Etiqueta: racismo

  • Los pobres no necesitan un chocolate

    Los pobres no necesitan un chocolate

    Los pobres no necesitan un chocolate

    En México hay muchos pobres. Aproximadamente la mitad de la población se encuentra en algún nivel de pobreza.

    Varios de ellos habitan en las ciudades. Es difícil no ver a alguna persona en condición de pobreza cuando salimos a la calle. Ahí están afuera bajo el sol tratando de ganarse la vida de la forma que sea. 

    Pero a pesar de que son tantos, a veces nos parecen muy ajenos a nosotros, que somos una minoría, y que tuvimos el privilegio de tener los suficientes recursos para tener una calidad de vida cuando menos aceptable. Cosa que ellos no tienen. 

    Tal vez no nos guste ver a muchos en la pobreza, tal vez pensemos que podemos ser ajenos porque muchos deducimos que no tenemos la culpa: nosotros no robamos ni hacemos nada malo como para perpetuar la pobreza. Aunque la omisión y la apatía también cuenta. 

    Nos han enseñado a ver a los pobres con lástima y compasión, al punto en que algunos de ellos echan mano de estos recursos para obtener algo (dinero, comida) porque básicamente funciona. 

    También nos han enseñado que el asistencialismo y la caridad ramplona son las únicas formas en que podemos ayudar al pobre. No es que no sirva de absolutamente nada darle comida o unas monedas al que lo necesita, pero eso solo resuelve sus necesidades inmediatas. Horas después de que se haya alimentado, el individuo necesitará que alguien más le de otra cosa, para lo cual tendrá que seguir poniendo en riesgo su integridad al colocar gasolina en su boca para hacer un show en el semáforo rojo. 

    Muchas de las personas que dieron algo creen o sienten que ya hicieron lo que podían hacer para ayudarlos, ya se sienten contentas consigo mismas o con «el de arriba». Seguramente varias de ellas son bienintencionadas, pero solo es un paliativo, no combate el problema, el pobre seguirá siendo pobre. 

    Pero la forma en que los individuos ayudamos implica que vemos al pobre como ajeno, que vive en una realidad y en mundo distinto al nuestro. Más que pensar en él como un individuo valioso que merecería al menos tener una mejor suerte, lo vemos con lástima y conmiseración, como pensando en nuestro fuero interno que lo ayudamos porque nosotros no quisiéramos vivir así: ¡qué bueno que no tuve la mala fortuna de ser como él!

    Esta idea del pobre como algo muy ajeno, como aquel al que solo se le puede ayudar con paliativos, es lo que derivó en la campaña de Hershey’s llamada  Hablamos de que se puede tener una buena intención y que por lo tanto no podemos criticar moralmente porque al menos tuvieron «la intención de hacer algo bueno», pero no creo que este haya sido el caso. 

    Primero, me sorprende que una empresa de talla internacional crea que hacer el bien es ir con un pobre a regalarle productos de Hershey’s. Utilizar a la gente pobre como instrumento publicitario (porque no es otra cosa más que esa) no tiene madre. Podría argumentarse que «no tuvieron la intención» o que «no lo vieron de esa forma», pero en ese caso refleja una terrible falta de sensibilidad.

    Segúndo, peor aún fue cómo se llevó a cabo la campaña, en la cual «influencers» fueron los que se dieron a la tarea de «ayudar». Ya no solo fueron los publicistas contratados por Hershey’s los que usaron a los pobres como un recurso publicitario; fueron los mismos influencers quienes presumieron en sus redes sociales haber hecho un acto caritativo.

    ¿Qué costo tiene para los influencers hacer ese acto? Ninguno, en el mejor de los casos el costo del chocolate o del choco milk (esto si es que Hershey’s no se los proporcionó) Pero el costo es mucho menor al beneficio (o bueno, a lo que los influencers pensaron que sería el beneficio): que sus seguidores vieran su «lado humano» ayudando a la gente pobre. 

    La verdad es que probablemente no les importe nada. Seguramente, después de tomarse la foto, estuvieron más al tanto de los likes que obtenían que de otra cosa. 

    Y esto pasa porque la pobreza es ajena al individuo. Solo le sirve al influencer para presumir que ayuda, solo le sirve al político para que voten por él y abrazarse con ellos para el espectacular que se colocará en la avenida, solo le sirve a la empresa para aumentar sus ventas. 

    Hershey’s asumió su error y envió un comunicado pidiendo una disculpa, lo cual ciertamente debe reconocerse porque muchas empresas ni disculpas piden e inventan pretextos para no asumir los errores. 

    Pero el trasfondo es lo que importa, que la gente pobre nos parece muy ajena, que solo se le puede ayudar regalándoles cosas siendo son parte de un país cuyas estructuras les dan muy pocas posibilidades de abandonar su condición, donde el color de piel tiene, de acuerdo a la INEGI, una estrecha relación con el poder adquisitivo. Tal vez de aquí deberíamos partir si queremos ayudarles para que su vida mejore. Ayudar es algo que requiere esfuerzo y sacrificio por parte de quien ayuda; cuando eso no existe, cuando regalar el sandwich que sobró o los 5 pesos que no pesan nada es el máximo «estiramiento» que podemos hacer como humanos, es porque tenemos una gran falta de sensibilidad. 

    Tal vez todos tenemos un poquito de ese egoísmo que quedó palpado en la publicidad de Hershey’s. 

  • Make nuestra pinche hipocresía great again

    Make nuestra pinche hipocresía great again

    Make nuestra pinche hipocresía great again

    Lo voy a decir claro, si un Donald Trump mexicano surgiera dentro de nuestro territorio -esto es, una figura igual que el magnate estadounidense, pero adaptado o tropicalizado al contexto y la realidad mexicana- sería muy popular entre un considerable sector de la población, y hasta podría ganar. 

    Ahora ya entró la moda de subestimar a los estadounidenses, y sobre todo, de ser implacables con quienes votaron por Trump, aquellos de los apalaches, del rust belt, de las zonas más deprimidas de nuestra nación vecina. A veces las críticas se llevan a cabo con cierto tufo de superioridad moral: –mira que la «clase media ilustrada» mexicana está mucho más avanzada que esos white trash-. E incluso muy dentro de nosotros nos congratulamos de su condición porque haciendo la comparación ya nos sentimos tan mal. 

    La realidad es que incluso nuestras clases urbanas ilustradas, a diferencia de las estadounidenses, siguen siendo en gran medida apáticas, o bien, se limitan al activismo comodino. Si bien es cierto que la participación ciudadana en México ha aumentado en los últimos años, sigue siendo mayoría la que sigue sin involucrarse y no muestra responsabilidad alguna para con su comunidad. 

    Estados Unidos presenta una curiosa dicotomía, una aparente contradicción que es parte de su cultura y sus raíces y que de alguna manera siempre ha coexistido. Por un lado está el multiculturalismo, el país de migrantes. Por otro lado está el nativismo y el racismo. Uno vive dentro de las ciudades, otro dentro de las áreas rurales y suburbanas. Las segundas fueron olvidadas por el sistema, y desde un contexto decadente, de exclusión, de tejidos sociales rotos, votaron por un demagogo que les dio voz. 

    Los estadounidenses no niegan esa contradicción ni se la guardan. Por el contrario, la gritan. Las élites intelectuales y el multiculturalismo presumen su condición y sus ideales, los nativistas también. 

    Los mexicanos, por nuestra parte, no nos caracterizamos por ser directos. No sólo porque a veces llegamos a pecar de ser demasiado humildes como para poder terminar de presumir todas nuestras virtudes, sino que nos gusta esconder muchos de nuestros defectos y a hacer como que no existen. Esto ocurre mucho con el tema del racismo, muy presente en nuestro país. 

    La realidad es que si reconocemos nuestra condición tal y como es, podemos llegar a la conclusión de que nuestra situación es igual o posiblemente peor a la de los Estados Unidos. Posiblemente nosotros no tengamos red necks o nativistas que salen al pórtico de sus casas a decir que matarán al primer migrante que encuentren dado que no recibimos las olas de migrantes que los estadounidenses reciben. Pero la realidad es que nosotros también discriminamos a los migrantes.

    Eso sin importar la incongruencia que eso representa cuando criticamos el racismo y la xenofobia de Donald Trump.

    La Encuesta Nacional de Migración de UNAM realizó las siguientes preguntas: ¿estás de acuerdo en que se deporten a los migrantes centroamericanos? O ¿estarías de acuerdo en que se construya un muro en la frontera sur? Las respuestas fueron las siguientes:

    • La mitad está totalmente o parcialmente de acuerdo en que se construya un muro en el sur.
    • El 40% está total o parcialmente de acuerdo en que se deporten a los migrantes.
    • El 30% está de acuerdo en que los extranjeros paguen más impuestos que nuestros connacionales.

    Un Trump o una Marine Le Pen mexicana estarían frotándose las manos.

    Eso sí, cuando se habla de los migrantes mexicanos en Estados Unidos el consenso es unánime: no debe haber muro, no deben haber deportaciones.

    ¿Qué ésto no sólo es contradictorio, sino producto de un nacionalismo trasnochado y convenenciero, como ese que tanto le reclamamos a Trump?

    Peor aún, los mexicanos también somos selectivos con los extranjeros, y el criterio para hacerlo es muy parecido al del gobierno de Donald Trump, En esa misma encuesta, los mexicanos muestran más confianza ante estadounidenses, canadienses y españoles, en tanto estigmatizan más a los centroamericanos. Por más blancos y más limpios, son más bienvenidos.

    Incluso somos más tolerantes con los sirios porque no son sucios y porque gracias a los medios están de moda. Aplaudo que el esfuerzo de muchos haya dado la oportunidad a Samah, una siria que huía de la guerra, para que continuara con sus estudios y su proyecto de vida. Pero esa solidaridad no la muestran todos, ni siempre, ni con todos. 

    No debemos tampoco olvidar las manifestaciones de discriminación hacia los migrantes que es pan de cada día. En Guadalajara, muchas personas se opusieron a el establecimiento de una casa de paso para ayudar a los migrantes porque decían, afean sus colonias, son sucios, y traen inseguridad -a pesar de que han demostrado lo contrario-. De igual forma, en esta misma ciudad, algunos colonos han desplegado mantas donde invitan a los migrantes a retirarse de sus colonias. 

    Si queremos que otras naciones respeten a la nuestra debemos actuar con congruencia respetando no sólo a aquellos de otras nacionalidades sino a nosotros mismos. Lo primero que deberíamos hacer es aceptar nuestros defectos culturales en vez de verlos reflejados como un «lo que te choca te checa» en los defectos del vecino. 

    Duele, pero es la verdad. Y si queremos avanzar deberíamos primero ser conscientes de nuestra realidad. No, no somos tan incluyentes con los migrantes como pensamos y presumimos. Dejemos de pensar que lo somos porque a los extranjeros -predominantemente blancos- se les atiende con una cálida cortesía.

    Y vaya que sólo he hablado de los migrantes, porque hasta con nosotros mismos discriminamos. 

  • Si Donald Trump fuera mexicano

    Si Donald Trump fuera mexicano

    Voy a comenzar siendo muy «políticamente incorrecto», porque creo que para tocar el tema que quiero tocar lo debo ser. Entendido esto, vamos a hacer un ejercicio.

    Si Donald Trump fuera mexicano

    Elige a un empresario mexicano, uno que sea polémico, el que tú quieras, puede ser un empresario nacionalmente conocido, o uno de tu localidad. La única condición es su personalidad polémica y que tenga mucho dinero en sus múltiples cuentas bancarias. Imagina que dicho empresario decide incursionar en la política por la presidencia y en un discurso pronuncia las siguientes palabras:

    – Hoy México está en decadencia, nuestro país ya no es lo que era antes. Parte de nuestros problemas como la inseguridad y la delincuencia tiene su origen en todos esos sectores de donde provienen los criminales, secuestradores, motorratones y demás personas que ponen en juego tu seguridad y la de tu familia. Por eso, si gano la presidencia, voy a mandar a construir muros en la Avenida Independencia en Guadalajara y los límites de la Ciudad de México con Ecatepec y Ciudad Nezahualcoyotl, para que esas parias no crucen y sigan afectando nuestra calidad de vida. Y por cierto, el muro lo van a pagar ellos, porque ellos son los que secuestran. Además voy a deportar a cualquier migrante que se atreva a pasar nuestro país, son sucios, huelen mal, son un riesgo y afean nuestras colonias. ¡Vamos a hacer a México chingón otra vez!

    ¿Cuál es tu impresión de ese discurso? ¿Crees que éste candidato podría llegar a obtener apoyo de ciertos sectores sociales? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué? Puedes contestar estas preguntas en el formulario de comentarios, pero al menos haz este ejercicio dentro de tu mente.

    Posiblemente pienses que ese discurso es muy ofensivo, de hecho lo es; porque hace generalizaciones burdas, está lleno de mentiras y medias verdades. Pero si crees que ese discurso es muy ajeno a nuestra realidad, mejor piénsalo dos veces.

    Porque en la práctica ya hemos construido ese muro. No es un muro físico, es un muro que no se puede ver con la vista, más bien hemos colocado cada ladrillo con nuestro comportamiento y nuestros prejuicios (aunque cabe decir que todo esto nos ha motivado a construir muros físicos para aislarnos de las masas o hasta de nosotros mismos). Es el muro que se construye cuando los cadeneros en el antro al no dejar pasar a gente morena o poco agraciada físicamente, porque un antro con morenitos es «menos chic»; es el muro que construimos al usar el término «naco» una y otra vez al referirnos a gente de otras clases sociales y con rasgos indígenas más prominentes, también lo construimos al publicar revistas que tienen nombres como «Gente Bien», como si la mera posición social nos diera una superioridad moral sobre los demás.

    Al percatarnos de la popularidad de Donald Trump, cuestionamos el nivel de educación que tienen los estadounidenses (y ciertamente, es bastante bajo con relación al tamaño de su economía), pero no somos capaces de observar la nuestra que es muy inferior. Constantemente muchos hacen burla de los indígenas creando memes con términos en «tl», usan términos como «albañil», «chacha» o «camionero» para burlarse de otra persona, o también publican «videos chistosos» en Facebook donde el personaje principal «se ve muy naco», está haciendo «algo muy naco», o «parece naco» por su mal gusto.

    No podemos concebir que Donald Trump quiera prohibir la entrada a los musulmanes a Estados Unidos, pero en México se discrimina a los migrantes; sólo son aceptados los extranjeros, quienes se considera, tienen buen linaje (europeos, estadounidenses, o algunos sudamericanos). Cuando se trata de hindúes que vienen a trabajar a nuestra ciudad, y peor aún, de centroamericanos que usan nuestra ciudad de paso (el caso de Guadalajara) la postura es completamente severa por parte de muchos ciudadanos. A pesar de que los migrantes suelen ser pacíficos, son rechazados por muchas personas porque, «afean mi colonia» o creen que por su mera apariencia, son un riesgo. En Guadalajara muchos vecinos se negaron a que se habilitara una casa de paso para ayudar a los migrantes que pasaban por nuestra ciudad. Varios de ellos ahora publican cualquier número de artículos criticando al magnate estadounidense.

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    Tampoco podemos entender la misoginia de Mr. Trump ni sus comentarios que rayan en el machismo. Pero al mismo tiempo, después de que la norteamericana Andrea Noel fuera acosada sexualmente en la Condesa por un hombre que le trató de levantar la falda y posteriormente fuera a levantar la denuncia (tragándose la burla de algunos funcionarios), muchas personas en Twitter la agredieron con una lluvia de improperios como «Puta güera de mierda, por tu culpa me suspendieron. Cuando te vea no sólo te voy a levantar la falda, te voy a matar. Puta», e incluso algún columnista la llamó feminazi por denunciar lo ocurrido. De la misma forma, no podemos olvidar cuando el periodista Leonardo Schwebel criticó a una edecán el foro del Día Internacional de la Mujer, por no tener más atributos que «estar buenota», al tiempo que también presumía de golpear a su hermana cuando era chico.

    Donald Trump ha logrado amalgamar todos esos prejuicios y sentimientos de odio incrustados en diversos sectores de la población, de tal forma que le sirvan como base para sostener su campaña. Pero sería hipócrita criticar a los estadounidenses con un halo de superioridad moral, cuando nosotros, en nuestra muy particular forma, emulamos esos prejuicios que tristemente son una constante en nuestro país.

    La pregunta queda en el aire, ¿Qué pasaría si un personaje como Donald Trump irrumpiera en México? ¿Sería rechazado inmediatamente o podría despertar muchas simpatías? Posiblemente la respuesta a esas preguntas no sería la más agradable al oído.

  • Cuando los «nacos» no saben protestar

    Cuando los «nacos» no saben protestar

    Es curioso que una revista de sociales le de cobertura a una protesta, ésta tendría que tener ciertas condiciones para que este tipo de revistas vea que de ella se pueden generar contenidos de interés. La manifestación de «Jalisco es uno por los Niños» cumple con ellas. Si bien la masa humana que integró dicha protesta es un tanto heterogénea, es el tipo de protestas que puede hacer que los integrantes de las familias acomodadas puedan salir a la calle, sobre todo en la ciudad de Guadalajara donde hay un considerable número de personas que integran la clase alta y media alta tradicionalista y conservadora tan típica de nuestra ciudad.

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    No recuerdo que GDL Lifestyle (quien dio cobertura a esta marcha) ni Quien ni Gente Bien haya dado cobertura a manifestaciones como las de Ayotzinapa (donde si bien las clases acomodadas pueden tener algún tipo de presencia, son minoría, tanto de la manifestación, como del porcentaje del total de dicho sector y tienen un perfil más bien específico, que los hace en muchos casos reacios a aparecer en ese tipo de publicaciones); esas revistas se llevan bien con las élites y naturalmente preferirán no dar cobertura a una protesta que tenga cierto carácter contestatario o crítico frente al gobierno (sólo dan cobertura a aquellos opositores que puedan encajar bien en su concepto de lo que es ser burgués, como Elena Poniatowska o Carmen Aristegui).

    No puedo hacer generalizaciones ni pensar que este tipo de editoriales son iguales. Revistas como Quien pueden ser capaces de elaborar reportajes interesantes y con contenido en contadas ocasiones, otras quedan simplemente en los superfluo y lo banal. Pero tienen algo en común, y es que esas revistas refuerzan la división entre quienes pertenecen a las élites y quienes no pertenecen a ellas, entre el mexiquito y el mexicote (como le llaman algunos), unas degradan más que otras y lo común en estas revistas son dos cosas, en sus páginas no aparece gente que no tenga dinero o influencia, y tampoco aparece nadie que sea moreno (naco), a menos que éste tenga el suficiente capital y buen gusto para paliar lo que ellos suponen es su lamentable condición.

    En las fotos de la marcha «Jalisco es uno por los Niños» se puede encontrar a gente de todo tipo y gente de diversos estratos sociales, la condición social o racial no importaba a la hora de integrarse a la marcha ni la determinaba, las coincidencias tenían que ver más que nada con posturas políticas y/o religiosas. Pero en la cobertura que hizo GDL Lifestyle sólo sale gente bien, solo aparecen güeritos, gente parecida. Los «prietitos» y los «naquitos» no aparecen, la gente que llegó en camión para manifestarse en favor de sus creencias no mereció ni una méndiga foto de la galería que este medio compartió en las redes sociales.

    La revista vio en la marcha algo así como una reunión socialité, ¡Las comadres se han reunido en una fiesta decorada con globos de colores azul y rosa claro, con un atuendo informal sport para defender los principios y valores de la sociedad! En las 18 fotos que publicaron no aparece algún individuo que tenga una pizca de moreno, y si alguno llegara a salir para eso está el bokeh producto de la apertura de la lente de la cámara, para que salgan ahí difuminaditos y no se noten tanto.

    Este tipo de medios promueven la discriminación y la diferencia de clases sociales, creen que la gente importa sólo porque tiene un cierto perfil y degradan a aquellos quienes no son parte de la subcultura. La gente de clases acomodadas tiene todo el derecho a protestar por lo que quiera, el problema es que estos medios aprovechen cualquier eventos para hacer patente la división de clases.

    Y Juan, al bajarse del camión con su familia para formar parte de la manifestación, se percató de que los fotógrafos no le hicieron caso y le hicieron sentir que su familia y él eran irrelevantes en la protesta, no saldrían en ninguna foto.

     

  • Lorenzo Córdova, entre el racismo y la ilegalidad

    Lorenzo Córdova, entre el racismo y la ilegalidad

    No hay forma de justificar al Presidente Consejero del INE; Lorenzo Córdova se equivocó tremendamente al burlarse de un individuo perteneciente a las comunidades indígenas. Esto no se puede justificar cuando eres el encargado de presidir el instituto garante de la democracia electoral en México, un instituto que tiene que velar por la pluralidad y los derechos de todos en cuanto a elecciones se refiere.

    Lorenzo Córdova, entre el racismo y la ilegalidad

    El comportamiento de Lorenzo Córdova no es un hecho aislado y eso es lo preocupante. Si tuviéramos la capacidad de intervenir los teléfonos de todos los mexicanos que tienen una posición relativamente acomodada (clase media, media alta, alta) veríamos hechos como éste no sólo repetidos una gran cantidad de veces, sino que veríamos manifestaciones mucho más agresivas: -Pinche indio-, -Maldito naco-, porque incluso dudaría que las palabras de Lorenzo Córdova tuvieron una connotación racista. Y eso tal vez no sea tan necesario de hacer, basta escuchar conversaciones en la calle, en fiestas y demás lugares donde éste tipo de comentarios se repiten. A pesar de que lo neguemos, a pesar de que afirmemos que el racismo es un problema de Estados Unidos o la Alemania de Hitler.

    En las redes sociales abundan memes con la terminación en «tl» que ridiculizan a los indígenas. Lo peor del asunto es que no generan indignación, se perciben como algo normal, como si se tratara de una broma chusca cuando en realidad es una forma de denigrar a los indígenas, a quienes hemos segregado a través de nuestra historia, y a quienes hemos permitido que se les perciba como accesorios meramente foclóricos, dignos de postales y contenidos audiovisuales para promover el turismo en el extranjero, y a quienes no hemos incluido y mucho menos tolerado sus usos y costumbres.

    La otra mala noticia dentro de este hecho, es la que tiene que ver con la ilegalidad; y éste es el punto más importante en este caso: Intervenir el teléfono de ésta figura pública es algo completamente ilegal, y así como se reprueba su conducta, se debería de reprobar el acto. Alguien con un interés particular extrajo el audio de una llamada, casualmente hoy se debatía en el INE sobre si el Partido Verde debe de mantener el registro, casualmente las elecciones se llevan a cabo en 2 semanas, casualmente hay muchas dudas sobre el papel que jugará el INE en las elecciones entrantes.

    Tratar de hacer política chantajeando a los actores que son parte de ésta es algo completamente reprobable porque lacera a nuestras instituciones. El INE se muestra ante las elecciones venideras como una institución endeble, que no es capaz de garantizar una jornada electoral y cuyos miembros pueden ser chantajeados por agentes externos con un interés en específico. Esta laceración de las instituciones es más preocupante que los dichos de Lorenzo Córdova, que son absolutamente reprobables, pero que reflejan un problema que afecta a la sociedad mexicana, que son regla y no excepción en México.

    Me pregunto qué es lo que va a pasar el 7 de junio. Desde hace tiempo no se veían instituciones tan endebles. Algunos actores políticos (y no sólo de la izquierda) hablan de la preparación de un fraude electoral. Quedarnos en la discusión sobre si Lorenzo Córdova fue racista o no, creo que es poco menos que una pérdida de tiempo es lo que menos importa y cuando muchos mexicanos (entre ellos, varios «indignados») también lo son y ni siquiera se han dado cuenta de ello.

  • De negrito a nito y los apellidos y la discriminación

    De negrito a nito y los apellidos y la discriminación

    ¿Se acuerdan del Negrito Bimbo? Si creen que todavía existe búsquenlo en el Oxxo. Encontrarán el producto, pero si no se dieron cuenta antes, ahora se llama «Nito». Resulta que Bimbo, como miembro del CONAR (Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria, decidió hacer una campaña para limpiar de «racismo» a este producto invitando a que personas propusieran nombres (como afro, choco entre otros). 

    De negrito a nito y los apellidos y la discriminación

    ¿Si compraba un Negrito hacía una apología al racismo? No lo creo. Incluso a los ojos de todos sería algo similar algún producto amarillo llamado «güerito». Peor aún, México no es un país donde se hayan discriminado históricamente a los negros. El nombre solamente hacía referencia a las personas de color y no tenía tintes despectivos ¡Ni que el pan se hubiera llamado «naquito» por Dios!

    Luego, en el DF los padres ya podrán elegir el orden de los apellidos. Esto, con el fin de acabar con la tradición «paternalista y machista» que impera en México. ¿Los feminicidios? Bien gracias, esos no importan tanto. ¿La violencia intrafamiliar? ¿El esposo golpeador? No se preocupe, pase a la fila 5 y llene la forma…

    Estados Unidos es un país donde existe menos machismo y más oportunidades para las mujeres que en México. La nación estadounidense aparece en el lugar 23 en el ranking WEF relativo a la equidad de género y México en el 68. Bajo la premisa de estas personas que proponen leyes absurdas y simbólicas, el nombre de los estadounidenses debería ser más «¿equitativo». Pues bajo esa vara es todo lo contrario, porque los estadounidenses tienen el apellido del padre. Cierto que la forma en que se componen los apellidos se origina de un pasado paternalista, pero a la fecha no creo que fomente el machismo.

    Lo que pasa en México, en este país de simulación, es que queremos cambiar las cosas a base de simbolismos sin querer resolver el problema de fondo. En vez de combatir la inseguridad tal vez nuestras autoridades propongan un eufemismo para ya no usar la palabra «masacre». Queremos incluso adelantarnos al progresismo europeo cuando en la práctica pareciera que estamos un poco más cerca de la Edad Media.

    ¿Qué resolverá Nito? Absolutamente nada, el pan de Bimbo simplemente tendrá otro nombre. Nito no ayudará a combatir la discriminación en México, ni inspirará al nuevo Malcolm X de Iztapalapa. ¿Y con los apellidos con nuevo orden? Posiblemente incremente el número de divorcios. Ya me imagino el ego de los dos padres peleando por imponer su apellido al nombre de su hijo. No creo que esta ley de más oportunidades a las mujeres, y menos nos podremos sentir orgulloso de nuestra nueva ley «sueca» mientras en casa el padre borracho le sigue pegando a la mujer impunemente y mientras los feminicidios van a la alza.

    Luego me van a decir que cambie el nombre de mi página que porque estoy discriminando a la gente que no es tan inteligente como yo…

     

  • Estamos lamentando la muerte de Nelson Mandela, maldito naco

    Estamos lamentando la muerte de Nelson Mandela, maldito naco

    Nelson Mandela se casó tres veces, se inspiró en Ghandi y sus métodos de resistencia no violentos, estuvo 27 años en prisión, y su lucha contra el apartheid le valió un Premio Nóbel en 1993, para un año después, erigirse como presidente de Sudáfrica. Ya convertido en un héroe nacional y en un ícono mundial en la lucha contra el racismo, convaleció durante sus últimos años, siendo su última aparición pública en el Mundial de Sudáfrica de 2010. Falleció el 5 de Diciembre de 2013. Un día antes de escribir este texto.

    Estamos lamentando la muerte de Mandela, maldito naco

    Hoy tuve una cita con una clienta en un Starbucks en Puerta de Hierro. La zona más rica y lujosa de Guadalajara, algo así como un Santa Fe, cruzado con Las Lomas en el Distrito Federal. Camino hacia Plaza Andares rodeado de torres de departamentos y oficinas que oscilan entre los 20 y 42 pisos. La única gente «morenita» o llamada peyorativamente «naquita» que pude ver en esta zona que compone dicha plaza y el cluster de torres de departamentos que no invitan a la convivencia a nivel calle (quitando ese detalle, uno pensaría que está en un país de primer mundo) era gente que realizaba trabajos físicos, de construcción. Porque en esa zona, en servicio al cliente no es tan fácil encontrar gente con rasgos mestizos y menos indígenas.

    Sólo pude ver saliendo de Plaza Andares a un joven moreno, con una vestimenta sucia y desgastada, lo que ocasionó que los policías lo vieran con atención. Entendiendo la historia de castas de nuestro país, donde «los blancos y criollos van arriba, los mestizos al medio y los indígenas abajo», lo cual explica de alguna manera que la mayoría de los delincuentes sean «morenitos», se explica por qué los policías pueden ver con «atención» a esta gente. Aunque paradójicamente la tez de los policías es más parecida a esos que miran con «atención» que aquella gente que anda por esa plaza.

    No se puede llegar a una generalización y pensar que todos los individuos «bien y de clase» son racistas. Me consta que algunos no lo son. Pero lo cierto es que la dinámica de estos lugares no invita a «los morenitos» a formar parte de la vida diaria de estos complejos. Y el fomentar su ingreso, implicaría una pérdida de valor o de plusvalía de dicho establecimiento. Algunos podrán afirmar que no es una actitud racista, sino que dicho establecimiento tiene negocios dirigidos a personas con un alto poder adquisitivo. Pero si uno va a Estados Unidos y entra a un lugar exclusivo, no dejará de ver negros, japoneses o incluso latinos.

    Muy posiblemente la intención del establecimiento no sea promocionar la discriminación racial. Más bien es que el racismo que existe en nuestro país incita a que dichos establecimientos tengan que seguir una dinámica. Un establecimiento desea obtener dinero, y para lograrlo tiene que entender la realidad sociocultural de donde quiere establecerse. Incluso muchas personas ni siquiera son conscientes de sus actitudes racistas, porque en el país de la simulación histórica, donde se nos enseñó a parecer y a no saber decir no, tenemos una gran capacidad como hacer parecer que no pasa nada.

    ¿Cual era el tema en boga? Ah sí, la muerte de Nelson Mandela que lamentamos todos los mexicanos. La mala noticia no es selectiva ni discriminatoria: Caucásicos, morenos, todos hablan del tema. Pero habrá que ver si como mexicanos comprendemos a fondo su legado, o más bien, lo lamentamos sólo porque todos lo lamentan. Y también habrá que ver si todos somos capaces de practicar la tolerancia que Mandela tanto buscó crear en su pueblo.

  • En la publicidad, los blancos primero

    En la publicidad, los blancos primero

    Voy a abrir una revista de Expansión que me regalaron, y procederé a analizar el linaje de las personas que aparecen en la publicidad pagada por marcas mexicanas (no contaré por ejemplo, el anuncio donde salen los integrantes de Depeche Mode promocionando un reloj cuya parte del costo va a causas benéficas). Resultado, 22 personas caucásicas, 3 mestizas (uno es Cuauhtémoc Blanco, y los otros dos fungen como personas con puestos operativos tales como vigilancia) y ninguna indígena. En resumen, la publicidad «me enseñó» que los exitosos deben de ser blancos, los mestizos pueden aspirar solamente a estar a la mitad de la pirámide social, y los indígenas deben ser totalmente ignorados, a menos que se trate de una campaña benéfica.

    En la publicidad, los blancos primero

    Lo curioso, es que esta falsa realidad contrasta inclusive, cuando se ve el linaje de los empresarios, CEO’s y personas con puestos ejecutivos dentro del contenido de la revista, y que en este caso sí son representativos de el aspecto racial de este sector de la sociedad. En este caso sí es posible ver a algunas personas mestizas con altos puestos, morenitos, chaparros, y algunos que rompen con el estereotipo del CEO que la publicidad nos muestra (aunque al final son los menos).

    ¿Son responsables las agencias publicitarias de promover el racismo? En parte, pero no podríamos atribuir todo el problema a ellas. Resulta que las agencias publicitarias buscan colocar un producto en la mente del consumidor de la forma más eficiente. Para hacerlo, se realizan estudios para conocer los rasgos del mercado meta al que se quiere llegar, cuales son sus aspiraciones, cual es su idiosincrasia. Es decir, si en tal sector de la sociedad no existieran actos racistas dentro de su idiosincrasia, entonces no habrían razones para mostrar pura gente con rasgos caucásicos en la publicidad, porque simplemente no funcionaría como estrategia de branding o no representaría ventaja alguna.

    El problema es que sí lo es, y basta revisar la historia de la sociedad de nuestro país, notablemente dividida en españoles, criollos, mestizos e indígenas. Y más curioso resulta que las clases «marginadas» no tienen alguna contrariedad con esta situación. Al mestizo pareciera no molestarse tanto ante una publicidad de la cual es parte del target, pero donde en ella aparecen personas caucásicas. Posiblemente esto se deba a un deseo aspiracional transmitido en dicha publicidad. Al mestizo no le afectará ver una pareja de dos personas caucásicas comprando una casa de clase media alta, siempre y cuando crea que él pueda aspirar a tener una.

    Es muy cierto que no es símbolo de una publicidad exitosa mostrar a individuos que parecen no aspirar a algo más, pero ello no debe implicar la relación entre cierta capacidad económica con cierta apariencia de una forma tan contundente que difiere con la realidad y se alimenta por medio de prejuicios. Los anuncios de Elektra (sin dejar de señalar que su dueño Salinas Pliego incurre en las mismas prácticas con TV Azteca, aunque de forma un tanto mas tenue que Televisa) podrían ser un ejemplo de como realizar un comercial aspiracional sin necesidad de colocar actores de rasgos caucásicos, pero sin llegar tampoco a usar a gente con rasgos más bien mestizos o indígenas de una forma despectiva como en algunos casos se ha llegado a hacer.

    Las agencias de publicidad tienen una responsabilidad social muy grande. Y a veces no están convencidas de ella, en tanto esos anuncios donde se excluye al linaje que representa a la mayoría de los mexicanos puedan significar una ventaja a la hora de promocionar un producto o posicionar una marca. Como mencioné, este hecho representa un rasgos característico de nuestra sociedad y no se trata de un problema creado directamente por las agencias de publicidad y medios de comunicación, sino que más bien se hacen partícipes de este círculo vicioso y logran hacerlo más grande.

    Anteriormente he hablado sobre el problema de racismo y clasismo que existe en nuestro país. Pero llego a la conclusión que para solucionar este problema, todos debemos de colaborar, y no sólo se trata de insistir a los medios y a las agencias que cambien su parecer. Porque de alguna manera, nosotros les damos motivos para que sigan publicando ese tipo de anuncios.

    Escrito para: México desde México