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  • ¿No es mi Presidente?

    ¿No es mi Presidente?

    ¿No es mi Presidente?

    En 2012 muchos decían que «Peña Nieto no es mi Presidente».

    En 2018 escucho a varias personas decir lo mismo de López Obrador. Dicen que «no es su Presidente», que «no los representa». 

    Algunos hacen matemáticas absurdas al restar los votos efectivos que ganó López Obrador a la población total del país: «Mira, la mayoría no estamos representados por AMLO». Eso, ignorando que gran parte del remanente de la población son jóvenes, niños y bebés que no están en edad de votar.

    La realidad es que formalmente sí es su Presidente y sí los representa. Pero no sólo lo es en la cuestión legal sino también si hablamos de lo que es justo. El Presidente fue elegido en las urnas por los mexicanos, y por lo cual, decir que «el Presidente no me representa» es una falta de respeto a quienes sí votaron por él, ya que lo hicieron libremente. 

    Reconocer que uno está representado por un Presidente no implica que se esté de acuerdo con él, no implica tampoco que se comparta sus valores o su ideología, menos implica que se tenga que chiflar y aplaudir. Por el contrario, se puede tomar una postura muy crítica. 

    Yo discrepo con AMLO en muchas cosas, pero reconozco que él será el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, y reconozco que Peña Nieto lo es actualmente, con todo y que creo que, si en México la justicia y las instituciones funcionaran bien, debería estar enfrentando algún proceso en su contra. Puede no representar mis valores, ni mis creencias. Pero a mí me representa formalmente ya que formalmente él es el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y tiene, por ley, ciertas capacidades o facultades. 

    Decir: «no es mi Presidente» implica no reconocer la vida institucional de nuestro país. Es curioso ver que muchas personas adversas a López Obrador que lo criticaron por su «al diablo con sus instituciones» tomen una postura de no reconocimiento por el mero hecho de que el candidato no les gusta. 

    Pero peor para los que dicen «no es mi Presidente» es que para todas las demás naciones, nuestro Presidente es el que representa a nuestro país, él es nuestro interlocutor y él nos representa ante las instancias internacionales. Los mandatarios de otros países no van a hacer caso a quienes no estén legalmente habilitados para representarnos. Al único que tomarán en cuenta es al «Presidente que dices, no te representa» y a su comitiva. 

    También es absurdo decir que «no me representa» porque la mera representación implica que el Presidente debe de ser responsivo hacia los ciudadanos. Si el Presidente representa a los ciudadanos es porque tiene la obligación tanto formal como ética para gobernar para sus ciudadanos. Así como, en lo formal, el Presidente representa a los ciudadanos, en el mismo sentido éste debe de velar por los intereses del país y de quienes forman parte de él. El Presidente tiene derecho a representar a los ciudadanos porque éste fue elegido por la mayoría (sea relativa o absoluta) de ellos. Así es como el Presidente obtiene legitimidad por parte de la ciudadanía, unos lo eligen, los otros no, pero reconocen que sus pares (que son más) decidieron elegirlo. 

    Decir «no es mi Presidente» es un acto antidemocrático, ya que eso implica que sólo se va a reconocer al candidato que me gusta. Implica decir que mi intención de voto es la que debe de ser válida y no las intenciones de voto diferentes a la mía. 

    Por eso, aunque tengamos una postura muy crítica e incluso adversa (lo cual es legítimo) eso no implica que no se deba reconocer quién es el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. La misma crítica se sostiene sobre el hecho de que, anteriormente, se ha reconocido, que dicho Presidente ha sido reconocido como tal.

    Tenemos un Presidente, y es el que formalmente representa a nuestro país y a los ciudadanos. 

  • El mejor Presidente no es el más popular

    El mejor Presidente no es el más popular

    Periódicamente, diversas casas encuestadoras publican una tabla de quienes son los Presidentes más populares de una región (Latinoamérica, Europa, América del Norte, o todo Occidente en su conjunto). En estos ejercicios se les pide a los encuestados que le den una calificación al gobierno del Presidente en turno, o bien, que lo aprueben o reprueben. Pero este tipo de ejercicios, a pesar de que metodológicamente sean correctos, en muchos casos pueden ser engañosos, sobre todo cuando se pretende pensar que ese resultado también habla de lo bien que pudieran estar haciendo su trabajo.

    El mejor Presidente no es el más popular

    Se dice que el mejor candidato es el peor Presidente y viceversa. Los políticos usan el arte de la demagogia, tienen detrás un equipo con una estrategia grandilocuente de publicidad, prometen lo que no saben si van a cumplir, o incluso hacen promesas que firman ante notario, pero que bien analizadas no llevan a ningún lado. Este tipo de candidatos son los que terminan triunfando. Un candidato honesto, que confiese a sus electores la realidad en que gobernará, y acepte sus limitaciones, es un candidato, que en un país como México, no tiene muchas posibilidades de ganar. Por eso es que las frases alusivas al cambio, desde el «Hoy» de Fox, hasta el «País de la Esperanza» de López Obrador o el «Mover a México» de Peña Nieto venden. Más en un electorado que ante un país que no se mueve mucho, finca sus esperanzas en alguien y lo idealiza.

    En realidad Fox no fue el «cambio» que se nos prometió, y tal vez pudiera parecer que Peña Nieto esta «moviendo a México», pero a escenarios preocupantes. Pero el problema de ese respaldo en lo popular, llamado «populismo», no termina ahí. El Presidente muchas veces puede tomar decisiones cortoplacistas para mantener satisfecha a la población con un afán más bien electoral, y esos se reflejan en esos estudios. Pero muchas veces un buen Presidente, alguien que realmente quiere hacerlo, en algunos escenarios debe tomar medidas impopulares que no lo ubiquen en la parte más alta de las encuestas incluso al terminar su gestión, un Presidente que deje del lado el afán electoral, el afán de la permanencia en el poder, para sembrar cambios que florecerán en años posteriores.

    Ello no implica automáticamente que un Presidente impopular sea buen mandatario. En muchos casos los ciudadanos lo reprueban con razón. O puede ser, como en el caso de Peña Nieto, que busque popularidad en cierto sector (en los sectores más vulnerables del país donde tiene mayor base de votos) en detrimento de otros sectores para obtener triunfos electorales posteriores. Incluso otros, como López Obrador, pueden basar su popularidad en cierto sector (clases medias y populares) en el desprecio de otros (privilegiados), y ello no implica que la impopularidad que puedan ganar sea proporcional a lo buenos que pueden ser como políticos.

    Un mandatario que quiere a su país, se debería preocupar más por lograr los cambios que se requieren para transformarlo, y menos por su posición en las encuestas. Es cierto que una alta impopularidad puede quitar margen de maniobra a un mandatario. Pero quien obra honestamente en el poder, de alguna manera encontrará el suficiente respaldo como para no tener un nivel de popularidad tan bajo que no le permita hacer casi nada.

     

  • De dioses a servidores públicos

    De dioses a servidores públicos

    Al menos así debería ser: El Presidente de la República es un servidor público, los ciudadanos lo eligen entre varias opciones que tienen para escoger y «contratarlo» (así como un empleador elige uno de entre varios currículums). Su puesto es muy bien pagado, hasta incluye pensión vitalicia; es un trabajo sí, extenuante. Porque resulta que el Presidente de la República tiene más de 100 millones de jefes. Tiene que tomar decisiones que den dividendos a dichos jefes, y en muchas ocasiones tiene que tomar algunas decisiones que A Priori no gustarán a varios de sus jefes (medidas impopulares) pero que sabe que a la larga los beneficiarán. El Presidente es un empleado, es el responsable del timón del barco y por eso recibe cierto respeto de los ciudadanos, pero no es ni el dueño del barco, ni es un enviado de los dioses marinos para conducir el barco a la tierra prometida. De dioses a servidores públicos, y sobre una necesaria transición de lo primero a lo segundo trata este texto.

    De dioses a servidores públicos

    En México tenemos a un López Obrador, un «luchador social», que ha logrado capitalizar el natural descontento de la población debido a la poca representatividad de los políticos tradicionales. López Obrador sí escucha a los ciudadanos. Deja el puesto de servidor, para dar paso al solucionador de todos los problemas de la gente. La relación se convierte en paternalista: López Obrador proveerá, López Obrador te saciará las inconformidades al darlas por hechas, al repetirlas hasta el cansancio, aunque decirlas no deba necesariamente resolver nada. Sus seguidores más férreos le tienen mucha fe. Si no están con su causa, están en contra de la causa de todos los mexicanos, porque no existe otra verdad más que la verdad. Las buenas intenciones y la integridad, a ojos de los seguidores, pueden más que la capacidad y la técnica; y si en la práctica ocurre lo contrario, se culparán a terceros de sus desgracias. Si López Obrador pide marchar, marchan. Si piden cerrar una calle, la cierran. El pueblo solo puede salvar el pueblo, pero su pueblo se llama López Obrador. Entonces sin López Obrador, el pueblo no se puede salvar a sí mismo.

    Luego tenemos a un Peña Nieto, priísta. Se erige como servidor monarca demócrata/totalitario. Recibe frases de sometimiento psicológico disfrazadas de normas protocolarias como «El Señor Presidente Licenciado Enrique Peña Nieto», «El Señor Presidente Peña Nieto nos prometió construir una carretera» o el clásico «Disculpe usted, Señor Presidente«. ¿Manejado por otros? Tal vez, pero él es el que da la cara, y representa al poder. El Señor Presidente debe mostrarse como eficaz, nadie puede estar encima de él, ni Televisa, si no hay palo. Como afirmaba Luis XIV, «El Estado soy yo», te construiré carreteras, ¿López Obrador te daba una despensa por tu avanzada edad? ¡Yo, el Señor Presidente Licenciado Enrique Peña Nieto me comprometo a entregártela!. ¡Nuestro Compañero, el Presidente de la República! dicen dentro del PRI, con ese tufo light de la camaradería soviética. Un monarca que de pronto niega su esencia, ¡México es una democracia!, pero luego pone su condición en práctica. Manotazos, viajes en aviones de lujo, la mano extendida, copete bien ajustado, primera dama cuya foto podría aparecer en las paredes de los edificios más importantes como en Corea del Norte o la Unión Soviética, pero que más bien aparece  repetida varias veces de cuerpo completo en las refaccionarias y tlapalerías.

    Los venezolanos van más atrás en esta transición de la deificación hacia el presidente empleado que debe rendir cuentas. Tendríamos que magnificar al cubo los aires mesiánicos de López Obrador, magnificar también el tufo monárquico de Peña Nieto, y colocarlos en una licuadora.  De esta forma tenemos a un Hugo Chávez, recién fallecido y a quien le deseamos un eterno y pacífico descanso. Amado por los chavistas apostólicos ortodoxos, ¡Pide una despensa y se os dará! Y odiado por los ateos bolivarianos, ¡Está loco, destruyó Venezuela, populista, demagogo!. Chávez puede crear una realidad alterna en sus súbditos. Dirá que la supeditación ante los Estados Unidos es arrodillarse ante el imperialismo, pero hacerlo ante Cuba, es un ejemplo de democracia.  Democrático dicen, pero embalsamado como Lenin y Mao. Él no es solo el estado, él es la democracia, él es el socialismo. Todos los términos tienen que tener un significado de tal forma que se adapte a su deificación, la ausencia de Hugo Chávez es la nada.

    Yo prefiero un servidor público, no un dios (si a veces tengo problemas para poner mi fe en el Dios que me enseñaron en el catecismo de niño). Quiero un servidor que esté preparado, que tenga principios, creencias, y que tenga como propósito el bien común. Un Presidente que acepte los aplausos cuando acierte, pero que asuma los silbidos cuando erre. Un Presidente que procure el bienestar, pero que sepa que los ciudadanos deben a la vez procurarse su propio bienestar. Que votar por él sea algo así como contratar un servicio y no una niñera o un padre autoritario. Lo podré llamar Presidente como forma de respetar su puesto, pero lo juzgaré por sus acciones y no por su «investidura».

     

  • Enrique Peña Nieto, Presidente de la República Mexicana

    Enrique Peña Nieto, Presidente de la República Mexicana

    Posiblemente, estés leyendo esto cuando Enrique Peña Nieto ya haya tomado posesión de la silla presidencial. Posiblemente le llames alternancia, o posiblemente le llames restauración, el tiempo (y no se necesitará mucho) dirá que fue en realidad. Llegó cuestionado por la forma en que se dieron las elecciones, pero a fin de cuentas el y su gente cercana tendrán el poder durante seis años si nada extraño pasa.

    Comprendo el miedo que genera en muchas personas el regreso del PRI al poder. El columnista en El Informador (diario de Guadalajara), Diego Petersen, afirma que si bien el PRI no es exactamente el mismo de antes y han habido gobiernos eficaces en los estados comandados por este partido, el gen ahí sigue, y afirma que el PRI se siente más cómodo dialogando con clientelas que con ciudadanos, a diferencia del PAN y PRD que se han mostrado abiertos. Yo no veo a un PRI muy diferente al que se fue, más bien se me hace muy parecido. Empero, la diferencia radicará en que el PRI gobernará a una sociedad que no es la misma de hace 18 años, cuando ganaron por última vez.

    El gabinete parece explicar lo que podría ser su gobierno, el cual puede tener anhelos de reformación, pero que añora a su vez, el pasado autoritario y antidemocrático. En el gabinete ciertamente existe gente capaz y preparada como José Antonio Meade, un destacado economista que suplió a Ernesto Cordero cuando este buscó fallidamente ser candidato del PAN. El problema es que Meade no será encargado de la Secretaría de Economía o Hacienda, sino de Relaciones Exteriores. Pedro Joaquín Coldwell es un político con una amplia trayectoria y experiencia, pero estudió lo que la mayoría de los políticos: Derecho. Además de ser un personaje intolerante (sobre todo por los comentarios dirigidos a los estudiantes de la Ibero a los que calificó de infiltrados) es un político muy capaz. Pero no tiene los conocimientos para desempeñar un cargo como Secretario de Energía y aún así, ahí estará. Manuel Mondragón fue Secretario de Seguridad Pública en el Gobierno de Marcelo Ebrard donde se lograron reducir los índices de inseguridad, y estará en el gabinete como subsecretario de planeación.

    Además de hombres capaces, que los hay, vemos también la fuerte influencia de Salinas, y también, claro está, la presencia del Grupo Atlacomulco, emanado del más rancio PRI y del cual formó parte Enrique Peña Nieto. Al menos algunos del Grupo Atlacomulco parecen sí, tener alguna capacidad, y no es un secreto escuchar que Chuayfett no tiene buena relación con Elba Esther Gordillo, lo cual podría ser uno de los puntos positivos del «peñanietismo». Hay otros personajes que en lo particular me preocupan, como Murillo Karam (PGR) y Osorio Chong (SEGOB) que no se me hacen personas precisamente con vocación democrática y de los cuales no me sorprendería ver salir a ese PRI que todos conocimos (desde Ordaz hasta Salinas).

    El gabinete de Calderón fue uno rodeado de sus más cercanos pero no de los más capaces. Con Peña Nieto es una mezcla, de los más cercanos, de los intereses satisfechos, y también de algunas personas con capacidad para desempeñarse bien, aunque algunos no estén en los puestos donde podrían desempeñarse mejor. Algo así como un equipo de futbol donde Messi fuera portero y Cech medio de contención. Hay otros nombres que sinceramente no los conozco, por lo cual me abstengo de opinar.

    Sea como sea, Peña Nieto es el Presidente de la República. Ante la inconformidad de muchos, los ciudadanos debemos tomar un papel más activo en la sociedad, que forma un contrapeso que más que oponerse y negar, busque construir a partir de los cuestionamientos que se hagan y se deben de hacer al gobierno en turno. Creo que parte del «regreso autoritario» o no, tendrá que ver con la posición que juegue la sociedad, y he aquí donde tenemos una responsabilidad. Donde el fin más que atacar al oponente, debe de ser el mejoramiento de nuestro país, aunque esto tenga que ser «a pesar de ese oponente».

    Confío, a pesar de todas mis preocupaciones (el gabinete más que gustarme, me preocupa), que este sexenio será de mucho aprendizaje. El PRI llega ante una sociedad distinta y una realidad distinta, con más acceso a la información y una mayor pluralidad para un gran sector de ella (sobre todo la conectada a Internet). Eso hará a la sociedad más responsable también de su destino. No puedo de alguna manera cerrar filas con un gobierno en el que no creo, pero si deseo que como sea, este sea un buen sexenio. Prefiero que me callen la boca, a decirle a los demás desde las ruinas ¿Vieron? ¡se los dije!.

  • Pobre Presidente

    Más que el evento y el texto del mensaje con motivo del V Informe de Gobierno de Felipe Calderón, mismo que se convirtió en un acto de juicios, reclamos y justificaciones; la entrevista que el periodista Joaquín López Dóriga le hizo previo al mensaje del informe, revela de forma muy clara la soledad, el enojo y la intolerancia de un presidente que previo a su último año de gobierno, se siente incomprendido cual mártir.

    Odia que juzguen su sexenio por el tema de la inseguridad, maldice el juicio de la historia que él y sus decisiones han construido con ahínco. Le incomoda no poder hacer nada para cerrarle la boca a Vicente Fox. Repite y repite que es un “demócrata” y que le gusta la libertad de expresión, aunque admite que le molestan los excesos de libertad y crítica hacia su gobierno. Se siente incomprendido y abrumado por el desprecio social, ¡Pobre presidente!

    Dice sentir tristeza por las víctimas inocentes caídas en su propia guerra, pero para él, hay de inocentes a inocentes (no todos son iguales). Le entristecen las víctimas del ataque al casino Royale en Monterrey, pero “más me duelen” (palabras textuales) los policías federales, los marinos y los soldados caídos “en cumplimiento de su deber”.

    Siente que él, es el presidente que “más ha dialogado” con la sociedad mexicana y los movimientos sociales. Se dice un “transformador” pero no admite que sus transformaciones, tienen cinco años llevándonos a un profundo deterioro social. Se dice “el presidente más criticado en la historia del país” y siente que las críticas son injustas y en muchas ocasiones infundadas, ¡Pobre presidente!

    Justifica en todo momento su guerra con historias de policías y ladrones. Dice que ceder la plaza “a los criminales” nos hubiera llevado al envilecimiento de la sociedad, administrar la ilegalidad y simular la justicia. Parece que el Presidente no observa lo envilecida que está la sociedad que gobierna (con o sin crimen organizado).

    Calderón se ha encargado de construir un país con muchas heridas y una sociedad en donde la polarización y los estigmas nos enfrentan entre nosotros. Al presidente Calderón le duele él mismo. Le lastima nunca haber podido legitimarse. ¡Pobre presidente!, “nadie lo respeta”. Que penosa es su ausencia de autocrítica y que lastimoso es verle con tantas actitudes de intolerancia y desprecio. Cuando estaba en campaña, le gustaba llamarse “el hijo pródigo”, hoy, le gusta sentirse “el hijo incomprendido”. No es que le disguste el poder, lo que le disgusta es gobernarnos a nosotros y hacer como que nos escucha. ¡Pobre presidente!

    Calderón cerrará su último año de gobierno disgustado con sí mismo, pero más, con quienes nos atrevemos a cuestionarle. Terminará su sexenio con la sombra de la alternancia y con una permanente sensación de incomodidad y molestia. ¡Pobre del presidente!

  • El Presidente

    Ahora por fín, después de 8 años de asfixia mundial, es una alegría saber que el decrépito de George W. Bush ya no es presidente del mundo de Estados Unidos. Por fín ese anciano retrógrada está fuera, y al igual que sus círculo cercano (Dick Cheney y toda esa basura) que tanto daño hicieron al mundo, han pasado a ser parte de la historia y ya no de la realidad actual.

    La tarea que le heredó a Obama es muy complicada.  Estados Unidos trae dos guerras, una crisis económica a cuestas, y una percepción negativa como país no solo en el resto del mundo, sino en los mismos Estados Unidos. Obama además carga con la responsabilidad de cumplir con las expectativas que generó en su campaña (lo cual creo que va a costar mucho trabajo), y demostrar que en realidad representa el cambio que tanto carareó y no un «Cambio Fox».

    Obama es un muy buen orador, se ven sus dotes cuando se para detrás del estrado; y creo que las palabras que mencionó hablan un poco del caracter progresista de los demócratas. El discurso fué emotivo (porque naturalmente está hecho para que sea así, y porque Obama tiene las habilidades) y el ahora presidente recibió muchos aplausos; los cuales bajaron de intensidad cuando habló de terrorismo (por lo que esto pudiera significar).

    El discurso tocó como tema principal el hecho de que Estados Unidos está viviendo momentos difíciles, pero que su gobierno va a luchar por revertir la causa. También hablo de que el mercado necesita de un «Ojo Vigilante», para que las cosas no se salgan de control y, que Estados Unidos «no puede prosperar en favor de los mas prósperos». Y a pesar de que agradeció a George W. Bush en sus primeras palabras; en el contenido de discurso recibió una sutil pedrada, al hacer mención de la mezquindad y de los dogmas desgastados.

    Por otro lado parece que el sello de Obama (mas bien de los que dirigieron su campaña) se ha plasmado sobre el sitio web de la Casa Blanca. Se puede apreciar el mismo estilo de sus páginas anteriores donde aprovecha las bondades de la «Web 2.0». El sitio contiene un blog y usa Creative Commons (con lo cual cualquier persona podrá utilizar la información expuesta mientras cite a la fuente).

  • Habemus Obama.

    Para el tiempo que escribo este post, Barack Obama tiene 324 votos electorales (mucho mas de los 270 necesarios) según Reforma y la MSNBC le dá 333. Lo cual es mas que suficiente para saber quien es el nuevo presidente de los Estados Unidos (McCain ya aceptó su derrota). Ni las campañas del miedo, ni el Efecto Bradley ni la supuesta inexperiencia del demócrata hicieron que McCain siquiera pudiera haber competido de cerca en estas elecciones.

    Obama se logró llevar prácticamente todos los estados en donde no sabía quien iba a ganar, como es el caso de Nevada, o el caso de Florida (estado muy peculiar cuando se habla de elecciones), y es que este triunfo se venía venir no solo desde que se notó el bajo abstencionismo de la población, sino desde hace unas semanas con la pésima decisión de McCain al incluír a Palin como vicepresidenta.

    Barack Obama ahora tiene mucho trabajo por hacer, sobre todo arreglar las tareas mal hechas por la administración Bush. Ahora tendrá la tarea de demostrar con hechos sus promesas de esperanza y cambio que tanto prometió; no se que tanto lo vaya a lograr, pero yo si estoy seguro que habrá alguna diferencia para bien a comparación de George W. Bush (el peor presidente de la historia de los Estados Unidos).

    Me da gusto que haya ganado, porque el que sea una persona de raza negra nos habla de la culminación de la lucha por los derechos de la gente de color; porque representa un cambio en el modelo económico, que será siendo capitalista, pero que dejará a un lado el fundamentalismo de mercado y todas las periplejias neoliberales, y porque pone fín a un gobierno que engañó a todo el mundo por la vía del miedo.

    No se que tanto será realidad o tanto demagogia, pero si va a ser muy difícil que Obama llegue a ser igual o peor que Bush (mas bien imposible).

    Muere Juan Camilo Mouriño

    Como extra es obligación hablar del accidente (o atentado del narco) del Jet que se estrelló por Reforma y Periférico en el DF y donde murío el Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño y José Santiago Vasconcelos, ex-titular del SIEDO, junto con otras 6 personas, y las que faltan de contar (que estaban en tierra).

    Independientemente de las diferencias que se puedan expresar en este blog para con el gobierno, sentimos mucho la muerte de Juan Camilo Mouriño y por todas las personas que lo sufren, como sus familiares y su mas íntimo amigo, el Presidente Felipe Calderón.

    Voy a hablar mas adelante de este tema cuando se esclarezcan un poco las cosas, pero mi teoría es que hubo algo detrás.

  • George W. Bush Olímpicamente Pedo.

    Y pensar que esta basofia es el presidente del país mas importante e influyente del mundo; al menos Sarkozy se pone pedo con estilo, pero este la verdad da penita ajena. Ojalá esto lo tomen en cuenta los Estadounidenses a la hora de votar en las próximas elecciones (a McCain ya se le paró el «Palin»).

    Nótese que en las fotos tiene el brazo lesionado, probablemente porque se cayó de borracho. Pero eso sí, se ve que se puso pedo para amortiguar el stress que le causaba la guerra de Rusia contra los Georgianos.

    Fuente: Voltaire.net