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  • El futuro de la política y por qué, tal y como la conocemos, podría desaparecer

    El futuro de la política y por qué, tal y como la conocemos, podría desaparecer

    El futuro de la política y por qué, tal y como las conocemos, podría desaparecer

    Siempre que se habla de política vienen a la mente los términos izquierda y derecha. Siempre que se inicia una discusión, el individuo recuerda su postura y, a partir de ahí, comienza a elaborar sus argumentos. 

    Este espectro político, que tiene su origen en la Revolución Francesa, se ha adaptado de una u otra forma a sus circunstancias. El que conocemos en la actualidad, en realidad tiene que ver más bien con una era industrial que parece ya haber sido reemplazada por una era digital y del conocimiento. Muchos se preguntan por qué la izquierda y la derecha se parecen cada vez más, por qué los partidos se están vaciando de contenido y se están volviendo más pragmáticos. 

    Una de las razones que yo daría es que el debate se ha gastado demasiado. Ya no hay una creencia utópica en un sistema o una ideología porque ya todas ellas han sido probadas y ya conocemos su desempeño en la práctica; incluso los partidos radicales (esos que, decimos, amenazan a Occidente) ya no son tan radicales y extremistas como los de hace décadas atrás. Pero más bien pareciera ser que después de tantas experiencias parece que se estaría llegando a un consenso político, ideológico y social, que sería superado para que, así, la política se comience a hacer en otros terrenos. 

    ¿En qué consistiría dicho consenso?

    En la victoria de la derecha en el terreno económico y en la victoria de la izquierda en el terreno social. Por un lado, tendríamos sistemas capitalistas con un mercado libre, aunque también con cierta seguridad social para los individuos y, por otro lado, la victoria de la izquierda en el terreno social con relación a cuestiones de género, feminismo, matrimonio igualitario, multiculturalismo o ecologismo. Evidentemente, dicho consenso no se alcanzaría en todo el mundo u Occidente al mismo tiempo sino que algunos países tomarían la vanguardia y se expandiría de forma progresiva a más regiones (como siempre suele ocurrir con los cambios sociales), pero algunos de los síntomas los llegamos a sentir inclusive en los países latinoamericanos.

    En nuestros tiempos, ya podemos ver a izquierdistas que están de acuerdo con los preceptos del libre mercado y de un intervencionismo estatal más moderado, mientras que en Europa no es extraño ver a políticos democristianos asistiendo a marchas del orgullo gays o incluso a Irlanda presumir a un Primer Ministro que es gay y democristiano. Si bien es cierto que en la derecha existen grupos de presión fuertes que se oponen a la agenda progresista, lo cierto es que la izquierda está ganando terreno de una forma muy contundente y parte de la derecha, poco a poco, ha comenzado a aceptar algunos de sus postulados

    Seguramente, en este consenso irán menguando las corrientes más extremas como el libertarismo o el anarcocapitalismo, el progresismo o feminismo radical en favor de corrientes un tanto más moderadas, de tal forma que se logre llegar a un consenso que sitúe el discurso político en otro plano, tal y como ya ha ocurrido en diferentes etapas de nuestra historia. 

    Pero ¿qué seguiría?

    Algunos dicen que el discurso ya se ha trasladado de la dicotomía «izquierda-derecha» a la de «nacionalismo-globalismo» donde el debate ya gira en torno a la relación de un país con los otros (tanto en comercio como migración). Los adherentes del metamodernismo en cambio dicen que el centro de la discusión política tendrá que ver más bien con el desarrollo personal y el bienestar psicológico de los individuos. Los metamodernos afirman que, de forma silenciosa, inconsciente y progresiva, los países nórdicos han ya comenzado a adoptar ciertas corrientes metamodernas dentro de su ethos social.

    Lo cierto es que nuestra especie está en constante evolución y pensar que el mundo tal y como lo conocemos hoy va a dejar de existir es no la excepción, sino la regla que ha sido muy consistente durante la historia de nuestra especie. Por supuesto, aparecerán muchas dudas: si los partidos de extrema derecha o izquierda pueden llegar a poner en jaque esta evolución que para muchos tiene un carácter natural, también nos podríamos preguntar cuál sería el futuro de las religiones, si seguirán vigentes, si se adaptarán a los cambios de nuestra civilización o si bien terminaremos construyendo otros modos para crear sistemas de valores o creencias con la fuerza que las religiones lo han logrado hacer.

    En realidad, es difícil pronosticar bien cómo será la vida de nuestra especie en 100 años, pero lo que es seguro, es que será bastante diferente al mundo tal y como lo conocemos hoy. 

  • Los políticos, y el arte de aguantar vara

    Los políticos, y el arte de aguantar vara

    Los políticos, y el arte de aguantar vara
    Fuente: http://abovethelaw.com/

    Muchas personas te critican a tus espaldas, y sucede con más frecuencia de lo que crees. No lo hacen necesariamente con una mala intención, pero entre algunos rasgos o conductas nuestras que pueden no agradar mucho a personas a las que, paradójicamente, les agradamos, y nuestra tendencia a meter el ojo en paja ajena -lo hacemos más de lo que decimos hacerlo-, nuestro nombre es mencionado de forma bastante frecuente y por varias personas en muchos lugares. Por más importantes seamos, y por más amigos tengamos, la frecuencia de esas críticas aumentará.

    Si tuviéramos alguna forma de ver todo lo que los demás dicen nosotros, desde los amigos, parientes o colegas, nos sentiríamos agraviados, traicionados, posiblemente perderíamos algunos amigos y los señalaríamos de hipócritas. Verías cómo es que a las demás personas les causa gracia tu nuevo peinado, cómo dudan de tus proyectos, les molesta mucho que hables demasiado -cuando tú pensabas lo contrario de tu pose de supuesto macho alfa-, alguno dice que te huelen los pies -y ni te habías dado cuenta-, que no eres bueno para combinar los colores de tu ropa, que algunas actitudes tuyas parecen infantiles, y un largo etcétera.

    Que suceda eso, mientras las críticas no lleven una intención de destruirte o llamar la atención a costa tuya, es algo normal y es bueno para nuestra salud emocional, porque el ser humano necesita lidiar psicológicamente con aquello «que no nos gusta de las personas que nos gustan». No somos perfectos y nuestras imperfecciones no serán necesariamente del agrado de todos, aunque ciertamente no siempre estamos obligados a cambiarlas para tratar de caer bien a los demás, porque vaya, así nos aceptan; y porque es muy probable que tú también critiques a tus amigos: dirás que tu amigo Juan a veces es necio y te saca de tus casillas, o que Paulina a veces es bien materialista.

    Como dicen por ahí, no es personal.

    Como nosotros no somos sujetos al «escrutinio público» y no nos damos cuenta de todo lo que se dice detrás, entonces no entrenamos a la mente para lidiar con algo de lo que en realidad nunca se entera, y así, podemos vivir nuestras vidas como si nada. Pero están aquellas personas quienes son «personajes del dominio público» para quienes lo privado se hace público y quienes deben sí aprender a lidiar con el problema: artistas, actores, futbolistas, pero sobre todo los políticos.

    Y hago énfasis en los políticos porque son quienes más sufren el aluvión de críticas. Los políticos (con muy honrosas excepciones) no son admirados por sus hazañas, sino más bien son señalados por lo que han dejado de hacer, o lo que han hecho mal. Sus aciertos se dan por sentado y sus críticas destacan e indignan mucho.

    Un político promedio conocido por la sociedad sabe que si abre su Twitter y lee su feed, se encontrará una marejada de burlas, memes, cartones, insultos o descripciones grotescas. Algo así como si nosotros viéramos un documento que contiene todas las críticas que han hecho todos sobre nuestra persona. Pero en el caso del político es peor, porque las críticas de los amigos y seres queridos contienen aquello que les molesta o les causa gracia de una persona a quien estiman y cuyas virtudes resaltan muy por encima de los defectos -si no, tal vez ni tus amigos serían-, mientras que la gente no siente amor o afecto por sus políticos, y ve en ellos a alguien en que descargar sus frustraciones al considerarlos responsables de la comunidad que gobiernan.

    Pero el político no sólo se enfrenta a la «indignación de las personas» reflejada en un meme. Como la política es poder, y el poder es algo así como una sustancia que causa mucha adicción, éste se dará cuenta que siempre habrá quienes lo quieran destruir. Ya sean los opositores en una campaña, los propios opositores dentro de su gobierno, hasta los que considera cercanos y por debajo confabulan para obtener un beneficio -es decir, una tajada de poder- a su costa.

    Un político debe tener entonces, el suficiente temple para aguantar esa dura marejada de críticas e insultos, muy característicos gajes de su oficio. Si no puede lidiar con ellos, es prácticamente hombre muerto.

    Javier Duarte

    Por ejemplo, para Donald Trump, como relata el filósofo Aaron James en su libro «Trump, ensayo sobre la imbecilidad» es indispensable que sea percibido como alguien superior a los demás. Más que ser libre gracias sus grandes posesiones materiales y capacidad de trasgredir las reglas sin recibir pena alguna, es prisionero de su propio narcisismo. Trump es alguien que sabe, como buen empresario, hacer rentables esas duras críticas contra su persona, refuerzan su papel de «payaso bobo imbécil» con el cual, según afirma Aaron James, Trump se ha vendido al electorado. La megalomanía de Trump sirve también para contener psicológicamente esa marejada de críticas: – Me critican porque soy superior a los demás-.

    Hay quienes, no siendo capaces, al menos al parecer, de contener psicológicamente esas burlas e insultos, prefieren taparse los ojos y darles la espalda. Algo así parece suceder con Peña Nieto quien vive en un mundo muy controlado y que recibe la información después de haber pasado por varios filtros. Muy posiblemente se entere a grandes rasgos que la gente está molesta por su casa blanca o conoce la popularidad en las encuestas, pero a mi parecer, con base en sus declaraciones, parece que Peña no se entera mucho de la forma en que la gente expresa sus críticas. Es decir, no le comunican los memes, ni los «chinga tu madre Peña Nieto» para que esto no le afecte psicológicamente.

    El sentirse superiores es un buen mecanismo de defensa. El poder no pervierte a las personas, sino que más bien perversas desde un inicio -perversidad latente pero que no podía ser expresada debido a que sin poder tenían que estar sujetos a varias reglas – sacan el cobre. Sienten que merecen más que aquellos que no lo poseen. De esta forma, este halo de superioridad les ayuda a contener las críticas. Las críticas que más nos duelen son las de nuestros pares, con quien tenemos más cosas en común y pertenecen a nuestras clases sociales. El político criticado entonces, se sube a ese monte del que el poder le dota para desligarse de esa masa que lo critica e integrarse a una clase superior, y entonces así ver a sus gobernados de arriba a abajo.

    – Me critican, pero el pópulo es inferior a mi. – Dice el político. – Yo tengo poder, yo tengo dinero, yo me los puedo chingar si quiero.

    Pero no es que no les importen las críticas o las ignoren del todo, no es gratuito que los políticos traten de defender su nombre cuando terminaron su gestión. Dan innumerables entrevistas justificando sus decisiones o escriben libros. A un mandatario le importa de alguna manera cómo será recordado por sus gobernados. Pero esa gran dosis de poder con la que contaron, que los hizo lo suficientemente inmunes a esas críticas y agravios al su persona para al menos no quebrarse, también les permitió abusar de su poder para beneficiarse. Luego entonces, se preguntan por qué a pesar de haber desfalcado al pueblo éste los repudia.

    Por último está el déspota, que a diferencia del político normal, consigue amasar una cantidad de poder tal que puede ya considerar que las críticas no son gajes del oficio, sino que por el contrario, es un problema que puede ser resuelto. El déspota no utiliza mecanismos de defensa psicológicos porque por medio del ejercicio del poder puede callar las críticas. El déspota censura periódicos o incluso manda a matar periodistas. El déspota crea un clima de miedo tal, que quienes tienen una pluma o micrófono a la mano, titubean a la hora de emitir una crítica con el político.

    Por eso no cualquier persona puede ser político, no todos tienen el hígado de aguantar las críticas y las injurias en su contra. Es el precio a pagar para eso que ellos quieren acumular tanto: el poder.

  • Ese pequeño lapso de tiempo donde los políticos te quieren y te apapachan

    Ese pequeño lapso de tiempo donde los políticos te quieren y te apapachan

    Hoy inicia la campaña, hoy empieza la feroz batalla por tratar de conquistar al ciudadano, hoy las ciudades se inundarán de spots, carteles y trabajo en tierra, hoy podrán ir a tu casa para convencerte de que votes por tal o cual político, hoy es el día donde los políticos tratarán de darte su mejor cara, donde tratarán de entenderte, de abrazarte, de apapacharte, de ponerse a tus servicios a cambio de que les des su voto. Hoy inicia todo.

    Ese pequeño lapso donde los políticos te quieren y te apapachan

    El político más corrupto y gañán dejará ceder sus músculos faciales, su careta de persona enojada que no puede perder la compostura, porque la humildad en los terrenos del poder es símbolo de flaqueza (o al menos eso creen). Pero hasta el más frío sabe que tendrá que sonreír porque esa careta rígida no funciona para los ciudadanos. Los políticos entienden que esas relaciones frías y pragmáticas sirven mucho para disputar el poder dentro del quehacer político diario, pero no para quedar bien con los ciudadanos.

    Pero los ciudadanos no les creen, al menos a la gran mayoría. -Muy buenas tardes Señora Gómez, soy Prisciliano Huerta del Partido Contigo Ciudadano y vengo humildemente a su morada a present… -¡Lárguese hijo de su chingada madre! ¡estamos hartos de su propaganda! ¿qué me dice del dinero que desvió? ¡largo de aquí!

    La política ha quedado tan desacreditada que los ciudadanos han puesto su indignación en piloto automático. Es decir, si un político honesto (escasos, pero existen) llega con la Señora Gómez, posiblemente lo reciba igual, posiblemente saque la cacerola para ahuyentarlo de su casa -¡Lárguese pendejo, por donde vino! ¡todos ustedes son iguales!

    En realidad los políticos no saben a ciencia cierta que es lo que deben de hacer para convencer a los ciudadanos. Por más buenas intenciones pueda tener alguno, al final del día está arropado por uno de todos esos partidos que han quedado desacreditados, recorriendo todo el espectro ideológico de izquierda a derecha incluyendo las mutaciones dentro de éste (como esas alianzas entre el PAN y el PRD). -Hola señora, yo soy Honesto Gentil del PRI, mi carrera está totalmente limpia y ¡Usted es igual que Peña Nieto, no porque esté calvo cree que me va a ver la cara! Hola, soy Bondadoso Bueno del PAN y vengo a… ¡Lárguese con todo y sus 60 mil muertos de Calderón! Yo soy Honrado Cosme Fulanito de Morena y ¡Ha de ser igual que el loquito mesiánico!

    El voto duro juega un importante papel. El voto duro es el único que no se va ante el descrédito de la política y los políticos. Incluso quienes lo poseen buscan generar la percepción de que «todos son iguales» aunque ellos se manchen, porque saben que siendo conscientes de que no pueden ganar conciencias, pueden apostar a perder menos que los demás (que al final del día es lo mismo que ganar).

    A pesar de todo esto, todos harán lo posible por convencerte. Los anuncios de la tele, los banners de las páginas web, spots de la radio, anuncios patrocinados en Facebook, vallas, espectaculares, partes traseras de camiones, pega de calcas, videos, streaming con tu candidato, tortillas con el logo del partido, despensas, artículos patrocinados, notas pagadas por debajo del agua, cuentas en redes para golpetear a los opositores, estrategias BTL, visitas a casas, lápices, borradores, USB con el logo del candidato, columnistas comprados, bailes, maratones, (inserte el nombre de su candidato)fest.

    Bienvenidos todos, a la campaña intermedia. Qué comiencen los juegos del hambre de poder.

  • Espontáneos politólogos

    Espontáneos politólogos

    Espontáneos politólogosCreo que los mexicanos tenemos una visión corta, parece que nos movemos por la coyuntura y no por el fondo. Reaccionamos «al momento», pero cuando pasa ese «momento» simplemente nos echamos a dormir.

    Es cuestión de verlo en mi muro de Facebook (más en el personal que en el de mi Fan Page, pero esta última no se escapa). Si hace algunos meses publicaba un tema de política, eran varios los que discutían, alguno trataba de hacerse el gracioso colocando algún memé de Peña Nieto, alguno se enojaba por lo que decía, algún otro lo compartía. Todo era política, el ambiente era tan denso que la fijación de la gente en este tema que hasta parecía un poco exagerado. Todos «le sabían» al tema, traían frases históricas y hasta estadísticas: -¡A ver güey, acuérdate que Azcárraga dijo que era el soldado del PRI! ¿Qué no tienes memoria?-, -El amigo del sobrino del tío del abuelo del amigo de la clienta de mi mamá fue a Venezuela y dijo que se caía a pedazos. Por eso no votaremos por López Obrador, hasta les gusta el beisbol como a los venezolanos, está escrito-, -Aquí te muestro una gráfica a partir de una toma de muestra estratificada hecha por el MIT en conjunto con el departamento de criminología adjunta de Cambridge que demuestra el fracaso de la Guerra de Calderón-. Todo mundo buscaba, investigaba, me preguntaban que «qué onda» con x o y cosa. Que si sabía algo que dijeron que el #YoSoy132 era una conspiración comunista nazi judeomasónica planeada en el Club de Bilderberg.

    ¿Ahora que pasa? Pasamos de un extremo al otro, de un interés obsesivo con el tema, al casi desconocimiento. Si hablas de la Reforma de las Telecomunicaciones la «manita del like» de Facebook se llena de telarañas.  Si hablas del regreso del presidencialismo, muchos de los que estaban indignados y hasta decían que debía haber una revolución para deponer a Peña Nieto y sodomizarlo como a Gadaffi, parece que el tema ya no existe y la palabra «política» fue desterrada de su diccionario. Es más, ni siquiera pasa lo opuesto, gente que en las redes diga, que Peña está haciendo bien su trabajo, que se nota la «eficacia», que sí pueden hacer lo que el PAN nunca hizo. Si acaso se habló del tema de Elba Esther Gordillo y no hubo tanta halaraca tomando en cuenta que caía uno de los «venenos históricos» del país. De la Reforma a las Telecomunicaciones nada, y eso que los medios eran «tema bandera» hace meses, y eso que la gente se queja por la mensualidad del celular. -Ai haber [sic], esas cosas son tecnicismos, que el must carry, el must offer, yo no le entiendo a esas cosas, ¿Telecomu.. qué?-. Lo que sí sigue vivo es esa ya tradición de burlarse del ahora Presidente, pero más que nada ya parece un fenómeno tipo Ninel Conde. Que si se puso la banda presidencial al revés (que fue debido en realidad a una modificación de las leyes), que si encontraron una foto de joven de Peña Nieto con un sweater con un osito cariñosito». ¿Qué acaso no se están fijando en las políticas que implementan? ¡Caray!, y eso que todo se está moviendo mucho más rápido que de costumbre.

    Me preocupa un poco, porque creo que como buenos ciudadanos deberíamos preocuparnos por lo que pasa en nuestro país, siempre. Entiendo que venimos de unas elecciones donde el tema de la política termina cansado. Pero el quehacer público nunca duerme. Sí, hay muchas cosas más que la política en la vida (el futbol es una, y es menos importante que la política) pero creo que debemos estar al tanto, analizar aunque sea de reojo que es lo que pasa con nuestro país. A nuestro país le faltan contrapesos, y uno de ellos deberían ser los ciudadanos atentos y vigilantes de las acciones de nuestros políticos.

    Sí, de los temas actuales se hablan en los diarios, las plumas los analizan y los desmenuzan. Pero parece que a la gente de a pie parece ya no importarle tanto, aunque el tema tenga que ver con el que se obsesionaron hace algunos meses. La política no puede ser una moda ni un fenómeno coyuntural, porque esta hasta cierto grado determina nuestras vidas todos los años, los 365 días y las 24 horas. Así de simple.

  • El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicanoAfirmaciones como «hay una élite en el poder que domina el país», «la mayoría de los políticos son corruptos» entre otras, en realidad no son falsas, pero pierden perspectiva cuando se le agrega «el pueblo es bueno». Pareciera que en México dichas élites, empresarios, políticos y gentes de poder son algo así como aliens, extraterrestres, personas que pertenecen a otra realidad, que nada tiene que ver con nosotros; y esto en realidad es una falacia. Mucha gente cree que extirpando estos cánceres ya la hicimos. Pero es como si el doctor nos quitara los lunares cancerígenos y no se diera cuenta de que hay una metastasis en todo el cuerpo. Y uno no se pone a pensar, esos políticos corruptos, esos empresarios que juegan con los hilos del poder, alguna vez fueron ciudadanos como nosotros, e incluso siguen siendo ciudadanos, no han perdido dicha característica.

    Ahora por ejemplo se habla de la posible llegada de Enrique Peña Nieto al poder, muchos han mostrado cierto repudio e indignación, y hasta cierto punto lo entiendo viendo parte de la historia del PRI e incluso viendo como se desempeñan algunos priístas en la actualidad. La gente se manifiesta e incluso busca organizar marchas y lo hace por iniciativa propia. Y está bien, están en todo el derecho a manifestarse y creo que es algo mejor que quedarse en casa y quejarse en las comidas. Pero creo que a veces no entendemos que el problema, el hecho de que en nuestro país emerjan políticos de dudosa reputación no es algo ajeno a nosotros, y no quiero herir susceptibilidades, pero los políticos que tenemos son representativos de nuestra sociedad. Dicen ¿por qué la mayoría de los políticos se corrompen?. No es que «ellos» sean los malos y «nosotros» los buenos, es el hecho de que nuestra idiosincrasia nos orilla a comportarnos de cierta manera ante distintas circunstancias. Los políticos son mexicanos que comparten la misma cultura, pero ante un escenario donde se poseé más poder, ese «mexicano supuestamente bueno» termina sucumbiendo ante las tentaciones. Pareciera que asumimos que los ciudadanos al entrar en política son adoctrinados o les lavan el cerebro para que aprendan a robar. Es falso, los políticos son ciudadanos que se comportan de acuerdo al escenario en el que se mueven.

    Entonces tenemos que entender que si tenemos políticos de tan mala calidad contendiendo a la presidencia, es porque no hemos resuelto nuestros defectos culturales que no nos permiten avanzar. Ellos representan nuestra realidad como pueblo, podemos pensar que son ajenos en el sentido que no trabajan para el pueblo, pero culturalmente es lo diametralmente opuesto, ellos tienen las mismas raíces culturales que el pueblo porque no dejan ser parte de él. El problema es que los ciudadanos quieren deslindarse de este problema y todo se lo adjudican a los políticos. Por ejemplo, cuando ocurrió en la FIL sobre lo de la «pifia» de Peña Nieto (y lo digo porque al yo ser lector, tengo la autoridad moral para hacer crítica al respecto), se criticó el hecho de que el candidato no supiera mencionar tres libros, y confundió autores (ya decían que ayer Peña le había mandado condolencias a la familia de Enrique Krauze), y es cierto, es malo que un candidato no tenga el hábito de leer porque la perspectiva sobre muchos temas que influyen en el quehacer político es más reducida e igual habla de una mediocridad intelectual indeseable en alguien que quiere dirigir el país. Pero muchas de las personas que criticaron este hecho en redes sociales a Peña Nieto era gente que no lee un miserable libro en su vida. Algunas personas incluso tuvieron el despacho de buscar títulos de libros que nunca leyeron en Internet para criticar al candidato.

    Es decir, yo no puedo perdonar a un candidato por tener tal defecto, pero yo como ciudadano si tengo el derecho de tener dichos defectos y a la vez criticar de los mismos defectos que poseo a los funcionarios públicos. Igual cuando se les preguntó a Peña Nieto y a Josefina Vázquez Mota sobre el salario mínimo y el costo de varios productos. Naturalmente el desconocimiento de estos es preocupante, pero me pregunto si los ciudadanos conocen ya no digamos esa información (que tal vez por su posición no les es necesario conocerla), sino información básica que tienen que conocer para desempeñarse ya sea como ciudadanos o como profesionales. O por ejemplo cuando a Obrador se le criticó por no saber hablar inglés (esto sumado a las críticas que le llovieron a Peña Nieto por mostrar un muy bajo nivel de inglés en una conferencia y el hecho de que Josefina posteriormente declarara que no sabe hablarlo), mucha gente que hizo esta crítica no sabía tampoco hablar inglés, y más estando en un ámbito donde si dicho ciudadano se quiere desarrollar es imperativo aprender el idioma. Para los políticos en realidad no lo es tanto, un ejemplo es Nicolas Sarkozy, expresidente de Francia, y quien tuvo las riendas de la Unión Europea junto con Angela Merkel, no sabe hablar nada de inglés, y como decía el mismo AMLO «para eso tenemos traductores».

    Criticamos a los políticos como si fueran algo ajenos a nosotros, los despreciamos, pero a la vez exigimos que sean mejores que nosotros (que contrariedad), no les perdonamos ni un desmayo, ni un lapsus. Ah pero nosotros como ciudadanos si tenemos todo el derecho de hacerlo, tenemos el derecho de saltarnos las instituciones, de cometer actos de corrupción (al cabo como no tenemos mucho poder, no se notan), lo peor de todo, es que exigimos un cambio a los políticos, pero la mayoría de los ciudadanos no hace nada por lograr un cambio positivo en una sociedad. Todos esos críticos ahora de Peña Nieto, antes de López Obrador, y tal vez de Vázquez Mota y otros más les pregunto ¿hacen algo para mejorar su entorno?. El problema es que como es más fácil criticar que proponer o crear cosas nuevas, hacemos lo primero y les delegamos lo segundo, si, a esos políticos que luego tachamos de corruptos. Y estas personas, que se limitan a criticar a quien les venga la gana en las redes sociales (y hablo de personas de todos colores y preferencias políticas) ya creen que están haciendo activismo.

    Mientras no empecemos por arreglar la casa, las cosas en el país van a seguir igual, no van a mejorar. El ciudadano mexicano común todavía no se da cuenta que tiene más poder del que cree tener, pero no quiere asumirlo. Cree que con trabajar ocho horas diarias y pagar la parte proporcional de su sueldo al SAT (tramitología que hace la empresa que lo contrató) ya cumplió. Y sinceramente este tipo de personas están en un grave error. El hecho de ser ciudadano te obliga moralmente a involucrarte activamente en el quehacer público, si pensaban que la democracia consistía en votar cada 3 años por «el menos peor» creo que entonces estamos cayendo en un grave error, porque al no buscar mejorar como personas, como ciudadanos y por lo tanto incidir para lograr una mejor cultura, estaremos condenados a quejarnos cada 3 o 6 años y preguntarnos por qué tenemos este tipo de políticos.

  • Una lenta y continua decepción de la política mexicana.

    Una lenta y continua decepción de la política mexicanaCuando era un niño, el Gobernador del Estado de Jalisco era Cosio Vidaurri, del PRI. Y aquel en su tiempo pidió licencia por las explosiones en el alcantarillado en Guadalajara que dejó cientos de muertos, por lo cual el Presidente Innombrable del República de ese entonces, Carlos Salinas lo envió como embajador a Guatemala como una forma de protegerlo porque muchas de las acusaciones apuntaban hacia él. En ese tiempo yo iba al club deportivo Atlas Colomos (del mismo equipo de futbol que se acaba de salvar del descenso) y ahí siempre me cortaban el pelo. Habían dos peluqueros y a veces uno no corría con la suerte de encontrar a uno desocupado, y fue así, el «cliente» que estaba siendo atendido por mi peluquero favorito era Cosio Vidaurri, cuando era gobernador. Yo nada más lo ví y le grité «eres un pinche ratero» (el tipo no tuvo más que sacar una carcajada). Esa curiosa anécdota me la recordaron mis padres, mis tíos y todos mis parientes y hasta la fecha lo hacen.

    En ese tiempo me enseñaron a odiar al PRI, y tal vez habían argumentos de peso, mis familiares sufrieron las crisis provocadas por Echeverría y López Portillo. La que si recuerdo fue la de 1994, que ciertamente a nosotros como familia no nos afectó tanto porque mi papá conservó su trabajo (luego a raíz de esta la empresa donde trabajaba quebraría pero se había anticipado y había cambiado de empleo), pero muchos familiares se vieron en serios aprietos. Las cosas no volvieron a ser igual, en las navidades ya no me regalaban juguetes «todos mis tíos» tan solo lo hacían mis padrinos. Tenía 12 años, pero era lo suficiente para ver la angustia en la gente, aprendí lo que era una devaluación, y también lo «ratero» que había sido Carlos Salinas. Después de terminar su gestión era clásico inventar chistes de Carlos Salinas, en los consultorios se pegaban hojas impresas haciendo chistes del expresidente, algo así como un antecedente con lo que ahora se hace con los candidatos en las redes sociales.

    En ese entonces yo era panista, porque era «el partido del cambio». Creía inocentemente que eran los buenos, los incorruptibles, los honestos. Claro,  a los 14 años todavía no sabía si era alguien de derecha o de izquierda, había escuchado alguna vez la definición en alguna clase en la secundaria pero nada más. En 1994 se dio la «alternancia» en Jalisco, llegó Alberto Cárdenas del PAN, lo cual trajo la primera emoción y marcó un antecedente de lo que jamás sucedería a nivel nacional; a pesar de su conservadurismo (al grado de prohibir las minifaldas en recintos públicos) había hecho un buen papel (y tal vez el único de los gobernadores panistas que hemos tenido), con esos antecedentes y con todos los comentarios positivos que hacían mis parientes de León, donde el gobernador era Vicente Fox, pensamos que el guanajuatense iba a encarnar el verdadero cambio. Ya tenía edad para votar, y todos mis votos iban a ser PAN. Cuando se dieron a conocer los resultados preliminares de las encuestadoras (que marcaban una diferencia suficiente para no tener que esperar a que el PREP lo ratificara) me llené de emoción, festejé como tal como un aficionado al futbol festeja cuando su equipo hace un logro importante. Al siguiente día, en la preparatoria, no dejé de echar carrilla a una amiga con afiliación priísta, le hacía la «V» de la victoria para molestarla, y me burlaba de su Zedillo (de quien años después, tuve que aceptarlo como el mejor Presidente desde López Mateos).

    Cuando empezó a ejercer la presidencia, comenzaron poco a poco a llegar las decepciones, después de más de un año de gestión, mis amigos y yo comentábamos que el gobierno de Fox en realidad no parecía tan bueno, no tanto como nos lo había pintado. Ciertamente los indicadores económicos en su gobierno fueron positivos (por el contrario de lo que ha sucedido con Calderón), pero no se palpaba ese cambio, nuestros ingresos no crecían, y lo peor es que la estructura heredada del PRI ahí seguía y Fox no hacía nada para al menos provocarle algún raspón. Fox se convirtió en el payaso presidencial. Y al tiempo que Fox Gobernaba, en Jalisco el Gobernador Rámirez Acuña comenzó a ejercer la mano dura contra la población, deteniendo a varias personas en una «rave» en Tlajomulco, y también encarcelando a varios altermundistas en la Cumbre celebrada en Guadalajara en 2004, donde muchos afirman por lo que vieron que los «revoltosos que destruyeron los locales en el centro» fueron enviados por el gobierno para desacreditar la manifestación. Lo cual provocó la indignación (entre otros temas) de parte de la sociedad tapatía que vieron en las organizaciones civiles una forma de hacer contrapeso.

    El PAN se estaba desgastando y cada vez parecía menos al PAN que nos habían vendido, ese partido humanista, subsidiario y solidario. El PAN dejó de ser «mi partido» en el 2006, y terminé inclinado por una especie de «agnosticismo político». Fue la última vez que les di mi voto, dentro de una difícil decisión, era Calderón o López Obrador, y después de pensarlo mucho me incliné por el primero. Esa sería la última vez que le daría mi voto al PAN. Pero el partido había caído de mi gracia, por la forma en que llevó la campaña (la guerra sucia) y porque terminó siendo utilizado y prostituído por los poderes de facto; y también por el PRI que legitimó la elección del 2006 porque ellos en ese entonces ya tenían su «proyecto» para el 2012 (dado que tenían perdidas las elecciones del 2006). El PAN no solo no acabó con los regímenes priístas, sino que Carlos Salinas vive tranquilo en México a pesar de todo el daño que le infringió al país, y Calderón para ganar las elecciones pactó con Elba Esther Gordillo, poniendo en un lugar crítico a la educación con tal de que el michoacano llegara a la presidencia.

    El PRD es una cuestión diferente. No puedo hablar de decepciones porque no han llegado a la Presidencia, pero si puedo decir que si bien han hecho una buena gestión en la Ciudad de México (sobre todo con Marcelo Ebrard), les cuesta trabajo desligarse de su pasado priísta, además de que López Obrador manejó muy mal la etapa postelectoral bloqueando Reforma (lo que perjudicó a muchos comercios) y después jugando con las instituciones a las que mandó al diablo, con la situación bochornosa de Juanito y Clara Brugada. Parece ser que una izquierda moderna socialdemócrata empieza a surgir en México, gente como el mismo Ebrard, el Jalisciense Enrique Alfaro o el mismo Mancera muestran una izquierda renovada, muy diferente a esa izquierda chapada a la antigua representada por Obrador. Lamentablemente tendremos que esperar al menos algún sexenio más para que puedan estar dentro de las ligas mayores.

    El PRD aprendió la lección en el 2009, y a pesar de que la elección de candidato no fue la mejor (decidieron parecer más demócratas que usar el sentido común con eso de la encuesta), se percibe como un partido que si bien tiene sus fuertes diferencias se ha mostrado unidos, y dentro de la izquierda suenan nombres importantes, no así el PAN, quien lamentablemente sufrirá una humillante derrota en el 2012 (perderán la Presidencia y uno de sus grandes bastiones: Jalisco).

    El escenario político se ve decepcionante. Pareciera que ninguno de los candidatos tiene la «talla» y es por eso que muchos hemos terminado decepcionándonos de la política mexicana. Es cierto que hay políticos valiosos y capaces, pero son la excepción y no la regla. A veces los encuentras más bien a nivel municipal o a nivel estatal. Incluso por ejemplo, en Jalisco existe gente del mismo PRI que parece valer la pena, no así cuando subes los escalones. El PAN en cambio, en mi estado está atrapado por las corrientes más conservadoras, y están inclinados más hacia la derecha que el PAN federal; una de las razones por las cuales han perdido peso, porque Guadalajara ya no es una ciudad tan conservadora, y los votantes del centro empiezan a ser cada vez más importantes.

    Muchos temen la llegada de Peña Nieto, pero es el simple reflejo de una realidad que vivimos y de la sociedad mexicana, mientras esta no cambie, posiblemente el panorama político seguirá siendo igual, e incluso podríamos correr el riesgo de una regresion ante 12 años donde el trabajo del PAN dejó que desear, donde se limitó a mantener una macroeconomía sana e implementar algunos programas sociales como Oportunidades o el Seguro Popular, pero tampoco logró mostrar un país próspero, y lamentablemente todo esto pesará en las elecciones.

    En mi vida diaria comienzo a entender por qué la política mexicana es como es, y se refleja un problema cultural, un problema que se debe resolver más de fondo y que para lo que no son suficientes las «reformas estructurales».

  • En política las formas importan más que el fondo

    En política las formas importan más que el fondoCuando la gente criticó la pifia de los 3 libros de Enrique Peña Nieto, señalaron algo que ciertamente era preocupante ver en un candidato, porque se asomaba un problema de fondo; pero también es cierto que muchos de los que hicieron esas críticas se burlaron de la «pifia» y ni siquiera se fijaron en dicho transfondo. Se burlaron porque se equivocó. Luego llueven críticas sobre Josefina Vázquez Mota al decir que «fortalecería el lavado de dinero» en lo que a todas luces fue un lapsus. Tal vez con López Obrador eso no ha sucedido porque se ha cuidado demasiado. Lo peor del caso es que esos «lapsus y errores» terminan costando puntos en la intención de voto. Los candidatos se tienen que ir con mucho cuidado porque poner una «c» donde va una «s» podría marcar diferencia en el resultado final.

    Me pregunto, si todas las personas que critican las «pifias» de los candidatos conocen las propuestas. No se si sepan la estrategia para apuntalar el mercado interno de Josefina Vázquez Mota, que Enrique Peña Nieto quiere establecer un sistema de bienestar universal, o que Andrés Manuel López Obrador propone democratizar los medios de comunicación y crear más competencia. Lo curioso es que estas propuestas no parecen importar mucho porque al menos en México, en política las formas importan más que el fondo. Las propuestas quedan en un segundo término cuando se trata de contender por la Presidencia, y lo peor es que al menos desde que tengo edad para votar, las propuestas no son las que han llevado a un candidato a la silla presidencial. En el 2000 la gente votó por Fox porque querían un cambio, en el 2006 votaron por Felipe Calderón por el miedo a la llegada de López Obrador, y si las tendencias no cambian radicalmente, Enrique Peña Nieto llegará por la impecable campaña publicitaria y mediática que tiene detrás de él.

    El hecho de que la gente se preocupe más por las formas que por el fondo, es lo que hace que tengamos un nivel de campaña muy bajo. Los políticos no pueden improvisar so pretexto de tener más posibilidades de errar, entonces los guiones escritos funcionan mejor aunque no digan nada (esto es notorio con Josefina y con Peña Nieto). Cuando a Josefina la dejan ser, se vuelve una mujer más atractiva, pero sus asesores para evitar caer en riesgos le recomiendan usar una oratoria tal (tan acartonada digna de usarse como somnífero) que Josefina deja de ser ella. Esto naturalmente vuelve a la campaña no solamente menos atractiva, sino que limita el flujo de información para que la gente conozca las propuestas. Porque incluso cuando las presentan, se tienen que cuidar en «como lo dicen», porque cualquier confusión podría terminar con la candidatura de un político. La política no es realidad, es percepción.

    En México nos hace mucha falta madurez política. La gran mayoría de la sociedad (y no solo la gente pobre, sino mucha con altos ingresos) no tiene conocimientos básicos sobre la política, un claro ejemplo es el estudio de Excelsior que hizo un estudio donde llegó a la conclusión que los afiliados al PRI eran los más conservadores, mientras que el PAN y el PRD se encontraban casi en el mismo punto (cosa que no tiene que ver con las ideologías del partido). La gente dice odiar la política, pero no solo lo dicen por la baja calidad que esta tiene, sino que para interesarse en ella es necesario «pensar», y caemos en un círculo vicioso, porque los politicos hacen campaña asumiendo que la gente sabe poco de política, y entonces las formas son las que terminan pesando.

    Muchos me tacharán de antidemocrático o elitista pero creo que se debería implementar una licencia para votar. Aunque si ven en el fondo no tiene nada de estas dos cosas. Por ejemplo, asumimos que todos tenemos derecho a manejar, simplemente para hacerlo tenemos que cumplir con ciertos requisitos; yo no he conocido a nadie que diga que por pedir licencias de conducir se esté atacando a la democracia. Tampoco es elitista, la gente más ignorante no siempre es la más pobre, y al igual que para tramitar la licencia de conducir se podría tomar un curso de política básica, para después aprobar un exámen (estos serían creados por un organismo autónomo sin tendencia política alguna). Dirán que la gente pobre no puede ir a esos cursos, pero si pueden ir por su credencial de votar, podrían tomar en un fin de semana un curso de 6 horas por ejemplo. Así al menos se reduciría el índice de gente que vota de manera irresponsable.

    Mientras la ciudadanía no madure políticamente, seguiremos teniendo este tipo de políticos y este tipo de campañas. Si las campañas telenoveleras o las guerras sucias (o amorosas) son más redituables que usar como eje de campaña las propuestas, es que estamos en un problema, y eso explica por qué nuestra democracia no ha terminado de cuajar.