Etiqueta: PGR

  • La palabra del Gobierno contra la palabra de los demás

    La palabra del Gobierno contra la palabra de los demás

    Inicio con dos comentarios que hay que tomar en cuenta para entender el contexto.

    1.- Cuando no puedes censurar abiertamente, la opción que queda es saturar a la población de información de tal forma que ésta quede confundida; parece que es la apuesta del Gobierno. A pesar de las voces calladas (algunas con éxito, otras sin éxito) la oposición existe (me refiero a la ciudadana y no tanto a la política) y sería riesgoso un ataque frontal contra ella. Lo saben.

    2.- Cuando un gobierno está debilitado, la tentación de tomar el poder que éste va dejando es inevitable. Es decir, cuando un gobierno se debilita, la luchas de poder se incrementan dado que esa condición implica una oportunidad para tomar el lugar de quienes ahora gobiernan. Los métodos y alcances pueden ser de diferentes formas; habrán quienes aspiren a derrocar al gobierno, otros apuestan a la siguiente fecha electoral, y otros aspiran a negociar con el gobierno, de tal forma que ellos adquieran parte del poder a cambio de legitimar a este último públicamente.

    La palabra del Gobierno contra la palabra de los demás

    Estos dos puntos nos pueden ayudar a explicar un poco el caso Ayotzinapa, donde veo un Gobierno que miente, pero al mismo tiempo a una oposición (aquí más política que ciudadana) que busca aprovechar la coyuntura. La pregunta es hasta donde influye cada parte ¿La verdad se acerca más hacia la «verdad histórica del Gobierno»?, o por el contrario, hacia la versión de los que se oponen a él y a los escépticos.

    Acercándonos al 26 de Septiembre, aniversario de la masacre de Ayotzinapa, han ocurrido muchas cosas. Primero, el Grupo Interdiscipliario de Expertos Independientes (GIEI) de la CIDH, presenta un informe donde cuestionan la «verdad histórica» presentada por el Gobierno. La información es demoledora, porque si bien no presenta resultados contundentes de lo que realmente sucedió, si deja en evidencia la versión de la PGR. Después de esto, algunos «especialistas» cuestionaron el diagnóstico del GIEI, sobre todo a José Torero quien cuestionó que se hayan incinerado a los estudiantes en Cocula. Después de esto, en Innsbruck afirman haber encontrado la identidad de un segundo estudiante y por supuesto, en estas mismas fechas, detienen a «El Gil» el presunto autor intelectual de la masacre. Las fechas no son coincidencia, no es coincidencia que días después del informe y días antes el 26 de Septiembre, se identifique la identidad del segundo estudiante y se capture a «El Gil».

    También habría que cuestionarse hasta qué punto la oposición trata de aprovechar la coyuntura. Así como lo hicieron en el año pasado cuando sugirieron que Peña Nieto había sido el autor intelectual de la masacre. El problema para el Gobierno es que su crediblidad es tan pobre que se antoja difícil creerle. Más cuando los señalamientos de éste son difusos. A veces los «intelectuales orgánicos» pueden señalar a López Obrador, a la CNTE o inclusive a Carlos Slim como «quienes están detrás», luego pueden afirmar que detrás del GIEI está nada más que los intereses de Álvarez Icaza. Pareciera que los culpables, según el gobierno, son un conglomerado que es inclusive disímil entre sí.

    Con el asesinato de Rubén Espinosa pasa lo mismo, se han creado tantas líneas de investigación y contado tantas historias que han logrado distraer a la población del foco, tan es así que ya no se está poniendo atención en el asunto. Con el conflicto de la OHL sigue la misma línea, aunque en ese caso el Gobierno ha sido más torpe. Después de que aparecieron audios donde inclusive el Presidente vuelve a verse incriminado en conflictos de interés, se evidencia a la PGR sembrando un arma al abogado de Infraiber, empresa que se supone, está detrás del espionaje que dejó en evidencia al Gobierno. Después la misma PGR afirma haber encontrado equipo de espionaje que la empresa usaba.

    Me queda claro que estamos ante un gobierno muy corrupto, sin legitimidad ni autoridad moral. Me queda claro que gran parte de su descrédito se debe en mayor parte al resultado de sus propios actos y no a una campaña de desprestigio. Los intentos de aprovechar y beneficiarse de los vacíos del poder vienen en consecuencia el descrédito del gobierno y no al revés.

    Lo natural y responsable sería analizar las dos partes de la historia. Pero la información es (a propósito) tan difusa que al ciudadano de a pie, no le queda de otra más que hacer juicios ad hominem (a raíz de un Gobierno acostumbrado a mentirle a los ciudadanos). ¿Puede ser que el Gobierno tenga razón en algunos de estos cuestionamientos? No es algo que se pueda descartar, pero la credibilidad que tiene es tan baja que la mayor parte de los mexicanos ya dan por sentado que su argumento se trata de una mentira, y ahora sí, como Pedro y el Lobo…

    Y mientras eso sucede, como suele ocurrir, nunca se sabrá lo que pasó y se harán miles de conjeturas hasta la eternidad (lo que se traduce en más heridas históricas con las cuales lidiar colectivamente).

  • La Justicia y Elba Esther Gordillo ¿libre?

    La Justicia y Elba Esther Gordillo ¿libre?

    Mientras nos indignamos por el caso de Laura Bozzo (coincidencia creo yo, y no una cortina de humo como algunos pudieran pensar), también se habló del caso de Elba Esther Gordillo, y es que ahora resulta que la maestra podría salir libre en cuestión de meses debido a «deficiencias y a la vulneración del derecho a un debido proceso». No quiero detenerme en tecnicismos. Pero ¿usted dónde habrá escuchado eso de las «vulneraciones al derecho de un debido proceso». Ah sí, ¡Con Florence Cassez!, esa francesa que inexplicablemente fue puesta en libertad, argumentando aquello.

    La Justicia y Elba Esther Gordillo ¿libre?

    Incluso se notarán paralelismos con el caso de Raúl Salinas o Caro Quintero: -Qué no se encontró no sé qué-, -que algunos procedimientos no se hicieron bien-, -que la PGR va a impugnar, y Osorio Chong está indignadísimo-. Se lavan las manos para que se piense que se trató de un «error» de alguien, de algún empleado, de un juez, un problema aislado, y que no pensemos que hay algo detrás, que pensemos que el gobierno de ninguna manera es cómplice de todas aquellas «liberaciones y condonaciones».

    En unos meses sabremos si Elba Esther Gordillo sale libre (incluso algunos dudan que esté en la cárcel debido a que no tenemos evidencia fotográfica alguna de que ahí siga). Pero si sale, entonces estaremos ante la confirmación de lo que ya sabemos. Que su detención fue una medida política y no de justicia. Si sale, la conclusión podría ser que la ataron de manos para poder pasar una Reforma Educativa, o más bien, miscelanea educativa, donde ahora se evaluará la capacidad de los maestros. Lo que condicionará que puedan continuar dando clases. Es decir, te encierro, acoto tu poder, y una vez hecho esto, eres libre. No importan todas las fechorías que hayas hecho, sigue viviendo de la fortuna que hiciste en años a expensas de la educación, nada más que ahora, nosotros gobierno priísta, queremos tener el monopolio de dicha educación.

    ¿Cuál sería el costo político? Miren que si la mayoría de la gente se mostró escéptica ante la detención de Gordillo, y dicho acto no modificó considerablemente los niveles de aprobación de Enrique Peña Nieto. Entonces tampoco perderán demasiado. Asumieron el costo mediático que implica exonerar a Raúl Salinas, a Caro Quintero, a Florence Cassez ¿Por qué tendrían que pensar diferente en el caso de Elba Esther Gordillo? El desgaste de la figura de Peña Nieto es más notorio en la clase media. Es cuestión ver nuestras redes sociales. Pero hay un desprecio del gobierno ante este sector (demostrado en la Reforma Hacendaria), porque al final es una minoría, y porque quienes generalmente votan por el PRI, son gente de escasos recursos, que no conocen otra realidad que la marcada por Laura Bozzo, y que desconocen las críticas que el clasemediero hace en las redes sociales. Y estos clasemedieros son los que han estado más al pendiente sobre los actos del gobierno, las liberaciones de personajes de nula reputación.

    El problema con este tipo de actos, es que la clase media, minoritaria, pero sostén de la economía de la nación, recibe el mensaje de que las instituciones no funcionan, que son tramposas. Entonces ¿Para qué cumplir con ellas? ¿Para qué pagar impuestos? -Si las instituciones no hacen bien su trabajo, entonces le voy a decir al primo influyente que me ayude- agrandando el círculo vicioso en el que estamos metidos.

    Triste es, que se utilicen a estas instituciones de esta forma, que algunos se congratulan porque el partido que llegó -Sí sabe hacer política-, lo que se traduce en esto. Dentro de las gráficas y los mapas cartesianos para justificar sus propuestas, no miden los efectos secundarios de sus fechorías, y como es que estas afectan a la psique colectiva mexicana.

    Y si sale Elba Esther Gordillo, tal vez no habrá tanto que lamentar, si entendemos que nunca debimos haber festejado su detención.

     

  • Raúl Salinas de Gortari, México siempre impune

    Raúl Salinas de Gortari, México siempre impune

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    Algunas personas creen en el karma. Creen que la naturaleza se encargará de poner en su lugar a aquellas personas que les hayan cometido un atropello. En el caso de nuestro querido país el karma simplemente no existe, y más bien tenemos una nación que acumula traumas y rencores colectivos debido a los personajes que hacen lo que se les pegue la gana sin que sean castigados, o bien, con el tiempo sean liberados y después exonerados como el caso de Raúl Salinas de Gortari.

    Quienes nos acordamos del México de principios de los noventa (e incluso quienes no lo vivieron), entendimos lo que significan los apellidos Salinas de Gortari. A diferencia de Peña Nieto, el ex Presidente Carlos Salinas, no necesitó una sociedad conectada en línea para que burlas y chistes sobre él se viralizaran. Creíamos que el castigo de la sociedad era implacable y que iba a coadyuvar en un posterior ejercicio de la justicia. Lo primero no sucedió (Peña Nieto, cercano de alguna forma a Salinas, llegó al poder) y lo segundo tampoco, debido a que Raúl Salinas fue puesto en libertad hace algunos años, y ahora con todo el cinismo que va implícito, es exonerado del delito de enriquecimiento ilícito (La PGR afirmó que no «pudo demostrar» que ese súbito enriquecimiento fuera ilegal).

    Naturalmente hay muy pocos argumentos de peso (o más bien no los hay) para pensar que Raúl Salinas, hermano del que fuera acusado por Luis Tellez por robarse la mitad de la partida secreta (Carlos), no haya cometido delitos. Incluso se percibe como de un cinismo descarado ver que a Raúl le devolverán todos sus bienes incautados (41 bienes inmuebles y 12 cuentas bancarias). Los Salinas se salieron con la suya. Solamente por la decisión de Ernesto Zedillo de aprehender a Raúl y exiliar a Carlos, la familia Salinas llegó a vivir algunos momentos «difíciles», pero en esta historia parecen haber triunfado. No importe que su nombre esté manchado mientras puedan reírse sin piedad de la gente.

    Si alguna persona, en acto de ingenuidad, creyó que la detención de Elba Esther Gordillo o de Andrés Granier significaba algún cambio positivo en el nuevo gobierno del PRI entrante. Con la decisión de la PGR, dicha esperanza se apaga por completo para ver que siguen siendo los mismos. Ignoro la cantidad de poder que pueda tener Carlos Salinas dentro del país, pero a juzgar por conversaciones como las de Luis Tellez o las del ex Presidente Miguel de la Madrid, vemos que sigue teniendo una influencia política considerable, al punto que se le considera el mentor y padrino político de Enrique Peña Nieto.

    Con esta exoneración, las autoridades se han vuelto a burlar de la ciudadanía. Y han dado una razón más para que los ciudadanos les tengan escepticismo. Al final es la clara muestra de que como requisito para actuar impunemente, sólo se debe estar completamente alineado al poder, o ser parte de él (cosa en la que se equivocó Elba Esther Gordillo). La famiglia Salinas, a excepción de Enrique, quien muriera asfixiado en el Estado de México, sigue viviendo como si no hubiera pasado nada. Incluso Carlos Salinas se da el lujo de escribir libros y atender a periodistas. Mientras que muchos ciudadanos de a pie, inocentes, deben de lidiar con la presunta culpabilidad tan típica del sistema mexicano.