Etiqueta: partidos politicos

  • Candidatos que ganan con poquito y que pierden con mucho

    Candidatos que ganan con poquito y que pierden con mucho

    Como refiere el diario Reforma, cada voto del Bronco costó 40 centavos, el voto de Ivonne Álvarez del PRI costó casi 24 pesos. En Guadalajara Pedro Kumamoto gastó 32 centavos por voto en tanto Ricardo Villanueva del PRI gastó 30 pesos (100 veces más), y los otros partidos gastaron también cantidades similares. ¿Quiénes ganaron? Paradójicamente los que menos gastaron, los independientes quienes al no tener recursos a la mano, tuvieron que ingeniárselas para poder llegar a la gente.

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    Esto nos indica que los recursos con los que cuentan los candidatos que van por un partido político son abismales. No, no sugiero que se les recorte el recurso al grado en que lo tienen los independientes, pero el recurso es lo suficientemente excesivo para comprobar que no es eficiente.

    Esto también nos indica que el tipo de campaña al que están acostumbrados a hacer los candidatos de partidos ya no es tan eficiente como lo era antes. Al grado que un independiente sin estructura partidista detrás y con 50 veces menos recursos que tú te puede ganar. No sólo es el despilfarro, es el hecho de que algo falla en la comunicación de los partidos. Creen que usando spots y espectaculares con la imagen del candidato sonriendo pueden ganar una elección. Este tipo de publicidad intrusiva y cara genera el fenómeno contrario, aleja al candidato de su electorado. Cuando no hay recursos no les queda de otra a los candidatos que acercarse más a la sociedad, no les queda de otra que bajarse de la silla desde donde les toman la sesión de fotos e ir a platicar con los vecinos. Cierto, algunos candidatos de los partidos tradicionales se molestan en ir a tocar puertas, pero no lo hacen todos, y algunos de ellos lo hacen con suma displicencia.

    Cierto que los partidos necesitan recursos para lograr posicionarse en el electorado y la gente sepa de quien se trata. Es cierto que por medio de las redes sociales no puedes llegar a las periferias de la ciudad o a las zonas rurales. Pero también es cierto que muchos políticos (o sus campañas) siguen creyendo que al voto útil se le debe de llegar de manera tradicional, muchos siguen dándole poca importancia a las redes sociales esperando a que «las estructuras» hagan el papel y muchas veces no alcanza. Siguen creyendo que por más billete se tenga la campaña será más efectiva y no es así, la creatividad puede hacer milagros sin billete de por medio.

    Es cierto, México no se puede dar el lujo de hacer que los partidos financien sus campañas con recursos privados como en Estados Unidos. Los estadounidenses tienen un mercado lo suficientemente libre y amplio como para buscar apoyos en muchas empresas y organismos privados de tal forma que no implique un riesgo de concentración de poder. En México el mercado es lo suficientemente monopolizado como para que sí suceda. Por ejemplo, si el candidato más fuerte se queda con el apoyo de Televisa y Telmex, el adversario quedará en completa desventaja; además la relación empresa-gobierno en México es más estrecha que en Estados Unidos y eso es riesgoso, por los conflictos de interés y los contubernios.

    Pero por ejemplo, se podría hacer un reajuste del presupuesto que los partidos reciben para que Ivonne Álvarez gaste 10 pesos por voto y no 24, o Villanueva gaste 12 y no 30. Ésto obligaría a los partidos a eficientar sus campañas, a hacerlas más creativas y obligaría a los candidatos a ser más cercanos con quienes pretenden gobernar. El exceso de recursos hace que los estrategas pierdan el enfoque. Y el problema es más grave si hablamos de los spots que reciben gratuitamente los partidos y deben de ser transmitidos por televisión y radio; como lo hace constatar Leo Zuckermann en su columna donde dice que los spots en televisión son muy aburridos e ineficientes porque no tienen ningún tipo de segmentación debido a que se transmiten en cadena nacional a todos los públicos.

    La gente de a pie tiene razón, los recursos para los partidos políticos deben de reducirse. Ya los candidatos independientes nos han mostrado que se puede ganar con casi nada, entonces no hay necesidad de darle tanto a los partidos, sobre todo cuando no saben usar esos recursos de manera óptima.

  • Si los partidos políticos ya no sirven…

    Si los partidos políticos ya no sirven…

    ¿Sabes que han dicho los partidos políticos sobre Ayotzinapa? ¿Qué han dicho el PRI, PAN, PRD, MORENA, y demás organizaciones que dicen representar a los ciudadanos? Pues dicen poco menos que nada. En mi ciudad Guadalajara, Movimiento «Ciudadano» ha fijado alguna postura al respecto (posiblemente por conveniencia política), pero a nivel federal las posturas han sido escuetas, endebles, y han mostrado poca indignación (y alguna que otra propuesta al aire, como en el caso del PAN) ante el crimen de estado más grave desde 1968. Basta con ver sus páginas web donde no hay referencia alguna a la masacre ocurrida en Iguala Guerrero. Ni un moño negro siquiera.

    Si los partidos políticos ya no sirven...

    Queda claro que los partidos ya no representan a los ciudadanos y viven ensimismados en un mundo paralelo donde buscan servirse a sí mismos. No es gratis que México sea primer país del mundo que más detesta a sus partidos políticos (91%) según el Global Corruption Barometer de Transparencia Internacional. Los partidos ya no sirven, ya no son capaces ni de representar sectores de la población ni de hacer contrapeso, lo cual naturalmente beneficia al partido en el gobierno.

    En el caso de Ayotzinapa vimos muchas voces, activistas, intelectuales e incluso empresarios. La sociedad en general está indignada. Es decir, hay una sociedad, una masa más allá de los partidos políticos tradicionales, gente de ideologías diversas que pueden fungir como contrapeso frente al gobierno y demás partidos que no sirven para nada. En el 68 los partidos políticos de entonces (incluido el PAN) tomaban posturas más firmes, ahora buscan jalar agua hacia su molino.

    ¿Tendríamos que formar nuevos partidos políticos?

    Enrique Krauze les recomendó a los del #YoSoy132 hace dos años que formaran su propio partido político. Ahora vemos nuevas organizaciones como Partido Humanista o MORENA, pero en muchos casos son «los de siempre» aglutinados en nuevas organizaciones. Los «partidos nuevos» tampoco toman una postura firme ante los hechos, lo cual es indicio que no son muy diferentes a los partidos tradicionales.

    Si la ahora mal llamada oposición no tiene la capacidad de ser eso, oposición, ¿Quién lo puede ser ahora? ¿Los ciudadanos podríamos aspirar a formar nuevos partidos que no terminen enviciándose como los partidos actuales? ¿Es una condición natural que cuando el ciudadano llegue al poder, se corrompa y sólo vele por sus intereses como ocurre con los integrantes de los partidos que están en el gobierno? Son preguntas interesantes y complicadas, pero que tienen que ser respondidas de forma inmediata, porque ante la falta de oposición, las formas autoritarias irán in crescendo.

    Masa ciudadana hay, y es que hablaríamos de una epidemia masoquista más mortal que el ébola si ante la forma en que nos están mal gobernando no nos indignáramos o dejáramos pasar las cosas así como así. El problema es que parece que tenemos que volver a arrancar desde cero porque los partidos que fungieron como oposición en décadas anteriores y que en algún momento lo hicieron bien, ya no sirven.

  • La partidización del bienestar social

    La partidización del bienestar social

    La idea (que pueda tal vez resultar para algunos hasta utópica, pero así está concebida) es que en una democracia, los partidos políticos discutan, debatan y negocien la mejor forma en que puedan beneficiar a la sociedad que gobiernan. No importa que las peleas sean fuertes, pero las diferencias, se dice, deben de ser ideológicas y no de intereses. Un partido de derecha tendría una agenda diferente y una escala de valores diferente, a de uno de izquierda, y las diferencias entre ellos serían esas. Pero en la práctica, y más evidente en países subdesarrollados como el nuestro, los partidos y los políticos, terminan defendiendo sus propios intereses, y buscan imponerse a los otros sin importar si en ese acto, perjudican a la sociedad.

    La partidización del bienestar social

    Un ejemplo claro de esto es Zapopan. El gobierno priísta de Robles Peiro, dentro de sus prioridades tiene el del rescate de espacios públicos, a través de Barrios Amables, una iniciativa creada por ciudadanos. A pesar de las infortunadas declaraciones del alcalde, quien afirmó que a los jóvenes los agarraban a macanazos, lo que ocasionó que algunos se quedaran con la idea de que los problemas los resuelve a golpes. La realidad es que uno de los puntos fuertes que se ven en su administración tiene que ver con la apuesta a la regeneración urbana y la reconstrucción del tejido social. Una iniciativa positiva, venga por donde venga, es loable, y que en parte es apoyada por organizaciones de la sociedad civil que en muchos otros casos, han sido críticos férreos del priísmo, tanto a nivel local como nacional.

    Hasta aquí todo bien. Pero después llega el diputado panista Guillermo Martínez Mora, quien se opone a la mejora integral de la Avenida Santa Margarita, la cual incluye construcción de ciclovías y mejoramiento de banquetas. Por intereses políticos, busca frenar esta iniciativa desinformando a los vecinos. Se repartieron volantes donde afirman que la ciclovía es solo para el «beneficio de unos cuantos», proponen a su vez un paso a desnivel (en una ciudad donde han priorizado el automóvil en detrimento del peatón) y naturalmente hacen muchas referencias al PRI, para que te acuerdes, que es el PRI (sólo le faltó hablar de los halcones). Y claro, los treinta y dos millones de pesos van en letra grande y negritas para que creas que será un desfalco del gobierno. Además de que esto perjudicará a todos los vecinos y comerciantes.

    Lo que no dice Guillermo Martínez Mora, es que es cada vez una tendencia más fuerte, la regeneración de espacios públicos y la apuesta por el peatón, lo cual no sólo genera una mejor convivencia a nivel calle, sino que crea todo lo contrario de lo que él dice, mejores condiciones para los vecinos y para los comerciantes. Eso queda demostrado en las ciudades donde se han implementado este tipo de mejoras. Por ejemplo, una publicación del Departamento de Tránsito de Nueva York, dice que la primera calle en la cual se creó un corredor multimodal, las tiendas aumentaron un 49% sus ventas y los accidentes disminuyeron un 50%.

    En la suposición de que los partidos tendrían que ver por el bienestar social, el panista Guillermo Martínez Mora debería debatir sobre la forma en que sería mejor su implementación, o si bien, cree que este proyecto no es conveniente, traer argumentos sólidos, lo cual no tiene y ha estado lejos de mostrar. Como se dice coloquialmente, trata de llevar agua a su molino, como la gran mayoría de los políticos hace. Pero los ciudadanos no les hemos votado para que defiendan sus propios intereses, sino para que defiendan los nuestros.

    Preocupante es que varios de los políticos (en este caso del PAN) que salieron del poder a principios de año, más que las propuestas y la crítica constructiva. Usan como estrategia atacar cualquier propuesta de sus rivales desde la perspectiva del interés y del poder, y no del beneficio de la ciudadanía. Incluso a veces parecen ser más incisivos en las buenas propuestas, que en el mal actuar de los gobiernos actuales en otros temas.

    Por esta razón es que los partidos políticos son las instituciones más reprobadas por los mexicanos. Porque al usar a los ciudadanos como moneda de cambio en aras del poder, estos se sienten utilizados y engañados. Tal vez la única solución, y la que siempre promuevo, es el empoderamiento de la ciudadanía. Nos hemos dado cuenta que «pedir» no sirve, y sí insistir. Como es el caso de esta propuesta, que detrás de ella existen loables iniciativas ciudadanas y de gente que quiere un entorno mejor en el que vivir.

    Los partidos políticos no recuperarán su credibilidad hasta que se empeñen sinceramente en tratar de representar de verdad a sus gobernados, como servidores públicos, como empleados a la orden de la ciudadanía. Y la vez los ciudadanos deberán ser más exigentes y a la vez más autónomos e independientes, de tal forma que los políticos se vean orillados a trabajar por el bienestar de la gente.

    Imagen por Alfredito Romano.

  • Ser proactivos, no reactivos

    En la conferencia magistral que ofreció Macario Shettino en el auditorio de la Universidad de Colima, llamada “El Entorno Nacional, una década de cambio”, el analista político y columnista de El Universal instó a la gente a que participara más en el destino de México, en vez de sólo quejarse. “…en lugar de criticar y atacar a los políticos, hagamos un esfuerzo para que vivir en este país valga la pena y le heredemos un mejor México a nuestros hijos”, dijo.

    Coincido con lo que el también profesor del Tecnológico de Monterrey dictó en su lectura. Creo que una democracia como tal sólo puede existir cuando la ciudadanía participa del entorno político, cuando nos volvemos proactivos en lugar de reactivos e inferimos positivamente en el país. Pero también considero que es nuestro derecho y obligación ciudadana el vigilar a políticos y funcionarios públicos, quienes más de una vez han demostrado tener las uñas bastante largas e intereses demasiado personales.

    El paternalismo que ha operado en México desde que culminó la Revolución Mexicana nos ha acostumbrado a dejarles la política a los políticos, y permitir que ellos nos traten como si fuéramos sus hijas o hijos, dándonos todo aquello que necesitamos para vivir una vida libre y plena. Los problemas de este modelo son múltiples, primero porque las necesidades de los mexicanos no se cubren automáticamente; segundo, porque aceptar un paternalismo es también admitir que como ciudadanos o ciudadanas no tenemos la suficiente capacidad como para tomar decisiones sobre lo que mejor nos conviene, aun cuando esto esté directamente relacionado con nuestro bienestar; y tercero, porque un buen hijo o hija no cuestiona a sus padres, sino que acepta lo que ellos consideran es lo mejor para nosotros.

    Mas la esencia de la democracia es completamente opuesta a esta mentalidad, pues para que funcione, ella requiere de la participación del pueblo en la toma de decisiones, y que éste se encargue de que los funcionarios públicos en el poder honren los intereses de los gobernados, sin abusar de su puesto. Necesita que las y los ciudadanos hagan uso de su voz y exijan que se transparenten las cuentas públicas, e incluso que se dé marcha atrás a decisiones tomadas que únicamente favorezcan a un círculo cercano a los que están en el poder.

    Si la gente deja en manos de unos cuantos –casi todos con intereses partidarios– las decisiones que nos afectan a todos, esperando que de entre ellos o ellas surja una voz que coincida con lo que queremos, podría pasar el resto de su vida esperando en vano, convirtiéndose en víctima de su propia apatía. De poco sirve quejarnos si no tomamos las acciones que garanticen el cumplimiento de nuestras demandas.

    Los partidos políticos en esencia concretan el propósito de llevar esa voz al poder, pero si la visión con la que observemos al país se encuentra teñida de uno u otro color, no seremos capaces de ver la gama completa que se necesita para ejercer lo que el oficio requiere, que es velar por los intereses de la totalidad de las y los mexicanos. Tampoco nos permitiría mirar las fallas de los integrantes distinguidos de los partidos, por el miedo de que esto les haga perder votos en las siguientes elecciones, con lo cual seguiríamos atascados en los mismos errores que imposibilitarían la acción de la justicia, que contribuye a la corrupción e impunidad de la que México es víctima.

    Los sectarismos y las divisiones ficticias que esto crea afectan el desarrollo de nuestra nación, la cual parece enfrascada en un eterno periodo electoral, en donde pareciera que nos preocupamos más por la imagen que por el contenido, lo que hace que se pospongan acciones necesarias para el sano desarrollo nacional, hasta que los problemas nos explotan en la cara.

    La única forma en la que este país puede salir adelante es si todas y todos nos hacemos responsables de lo que acontece, aceptando que fue tal vez nuestra inacción lo que nos llevó a la situación actual, y tomando una actitud proactiva, vigilante y de unión; olvidándonos de partidos y dejando de mentirnos internamente sobre la irreprochabilidad de los mismos, estando conscientes de que, cual reflejo de nuestra humanidad, éstos están llenos de errores y de faltas, pero que también son susceptibles de evolucionar para mejorar o empeorar, según la gente que permitamos que se apodere de ellos.

    Manuel J. Clouthier, también conocido como Maquío, dijo en una ocasión: “México va a cambiar, contigo, sin ti, o a pesar de ti”, sin embargo, es el cambio la única constante en nuestra existencia, no podemos controlar esto porque es parte del orden natural, lo que sí podemos dirigir es nuestra participación en el cambio que queremos, para convertirnos en luchadoras y luchadores sociales, en lugar de seguir siendo víctimas inactivas.