Etiqueta: Rubén Espinosa

  • La matanza de periodistas en México y la tolerancia a la frustración

    La matanza de periodistas en México y la tolerancia a la frustración

    La tolerancia es una de las características de las sociedades avanzadas. Ser tolerante no significa estar de acuerdo con aquel que piensa diferente, sino respetar su decisión y su diferencia. La tolerancia tiene que ver con la educación y con la tolerancia a la frustración (valga la redundancia).

    Por un ejemplo, si llevamos a nuestro hijo pequeño a la calle o a un centro comercial, y éste ve a una persona diferente a él (por decir, un negro), que no es un común denominador dentro de los círculos de personas que lo rodean; lo normal es que lo mire con extrañeza e incluso haga juicios sobre él. Este tipo de discriminación se puede explicar por medio de nuestra naturaleza humana, es algo instintivo. Pero los seres humanos somos seres superiores a las demás especies de animales, porque por medio de la razón, aprendemos a moderar nuestros impulsos.

    La educación que reciba el niño (tanto por parte de sus padres, de amigos e inclusive medios de comunicación) hará que el niño aprenda a no discriminar al negro. Pero no sólo se trata de la educación en sí, sino del desarrollo a la tolerancia a la frustración y a la capacidad de postergar  impulsos y gratificaciones.

    Yo puedo ir caminando por la calle, y de forma intempestiva, una persona se me cruza en el camino. Yo en mi mente puedo pensar: – Maldito imbécil, me dan ganas de ponerle unos buenos golpes. – Lo puedo pensar incluso si soy una persona que aprende a controlar sus emociones, pero la diferencia estriba en que antes de actuar instintivamente, tendré la capacidad de racionalizar dichas emociones. Al hacerlo podré llegar a la conclusión de que posiblemente el hombre tenía mucha prisa, o que si decido agarrarme con esa persona a golpes, el beneficio que puedo obtener es muy poco comparado con el perjuicio que pueda recibir (que me rompan la madre, o que la policía me detenga).

    Cuando hablamos de sociedades intolerantes, hablamos de sociedades que suelen no estar muy bien educadas y/o que tienen baja tolerancia a la frustración. Basta que se cumpla una de estas dos condiciones para que esto suceda. Por ejemplo, una persona ecuánime puede discriminar o atentar contra otra persona con base en sus rígidas creencias (fácilmente objetables), o bien, una persona muy estudiada pero con muy poca tolerancia a la frustración, puede asesinar con base a la tergiversación de la historia universal que ha aprendido.

    Tolerancia

    Lograr formar una sociedad tolerante no sólo tiene que ver con la cultura o idiosincrasia de una sociedad, también es un trabajo individual. En los países desarrollados se pueden ver manifestaciones de intolerancia, pero al final del día dichos países tienen instituciones que funcionan, gracias en parte, a una sociedad que ha aprendido a ser más tolerante con los demás, que tiene la suficiente tolerancia a la frustración para respetar el triunfo del candidato con el que no simpatiza, y que paga impuestos sabiendo que esa «pérdida» tendrá algún tipo de recompensa, posiblemente no para él, pero sí para la sociedad.

    El hecho de que en México se asesinen periodistas, tiene una estrecha relación con las características y carencias de nuestra sociedad.  Independientemente de las coyunturas que puedan agravar el problema (por ejemplo, la irrupción del narcotráfico), la falta de tolerancia y la ignorancia han provocado que nos demos el lujo de tener políticos que terminen con vidas para que su poder no sea amenazado.

    Rubén Espinosa

    Hasta en el país más desarrollado y democrático, a un político no le va a agradar una dura crítica de algún periodista; posiblemente cuando esté con su esposa en la cama le diga que tiene muchas ganas de darle unos plomazos para que se calle. Pero dicho político se va a contener, porque sabe que eso, de inicio, implicaría una contradicción a sus principios que pregona en público, porque sabe que a la larga habrá un perjuicio mayor a él mismo y a la sociedad que el beneficio que podría obtener, entre otras razones. Dicho político ha entendido que la diferencia es parte fundamental de la sociedad en la que vive y que gobierna, y que incluso gracias a dicha diferencia ha llegado al poder (al poder ser elegido por el pueblo de entre una terna de candidatos).

    Pero en una sociedad atrasada como la nuestra (y tomando en cuenta que no es uniforme, el Distrito Federal o Jalisco tienden a ser bastante más tolerantes que Veracruz o Guerrero, por poner un ejemplo), periodistas como Anabel Flores o Rubén Espinosa pueden ser ultimados porque son incómodos al Gobierno, incluso al punto de que fotografías donde el Gobernador no muestra su mejor perfil sean razón suficiente (cosa que se presume, en el caso de Rubén Espinosa).

    La matanza de periodistas en México y la tolerancia a la frustración

    Cuando tenemos mayor dificultad en postergar gratificaciones, tendemos más a saltarnos las leyes, lo cual se vuelve un círculo vicioso. Porque entonces el individuo se da cuenta que las instituciones no funcionan y por ende, tiene más razones para brincárselas. La única forma de romper esa cadena es postergando gratificaciones, por ejemplo, pensar primero en el país y en las demás personas antes que en el beneficio inmediato. Lo más fácil e inmediato sería darle una mordida al tránsito. Quien ha cometido la infracción vial sabe que tendrá que pagar una cantidad bastante menor al agente de tránsito si lo corrompe que la multa que debería de pagar al Estado. Pero si entendemos que vivimos en una sociedad que queremos que funcione (porque a todos, hasta los más corruptos, nos molesta la corrupción), tenemos que aprender a postergar gratificaciones.

    Javier Duarte podría pensar en su legado, en el amor a su Estado. Pero prefiere lo inmediato, prefiere pensar en como hacerse rico sin importar el juicio que hará la historia de él, posiblemente termine sus días rodeado de dinero, pero su apellido habrá quedado manchado y tal vez esto con perjuicio a sus descendientes que cargarán su apellido. Y a la vez se entiende porque el Gobernador de Veracruz ha crecido en un ambiente (una de las peores facciones de su partido en México) donde se premia la corrupción, la ambición y el autoritarismo. Duarte no tiene empacho en perjudicar a la sociedad (desapareciendo reporteros incómodos) con tal de beneficiarse a él mismo.

    Si queremos entender por qué en nuestro país mueren periodistas, tendemos que entender entonces las condiciones que propician actores políticos o líderes del narcotráfico quienes acaban con la vida de los demás con el fin de obtener un beneficio. No es sólo un problema del Gobierno, también es un problema de todos nosotros. Es un problema de educación, de los valores que le damos a nuestros niños, y sobre todo, que les enseñemos a postergar gratificaciones y a tolerar a aquellos que sean diferentes a ellos aunque disientan (ya sean opositores, religiosos, de raza diferente, de preferencia sexual diferente, de posición económica diferente o postura política diferente).

  • La palabra del Gobierno contra la palabra de los demás

    La palabra del Gobierno contra la palabra de los demás

    Inicio con dos comentarios que hay que tomar en cuenta para entender el contexto.

    1.- Cuando no puedes censurar abiertamente, la opción que queda es saturar a la población de información de tal forma que ésta quede confundida; parece que es la apuesta del Gobierno. A pesar de las voces calladas (algunas con éxito, otras sin éxito) la oposición existe (me refiero a la ciudadana y no tanto a la política) y sería riesgoso un ataque frontal contra ella. Lo saben.

    2.- Cuando un gobierno está debilitado, la tentación de tomar el poder que éste va dejando es inevitable. Es decir, cuando un gobierno se debilita, la luchas de poder se incrementan dado que esa condición implica una oportunidad para tomar el lugar de quienes ahora gobiernan. Los métodos y alcances pueden ser de diferentes formas; habrán quienes aspiren a derrocar al gobierno, otros apuestan a la siguiente fecha electoral, y otros aspiran a negociar con el gobierno, de tal forma que ellos adquieran parte del poder a cambio de legitimar a este último públicamente.

    La palabra del Gobierno contra la palabra de los demás

    Estos dos puntos nos pueden ayudar a explicar un poco el caso Ayotzinapa, donde veo un Gobierno que miente, pero al mismo tiempo a una oposición (aquí más política que ciudadana) que busca aprovechar la coyuntura. La pregunta es hasta donde influye cada parte ¿La verdad se acerca más hacia la «verdad histórica del Gobierno»?, o por el contrario, hacia la versión de los que se oponen a él y a los escépticos.

    Acercándonos al 26 de Septiembre, aniversario de la masacre de Ayotzinapa, han ocurrido muchas cosas. Primero, el Grupo Interdiscipliario de Expertos Independientes (GIEI) de la CIDH, presenta un informe donde cuestionan la «verdad histórica» presentada por el Gobierno. La información es demoledora, porque si bien no presenta resultados contundentes de lo que realmente sucedió, si deja en evidencia la versión de la PGR. Después de esto, algunos «especialistas» cuestionaron el diagnóstico del GIEI, sobre todo a José Torero quien cuestionó que se hayan incinerado a los estudiantes en Cocula. Después de esto, en Innsbruck afirman haber encontrado la identidad de un segundo estudiante y por supuesto, en estas mismas fechas, detienen a «El Gil» el presunto autor intelectual de la masacre. Las fechas no son coincidencia, no es coincidencia que días después del informe y días antes el 26 de Septiembre, se identifique la identidad del segundo estudiante y se capture a «El Gil».

    También habría que cuestionarse hasta qué punto la oposición trata de aprovechar la coyuntura. Así como lo hicieron en el año pasado cuando sugirieron que Peña Nieto había sido el autor intelectual de la masacre. El problema para el Gobierno es que su crediblidad es tan pobre que se antoja difícil creerle. Más cuando los señalamientos de éste son difusos. A veces los «intelectuales orgánicos» pueden señalar a López Obrador, a la CNTE o inclusive a Carlos Slim como «quienes están detrás», luego pueden afirmar que detrás del GIEI está nada más que los intereses de Álvarez Icaza. Pareciera que los culpables, según el gobierno, son un conglomerado que es inclusive disímil entre sí.

    Con el asesinato de Rubén Espinosa pasa lo mismo, se han creado tantas líneas de investigación y contado tantas historias que han logrado distraer a la población del foco, tan es así que ya no se está poniendo atención en el asunto. Con el conflicto de la OHL sigue la misma línea, aunque en ese caso el Gobierno ha sido más torpe. Después de que aparecieron audios donde inclusive el Presidente vuelve a verse incriminado en conflictos de interés, se evidencia a la PGR sembrando un arma al abogado de Infraiber, empresa que se supone, está detrás del espionaje que dejó en evidencia al Gobierno. Después la misma PGR afirma haber encontrado equipo de espionaje que la empresa usaba.

    Me queda claro que estamos ante un gobierno muy corrupto, sin legitimidad ni autoridad moral. Me queda claro que gran parte de su descrédito se debe en mayor parte al resultado de sus propios actos y no a una campaña de desprestigio. Los intentos de aprovechar y beneficiarse de los vacíos del poder vienen en consecuencia el descrédito del gobierno y no al revés.

    Lo natural y responsable sería analizar las dos partes de la historia. Pero la información es (a propósito) tan difusa que al ciudadano de a pie, no le queda de otra más que hacer juicios ad hominem (a raíz de un Gobierno acostumbrado a mentirle a los ciudadanos). ¿Puede ser que el Gobierno tenga razón en algunos de estos cuestionamientos? No es algo que se pueda descartar, pero la credibilidad que tiene es tan baja que la mayor parte de los mexicanos ya dan por sentado que su argumento se trata de una mentira, y ahora sí, como Pedro y el Lobo…

    Y mientras eso sucede, como suele ocurrir, nunca se sabrá lo que pasó y se harán miles de conjeturas hasta la eternidad (lo que se traduce en más heridas históricas con las cuales lidiar colectivamente).

  • La fotografía de Rubén Espinosa

    La fotografía de Rubén Espinosa

    Rubén, el freelance que trabajaba para la Revista Proceso, y que huyó de Veracruz al Distrito Federal porque decía que empezaban a perseguirlo gente sospechosa. Rubén salía al campo de acción a cubrir protestas o a tomarle fotografías incómodas al infame regordete Gobernador de Veracruz  Javier Duarte, Rubén tenía que tomar muchas decisiones, algunas técnicas como el tipo de lentes que tenía que usar para tomar «esa foto» ¿Un gran angular, un 50mm o ya de plano un zoom?, la apertura de la lente, la velocidad de obturación o el ISO en caso de que estuviera en condiciones de poca luz; tenía que pensar en el encuadre y la composición de la foto. Además de todo eso que ya es muy complejo, Rubén Espinosa tenía que arriesgar su pellejo para «hacer democracia» con su equipo fotográfico y para contarnos a todos una historia.

    La fotografía de Rubén Espinosa

     

    Rubén se la jugó y perdió, no sólo perdió él, perdimos todos, la democracia y la libertad de expresión se llevaron otro revés. Rubén, activista social fotografíó a Javier Duarte en posturas incómodas. En una, que fue utilizada como portada para la revista Proceso, aparece Javier Duarte con una gorra de policía luciendo su panza, en otra sale el mismo Gobernador haciendo una mueca chusca y extraña. A veces a los poderosos más que la crítica, les molesta que los retraten de tal forma que puedan ser objeto de burla. La portada lastimó tanto que el gobierno de Duarte compró a granel la revista para que no fuera exhibida o fuera lo menos vista posible. A partir de que Rubén Espinosa tomó esa fotos, comenzó a ser perseguido y huyó a la colonia Narvarte del Distrito Federal. Creyó estar a salvo, no lo estaba, y fue asesinado junto a 4 mujeres.

    Creo que no es difícil deducir que la orden vino del gobierno de Duarte, #FueElEstado. Esta muerte nos confirma la regresión que estamos viviendo en México y la lucha desenfrenada del gobierno actual contra la libertad de expresión. ¿Se podría esperar que el Presidente Enrique Peña Nieto y su gobierno tomen cartas en el asunto y vayan en contra del autor intelectual de su asesinato? Se vale soñar, recuerdo que cuando en el programa Tercer Grado «cuestionaron» a Peña Nieto por estar en el partido de «los dinosaurios», el se defendió afirmando que en su partido también había jóvenes y vitoreó a Javier Duarte. La tradición antidemocrática del partido que encumbró al Presidente es la que facilita que asesinatos y «ajusticiamiento» de personas que se oponen al gobierno o no piensan como ellos.

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    Ella se llamaba Nadia Vera, activista de Xalapa del movimiento #YoSoy132, fue brutalmente asesinada junto con Rubén y otras tres mujeres más.

    Seguramente harán lo que saben hacer muy bien, dejar que el tiempo pase, mientras vemos en nuestra cara como los espacios para podernos expresar se van acabando. En un gobierno democrático no puede caber que una autoridad mande a matar a jóvenes por el simple hecho de tomar fotos incómodas. ¿Que hará el Gobierno? ¿Al igual que Peña, mandará a poner a uno de los suyos como Virgilio Andrade para que los autoinvestigue?

    Estamos retrocediendo, estas historias ya habían quedado superadas y están regresando. Ya no es solo el narco quien atenta contra los derechos de quienes hacen periodismo, sino el mismo Gobierno, porque #FueElEstado.

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    Yesenia Alfaro Quiroz también murió, tan sólo tenía 19 años. Fue encontrado desnuda, amarrada, con signos de tortura y el tiro de gracia.

     

    Y lo más triste es que ya parece normal, ya no sorprende.

    P.D. «gobierno» en minúsculas es a propósito.