las alternativas para imponer a su candidato, alternativas que atentaron contra la democracia.

    Siempre cuando hablábamos de marchas en México hablábamos de grupos de interés, sindicatos como el SNTE o el CNTE, bloqueos de AMLO, y cosas así. Ahora hablamos de centenas de miles de personas que salieron a las calles para manifestar su inconformidad ante la llegada de un candidato, y sobre todo a la forma en como llegó. En México no tenemos recuerdo de una marcha a nivel nacional de estas magnitudes, ni siquiera la de 1968 tuvo un tamaño tan grande. Que a ciertos políticos les pueden beneficiar las marchas, es cierto, pero también es cierto que fue la gente la que decidió salir a las calles. Algo que me llama la atención y aplaudo es que hasta ahora, por inmensas que hayan sido las marchas, no se han registrado conatos de violencia, y eso hay que recalcarlo porque las marchas siempre tienen el riesgo de ser infiltradas por porros y gente indeseable que no dudaría en ningún momento en usar la violencia. El único antecedentes es que en una marcha de la semana pasada, algunos vándalos graffitearon un paso a desnivel, el cual fue limpiado por integrantes del movimiento #YoSoy132, quienes manifestaron su repudio al vandalismo.

    Naturalmente un despertar ciudadano no debe de terminar en una marcha, sino empezar en ella. Si no fuera así, estas marchas solo servirían de catarsis ante una inconformidad, el siguiente paso y el más difícil, es en el cual se debe construir. Los del movimiento #YoSoy132 ya han pensado en ello, y han logrado cosas como la transmisión del segundo debate en cadena nacional, y el organizar un debate propio al cual solo se ausentó Enrique Peña Nieto. Yo veo difícil cambiar la realidad donde Peña llegará a la presidencia, pero estos movimiento seguramente orillarán al nuevo presidente a hacer las cosas bien y a tener que negociar. El que el PRI no tenga mayoría en las cámaras, es una muy buena noticia para el movimiento, porque podrían pensar en negociar con la oposición algunas reformas, sobre todo aquellas que estén encaminadas a construir democracia.

    Por ahora no se pudo revertir un resultado, pero el natural crecimiento económico del país (lento, rápido o como sea), hará que más gente tenga acceso a Internet y a diferentes medios de opinión, por lo cual en un futuro serán más aquellos que se inconformen con la llegada de un posible régimen autoritario, y serán menos los que accedan a vender su voto debido a su falta de recursos. Salir a la calle no es una actitud «bananera» ni son ninis que se deberían poner a trabajar. En casi todos los países desarrollados, la gente sale a la calle a mostrar su inconformidad, saben que no pueden quedarse quejándose de los políticos en la entremesa. Es natural que la gente tenga miedo en regresar al pasado, que probablemente el gobierno de Peña no sea tan autoritario como antes, pero esto más debido a los cambios y a las circunstancias.

    Si algo le podemos agradecer a los gobiernos panistas, es que crearon las condiciones para que esto se pudiera dar, hubiera sido difícil pensar en una manifestación así en los tiempos del PRI. Es una realidad que ha aumentado la libertad de expresión en México y muchos lucharon por ello. Por otro lado ciertamente ni López Obrador ni Josefina se me hacen de lejos la solución que necesita México, pero aún con la mediocridad que representan los opositores, la forma en que han colocado a Peña en la silla presidencial se me hace totalmente reprobable e indignante. El problema para mí no es que no hayan llegado los que se asumen como perjudicados (AMLO principalmente), sino la forma en que llegó el beneficiado y por eso yo estoy totalmente de acuerdo con las marchas, y se me hace sí, más prudente que se hagan en fin de semana para que estas no rompan tanto con la vida diaria.

  • Fanatismo Político

    Fanatismo Político

    Fanatismo PolíticoCaray, a veces parece que si a los mexicanos le dicen que se avienten a un pozo se avientan. Es penoso, porque apenas empezó la «guerra sucia» y el país ya está más polarizado que en el 2006 y la gente empieza a radicalizarse en sus posiciones frente a uno u otro candidato, ¡un solo día! Las reacciones de ambas partes caen en el dogmatismo y en la falta del uso de la prudencia y la razón ante la situación. Es más, hasta con el mismo Peña Nieto, que ciertamente podría representar un retroceso democrático aunque no se toma en cuenta que las circunstancias no permitirían la instauración de un régimen tan asfixiante dadas las nuevas tecnologías y un movimiento tan amplio y tan horizontal como el #YoSoy132 que sería muy difícil de absorber como lo hicieron con el movimiento del 68 (que era más vertical). Ahora ha regresado eso de «yo estoy ciegamente con López Obrador, lo admiro, es el mejor político de la historia mexicana, es el Lula, no, el Roosevelt mexicano» o el «odio a AMLO, es peligrosísimo, nos vamos a hacer una nueva Venezuela, Cuba, es más, Corea del Norte».

    La dicotomía entre malos y buenos, como lo hace López Obrador donde lo que está con él es bueno y lo que no está con él es malo, genera división y polarización en el país. La guerra sucia en base a verdades, medias verdades, mentiras, información manipulada y spots creados de tal manera que busquen aterrar a la gente y logren generar miedo en ella (porque una sociedad temerosa es más fácil de controlar) también por supuesto, dividen al país, y polarizan la sociedad; y es más, no solo aterran a un sector de ella, sino que los más fieles de aquello que se injuria (AMLO), se aferran más a ello. Esta situación no da cabida a la reflexión, y fomenta el fanatismo y el dogma. Se invita al mexicano a no pensar y a aferrarse a su posición política, como si las preferencias políticas fueron equipos de futbol, equipos, claro, con un muy bajo nivel de juego y que buscan ganar los partidos tratando de faulear a los rivales.

    Esa cancelación del pensamiento crítico en el que a veces llegan a caer algunos «quesqueanalistas» de derecha y de izquierda, le termina haciendo daño al país, pero el individuo también es responsable; porque su pensamiento es rígido, la autocrítica y la retroalimentación no tiene cabida y al no tenerla, descalifican a la otra parte (solo necesita ser otro individuo con una posición opuesta) y llevan lo que podría ser un debate a una especie de agresión personal donde «tu eres un pendejo izquierdoso radical que no trabaja» o «un ignorante manipulado por los medios de comunicación».  De esta forma controlar al individuo es fácil, porque para tomar alguna posición no tiene que pensar, de hecho es lo que menos quisieran nuestros políticos. De hecho me sorprende que sabiendo de la baja calidad política que tenemos en México, estas posturas que rayan en lo fanático sean la regla y no la excepción.

    Incluso en el asunto de Peña Nieto, hay casos donde la crítica llega a la obsesión, donde pareciera que las personas están desahogando sus problemas personales. Entiendo por ejemplo que los movimientos se hayan manifestado contra el regreso de un partido donde en una parte de su tiempo (y digo una parte, porque hay que recordar que el PRI con todo lo que se diga, tuvo buenos presidentes, en especial tomando esa etapa que empieza con Lázaro Cárdenas y termina con López Mateos) se canceló la libertad de expresión y se manejó muy mal la economía, y se manifiesten contra los medios de comunicación, porque no es precisamente un ejercicio democrático que un medio de comunicación diseñe la imagen de un candidato, la exponga (para lo cual debería haber existido una sanción por parte del IFE) y sumando esto el acarreo, y la posible coacción de votos, lo hagan llegar a la presidencia. Pero aún así, la gente termina haciendo de esta inconformidad una obsesión, utilizan las redes sociales para burlarse constantemente del candidato, pero a la vez ni siquiera participan en alguno de los movimienetos y todavía menos, son parte de una organización civil o participen de alguna forma en el quehacer público.

    A veces suele molestar incluso, ver el muro de Facebook o el timeline de Twitter, lleno de insultos contra Peña Nieto, López Obrador, Felipe Calderón o quien sea. Se genera un clima de odio, un clima de destrucción, y es donde ya no me parece sano. Creo que existen límites entre el manifestar una inconformidad o una posición frente a un candidato, y el mostrar un odio obsesivo contra este. Lo peor es que mucha gente generaliza y al llevarse de calle a un candidato, se lleva de una vez a todos sus seguidores. Afirmaciones que rayan en lo ridículo como decir que toda persona afiliada al PRI es corrupta, como si al entrar a un partido, el individuo recibiera una especie de cocowash sectario; es cuestión de meterse un poco a los partidos (al que sea) pera ver que hay gente honesta y con buenas intenciones.

    La gente odia, critica, se burla, pero no propone ni construye. Una persona que si lo hace tiene más autoridad moral para criticar, una que no lo hace no la tiene. No se me haría mal hacer un estudio preguntando a este tipo de gente, si quisiera colaborar con una causa benéfica, sea una colecta, ayudar a reforestar un bosque, participar en una organización que busque incidir en asuntos públicos o políticos, quisiera ver cuantas de estas personas quisieran ayudar y cuantas personas dirían: -no tengo tiempo, otro día, mejor ponte a trabajar-. Mucha gente cree lamentablemente que entrar a Twitter y promocionar el hashtag #Candidatotalchingatumadre es hacer activismo, ¡Por Dios!. La gente más fanática es aquella que se aferra a una realidad alterna que no existe y por lo tanto, no participa en la construcción de un país, porque al cancelar el uso de la razón, elimina toda capacidad de construir.

    Lo he repetido varias veces, y es que la gente se queja tanto de los políticos y los critica tanto, pero lo último que hace es ver que el típo de política que tenemos es producto directo de la sociedad y al estar dentro de ella automáticamente hace al individuo responsable de la situación. Y este fanatismo, este clima de odio, intolerancia, es el que hace que el no país avance, que ese «México progresando» que tanto anhelan se vea cada vez más lejos, caen en una gran contradicción, como si se tratara de una persona que debido a su victimismo cae en una depresión, que se repite a diario el por qué su vida es tan trágica pero al repetírselo tanto pareciera buscar que eso fuera real y se comporta como así fuera, logrando que en algún momento se haga realidad.

    Primer paso ¡relájanse por favor, tranquilos!.

  • El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicanoAfirmaciones como «hay una élite en el poder que domina el país», «la mayoría de los políticos son corruptos» entre otras, en realidad no son falsas, pero pierden perspectiva cuando se le agrega «el pueblo es bueno». Pareciera que en México dichas élites, empresarios, políticos y gentes de poder son algo así como aliens, extraterrestres, personas que pertenecen a otra realidad, que nada tiene que ver con nosotros; y esto en realidad es una falacia. Mucha gente cree que extirpando estos cánceres ya la hicimos. Pero es como si el doctor nos quitara los lunares cancerígenos y no se diera cuenta de que hay una metastasis en todo el cuerpo. Y uno no se pone a pensar, esos políticos corruptos, esos empresarios que juegan con los hilos del poder, alguna vez fueron ciudadanos como nosotros, e incluso siguen siendo ciudadanos, no han perdido dicha característica.

    Ahora por ejemplo se habla de la posible llegada de Enrique Peña Nieto al poder, muchos han mostrado cierto repudio e indignación, y hasta cierto punto lo entiendo viendo parte de la historia del PRI e incluso viendo como se desempeñan algunos priístas en la actualidad. La gente se manifiesta e incluso busca organizar marchas y lo hace por iniciativa propia. Y está bien, están en todo el derecho a manifestarse y creo que es algo mejor que quedarse en casa y quejarse en las comidas. Pero creo que a veces no entendemos que el problema, el hecho de que en nuestro país emerjan políticos de dudosa reputación no es algo ajeno a nosotros, y no quiero herir susceptibilidades, pero los políticos que tenemos son representativos de nuestra sociedad. Dicen ¿por qué la mayoría de los políticos se corrompen?. No es que «ellos» sean los malos y «nosotros» los buenos, es el hecho de que nuestra idiosincrasia nos orilla a comportarnos de cierta manera ante distintas circunstancias. Los políticos son mexicanos que comparten la misma cultura, pero ante un escenario donde se poseé más poder, ese «mexicano supuestamente bueno» termina sucumbiendo ante las tentaciones. Pareciera que asumimos que los ciudadanos al entrar en política son adoctrinados o les lavan el cerebro para que aprendan a robar. Es falso, los políticos son ciudadanos que se comportan de acuerdo al escenario en el que se mueven.

    Entonces tenemos que entender que si tenemos políticos de tan mala calidad contendiendo a la presidencia, es porque no hemos resuelto nuestros defectos culturales que no nos permiten avanzar. Ellos representan nuestra realidad como pueblo, podemos pensar que son ajenos en el sentido que no trabajan para el pueblo, pero culturalmente es lo diametralmente opuesto, ellos tienen las mismas raíces culturales que el pueblo porque no dejan ser parte de él. El problema es que los ciudadanos quieren deslindarse de este problema y todo se lo adjudican a los políticos. Por ejemplo, cuando ocurrió en la FIL sobre lo de la «pifia» de Peña Nieto (y lo digo porque al yo ser lector, tengo la autoridad moral para hacer crítica al respecto), se criticó el hecho de que el candidato no supiera mencionar tres libros, y confundió autores (ya decían que ayer Peña le había mandado condolencias a la familia de Enrique Krauze), y es cierto, es malo que un candidato no tenga el hábito de leer porque la perspectiva sobre muchos temas que influyen en el quehacer político es más reducida e igual habla de una mediocridad intelectual indeseable en alguien que quiere dirigir el país. Pero muchas de las personas que criticaron este hecho en redes sociales a Peña Nieto era gente que no lee un miserable libro en su vida. Algunas personas incluso tuvieron el despacho de buscar títulos de libros que nunca leyeron en Internet para criticar al candidato.

    Es decir, yo no puedo perdonar a un candidato por tener tal defecto, pero yo como ciudadano si tengo el derecho de tener dichos defectos y a la vez criticar de los mismos defectos que poseo a los funcionarios públicos. Igual cuando se les preguntó a Peña Nieto y a Josefina Vázquez Mota sobre el salario mínimo y el costo de varios productos. Naturalmente el desconocimiento de estos es preocupante, pero me pregunto si los ciudadanos conocen ya no digamos esa información (que tal vez por su posición no les es necesario conocerla), sino información básica que tienen que conocer para desempeñarse ya sea como ciudadanos o como profesionales. O por ejemplo cuando a Obrador se le criticó por no saber hablar inglés (esto sumado a las críticas que le llovieron a Peña Nieto por mostrar un muy bajo nivel de inglés en una conferencia y el hecho de que Josefina posteriormente declarara que no sabe hablarlo), mucha gente que hizo esta crítica no sabía tampoco hablar inglés, y más estando en un ámbito donde si dicho ciudadano se quiere desarrollar es imperativo aprender el idioma. Para los políticos en realidad no lo es tanto, un ejemplo es Nicolas Sarkozy, expresidente de Francia, y quien tuvo las riendas de la Unión Europea junto con Angela Merkel, no sabe hablar nada de inglés, y como decía el mismo AMLO «para eso tenemos traductores».

    Criticamos a los políticos como si fueran algo ajenos a nosotros, los despreciamos, pero a la vez exigimos que sean mejores que nosotros (que contrariedad), no les perdonamos ni un desmayo, ni un lapsus. Ah pero nosotros como ciudadanos si tenemos todo el derecho de hacerlo, tenemos el derecho de saltarnos las instituciones, de cometer actos de corrupción (al cabo como no tenemos mucho poder, no se notan), lo peor de todo, es que exigimos un cambio a los políticos, pero la mayoría de los ciudadanos no hace nada por lograr un cambio positivo en una sociedad. Todos esos críticos ahora de Peña Nieto, antes de López Obrador, y tal vez de Vázquez Mota y otros más les pregunto ¿hacen algo para mejorar su entorno?. El problema es que como es más fácil criticar que proponer o crear cosas nuevas, hacemos lo primero y les delegamos lo segundo, si, a esos políticos que luego tachamos de corruptos. Y estas personas, que se limitan a criticar a quien les venga la gana en las redes sociales (y hablo de personas de todos colores y preferencias políticas) ya creen que están haciendo activismo.

    Mientras no empecemos por arreglar la casa, las cosas en el país van a seguir igual, no van a mejorar. El ciudadano mexicano común todavía no se da cuenta que tiene más poder del que cree tener, pero no quiere asumirlo. Cree que con trabajar ocho horas diarias y pagar la parte proporcional de su sueldo al SAT (tramitología que hace la empresa que lo contrató) ya cumplió. Y sinceramente este tipo de personas están en un grave error. El hecho de ser ciudadano te obliga moralmente a involucrarte activamente en el quehacer público, si pensaban que la democracia consistía en votar cada 3 años por «el menos peor» creo que entonces estamos cayendo en un grave error, porque al no buscar mejorar como personas, como ciudadanos y por lo tanto incidir para lograr una mejor cultura, estaremos condenados a quejarnos cada 3 o 6 años y preguntarnos por qué tenemos este tipo de políticos.

  • Una lenta y continua decepción de la política mexicana.

    Una lenta y continua decepción de la política mexicanaCuando era un niño, el Gobernador del Estado de Jalisco era Cosio Vidaurri, del PRI. Y aquel en su tiempo pidió licencia por las explosiones en el alcantarillado en Guadalajara que dejó cientos de muertos, por lo cual el Presidente Innombrable del República de ese entonces, Carlos Salinas lo envió como embajador a Guatemala como una forma de protegerlo porque muchas de las acusaciones apuntaban hacia él. En ese tiempo yo iba al club deportivo Atlas Colomos (del mismo equipo de futbol que se acaba de salvar del descenso) y ahí siempre me cortaban el pelo. Habían dos peluqueros y a veces uno no corría con la suerte de encontrar a uno desocupado, y fue así, el «cliente» que estaba siendo atendido por mi peluquero favorito era Cosio Vidaurri, cuando era gobernador. Yo nada más lo ví y le grité «eres un pinche ratero» (el tipo no tuvo más que sacar una carcajada). Esa curiosa anécdota me la recordaron mis padres, mis tíos y todos mis parientes y hasta la fecha lo hacen.

    En ese tiempo me enseñaron a odiar al PRI, y tal vez habían argumentos de peso, mis familiares sufrieron las crisis provocadas por Echeverría y López Portillo. La que si recuerdo fue la de 1994, que ciertamente a nosotros como familia no nos afectó tanto porque mi papá conservó su trabajo (luego a raíz de esta la empresa donde trabajaba quebraría pero se había anticipado y había cambiado de empleo), pero muchos familiares se vieron en serios aprietos. Las cosas no volvieron a ser igual, en las navidades ya no me regalaban juguetes «todos mis tíos» tan solo lo hacían mis padrinos. Tenía 12 años, pero era lo suficiente para ver la angustia en la gente, aprendí lo que era una devaluación, y también lo «ratero» que había sido Carlos Salinas. Después de terminar su gestión era clásico inventar chistes de Carlos Salinas, en los consultorios se pegaban hojas impresas haciendo chistes del expresidente, algo así como un antecedente con lo que ahora se hace con los candidatos en las redes sociales.

    En ese entonces yo era panista, porque era «el partido del cambio». Creía inocentemente que eran los buenos, los incorruptibles, los honestos. Claro,  a los 14 años todavía no sabía si era alguien de derecha o de izquierda, había escuchado alguna vez la definición en alguna clase en la secundaria pero nada más. En 1994 se dio la «alternancia» en Jalisco, llegó Alberto Cárdenas del PAN, lo cual trajo la primera emoción y marcó un antecedente de lo que jamás sucedería a nivel nacional; a pesar de su conservadurismo (al grado de prohibir las minifaldas en recintos públicos) había hecho un buen papel (y tal vez el único de los gobernadores panistas que hemos tenido), con esos antecedentes y con todos los comentarios positivos que hacían mis parientes de León, donde el gobernador era Vicente Fox, pensamos que el guanajuatense iba a encarnar el verdadero cambio. Ya tenía edad para votar, y todos mis votos iban a ser PAN. Cuando se dieron a conocer los resultados preliminares de las encuestadoras (que marcaban una diferencia suficiente para no tener que esperar a que el PREP lo ratificara) me llené de emoción, festejé como tal como un aficionado al futbol festeja cuando su equipo hace un logro importante. Al siguiente día, en la preparatoria, no dejé de echar carrilla a una amiga con afiliación priísta, le hacía la «V» de la victoria para molestarla, y me burlaba de su Zedillo (de quien años después, tuve que aceptarlo como el mejor Presidente desde López Mateos).

    Cuando empezó a ejercer la presidencia, comenzaron poco a poco a llegar las decepciones, después de más de un año de gestión, mis amigos y yo comentábamos que el gobierno de Fox en realidad no parecía tan bueno, no tanto como nos lo había pintado. Ciertamente los indicadores económicos en su gobierno fueron positivos (por el contrario de lo que ha sucedido con Calderón), pero no se palpaba ese cambio, nuestros ingresos no crecían, y lo peor es que la estructura heredada del PRI ahí seguía y Fox no hacía nada para al menos provocarle algún raspón. Fox se convirtió en el payaso presidencial. Y al tiempo que Fox Gobernaba, en Jalisco el Gobernador Rámirez Acuña comenzó a ejercer la mano dura contra la población, deteniendo a varias personas en una «rave» en Tlajomulco, y también encarcelando a varios altermundistas en la Cumbre celebrada en Guadalajara en 2004, donde muchos afirman por lo que vieron que los «revoltosos que destruyeron los locales en el centro» fueron enviados por el gobierno para desacreditar la manifestación. Lo cual provocó la indignación (entre otros temas) de parte de la sociedad tapatía que vieron en las organizaciones civiles una forma de hacer contrapeso.

    El PAN se estaba desgastando y cada vez parecía menos al PAN que nos habían vendido, ese partido humanista, subsidiario y solidario. El PAN dejó de ser «mi partido» en el 2006, y terminé inclinado por una especie de «agnosticismo político». Fue la última vez que les di mi voto, dentro de una difícil decisión, era Calderón o López Obrador, y después de pensarlo mucho me incliné por el primero. Esa sería la última vez que le daría mi voto al PAN. Pero el partido había caído de mi gracia, por la forma en que llevó la campaña (la guerra sucia) y porque terminó siendo utilizado y prostituído por los poderes de facto; y también por el PRI que legitimó la elección del 2006 porque ellos en ese entonces ya tenían su «proyecto» para el 2012 (dado que tenían perdidas las elecciones del 2006). El PAN no solo no acabó con los regímenes priístas, sino que Carlos Salinas vive tranquilo en México a pesar de todo el daño que le infringió al país, y Calderón para ganar las elecciones pactó con Elba Esther Gordillo, poniendo en un lugar crítico a la educación con tal de que el michoacano llegara a la presidencia.

    El PRD es una cuestión diferente. No puedo hablar de decepciones porque no han llegado a la Presidencia, pero si puedo decir que si bien han hecho una buena gestión en la Ciudad de México (sobre todo con Marcelo Ebrard), les cuesta trabajo desligarse de su pasado priísta, además de que López Obrador manejó muy mal la etapa postelectoral bloqueando Reforma (lo que perjudicó a muchos comercios) y después jugando con las instituciones a las que mandó al diablo, con la situación bochornosa de Juanito y Clara Brugada. Parece ser que una izquierda moderna socialdemócrata empieza a surgir en México, gente como el mismo Ebrard, el Jalisciense Enrique Alfaro o el mismo Mancera muestran una izquierda renovada, muy diferente a esa izquierda chapada a la antigua representada por Obrador. Lamentablemente tendremos que esperar al menos algún sexenio más para que puedan estar dentro de las ligas mayores.

    El PRD aprendió la lección en el 2009, y a pesar de que la elección de candidato no fue la mejor (decidieron parecer más demócratas que usar el sentido común con eso de la encuesta), se percibe como un partido que si bien tiene sus fuertes diferencias se ha mostrado unidos, y dentro de la izquierda suenan nombres importantes, no así el PAN, quien lamentablemente sufrirá una humillante derrota en el 2012 (perderán la Presidencia y uno de sus grandes bastiones: Jalisco).

    El escenario político se ve decepcionante. Pareciera que ninguno de los candidatos tiene la «talla» y es por eso que muchos hemos terminado decepcionándonos de la política mexicana. Es cierto que hay políticos valiosos y capaces, pero son la excepción y no la regla. A veces los encuentras más bien a nivel municipal o a nivel estatal. Incluso por ejemplo, en Jalisco existe gente del mismo PRI que parece valer la pena, no así cuando subes los escalones. El PAN en cambio, en mi estado está atrapado por las corrientes más conservadoras, y están inclinados más hacia la derecha que el PAN federal; una de las razones por las cuales han perdido peso, porque Guadalajara ya no es una ciudad tan conservadora, y los votantes del centro empiezan a ser cada vez más importantes.

    Muchos temen la llegada de Peña Nieto, pero es el simple reflejo de una realidad que vivimos y de la sociedad mexicana, mientras esta no cambie, posiblemente el panorama político seguirá siendo igual, e incluso podríamos correr el riesgo de una regresion ante 12 años donde el trabajo del PAN dejó que desear, donde se limitó a mantener una macroeconomía sana e implementar algunos programas sociales como Oportunidades o el Seguro Popular, pero tampoco logró mostrar un país próspero, y lamentablemente todo esto pesará en las elecciones.

    En mi vida diaria comienzo a entender por qué la política mexicana es como es, y se refleja un problema cultural, un problema que se debe resolver más de fondo y que para lo que no son suficientes las «reformas estructurales».