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  • México y la falta de humildad

    México y la falta de humildad

    El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad – Ernest Hemingway

    México y la falta de humildad

    Hay algo de lo que adolece mucha gente en nuestro México actual, ese algo es la humildad. Lo noto sobre todo en la gente que ostenta algún tipo de poder o influencia, muy posiblemente una costumbre asociada con nuestra cultura. Desde periodistas como Carmen Aristegui (concuerdo en que fue censurada por el Gobierno, pero algunos de sus actos y palabras lo denotan) Ciro Gómez-Leyva, muchos otos tanto alineados como no alineados: los entrenadores que desfilan por la selección de futbol, y por supuesto, y de forma más notable, nuestros políticos, en especial los que se encuentran gobernando actualmente.

    Parece que hay una falsa idea (posiblemente se lea a Maquiavelo en exceso y se le malinterprete) de que la humildad es una forma de debilidad en la lucha por el poder. Parece existir una idea de que el político debe de «aparentar» estar siempre firme cuando en realidad no lo está. Para ellos pedir una disculpa, o peor aún, pedir perdón, es un síntoma de debilidad, es una forma de perder el honor o una forma de flaqueza que puede ser aprovechada por los adversarios. Pero estas personas «poco humildes» en realidad tienen problemas de asertividad en tanto todos podemos ver lo que ellos tratan de ocultar.

    Enrique Peña Nieto, por un ejemplo, siempre procura mostrarse fuerte, decidido, nunca pide disculpas, y como sucede mucho entre sus cercanos, trata de hacer creer que el problema es exógeno. Él cree que da una imagen de fortaleza (seguramente en el PRI y dentro de sus cercanos se lo hicieron creer) pero lo que vemos afuera es algo totalmente opuesto. Peña Nieto se ve deslucido, perdido, se ve enfermo, muy enfermo. La arrogancia (compartida) se percibe incluso en los evidentes conflictos que tiene con su esposa, comportamientos tal cual de niños chiquitos, Peña le da la mano a Angélica y ésta lo rechaza y lo humilla barriéndolo con la mirada. Días después en París, con un Presidente más fuera de sus cabales por el asunto del Chapo, ella lo trata de tomar de brazo, y él la rechaza en un acto infantil, ésto en un acto donde la arrogancia importa más que las formas (que también son muy importantes en su partido). Es la lucha por el poder, por el orgullo; a aunque ojos de la mayoría de los mexicanos, ninguno de ellos destaca por ser una persona admirable.

    En el caso del «Piojo» Herrera, una persona que a todas luces tiene trastornos psicológicos (ver sus festejos en la Copa del Mundo), el problema se repite. Su selección puede ser humillada por una isla (Trinidad y Tobago) y declarar que le echaron ganas pero que «les faltó canchear». Esos comentarios generan repudio en los aficionados. De la misma forma que nuestros políticos, Herrera busca echar culpas a terceras personas de su desgracia, el árbitro, #NoEraPenal, las condiciones del clima. Herrera cree que de esa forma denota fortaleza cuando lo único que denota es arrogancia y un desequilibrio mental.

    ¿Qué pasaría si Peña Nieto diera un mensaje en cadena nacional para pedir disculpas? ¿Qué pensaría la gente al ver a Peña asumir todos los errores que ha cometido y pedir un borrón y cuenta nueva -si no es demasiado tarde-? Desde luego no es algo que vaya a hacer, pero seguramente algunos aplaudirían el acto, y posiblemente sería la única forma de que sus gobernados le den una segunda oportunidad.

    Entiendo que en el mundo de la política hay que guardar las formas, hay que saber manejar los sentimientos, hay que «hacer política»; pero los gobernados no hacen política, los gobernados no ven en un acto de humildad la oportunidad de dar una patada y por el contrario posiblemente agradezcan el gesto. La humildad incluso puede ayudar a construir liderazgo, porque la humildad genera confianza, y un líder para (valga la redundancia) ser líder, necesita ser confiable y aceptado por los demás.

    Una postura déspota y arrogante pudo haber funcionado hacia varias décadas cuando la estructura social era muy vertical, cuando a la gente se le enseñaba que tenía que obedecer. Esos tiempos terminaron, y quienes se han tardado en entenderlo más son la gente de poder. Ahora en una sociedad de la información donde el jefe ideal delega, convive con quienes están a su cargo, y tiene las puertas de la oficina abiertas, es imperdonable pensar en la intransigencia como una forma de ganar poder y respeto.

     

  • Cuando los políticos se convierten en buenos

    Cuando los políticos se convierten en buenos

    ¿Te imaginas a los personajes que animaban tus pesadillas ser buenos? ¿Te imaginas a un Freddie Krueger usando sus manos con forma de navajas en una reforestación? ¿Te imaginas a Chucky siendo dadivoso con sus semejantes (bueno, su versión femenina lo era con algunos maestros) ? ¿Te imaginas? Es muy difícil, pero si los llegas a ver en ese estado, seguramente están contendiendo por un cargo público: Con Jason, un serruchazo a la corrupción; con Freddy soñaremos un México mejor; Norman Bates 2015; Por el bien de todos, primero los inocentes – Hannibal Lecter; Jigsaw sí te cumple; soy el candidato de la unidad, por eso me uniré a la campaña de Lagrimita – Eso el payaso.

    Cuando los políticos se convierten en buenos

    Yo sé, no todos los políticos son malos, más bien son humanos, son gente común y corriente como tú y yo con poder. Pero ahora tratarán de presentar su mejor cara, su mejor faceta, ellos van a querer tu voto. El político más amargado tendrá que sonreír para que le tomen la foto de perfil que saldrá en las lonas, pancartas y en su página web; ¡Qué se vea que a pesar de todo es un ser humano! Qué el político vaya y se tome fotos con los pobres o con la gente de clases populares, con el barrendero, con el taquero, así el político se verá sensible ante la clase ilustrada y le caerá bien a los pobres (dos pájaros de un tiro).

    Tal vez ese político que dos años después sea parte de un escándalo de corrupción, esté tocando la puerta de tu casa para platicarte de su propuesta, se tomará la foto contigo, la subirá a las redes sociales para que todos sus adeptos le den su respectivo «like». Sólo fruncirán el ceño cuando ataquen a sus oponentes: -Es un peligro, es del PRI de siempre, no sabe gobernar, miente, roba, es un traidor, panista tecnócrata, es un chapulín, es mocho, es comunista.

    Muchos de los políticos serán torpes a la hora de acercarse contigo (varios de ellos no saben que es eso de «ponerse en los zapatos de la ciudadanía») pero lo intentarán, te mostrarán esa sonrisa que ensayaron hasta el hastío en el espejo, moverán las manos, te dirán frases aprendidas deliberadamente y las integrarán en su discurso: «Nosotros los ciudadanos libres, nosotros los que queremos mover a México». El político estudiado pero sin carisma tratará de presentar sus credenciales como ventaja, el político carismático pero ignorante tratará de hablar de la esperanza, del cambio. Políticos tratarán de actuar como payasos para ganar votos, payasos tratarán de ser políticos.

    Comienza el período en que los políticos fingen preocuparse por ti. Los que de verdad se preocupan (minoría claro está), siempre lo hacen y en muchos casos no se preocupan mucho por presumirlo. Tratarán de sacar sus dotes de oratoria, moverán las manos, algunos alzarán la voz, otros harán gestos para mostrarse como el funcionario paternal y dadivoso que tanto le encanta a los mexicanos educados con la historia oficial. En la televisión verás hasta el cansancio spots mal hechos y mal dirigidos para convencerte de tu voto. Millones de pesos pagados con tus y mis impuestos para recibir bombardeos de propuestas inocuas, esperanzas irrealizables y utópicas.

    Ellos, a diferencia de los que ya están en el poder, recibirán muchos aplausos por parte de sus bases y por parte de gente que de alguna manera tiene fe en ellos. Algunos se grabarán documentales megalomaníacos para hablar de la libertad del ciudadano, y repetirán una y otra vez como les aplaudieron y como los alabaron. Habrán autocompacencias, otros te pedirán perdón. Te hablarán de la honestidad y la legalidad en un video cuyo costo rebasó los topes de campaña, otros llegarán en camionetas Suburban blindadas a hablarte sobre el problema de la desigualdad social y la falta de oportunidades.

    Ha llegado la hora de la reconfiguración del poder, la hora en que cambiará el tablero del juego y todos buscan acomodar sus fichas. Dependen del ciudadano para quedar en la mejor posición, por eso hay sonreírles, hay que abrazarlos, hay que prometerles e incluso darles cosas. Al final del día los políticos son humanos, y así como finges ser un profesional bien vestido en una entrevista de trabajo, y así como le abres la puerta a la chica que te gusta con la que pelearás años después, ha llegado la hora de que los políticos con una sonrisa te traten de convencer para que les des su voto.

  • Un político pobre es un pobre político

    Un político pobre es un pobre político

    La política, el oficio más detestado, pero a la vez el más deseado.

    Un político pobre es un pobre político

    Un político no puede ser una persona normal. A la vez no tiene que ser necesariamente un genio, un pensador, una persona culta (alguien decía haciendo referencia a Sarkozy, que las personas sumamente cultas e inteligentes, pocas veces tenían la aspiración de ser políticos). Aunque eso no significa que no las haya, y de hecho algunos (aunque pocos) se han destacado por eso. El político tiene que ser práctico y ambicioso. Pensar que un político no quiere poder, es como pensar que un empresario no quiere ganar dinero, es un absurdo. Mientras en la iniciativa privada el individuo busca una mayor remuneración, en el servicio público se busca un mayor poder.

    Eso no quiere decir que un político necesariamente se vaya a corromper, o vaya a traicionar sus ideales. Pero vaya, que hasta el político más honesto necesita acumular poder para poner en marcha sus ideales. Sin poder, el político no es nada, no importa como lo gane, negociando, llenándose de intereses amigos, escalando por mérito propio tal cual empresa privada, adulando a los demás, ganándose la simpatía de la gente. Al igual que un empresario que no tiene un clavo en el pantalón, no tendrá el más mínimo dinero para invertir.

    Tal vez Hank González no estaba tan errado con su famosa frase, Un político pobre es un pobre político. Tal vez las formas inherentes a la frase del oriundo de Atlacomulco y padre del dueño de los Xolos eran despreciables (basta ver su carrera política), pero en el fondo parece haber algo de razón. El poder es la moneda de cambio en  la política, si no tienes poder, no eres nada, si tienes mucho poder, posiblemente suceda lo contrario. La cuestión es que el poder es una herramienta y no debería ser un fin.

    Un reto es, para los políticos, tener los pies en la tierra a pesar del poder acumulado. Dicen que el poder enloquece a la gente, y muchas veces así sucede, sobre todo cuando no se tienen los valores muy firmes e ideales sinceros y auténticos. Si no hay esto, el poder dominará al político y no el político al poder. El individuo espiritualmente corrompido hará política para buscar el poder como un fin y no como un medio.

    Dicen también que los trastornos mentales más que una carga, son un arma para el político. Estos muchas veces aceleran su ambición y en algunas ocasiones logran moverse más rápido. Pero estos también son los que corren un mayor riesgo de descarrilarse o corromperse. Son los primeros en tirar sus ideales en aras de la búsqueda del poder, o por el contrario, los abrazan tanto, que los convierten en un dogma inmutable, donde no cabe la reflexión ni el debate, por que no solo van contra ese dogma, sino que apuntan al mal psicológico que padece el político.

    Ser político es todo un reto y una responsabilidad. Tienen una gran capacidad para construir e incidir sobre sus gobernados, pero también tienen una mayor capacidad para destruir. Y tal vez es por eso que en este arte, existan más villanos que héroes.

     

     

  • El insulto de los políticos a los ciudadanos ¡Ya Basta!

    El insulto de los políticos a los ciudadanos ¡Ya Basta!

    Róbame, róbame mucho, como si fuera este sexenio la última vez.

    El insulto de los políticos a los ciudadanos ¡Ya Basta!

    Mientras Felipe Calderón cacarea que nuestra democracia va creciendo (para ellos democracia es meter el papelito en las urnas una vez cada seis años y si bien nos va), yo veo que los políticos (de todos los partidos) se burlan de nosotros. En lugar de sentirse privilegiados por tener la resposabilidad de conducir este barco llamado México, se sienten privilegiados por todos los beneficios personales mientras a nosotros nos ignoran. Ah, pero sí, es democracia,¿Los ciudadanos ya elegimos?.

    Primer Acto: En esta creciente régimen democrático veo que todos los coordinadores al senado son plurinominales, y no solo eso, son las peores fichitas que pudieron traer algunos partidos. El PRI se trae a lo peor del salinismo, Emilio Gamboa. El PT trae al peor lastre que tuvo AMLO (el solo invitarlos con los «progres» fue un absurdo y una incongruencia total) Manuel Bartlett, el de la caída del sistema del 88. El PVEM pone al Niño Verde, y el PAN, para que Calderón tenga peso en el partido, pone sí, a Cordero, tan inocente, que no sé que va a hacer con todas esas sátrapas. Sí, todos plurinominales, no electos por el pueblo, gente que mama de la ubre del presupuesto.

    Segundo Acto: A José Woldenberg, anteriormente admirado por colaborar en la creación del IFE (y que no puede justificar su senilidad tipo Fox o AMLO en su edad) se le ocurre decir que las elecciones fueron totalmente limpias y auténticas, ni espacio para decir que hubo algunas «irregularidades». Parece que quedó estacionado en el tiempo, o vive en la negación, en no querer aceptar que lo que el ayudó a construir, como que anda empezando a «chafear». Si es el caso (el más benévolo para él) no entiendo como algunos todavía no captan la idea de que para que algo que se construyó siga funcionando, se debe pulir, vigilar, arreglar el deterioro natural que otorga el tiempo. ¿Qué no conoce las leyes de la entropía?. Si no es ese caso, Woldenberg entonces nos está insultando. No sé con que cara va a llegar con todos los ciudadanos que presenciaron y son testigos de la compra de votos ya sea en efectivo o con las tarjetas de Soriana.

    Tercer Acto: La líder del SNTE, Elba Esther Gordillo, un espantoso monstruo creado por Salinas, alimentado por Calderón; la responsable de la calidad educativa del país, vuelve a mostrar su ignorancia. No entiendo como alguien que debería tener ya aunque sea nociones de pedagogía. Caray, que diga «2 mil 35 mil maestros» es que no sabe contar caray. Digo, en México hay gente suficientemente preparada y capacitada para dirigir la educación como para que tengamos que soportar este lastre, que a como veo, podría ser la mentora ideológica, cultural y filosófica del Presidente Electo.

    ¿Cómo se llamó la obra?: Los ciudadanos somos insultados por los políticos. ¿Y saben qué? ¡Ya basta!.

    Post-Data:

    Y hago una acotación, insisto, el que muchos no estemos de acuerdo como se llevaron a cabo las elecciones no significa de ninguna manera que seamos adoradores del Peje. La situación aquí no es AMLO, la situación es la democracia y que es inadmisible para nosotros que ocurran elecciones así. El que estemos de acuerdo (hasta ahora como lo han venido haciendo) con que el PRD esté impugnando no significa que seamos todos perredistas. Simplemente son coincidencias, así como tengo mis serias discrepancias con ese partido y sobre todo con AMLO en muchos otros temas. Hacer la relación directa entre unas «elecciones cochinas» y AMLO implica un reduccionismo tal que nubla la realidad. Y por cierto, para esos que quieren hacer esa relación, y creer que todos los demandantes son adoradores del Peje, y que para defender la «legitimidad» de Peña Nieto, meten en todos sus «argumentos» a López Obrador y a sus cercanos (quesque Monreal es priísta, quesque Zambrano); les voy a traer en estas semanas un estudio que estoy realizando, donde se darán cuenta que no son solo los «adoradores del Peje» quienes consideran estas elecciones fraudulentas.

  • Del lado de ningún político

    Del lado de ningún político

    Del lado de ningún políticoQuienes me conocen, saben que soy una persona muy poco apegada, no suelo poner mi fe y mi confianza absoluta en algo o alguien (exceptuando a mis seres queridos y amigos cercanos), porque para mi una postura así significaría asumir que aquello a lo que me apego es perfecto, y yo soy demasiado escéptico; por eso creo que no soy tampoco muy apegado siquiera a la religión con la que me educaron. Y bajo este mismo talante, es todavía más difícil que yo me apegue a un político, porque para que pase eso se necesitan muchas cosas que el sistema político mexicano actual no me puede dar, empezando por una postura ideológica afín, siguiendo por la poca integridad de «todos» los políticos que tenemos y sus respectivos partidos. Yo en lo particular no puedo asumir una postura de cerrar filas frente a un político o candidato. El hecho de que haya votado por AMLO lo explica mucho, más cuando ustedes han visto y se han percatado en este blog, que veo con muchas reservas a este personaje. Simplemente no puedo estar del lado de ningún político, soy demasiado escéptico, meticuloso, racional, como para poder hacerlo, más cuando los defectos de todos los políticos están a la vista de todos.

    Por ejemplo, tomo el caso de AMLO, por el cual voté más que nada para evitar la lamentable llegada de Peña Nieto al poder. Yo nunca creí que fuera a ser un dictador, un Hugo Chávez, y si podría decir que es menos corrupto que el político promedio; pero por ejemplo, no puedo cerrar los ojos ante el hecho de que Bartlett irá al senado (él si ganó) por su partido, el hecho de que mientras AMLO critica a las élites es muy cuatacho de Carlos Slim, que uno de sus puntos débiles es su propuesta económica; incluso con el conflicto postelectoral, yo no estaría de acuerdo de ninguna manera, que por ejemplo, bloqueara una avenida como en el 2006, y yo esperaría que si las instituciones fallen en contra de sus impugnaciones acepte el resultado (lo puede hacer bajo protesta e incluso sería mejor, porque de lo contrario sería ser cómplice de las prácticas fraudulentas del PRI).

    Vicente Fox fue el que me quitó todo el apego a los políticos. Creí en el cacareado cambio y nos quedó mucho a deber, no solo eso, recientemente nos insultó a todos aquellos que creemos en la democracia. A partir de ahí he dejado de ilusionarme en políticos. Mucha gente no sé, se ilusionó con López Obrador, o con X o Y político, pero yo no lo puedo hacer, más que todos los candidatos que tenemos son parte de ese mismo entramado político del cual los mexicanos estamos hartos, incluso López Obrador, aunque quiera desligarse de él, es parte, así lo dice su historia y su trayectoria, de esa élite política que se ha distanciado de los ciudadanos, que se cuece aparte, que siente que están a «otro nivel» y que pueden hacer lo que quieran. El PAN alguna vez llegó a tener distancias con esa élite, pero ahora son parte de ella.

    Yo no creo que sea malo que exista un sistema de partidos, que existan políticos, es necesario; el problema es la cultura política mexicana. Hay una decadencia terrible, ahora lo estamos viendo con unas elecciones fraudulentas, y donde a pesar de que hasta ahora los actos de AMLO son los correctos (alguien tiene que sacar el cochinero) hay cosas que nos dejan entrever que esta lucha de López Obrador es más por hambre de poder que por la procuración de la democracia. La posición del PAN ante el hecho es parecida a la de López Obrador (el poder por el poder), nada más que en la coyuntura buscan ver donde pueden quedar mejor parados, se olvidaron de la lucha democrática, como la ejercida en 1988. Bueno, del PRI ni hablamos, porque todo lo que han hecho, es efectivamente el poder por el poder.

    No existe la intención de servir, de participar en la política para buscar incidir en mejoras para la sociedad, tener la motivación de buscar cambios, de dejar huella en la sociedad. Se prefiere el poder, el dinero, las influencias, que el hecho de que la historia te recuerde como un cuidadano ejemplar (los políticos no dejan de ser ciudadanos). Este relativismo moral, donde todo se vale, donde pregono el conservadurismo, el liberalismo, el libre mercado, el socialismo, pero de ahí en más puedo hacer lo que se «me hinche la gana» es causal de la degradación de la política actual.

    En estas circunstancias, no hay razones para apoyar a algún político. Así solo podré pensar en votar por el menos peor o anular mi voto. Si un candidato creado por una televisora, el cual tiene antecedentes como los de Atenco llegó a la presidencia es que estamos muy mal, y hace falta un muy duro replanteamiento como nación.