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  • Tener la razón, no la verdad

    Tener la razón, no la verdad

    La verdad. ¿Qué es la verdad? Ese objeto tan preciado pero tan percibido e interpretado de forma subjetiva en muchos casos. La verdad tendría, supongo, que ser aquello que es objetivo, es decir, lo que es; y no subjetivo, es decir, lo que interpretamos que es o queremos que sea. Hay veces que la damos por sentada: ¿De qué color es el sol? La gran mayoría de las personas dirán sin reparo alguno que es amarillo, pero lo es solamente desde la perspectiva de un ser humano que es capaz de percibir colores y que lo observa desde el planeta tierra. Si el ser humano sale al espacio, se percatará que el sol es de color blanco y no amarillo porque la atmósfera modifica las ondas de luz. Por su parte, un perro que posee visión monocromática lo verá de color blanco -aunque no lo determine como tal porque no entiende el concepto «blanco»-.

    Tener la razón, no la verdad
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    Pero independientemente de estas cuestiones, los seres humanos decimos buscar la verdad y estamos muy convencidos de ello. La religión habla de «la verdad»; el método empírico, se dice, está ahí para llegar a la verdad de una manera más fiable intentando filtrar sesgos ideológicos (lo cual no logra en todos los casos). La realidad es que el fin último de la especie humana no es buscar la verdad sino preservarse como especie. Esto incluye que el humano tiende a buscar y aceptar la verdad cuando le beneficie más que no encontrarla o ignorarla, lo cual no se da en todos los casos.

    Si la fantasía -es decir, una chaqueta mental- le trae un beneficio mayor, tendera mayores posibilidades de preferirla y dejar la verdad a un lado.

    Voy a poner un ejemplo tan simple como un partido de futbol en un caso que no es fácil de juzgar. Imaginemos que el Atlas y las Chivas (rivales acérrimos) llegan a la final. El Atlas gana 1-0 gracias a un gol que en realidad se debió anular porque el anotador estaba en posición adelantada por medio metro.  ¿Cuál será la reacción de los aficionados?

    Gran parte de los aficionados de las Chivas estarán indignados. La mayoría de ellos hablarán del fuera de lugar y usarán ese evento como recurso para quitar legitimidad al campeonato de su rival, algunos otros incluso hablarán de conspiraciones y arreglos extra cancha. Otros pocos, sí, aceptarán que el Atlas al final ganó el campeonato de forma justa y lo reconocerán, pero serán minoría.

    Mientras tanto, los aficionados del Atlas tomarán una postura diferente. Desde aquellos que dirán que no hubo un fuera de lugar hasta que vean la repetición y a los especialistas decir que sí era, o aquellos que relativizarán el hecho para legitimar el campeonato de su equipo. -Si, fue fuera de lugar, pero el árbitro es parte del juego-. -Tampoco marcó algunas faltas de las Chivas-, -A mí la jugada anterior me pareció que fue penal a favor del Atlas,  no la marcó, y los de las Chivas no hablan de ello-. Pocos dirán que no fue del todo justo.

    ¿Pero por qué pasa eso?

    Los aficionados a un equipo lo son por un sentimiento de pertenencia y lealtad. Éste representa ciertos valores, costumbres o símbolos con los que tienen relación. Por ejemplo, el aficionado de las Chivas lo es porque sólo juegan mexicanos, porque es el «equipo del pueblo» o porque sus familiares y gente cercana le va a ese equipo.

    Entonces, cuando el individuo hace un juicio sobre la final tenderá a priorizar su sentimiento de lealtad a los colores de su equipo sobre la verdad. Al aficionado a las Chivas le trae un beneficio psicológico mayor relativizar el campeonato del Atlas porque le duele ver que su equipo perdió el trofeo frente al acérrimo rival. El aficionado del Atlas, por el contrario, mientras mayor valor le dé el campeonato -implica rechazar aquello que le reste, como ese fuera de lugar- se sentirá mejor. No será hasta que pase cierto tiempo y las emociones se tranquilicen cuando tomen una postura un tanto más objetiva y aún así seguirán existiendo diferencias entre los dos bandos y su interpretación de la validez del campeonato del Atlas.

    ¿O ustedes han visto a alguien indignarse porque le otorgaron un penal a su propio equipo? ¿Por qué es tan común que un equipo se queje un gol mal señalado en su contra, y tan raro que lo hagan cuando se señala a favor como para que de la vuelta al mundo y la FIFA les de un reconocimiento por el «fair play«?

    El experimento de la cueva de ladrones (Robbers Cave Experiment) muestra que los humanos damos preferencia, tratamos mejor, y damos más validez a los argumentos de los grupos afines sobre aquellos que son diferentes o contrarios a nosotros. 

    Existen casos en los que el ser humano sí se esmera por encontrar la verdad porque le representa un beneficio. El ser humano suele ser más racional cuando, por ejemplo, va a hacer una compra que implique mucho dinero. Por ejemplo, si el individuo compra un automóvil, lo más probable es que pregunte por sus características, compare entre varios modelos y así tome una decisión. El costo por ser irracional es muy alto. Serlo puede implicar una pérdida económica.

    Lo contrario sucede cuando el individuo va a votar. ¿Qué le ocurrirá a un individuo si vota por un mal candidato? En realidad nada, porque para que su voto haga diferencia necesitará que el candidato gane por un sólo voto, el suyo. Como el votante sabe que su voto es uno entre varios cientos de miles o millones, entonces no tiene muchos incentivos para usar la razón y si tiene más para ejercer su voto en favor de un sentimiento de lealtad o pertenencia.

    ¿Cuántas personas analizan realmente los programas de los candidatos y hacen una elección? En realidad son pocas. Muchos, incluso de entre quienes se dicen estar informados, suelen votar porque el candidato es afín a su corriente ideológica favorita porque tienen un sentimiento de pertenencia con ella. El individuo religioso que va a misa, quien acude con un sacerdote para que sea su guía espiritual, tenderá a votar conservador. En cambio, un joven que tiene amigos en la comunidad LGBT a quien le gusta estar en contra de la corriente, tenderá a votar liberal. El conservador tiene un sentimiento de lealtad con instituciones conservadoras, mientras que el liberal con aquellas liberales.

    Puede ser que algunas propuestas del candidato conservador o las del candidato liberal no tengan mucho fundamento, pero en la mayoría de los casos no serán suficiente razón para que el sujeto cambie el sentido de su voto, -especialmente cuando su simpatía por alguna corriente o partido sea notoria- aunque en la práctica y de forma racional podamos determinar que las propuestas del otro candidato traerán mayores beneficios para la sociedad.

    El experimento Asch demuestra que el ser humano puede negar aquello que es evidente con tal de no sentirse excluido.

    Muchos católicos estadounidenses votaron por Donald Trump porque la agenda dentro de algunas instituciones católicas hace énfasis en rechazar el aborto o los matrimonios del mismo sexo. Lo hicieron sin reparar que Donald Trump -en vez de Hillary, quien es pro aborto- ha acosado sexualmente a mujeres y sus políticas favorecen el racismo y la discriminación; y peor aún, sin tomar en cuenta tampoco que la postura de Trump frente al aborto es convenenciera. Trump antes fue liberal y cambió su postura para ganarse al electorado conservador estadounidense.

    ¿Qué pasará si el conservador vota en favor de Hillary, pro abortista? Posiblemente sentirá que ha traicionado a las instituciones conservadoras de las cual forma parte, o tendrá miedo de enfrentar las críticas de aquellas personas miembros de instituciones -sean familiares o formales- a las que pertenece. Votar por Trump evitará todo eso, mientras que la alternativa representa sólo 1 voto en un millón, lo cual no le trae beneficio personal alguno. Esta persona, por lo tanto, se convencerá de que Hillary es peor, relativizará los defectos de Trump y maximizará sus virtudes. Pierde más si vota por Hillary -aunque objetivamente haya sido mejor candidata, por un decir- que por Trump.

    Si a un individuo relativamente informado se le diera la capacidad de decidir quien será presidente con solo su voto, su elección tendería a ser más racional y se tomaría más en serio cómo el candidato fundamenta sus políticas públicas propuestas. Incluso podría consultar a expertos en diversos temas que le ayuden a tomar una decisión más fundamentada, porque de hacer una mala elección se sentiría muy responsable, no sólo porque dichas políticas le perjudiquen, sino por el juicio que la sociedad -que le entregó su derecho, a cambio de que él solo pudiera hacer la elección- haría de él.

    Pero ese sesgo, o «irracionalidad racional» como lo llama Bryan Caplan -autor de «El Mito del Votante Racional»- no es exclusivo de los conservadores. Por ejemplo, los progresistas están a favor de aumentar salarios mínimos por decreto porque esa política pública se alinea con su creencia en la justicia social. Cuando algún economista le diga que subir salarios desincentivará la creación de empleos, lo tachará de vendido, iluso o cerdo capitalista. Pero cuando el mismo progresista vaya a buscar trabajo -para lo cual será más racional-, no usará el mismo criterio. El progresista no pondrá un sueldo esperado muy alto en el currículum porque sabe que si lo hace, las posibilidades de que lo contraten serán menores. En vez de eso, procurará poner un sueldo esperado cercano a lo que ofrece el mercado de acuerdo a sus capacidades.

    El Mito del Votante Racional: Por qué las democracias prefieren las malas políticas- Bryan Caplan
    El Mito del Votante Racional: Por qué las democracias prefieren las malas políticas- Bryan Caplan

    Cuando el progresista -o conservador- vaya a votar, no le importará mucho ser irracional, porque serlo no perjudicará a su persona (un voto de millones), pero cuando tenga que tomar una decisión que pueda afectar su vida tratará de ser lo más racional posible, porque si erra, tendrá que enfrentar las consecuencias.

    Para que el individuo se percate de ello -que su elección no es la mejor para el propósito original- la verdad tendrá que ser demasiado evidente -que se filtre un video de los directivos del Atlas pagándole al árbitro, o que Trump proponga una política donde se permita explícitamente a los hombres abusar sexualmente de mujeres- para cambiar de postura, y aún así, las posibilidades de que erre no desaparecerán.

    Eso no significa que no que haya quienes -sobre todo aquellos muy informados- razonen lo mejor posible su voto, ni quienes sean irracionales cuando el costo por serlo sea muy alto, como quienes rechazan la medicina para curar un problema de cáncer para favorecer su falaz creencia de que la homeopatía o los productos naturales funcionan mejor. Hay quienes están netamente convencidos de la búsqueda de la verdad que en algunos casos pueden pagar el precio, o quienes, por el fanatismo o el dogma, puedan tomar decisiones que vayan en contra de su integridad y lo paguen caro. Pero estos casos suelen ser excepción y no regla.

    Según el «sesgo de autoservicio» el ser humano suele atribuirse sus logros como propios. En cambio, cuando fracasa, tiende a echar la culpa a factores externos. 

    Pueden existir algunas contadas ocasiones donde desde una perspectiva racional -valga la pena la aparente contradicción- ignorar la verdad será más benéfico que aceptarla y conocerla. Para este caso traigo a colación un capítulo de los Simpsons donde Lisa descubre que Jeremiah Springfield, padre y fundador de la ciudad del mismo nombre donde se desarrolla la serie, era un impostor. Lisa intentó comunicar la verdad a su comunidad, y cuando tuvo la oportunidad de hacerlo frente a miles de personas se retractó, ¿por qué?

    Lisa, sabiendo que la leyenda de Jeremiah Springfield daba un sentimiento de identidad a su ciudad, determinó que el costo por conocer la verdad -perder parte de la identidad de su ciudad- era mayor que el beneficio de conocerla -que sólo implica el conocimiento de dicha verdad-. De igual forma ocurre cuando se decide no decirle a un enfermo las probabilidades que tiene de morir. Si a un paciente se le dice que lo más probable es que muera, posiblemente adquiera una actitud más negativa, actitud que aumentará aún más dichas probabilidades.

    Si bien, se dice que el hombre se diferencia de los demás animales para el uso de la razón -y también, a diferencia de los animales, es capaz de fabricar chaquetas mentales- no significa que sea racional en todos los casos. En realidad debe de decirse que el hombre posee más capacidades cognitivas que las demás especies – es necesario tener dichas capacidades para tener la razón o inventar historias con el fin de evadirla- . La mayoría de los animales actúan por instinto, y existen aquellos que sí tienen capacidades cognitivas que incluso incluyen lenguaje -como los monos o los delfines- pero son bastante más limitadas que las nuestras.

    No es que seamos intelectualmente deshonestos, es que la búsqueda de la verdad parece no ser el último fin de nuestra especie, sino preservar a ésta última.

    Personas que dirán que escribí esto no para honrar a la verdad sino para beneficiarme en 3…2…1…

  • El mito de los planetas que se alinean y del pensamiento mágico

    El mito de los planetas que se alinean y del pensamiento mágico

    Los libros de autoayuda nos han llenado de este tipo de pensamientos. Creo que con algunas honrosas excepciones, los libros de autoayuda ayudan mucho al que los escribe y no tanto a los que lo leen. La respuesta a los problemas de la vida tiende a ser simple (sabes lo que tienes que hacer, lo difícil es «agarrártelos» para hacerlo) o lo suficientemente compleja como para tener que ir con un terapeuta profesional que te de una asesoría personalizada. En parte por esto muchas veces creo innecesarios los libros de autoayuda (sobre todo cuando no tienen un bagaje filosófico profundo dentro de sus textos).


    El mito de los planetas que se alinean y del pensamiento mágico

    Dentro de esta cultura de la autoayuda, se han inculcado cierto tipo de pensamientos relacionados más bien con temas mágicos o metafísicos (en el sentido charlatán de la palabra) que poco tienen que ver con el funcionamiento de la naturaleza, de la mente o de la vida. O bien, suelen hacer una interpretación parcial de ella, edulcorada con temas «trascendentales» para que de esta forma se escuchen atractivos.

    Me acuerdo de un DVD que se llamaba El Secreto. En esta obra (que también tenía un libro) afirman que si deseas algo, lo lograrás atraer. Eso que llaman la Ley de la Atracciòn. Ésta dice que los pensamientos influyen en la vida de las personas (eres lo que piensas), y de cierta forma el argumento puede ser verdadero o acercarse a lo real, pero de ninguna forma es absoluto, y menos desde esa perspectiva mágica y charlatana con la cual lo abordan.

    Es decir, si estoy buscando trabajo y deseo encontrarlo, es más probable que lo encuentre a que si no lo deseo. Es más fácil también encontrarlo si soy optimista, pero mi deseo y mi actitud positiva no necesariamente garantizarán lograr atraer lo que estoy deseando; simplemente aumenta la posibilidad de que ocurra.

    Me gustaba Paulina, la deseaba con toda el alma, estaba perdidamente enamorada de ella, la quería, la amaba. Prefirió irse con Héctor, quien no parece quererla mucho.

    No hay algo mágico en ello, no hay ningún secreto escondido. Simplemente es el ser humano actuando de acuerdo a las leyes de la naturaleza. Puedo desear algo y esforzarme al límite para que al final eso no ocurra. Puede desear algo tanto, que en vez de atraer eso, lo único que lograré es repelerlo (A Paulina le dije 100 veces que si quería ser mi novia, ahora me odia por ser tan enfadoso).

    Este tipo de pensamientos hacen que no ejercitemos mucho el músculo de la razón. Más que ayudarnos, nos frustraremos, porque podremos creer que se trata de «merecer» (término ambiguo y sujeto a creencias). Creeremos que el éxito es directamente proporcional al esfuerzo y al deseo, y en realidad se trata de algo mucho más complejo.

    La parte que se ignora, que tiene que ver con la razón, es la estrategia. De nada sirve esforzarse y desear si la estrategia es incorrecta. Tomo el caso de Paulina. Posiblemente si hubiera tenido más tacto a la hora de cortejarla y no le hubiera insistido tanto, hubiera tenido más posibilidades. Posiblemente así hubiera sido si yo no hubiera puesto todas mis energías en ella (por más paradójico que suene). Además de eso, está la voluntad de Paulina, puedo hacer lo posible pero ella me puede rechazar por razones totalmente ajenas a mi.

    Un director técnico tiene que motivar a su equipo de futbol para que gane, los tiene que mentalizar. Si tienen una mente positiva tendrán más posibilidades de ganar, pero no es lo suficiente. Tiene que aplicar una buena estrategia, tiene que decidir el acomodo del equipo, como lo alineará, tendrá que estudiar al equipo rival. Para ese entrenador será más redituable analizar la alineación en su pintarrón que comprar inciensos para que todos cierren los ojos en el vestidor y se imaginen que están ganando.

    Para dar Jaque Mate a esa parte «mágica». Se dice en la verborrea pseudointelectual que cuando deseas algo, el universo conspira para que lo logres y los planetas se alinean para que eso suceda:

    Primero, el universo es un conjunto aparentemente infinito de materia que da forma a planetas, estrellas, agujeros negros y demás. No es un ser consciente, ni siquiera es un ser. Algo que no tiene consciencia sobre sí mismo, no tiene la capacidad de «conspirar». Es lo suficientemente absurdo como pensar que el vaso de agua que tengo enfrente intentará matarme.

    Y ¿Qué pasa si los planetas se alinean para que «las cosas sucedan»? En cuanto ocurra eso, dejarías de existir inmediatamente porque se tendría que alterar el equilibrio del universo que hace posible nuestra existencia.

    No hay nada mágico. La magia se «inventó» para tratar de explicar fenómenos que los avances de la ciencia en determinado tiempo todavía no eran capaces de explicar. Lo que en realidad existe son las leyes de la naturaleza. Nuestros actos, nuestros deseos y nuestros esfuerzos están supeditados a ella, y por lo tanto, para lograr eso que queremos, tenemos que crear una estrategia que sea adecuada para llegar a la meta.

    No subestimo los deseos, ni el esfuerzo. Son parte vital para llegar a donde queremos, y sí, por más deseemos algo, tendremos más posibilidades de llegar a eso, pero no son todas las variables en la ecuación. ¡Qué no te engañen! Porque tanto los escritores de literatura de autoayuda como los creadores de teorías mágicas y DVD’s crearon una minuciosa estrategia de ventas para poder hacerse de mucho dinero. Dicha estrategia fue clave para que tuvieran más éxito en su empresa que otros.

    Nota 1: Paulina es un ejemplo hipotético. Cerebro tiene su corazón intacto.

    Nota 2: Este artículo fue editado por el vaso asesino.

  • El enamoramiento, lo emocional y lo racional.

    No crean que estoy enamorado, ni me vuelan las mariposas en el estómago, ni nada por el estilo. Pero últimamente he tenido algunos debates y discusiones con amigos sobre este tema, y siempre me dicen -es que tu eres muy racional y estadístico para todo, no comprendes lo que siento. Porque como ustedes saben, yo soy una persona racional, y yo creo que a veces exagero un poco. Pero sabiendo que la razón marca la diferencia entre los hombres y los animales, me dí a la tarea de explicar la importancia de la razón en las cuestiones del amor. Donde sí, es importante la parte emocional (porque si no, el amor no existiría), pero debe de haber una parte racional que la sustente.

    ¿Como empieza el enamoramiento?. Conozco a una chica. Mientras la conozco, empiezo a percibir minuciosamente sus detalles, tanto físicos como psicológicos. Mi mente rastrea el cuerpo de la fémina, los ojos, la boca, el cuerpo. También empieza a rastrear su personalidad y su forma de ser.

    Si el enamoramiento es inmediato, se podría decir que es un amor a primera vista, pero es natural que transcurra algún tiempo (semanas, meses o años), desde que conocí a esa chica, hasta que he descubierto que me he enamorado de ella. Te puedes enamorar por varias razones, puede ser una especie de shock, donde conoces a una mujer y a los pocos días las mariposas ingresan a tu estómago para decirte -¡Cerebro quiere a Laura! ¡Cerebro quiere a Laura!. O por el otro lado, puede ser que te lleves por un tiempo con algun amigo (en caso de las mujeres) o amiga tuya, y de pronto descubres que la quieres, y pass!!, llega el méndigo cupido a clavarte su flecha en tu corazón.

    Un psicólogo me decía, -El enamoramiento es un estado de locura, porque los sentimientos se apartan de la razón. Y sí, es normal que así suceda, hasta cierto grado. Porque cuando uno está enamorado, suele magnificar las virtudes de la persona, y suele minimizar, y en algunos casos, ignorar los defectos de esa persona por la que se está enamorado.

    Pero a pesar de que es normal que exista cierto estado de locura, a fin de cuentas siempre debe haber una base racional que lo sustente. Puedo amar a Laura sin que ella me ame necesariamente. Ella me gusta porque es tierna, es inteligente y es comprensiva. La parte emocional magnifica esas virtudes, y minimiza los defectos que en el caso de la hipotética Laura serían, que es terca, y caprichosa. Pues bien, la parte racional le da fundamento, porque racionalmente se que, ciertamente Laura es tierna, inteligente y comprensiva, y que si bien, minimizo los defectos, los asimilo.

    ¿Pero que pasa si ella no solo no me amara, sino que me humillara?. Entonces la parte emocional «yo amo a Laura» ya no es justificada. Porque la parte racional, a pesar de que las virtudes pudieran ser reales, estaría negando  no solo la correspondencia a mi sentimiento, sino que es totalmente opuesta y daña mi integridad. Entonces la razón me dice que la correspondencia negativa tienen más peso que sus virtudes, pero no puedo entenderlo, porque la parte emocional desbalancea el peso de los dos conceptos. Pero cuando el balance emocional es opuesto al racional, entonces la parte emocional es injustificada.

    Para explicarme mejor. El enamorado debe aprender a asimilar que está enamorado, y que por lo tanto, el peso del concepto de los valores positivos y negativos de la mujer que se ama (u hombre) en cuestión se pueden desbalancear. Entonces uno debe buscar valorar estos conceptos racionalmente y compararlos, para asegurarse que la balanza en los dos casos le dé mas peso a los valores positivos, que a los valores negativos (aunque la diferencia entre los dos varíe). Por más diferencia haya entre la balanza (y sobre todo cuando en lo emocional le dá más peso a los valores positivos, cuando en lo racional se le dá mas peso en los valores negativos), mas injustificado es el amor.

    Ahora, lo difícil es saber utilizar la razón. Porque en el enamoramiento, los sentimientos tienen más peso, y salen más rápidamente a flote. En cambio, hay que escarbar e incluso lidiar con sentimientos encontrados, cuando queremos utilizar la razón. A veces tardaremos tanto en encontrarla, que necesitaremos ayuda de alguien más (algun sincero amigo, por ejemplo) para poder llegar a determinar esa balanza entre los valores positivos y negativos.

    Un ejemplo exagerado podría ser este. Una mujer ama a un hombre el cual la golpea, es alcohólico y le pone el cuerno con varias mujeres. Naturalmente la mujer al estar aferrada a seguirla amando demuestra que emocionalmente le dá más valor a los aspectos positivos de la relación (aunque sean pocos) y tolera los negativos. Pero aquí la razón le debería decir que se aleje de él, no solo porque el no le corresponde, la humilla y no la valora, sino porque su propia integridad corre peligro. Pero, ¿cuantas mujeres no hay así en México (y hasta hombres también) que a pesar de todo eso, siguen amando a ese tipo de parejas?.

    Como ven, he demostrado que a pesar de la importancia de la emoción tiene en el enamoramiento y que es esencial, debe haber una parte racional que sustente a esa emoción para poder justificarla. Es cierto, el amor es de emociones, pero la razón es lo que nos diferencia de los animales. Si alguien te dice -tu solo sigue a tu corazón. Dile -¡eres un estúpido!. Porque seguir al corazón sin usar la razón, es como conducir un auto con una venda en los ojos. Te vas a estrellar, y aparte te van a poner una multota que no te cuento (si es que sales vivo).