Etiqueta: Pedro Kumamoto

  • Wikipolítica, la derrota sobre la cual comienza una gran victoria

    Wikipolítica, la derrota sobre la cual comienza una gran victoria

    y estaba bien categorizado de tal forma que se podía generar una narrativa
    Foto: @JuanYvesPalomar

    No fue la mañana más feliz de todas, me había ido a dormir pensando en que se revertirían las tendencias y los wikis lograrían la senaduría y uno que otro puesto más. En ese momento, el PREP ponía a Pedro Kumamoto en tercer lugar pero la brecha parecía cerrarse: – era cuestión de que comenzaran a entrar las actas de la Zona Metropolitana de Guadalajara. – Pensaba yo. Me fui tranquilo a dormir, y así como desde hace tiempo había «vaticinado» el triunfo de AMLO al grado en que ni me inmuté, casi daba como un hecho que Kuma alcanzaba al menos el segundo lugar que le diera acceso a una curul en el Senado. 

    Me desperté y vi con un amargo asombro cómo la brecha más bien se había abierto, pero no sólo con el caso de Kumamoto, sino también la elección donde participaba Susana Ochoa. Traté de explicarme qué había ocurrido, algunos amigos míos estaban devastados, una amiga que se había desvelado contando actas y solo había dormido una hora para después ir a trabajar me contaba con angustia su sentimiento, había llorado mucho; otra que había presumido un día antes su voto por los wikis estaba devastada. Al ver todo este ambiente se me salieron unas cuantas lágrimas (cosa que nunca me había ocurrido en alguna elección), me preguntaba por qué, buscaba culpables en mi mente, ¿qué fue lo que salió mal?. Ignoré el partido de México contra Brasil por completo y amenacé con sentarme frente a la computadora a escribir sobre el tema , pero sabía que opinaría con las vísceras y por eso decidí escribir el artículo hasta el día de hoy, una semana después, incluida una «peda postelectoral» en un depa en Santa Fe con unos amigos que son, como yo, apasionados de la política.

    Le había mandado a Susana Ochoa un mensaje privado expresándole mis mejores deseos tras esta derrota y tras su agradecimiento me invitó al evento que tendrían en el parque La Calma, el primero después de esa elección tan difícil. Al momento que llegué entendí por qué habían elegido esa ubicación: no es un parque que sea icónico pero tiene como característica unos árboles muy frondosos y robustos. El mensaje que querían dar era claro: hemos construido un bosque.

    A pesar de la lluvia que postergó el evento varios minutos, el lugar lució abarrotado. Ahí se encontraba toda la gente que había, de alguna u otra forma, colaborado con ellos (cosa que yo no pude hacer debido a los compromisos que tenía con el programa «Sin Comentarios» el día de la elección). Saludé a Susana Ochoa, a Bernardo Masini y a Pedro Kumamoto. No era uno de los mejores días pero no estaban cabizbajos ni derrotados, sabían que hay que seguir adelante y reconocían que en cuestiones de política no siempre se gana: en vez de lamentarse estaban ahí para agradecer a todas las personas que colaboraron. Además de ofrecer agua fresca y algunos aperitivos, también entregaron diplomas a los colaboradores y mostraron una galería. Ese evento fue una suerte de agradecimiento e incluso hasta de humildad. Saben que su movimiento está sostenido por muchas personas y había que agradecerles. 

    Los wikis tendrán una tarea difícil, pero no imposible: tendrán que mantenerse vigentes estando fuera de la política para llegar lo más fuerte posible durante los tres años que deberán transcurrir para las elecciones del 2021. Aunque creo que la derrota que sufrieron ocurrió mayormente por factores exógenos (cosas que estaban fuera de su control) sí hay algunas cosas que pienso que se pudieron hacer mejor (que mencionaré unos párrafos después). Invitaron a no criticar u atacar a los candidatos que ganaron la elección ni a quienes votaron por ellos y también reconocieron que deben de ser autocríticos con lo que hicieron o dejaron de hacer.

    En política las narrativas importan y mucho, ya que son estas (más que las propuestas o cualquier otra cosa) las que seducen al electorado. Creo que el éxito o el fracaso del movimiento tendrá que ver con la narrativa que ellos construyan en estos tres años y, sobre todo, la narrativa de esta elección. Es tentador hablar de una derrota como tal: «perdimos, estamos frustrados, no logramos lo que queríamos», es lo primero que se viene a la mente ya que es lo primero con lo que nuestras emociones inmediatas conectan, pero una narrativa nunca atrae votos ni simpatías, por el contrario. Pero dentro de este suceso hay otra perspectiva que se debe narrar, y es que cuantitativamente Wikipolítica ganó mucho más votos que los que obtuvo para que ganara Pedro Kumamoto en 2015. Visto así, Wikipolítica ha crecido considerablemente estos últimos años. Kumamoto y los suyos han ganado simpatías dentro de la comentocracia a nivel nacional así como dentro de líderes de organizaciones civiles tan importantes como el IMCO. 

    Wikipolítica
    Foto: @Clairewitzilin

    Wikipolítica no ganó ninguna elección, pero aún así creció y se hizo más fuerte. Tal vez no fue lo suficiente para contrarrestar el vendaval compuesto de coaliciones de partidos (a los cuales, de forma individual, les ganaron) y al arrastre de MORENA, pero si hablamos de crecimiento tenemos que hablar de números positivos. En los años que vienen tendrán que hacer énfasis en ello, en que el movimiento es cada vez más fuerte. Será decisión de ellos si mantienen el movimiento con el mismo formato o deciden modificarlo (por ejemplo, convirtiéndose en un partido político u otra forma de organización) pero hay argumentos para crear una narrativa positiva a pesar de lo que ahora podríamos considerar una derrota. 

    ¿Hubieran ganado se si hubieran hecho mejor las cosas? No lo sé, es difícil saberlo, pero si tuviera que hacer un diagnóstico de lo que se pudo hacer mejor haría énfasis en lo siguiente. Con esto no digo que hayan hecho una mala campaña, hay cosas que se hicieron muy bien, pero también es importante hacer notar aquellos puntos donde yo noté algunas fallas.

    1. Muchos candidatos. Creo que colocaron demasiados candidatos, lo que hizo que su esfuerzo se diluyera. Pienso que debieron apostar a 5 o 6 candidatos a lo mucho (sumando los candidatos al Senado, diputados nacionales y locales) en vez de los 16 que postularon. No sé si ellos lo hayan visto así (me atrevo a pensarlo porque yo mismo lo llegué a pensar), pero pensar que el fenómeno Kumamoto iba a potenciar por sí solo las candidaturas es un exceso de confianza. 
    2. Posicionamiento de marca. Aunado a esto, percibo que la estrategia de branding (posicionamiento de marca) no fue la mejor. En 2015 funcionó haber creado a Pedro Kumamoto como marca, pero al parecer, y por lo que me comentaron algunas personas, hubo confusión entre quienes eran los candidatos. Kumamoto estaba muy posicionado, pero no Wikipolítica. Ya que Kuma estaba posicionado, tal vez era necesario tejer la relación entre Kuma y los otros candidatos (relación que, por ejemplo, hicieron los candidatos de MORENA con AMLO) o mejores estrategias para posicionar el movimiento. Siento que hizo falta más difusión del concepto de «sembrar un bosque» que tenía potencial para más. 
    3. Catálogo de propuestas mejor definido. Una de las cosas más valiosas de Wikipolítica es su disposición a rebotar su proyecto con la sociedad civil y con los vecinos, eso es algo a lo que está muy poco acostumbrada la clase política de nuestro país. Pero si yo no hubiera asistido a estas reuniones, posiblemente no hubiera sabido bien a bien qué es lo que estaban proponiendo. Las propuestas son importantes, no como meros tecnicismos, sino porque en su conjunto ayudan a crear narrativas y le dan identidad a un movimiento o a un candidato. Wikipolítica habló de «reemplazar a los políticos» y jugó con el hartazgo, lo cual me parece bien, pero se quedó simplemente ahí. El proyecto no estaba mal en general y estaba bien categorizado de tal forma que tuviera potencial para generar una narrativa (aunque por momentos parecían ser más una organización civil que un movimiento político), pero no fue debidamente difundido. Un proyecto más sólido y, sobre todo, con una mejor difusión, le hubiera dado más sustancia a su movimiento y a sus candidaturas. 
    4. Definición ideológica. Tengo la percepción de que Wikipolítica pretende «abarcar todo» lo cual a priori se puede interpretar como un mensaje incluyente. Sin embargo, en política, e incluso en esta era etiquetada como post-ideológica, querer abarcar gran parte del espectro ideológico se presta a confusiones. Yo ubico a Wikipolítica como un movimiento de centro-ízquierda o socialdemócrata (sobre todo por la forma de pensar de quienes lo forman) pero no se termina definiendo como tal y cae en muchas ambiguedades. 
    5. Más barrio. Tal vez sería injusto achacarles esto porque en estas elecciones sí se esforzaron por conocer otros sectores sociales distintos a los suyos. Salieron a la calle en vez de centrarse en las redes sociales. Pero algo que creo que ocurre con la participación ciudadana dentro de Guadalajara (hay que recordar que ellos son, en parte, herederos de la creciente ciudadanía organizada que ha visto nuestra ciudad) es que ha faltado un poco más conocer las otras realidades, y esas parecen ser algo totalmente nuevo para ellos. Algunas personas se llegaron a sentir alienadas por esta cuestión e incluso vieron a Wikipolítica como un «movimiento de hipsters con privilegios de clase». Estos tres años será una gran oportunidad para ir y conversar con las personas de las colonias populares, aquellos que viven otras realidades distintas, aquellos que han sido cooptados por el asistencialismo de partidos como el PRI. Si lo logran, llegarán muy fuertes al 2021.

    Wikipolítica es un movimiento que tiene mucho potencial. Vaya, me atrevo a asegurar el movimiento político con mayor legitimidad en nuestro país. A pesar de la natural falta de experiencia o conocimientos en algunas cuestiones, la humildad para aceptar recomendaciones u opiniones hace que esto casi deje de ser un defecto. En lugar de mantener una postura soberbia, ellos asumen que no son perfectos, por lo cual les es indispensable escuchar y, sobre todo, seguir aprendiendo. Eso es algo que yo reconozco mucho, porque me habla de una visión completamente nueva de lo que es o lo que debe ser la política. 

    Tal vez por eso su derrota nos duela a muchos, pero el éxito está pavimentado de muchos fracasos (un fracaso que lleva consigo, como lo mencioné, un éxito que a veces podría no ser tan palpable). Yo estoy seguro que en 2015 llegarán muy fuertes. A pesar de que no ganaron nada, me llama la atención que en municipios que antes estaban muy ajenos a este movimiento como Tequila cobraron, de acuerdo al PREP, cierta relevancia. Llama la atención que, sin estructuras, le hagan ganado de forma individual a los partidos más importantes en mucho de los casos. 

    Luchar sin los beneficios del presupuesto y las estructuras es una tarea muy difícil, por eso sería una irresponsabilidad hacer creer que el movimiento se está diluyendo o debilitando, por el contrario. Wikipolítica ha seguido creciendo y estoy seguro que cimbrarán, en los años venideros, las estructuras políticas de nuestro país. 

     

  • De #YoSoy132 a Wikipolítica, una historia que contar

    De #YoSoy132 a Wikipolítica, una historia que contar

    De #YoSoy132 a Wikipolítica, una historia que contar
    Foto: El Informador

    A lo largo de mi última década de vida he tenido el privilegio de observar el crecimiento de una generación de jóvenes que aspiran a revolucionar el panorama político de nuestro país. No se trata de alguna cosa espontánea, sino de un movimiento que ha ido madurando con el tiempo, a base de caídas, de prueba y error, de experiencia. 

    A pesar de que he sido parte de varias organizaciones civiles en mi última década de vida, casi nunca participé activamente dentro de ese conglomerado que ahora amenaza con irrumpir en la política nacional; pero sí tuve la oportunidad de conocerlo muy de cerca y ser testigo de su evolución. Por ello es que narraré lo que viví y me tocó presenciar en Guadalajara. Sé que este fenómeno no es exclusivo de mi ciudad pero sí que ha tomado un rol muy importante (junto con la Ciudad de México) ya que es en Guadalajara donde surge el fenómeno de los candidatos independientes quienes, alimentados por el boom de la participación ciudadana en la ciudad, deciden irrumpir en la política.

    Posiblemente mucha gente recuerde varias de las etapas pero las vea como fenómenos aislados, tales como la campaña del Voto Nulo en 2009, #YoSoy132 en 2012 y el ascenso de Pedro Kumamoto y Wikipolítica en 2015. En realidad están muy conectadas y explican una parte del crecimiento de la participación ciudadana en nuestro país. A lo largo del texto verán por qué:

    Todo comenzó con la campaña del Voto Nulo en 2009, fecha que marcó, a su vez, el inicio de una fuerte ruptura entre la ciudadanía y la clase política. Los primeros síntomas de desgaste comenzaban a aparecer, el discurso de la «transición democrática» que repetía el gobierno y los medios ya había perdido su atractivo, las nuevas generaciones ya no se sentían identificadas con los partidos políticos. En ese entonces yo participaba en una organización civil llamada Un Metro por Guadalajara, una de tantas organizaciones y colectivos que comenzaban a surgir con la ayuda de las redes sociales. No eramos expertos siquiera en urbanismo (el tema de la movilidad alternativa comenzaba a tomar fuerza en la ciudad) y en realidad estábamos motivados por nuestro contacto directo con los modelos de transporte de otras latitudes del mundo. Algunos de los integrantes venían de estudiar en Europa, yo había quedado maravillado con el metro de Nueva York, y soñábamos con algo parecido para nuestra ciudad. 

    Wikipolítica no es un fenómeno aislado, es el resultado de la evolución que participación ciudadana tuvo en Guadalajara. 

    Gracias a las redes que las diversas organizaciones civiles suelen tejer es que tuve conocimiento de aquella campaña del Voto Nulo, que si bien buscó propagarse a nivel nacional, tomó más fuerza en ciudades como Guadalajara y la Ciudad de México, ciudades que hasta la fecha son pioneras en el desarrollo de la participación ciudadana. El movimiento tuvo muchos adherentes pero también recibió varias críticas, y ciertamente a estas alturas es muy discutible si votar nulo puede cimbrar las estructuras políticas, pero lo cierto es que fue, de alguna forma, el inicio de algo más grande. 

    Tuve la oportunidad de ir a uno de los congresos se organizaron. Fui, junto con algunos amigos de la organización a la que entonces pertenecía, al ITESO donde tenía lugar dicho congreso, al cual asistieron varias personas y organizaciones de otras latitudes del país. Recuerdo que el propósito era crear una agenda o un acuerdo para darle fortaleza y durabilidad al movimiento. Fue un desmadre, había bastante desorganización, era difícil conciliar las diferencias entre los diversos participantes y yo di por sentado que no se iba a llegar a nada. Y según recuerdo, no llegó a mucho en ese momento. Pero también era claro que faltaba mucha experiencia. 

    El Voto Nulo no logró más que mandar un mensaje de que la ciudadanía se estaba desencantando de la política. Ello no logró ningún cambio dentro de las estructuras políticas en ese momento ya que si bien el porcentaje de votos anulados fue mayor que en cualquier otra elección, tampoco se trató de un porcentaje muy alto; y dado que los partidos recibían recursos de acuerdo a la proporción del voto y no al número de votos, básicamente no les importó ni les afectó en lo más mínimo. El PRI fue el mayor beneficiado gracias a su voto duro.

    A pesar de que haya podido parecer un fiasco, un cambio se estaba comenzando a gestar. Comenzaron a aparecer varias organizaciones civiles y colectivos dentro de la ciudad, muchas de ellas relacionadas con la movilidad. Las universidades como el ITESO (IBERO), y en menor medida el ITESM o la U de G, ayudaron mucho para que esta nueva ola de ciudadanía participativa apareciera y se comenzara a propagar dentro de las clases medias de la ciudad. Dichas organizaciones lograron tejer redes entre ellas, organizaron eventos de movilidad como Carfree e incluso lograron cancelar la Vía Express propuesta por el Gobierno de Jalisco cuyo propósito era seguir fomentando el uso del automóvil. Este movimiento que se estaba comenzando a gestar tuvo su primera coyuntura política importante dentro del movimiento #YoSoy132. A su vez, es de este movimiento que se deriva lo que ahora conocemos como Wikipolítica. 

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    Evento de Carfree en el Nodo Colón en Guadalajara.

    Dada la horizontalidad del movimiento #YoSoy132, este evolucionó de forma diferente en las distintas regiones del país. Todo había empezado con la visita de Enrique Peña Nieto a la Ibero de donde salió abucheado, y mientras que dentro del PRI buscaban estrategias para desarticularlo ya que dentro de la coyuntura política en la que se encontraba, la campaña de Peña Nieto era la más perjudicada, los jóvenes buscaron darle fuerza al movimiento, e incluso lograron organizar un debate que con todo y su improvisación fue mejor que los del organizados por el IFE. Pero crear unidad fue un tanto difícil por las evidentes diferencias entre los jóvenes de la Ibero y del ITAM y los de la UNAM (estos últimos más inclinados a la izquierda y con mayor experiencia política).

    Si bien, el movimiento logró mantener una postura apartidista (es decir, no representaban o simpatizaban con algún partido) al final parte de este movimiento fue seducido, sobre todo en la región central del país, por algunos grupos de interés (como el SME) e incluso MORENA, que en ese entonces era el movimiento de López Obrador, intentó, en los albores del día de la elección, influir sobre el #YoSoy132. En Guadalajara intentaron hacerlo sin éxito alguno. 

    Pero la llama del movimiento no se apagó por completo y para ello debemos explicar lo que ocurrió en Guadalajara, ya que su mayor herencia se gestó aquí. Mientras que en la Ciudad de México su herencia se puede palpar más bien en forma de periodistas y comunicadores como Genaro Lozano y Antonio Attolini, en Guadalajara evolucionó a lo que ahora conocemos como Wikipolítica. 

    Alguna vez llegué a ir a alguna de las conferencias que el movimiento (también llamado Más de 131) organizó en el ITESO y que estaba representado por miembros de las organizaciones civiles y académicos de Guadalajara como la doctora Rossana Reguillo, quien ha tenido un papel muy importante dentro del desarrollo de este movimiento. Ya se notaba una mayor experiencia y articulación dentro este conglomerado ciudadano que estaba evolucionando en nuestra ciudad y, a diferencia de lo que terminó por ocurrir en la Ciudad de México, siempre logró mantener distancia de los partidos políticos y grupos de interés, cosa que puede ser algo difícil dentro de una coyuntura política tan importante como lo es una elección. 

    Pasaron las elecciones y el trago amargo de ver a una figura como Enrique Peña Nieto, quien a la postre sería el presidente peor evaluado en la era moderna de nuestro país, y el movimiento se difuminó. #YoSoy132, además de su oposición al candidato del PRI, buscaba democratizar los medios dada la concentración en el duopolio televisivo. No fracasaron del todo ya que el desprestigio, en conjunto con la convergencia tecnológica producto del Internet, les ha quitado a las televisoras una gran capacidad de influencia. Pero su gran éxito no estuvo en «lo inmediato», sino en aquello que dejaron sembrado.

    #YoSoy132 Guadalajara.

    Pasaron tres años para que llegaran las elecciones del 2015 y donde Wikipolítica, heredera natural de #YoSoy132 en Jalisco, haría su aparición. Algunos de los activistas decidieron tomar un camino propio y participan en la política por medio de un puesto público (sobre todo en aquellos relacionados con la movilidad), pero gran parte de los restantes decidieron apoyar un proyecto que al principio se antojaba muy difícil, y ese era llevar a un candidato independiente, Pedro Kumamoto, al Congreso del Estado. Y lo lograron. Si el triunfo de Peña Nieto en 2012 los tenía muy frustrados, el triunfo de su candidato los recompensó. Se ganaron el cariño de la gente y contra todo pronóstico, el candidato independiente le arrebató el distrito 10 al PAN (en el cual nunca había perdido). 

    Tres años después, Wikipolítica tiene presencia en varios estados de la República, aspiran llegar al Senado de la República (lo cual lograrán con toda seguridad) y su presencia a nivel nacional es creciente. Kumamoto ya es un fenómeno a nivel nacional gracias a campañas como «Sin Voto no hay Dinero» con lo cual se ha ganado a gran parte de los activistas, analistas, académicos e intelectuales de todo el país. Jalisco es la única entidad de toda la República donde los candidatos independientes tienen mayor preferencia sobre todas las coaliciones que contenderán en las elecciones de este año.

    2018 será un año muy importante para este movimiento que en sus inicios tuvo que aprender de sus errores y de la falta de experiencia, pero que logró llegar al poder. Si bien es muy sano y deseable que este movimiento también sea objeto de crítica (no son perfectos y considero que tienen algunos puntos criticables), también es cierto que algunos han intentado, con recelo, minimizar o despreciar a este movimiento, sobre todo aquellos que siguen enclavados en las viejas formas de hacer política. 

    A mi parecer, uno de los atractivos de este movimiento es que tiene que ver más bien poco con la política tradicional ya que no se asumen como aquellos que «les van a resolver los problemas a la gente» sino como aquellos que aspiran involucrar a la gente al proceso. Su trayectoria dentro de la participación ciudadana y a su lejanía de las formas de la política tradicional les permite involucrarse dentro de la política con otra cultura muy diferente y les permite ser capaces de establecer una relación horizontal y recíproca con la ciudadanía, cosa que lograron mantener cuando Kuma estuvo dentro del Congreso del Estado.

    Y eso se nota, porque a pesar de ser reconocidos por la sociedad, no se «han mareado». No he conversado con Pedro Kumamoto personalmente, pero en las ocasiones que lo he visto su comportamiento dista muchísimo del de un político tradicional: no busca reflectores, e incluso en muchas ocasiones se sienta atrás en alguna conferencia y pasa desapercibido. Lo mismo puedo decir de Susana Ochoa, quien estuvo encargada de la comunicación y contenderá por la diputación que Kuma dejará para irse al senado y con quien tuve la oportunidad de conversar cuando fui a darle mi firma.

    ¿Perdurará el movimiento? ¿Cimbrará las estructura políticas de nuestro país? ¿Sucumbirá ante las tentaciones del poder? Eso sólo lo dirá el tiempo, pero lo cierto es que Wikipolítica es un movimiento con mucho potencial y al que no le debemos de dejar de prestar atención, ya que es el resultado de un proceso de maduración ciudadana de varios años. 

  • Vamos a hablar de #SinVotoNoHayDinero

    Vamos a hablar de #SinVotoNoHayDinero

    Una de las peticiones que muchos hacen es quitar el presupuesto público a los partidos. Dicen, deben rascarse con sus propias uñas, que basta de alimentar a esos zánganos con nuestros impuestos. La petición suena tentadora, pero sólo hasta que empezamos a esbozar la otra alternativa, que es, precisamente, que los partidos busquen recursos privados tal y como sucede en Estados Unidos.

    ¿Qué podría ocurrir si los partidos se financian con recursos privados? Algo no muy agradable. 

    Estados Unidos se puede dar el lujo de utilizar ese esquema porque tiene -todavía- un mercado muy diversificado y dinámico. Muchas son las empresas o donantes que expiden los cheques, y al ser muchas, los compromisos que el candidato ganador tiene no son tan grandes como lo serían si fueran unas pocas empresas grandes quienes los financian. Aún con esto, es conocido por todos el intenso lobbying (cabildeo) que existe en Estados Unidos, en gran medida, por estos compromisos adquiridos.

    En México el problema sería más grande. No tenemos un mercado dinámico y sí unas cuantas empresas grandes, pero que al final son pocas, y algunas de las cuales crecieron gracias a la estrecha relación con el gobierno. Los conflictos de interés entre gobierno y empresas crecerían exponencialmente. De la misma forma, el narcotráfico podría adquirir más poder al financiar por debajo del agua a alguno de los partidos políticos. Entonces el remedio podría ser más nocivo que el problema a combatir.

    Imaginemos que estamos en el 2012. Televisa se encarga de financiar a Peña, Slim a López Obrador, y Bimbo a Josefina Vázquez Mota. Entonces, la ganadora o ganador tendrá que gobernar a favor de aquella empresa a la cual le debe su triunfo. Peña tendría que favorecer todavía más a Televisa, López Obrador tendría que convertir a todo México en Territorio Telcel, y Josefina tendría que garantizar que las engordadoras donitas Bimbo se vendan en todas las escuelas. 

    Entonces, entendiendo que por el momento el financiamiento público es el menos peor de los escenarios en nuestro caso, al menos hasta que tengamos un mercado más dinámico ¿qué se puede hacer para que este sea no sólo más efectivo, sino que sea más representativo? Se pueden hacer muchas cosas, pero hay una propuesta me ha llamado la atención y que se ha comentado mucho en redes. 

    Hablo de la propuesta del Diputado Federal Manuel J Clouthier y del Diputado Local Pedro Kumamoto llamada #SinVotoNoHayDinero. ¿En que consiste esto? Se propone que el dinero que los partidos reciban dependa del número de personas que convencen para votar.

    Actualmente no sucede así, si bien el monto guarda cierta proporción con el porcentaje de votos que cada partido recibe, para determinar el presupuesto recibido (que se calcula tomando como base el padrón electoral), no se toma en cuenta el nivel de abstencionismo. Es decir, si PRI obtuvo 40%, PAN el 30% y PRD el 30%, el PRI recibirá el mismo monto ya sea que haya votado el 40% o el 80% de los empadronados. Lo mismo ocurrirá con PAN y PRD. 

    Dicho esto, el abstencionismo no les afecta en sus bolsillos.

    Pedro Kumamoto, ese diputado tapatío que llamó la atención en 2015, ha dispuesto de toda su maquinaria de medios para promover esta ley y que tenga impacto a nivel nacional -si algo tiene este diputado, es un equipo de jóvenes expertos en comunicación digital-. Gracias a esta estrategia es que muchos líderes de opinión han replicado la propuesta en sus redes poniéndola sobre la mesa. Es decir, aunque la competencia de Pedro Kumamoto sea a nivel estatal, se logra que la propuesta se discuta en redes y por especialistas a nivel nacional. 

    Él habla de los beneficios de esta propuesta:

    1. Que ahorrarán un 41% en financiamiento.
    2. Que el voto nulo será una forma de protesta más efectiva (no está de más recordar que Pedro Kumamoto formó parte del voto nulo en 2009, que después dio origen al #YoSoy132 en 2012 y en el que también participó).
    3. Que los partidos tendrán que esforzarse más para que la gente vote por ellos. 

    Considero válidos esos beneficios, pero cuando hablamos de una propuesta también deberíamos de señalar los defectos -o efectos colaterales-. Me viene a la mente uno:

    Creo que esta medida podría beneficiar más a los que tienen voto duro sobre los que no lo tienen. Por ejemplo, cuando el PRI pierde una elección sabe que al menos contó con su voto duro o sus estructuras, lo que le garantizará cierto reparto del pastel. Esto no ocurre si el PAN tiene un mal desempeño donde puede llegar a obtener un porcentaje muy bajo. Si la necesidad que tienen los demás partidos para convencer a la ciudadanía con respecto a la del PRI ya era grande, esta propuesta podría aumentar un poco más esa brecha. 

    Aunque el PRI o quien ostente un mayor voto duro también necesite tratar de convencer a una porción de votantes útiles si quiere aspirar a tener más dinero, en términos prácticos -hablando de campañas electorales- no necesitará hacerlo. Si ningún partido decidiera «ser más convincente» el PRI perdería menos presupuesto que los otros partidos, presupuesto que se utilizará para las campañas y medios de comunicación, lo cual no sería ningún inconveniente porque la ventaja presupuestal con respecto a los otros partidos será más amplia -más horas en TV o publicidad-. Posiblemente no ocurra lo mismo con el presupuesto asignado al gasto corriente que hacen los partidos en periodos no electorales y para poder operar, y donde un menor presupuesto sí puede generar una afectación independientemente del presupuesto que puedan recibir los demás partidos.

    Otro posible inconveniente es que esa «cercanía» con la gente a la que apuestan Clouthier y Kumamoto podría en algún dado caso incentivar actos demagógicos o populistas. Aunque a mi juicio no creo que eso llegue a ser un gran problema porque el presupuesto que los partidos adquieren están directamente ligados con candidatos a puestos de elección popular que de todos modos -junto con sus partidos- están moviendo cielo mar y tierra para ganar una campaña. Por el contrario, creo que los partidos que se muestren más congruentes hacia su doctrina y logren aglutinar simpatizantes hacia su corriente ideológica serán más beneficiados presupuestalmente sobre aquellos que no. Muchos de quienes votan por sus diputados y senadores no lo hacen estrictamente por la persona que los va a representar, sino por el partido a quienes representan.

    Pero a la vez veo un beneficio que Pedro Kumamoto no enlista, y es que esta propuesta es un buen antídoto para los partidos pequeños e irrelevantes que fungen en muchos casos como negocios más que como plataformas políticas. Véase Partido Verde, Movimiento Ciudadano o similares. Una reducción del 40% puede afectar el interés de los «dueños» de los partidos-negocio. Si reciben una reducción de ese tamaño, dichos dueños tendrán que reajustar el presupuesto para seguir operando, lo cual significaría desentenderse de parte del presupuesto que utilizan de forma discrecional. Si no hicieran eso, el partido dejaría de ser operativo lo cual puede derivar en una pérdida de registro. Los dueños de partidos pequeños tendrían que ir más allá de conseguir el registro si quieren aspirar a recibir el dinero que ostentaban antes, lo cual los lleva a una especie de paradoja porque para hacerlo tienen que mostrarse más convincentes y cercanos. 

    Si un partido, del tamaño que sea, quiere obtener mayor presupuesto, entonces deberá preocuparse por ser más relevante y representar a la ciudadanía de una mejor forma. Ya no sólo importará obtener un porcentaje de la votación -para no perder el registro o ganar una elección- sino que también deberán mantener sus negativos lo más bajo posible. Actualmente, la decadencia de la clase política no se castiga presupuestalmente porque como comentábamos, el abstencionismo ni el volumen de participación ejercen influencia sobre el presupuesto. Por el contrario, con esta propuesta, todos los partidos se verían afectados en una elección con un abstencionismo alto.

    Al final, tal vez esta propuesta no impacte tanto al PRI, cuyo voto duro, y es necesario decirlo, va empequeñeciéndose debido al cambio generacional. Pero sí incentivaría a la oposición, a las «alternativas» a ser mejores partidos y armar un discurso más convincente. 

    Con todo y sus asegunes, creo que la propuesta del hijo del Maquío y de Pedro Kumamoto tiene más puntos a favor que en contra, y considero que es una propuesta que debería considerarse e impulsarse. Porque aunque creo que se podrían hacer más cosas en términos electorales y se debería concebir esta propuesta junto con otras que incentiven a los partidos a representar mejor a sus ciudadanos, sí da un paso adelante en la reducción del gasto público de los partidos y en la representatividad de los partidos políticos. 

    Decir que «vamos a devolverle los partidos a las personas» como asegura Kumamoto me parece una afirmación exagerada (algunos partidos nunca han representado de forma honesta a sus gobernados), pero la propuesta al menos si ofrece un incentivo para que los partidos tengan que acercarse más a los ciudadanos. 

    Al final del día tenemos que reformar un sistema que no está funcionando y que tiene al país en una condición de «desgobierno», y para hacerlo tenemos que cambiar las estructuras en que éste se desenvuelve con apego a la institucionalidad. Dicho esto, esta propuesta está bien encaminada con respecto a ese propósito.   

    Vamos a hablar de #SinVotoNoHayDinero
    Fuente: http://sinvotonohaydinero.mx/
  • La gente quiere outsiders, no candidatos independientes

    La gente quiere outsiders, no candidatos independientes

    La otra vez leí una columna que escribió Pedro Kumamoto, quien ganara la diputación local por el distrito 10 de Zapopan como candidato independiente, donde externa con preocupación que los medios oficialistas repiten una y otra vez el discurso del desangelado papel que los independientes tuvieron en estas elecciones del 2016.

    No sé, si como Kumamoto afirma, si haya alguna campaña oficialista a través de los medios para desacreditar a los independientes con base en los resultados de las elecciones, aunque a mi parecer, los candidatos independientes evidentemente no destacaron mucho este año. Pero un análisis más certero de ello nos lo daría entender que lo que la gente quiere son «outsiders de la política» y no necesariamente candidatos independientes per sé.

    La gente quiere outsiders, no candidatos independientes

    Las candidaturas independientes llamaron la atención porque es una puerta que se abre para los outsiders. Pero una candidatura independiente es eso, un candidato que opta contender sin la representación de un partido político, lo cual tiene ventajas (menos compromisos por cumplir o cuentas por pagar) y desventajas (menos apoyo en las cámaras y no tener institución alguna de respaldo). Es eso y nada más, es un gran oportunidad para los outsiders y quienes quieren romper con los vicios de la política actual, pero por sí misma, la candidatura independiente no garantiza nada.

    Kumamoto fue un outsider en las elecciones pasadas. Ganó por eso, no por ser meramente un candidato independiente.

    No teniendo experiencia alguna en la política formal (lo cual a veces, a ojos de muchos, puede ser considerado una virtud), siendo parte de una generación que está muy poco representada, miembro de Wikipolítica y activista de #YoSoy132, Kumamoto mostró las credenciales necesarias para ser un outsider y para convertirse en un fenómeno casi nacional, a pesar de aspirar simplemente a una diputación local, donde su condición de independiente a veces llega a ser un handicap a la hora de legislar.  La candidatura independiente fue el conducto para llegar a la política formal, pero su perfil de outsider fue lo que hizo que los zapopanos del distrito 10 le dieran su voto.

    El discurso se ha centrado en las candidaturas independientes y no en los outsiders. Un candidato independiente no es necesariamente un outsider, puede representar al sistema desde fuera: «El Bronco» es un claro ejemplo de ello (aunque supo venderse como outsider o diferente y por ello ganó), un empresario o líder sindical cercano a la clase política puede lanzarse como independiente para seguir alimentando los intereses de los mismos de siempre. Por otro lado, un outsider puede ser parte de un partido político. Un buen ejemplo de ello es Javier Corral, quien ganó la candidatura de Chihuahua por el PAN, y quien le ganó el discurso «ciudadano» al independiente Jose Luis Barraza.

    Javier Corral, a pesar de ser panista, ha sido un rebelde. Se ha enfrentado directamente a poderes fácticos como Televisa, ha sido crítico con varios miembros de su partido (incluido Felipe Calderón), al punto que ha despertado simpatías en algunos simpatizantes de izquierda. La politóloga Denise Dresser lo apoyó abiertamente a pesar de ser muy crítica del PAN. Jose Luis Barraza, por su parte, fue presidente de Coparmex y presidió el Consejo Coordinador Empresarial de Aeroméxico. No es que el perfil de Barraza se vea tan cercano a la clase política, sino que el de Corral se percibe como más independiente y alternativo. También la personalidad un tanto altanera y valentona de Corral ayudó mucho.

    Kumamoto (y a lo cual no hace referencia en su artículo) también debería estar congratulado de su éxito, porque a pesar de no ser «independiente» al igual que él, se presentan como quienes enfrentan a los vicios del sistema. Me atrevo a decir que hay más similitudes entre Kumamoto y Corral, que entre Kumamoto y «El Bronco».

    No sobra decir que López Obrador, a pesar de sus negativos y su pasado priísta y perredista, es una suerte de outsider. Es el único de los «presidenciables» hasta ahora, que representa un quiebre con la forma actual de hacer las cosas (sea para bien o para mal).

    La preferencia por los outsiders tiene sentido. Los Estados y los sistemas, como refiere el politólogo Francis Fukuyama, no duran para siempre. Pero hay unos que duran más que otros, unos duran unos pocos años, otros se convierten en imperios mundiales que fungen como tal durante decenas de años y hasta siglos. Los Estados son fundados tomando como base el contexto del momento de su fundación. Pero los contextos cambian con el tiempo (la cultura, la economía, por ejemplo), y cuando el Estado no se adapta a ellos, se empieza a mostrar una suerte de deterioro, lo cual no sólo es evidente en México (que nunca ha podido construir un estado sólido) sino en Estados Unidos y varios países de Europa. Ello hace a los outsiders relevantes.

    Los outsiders pueden ayudar a eliminar o aminorar esa fricción entre el contexto actual y la forma de gobernar de un Estado. Pero también pueden representar un riesgo que acelere el deterioro.

    El ensimismamiento de la clase política hace patente el deterioro del Estado en nuestro país, todas aquellas malas prácticas de los partidos que menciona Kumamoto en su artículo también son claro ejemplo. Por eso asumimos que un outsider tiene que llegar para romper con el estado actual de las cosas y adaptar al estado, o entidad que pretende gobernar, a la realidad actual y a las necesidades actuales de la población.

    Pero ello no implica que en todos los casos un outsider sea el remedio; y también tendríamos que evaluar los alcances del outsider: una sociedad molesta con el estado actual de las cosas puede optar por outsiders con posiciones ideológicas extremistas como sucede en Europa, o con… Donald Trump, que a pesar de contender por el Partido Republicano, representa un quiebre (muchísimos pensamos que para mal), al igual que Bernie Sanders (con una postura más moderada que el primero), que contendió por el Partido Demócrata, poniendo en serio predicamento a Hillary Clinton, quien es ya la candidata oficial.

    Ahora que es la «moda» promover candidaturas independientes, como lo hace Jorge Castañeda en estos momentos, no se debe de dejar del lado el perfil del outsider, y entender que eso es lo que la gente está buscando, y que es lo que se requiere en tanto el outsider no represente un quiebre que acelerere el deterioro de nuestro gobierno (como algunos pensamos de López Obrador).

    El candidato que se proponga para el 2018 necesita representar un cambio de aires, un rompimiento con las malas prácticas y los vicios de la política mexicana, no debe de ser «lo mismo desde fuera», porque lo único que hará es deslegitimar la figura del independiente. Tampoco, aunque las posibilidades en el contexto actual sean muy escasas, podemos descartar el surgimiento de un outsider desde un partido, una suerte de Javier Corral que a pesar de estar afiliado al PAN, representa el rompimiento (o al menos eso parece) de la política tradicional.

    Es necesario entender esto, porque de surgir un candidato independiente cuyo perfil no está muy lejos de la clase política tradicional, se habrá perdido una gran oportunidad.