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  • México Feliz

    SI bien la felicidad como tal es difícil de clasificar, puesto que es un estado de ánimo y por lo tanto algo intangible, algunas asociaciones como Happy Planet lo han intentado para poder medir los niveles de satisfacción de y entre las naciones. Happy Planet toma como base una pregunta, donde la gente responde sobre su grado de satisfacción personal en los últimos días, en la cual los mexicanos han respondido positivamente, ubicando a México en el lugar 18 entre los países más felices del mundo, donde nuestra calificación baja por el escaso cuidado al medio ambiente.

    Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (sic) (OCDE), en su índice para una vida mejor, toma en cuenta 11 factores para hacer su evaluación, los cuales son: vivienda, ingresos, empleos, comunidad, educación, medio ambiente, gobierno, salud, satisfacción de vida, seguridad y equilibrio entre lo laboral y la vida.
Los resultados que arroja esta última institución, aunque se reconoce el progreso que México ha tenido en la última década, señalan la baja calificación que nuestro país tiene en comparación con la mayoría de los demás Estados miembros, aunque el nivel de satisfacción personal está cerca del promedio que manejan. En sí, el único factor en el cual México está por encima de la media en comparación al resto de los países miembros es en el de contaminantes en el aire que puedan entrar a los pulmones y dañarlos, siendo éste de 33 microgramos por centímetro cúbico, mucho más alto que el encontrado en la mayoría de las demás naciones evaluadas.

    Sin embargo, es curioso analizar que a pesar de que México está como reprobado en 10 de los 11 calificadores, el nivel de satisfacción (el único que se acerca al promedio manejado) de los mexicanos sea positivo.

    De los datos arrojados más alarmantes se encuentra el de gobierno, que revela que sólo el 38 por ciento de los mexicanos dijo confiar en las instituciones políticas, lo que constituye el indicador más bajo en los estándares de la OCDE. El otro apartado donde nuestro país rompe récord es en el de seguridad personal, donde se evalúa el riesgo de ser asaltado físicamente, o ser víctima de otro tipo de crímenes. En México, el 15 por ciento reporta haber sufrido un asalto en los últimos 12 meses, mucho más alto que el 4 por ciento que maneja como media la OCDE, y el más elevado en los niveles que registra la organización.

    En el balance entre el trabajo y la vida, se reveló que los mexicanos laboran mil 857 horas al año, 118 horas más que el promedio manejado de mil 739 horas, lo que indica que la gente tiene menos tiempo para convivir con su familia, relajarse, con lo que se incrementa el estrés y declina la salud personal.

    En educación, sólo el 40 por ciento de la gente comprendida entre los 25 a los 34 años ha terminado la preparatoria, lo que convierte a este país como uno de los peores para preparar a sus jóvenes adultos en nivel preparatoria. Por otro lado, en el Programa de Evaluación para Estudiantes Internacionales (PEEI o PISA, por sus siglas en inglés), que determina si los alumnos poseen las herramientas y conocimientos para participar en la sociedad moderna, reveló en 2009 que el estudiantado mexicano había obtenido 425 de 600 en habilidades de lectura, lo que constituye el grado más bajo del PISA. Otros resultados han demostrado que el 50 por ciento de los jóvenes de 15 años están por debajo del nivel básico de aptitudes y conocimiento.

    En todos los otros indicadores México no cumple con los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, sin embargo, el 78 por ciento de la ciudadanía dijo tener como promedio más experiencias positivas que negativas en un día, indicador mucho más alto de lo que se percibe en los demás países evaluados, lo que hace del país azteca uno de los más felices de los miembros de la OCDE.

    Siempre he creído que un país se distingue por su gente y lo que ésta produce: cultura, obras de arte, adelantos tecnológicos y científicos, etc., pero también por la calidad de vida que pueda proporcionarle a sus habitantes, y no por su nivel de sobrevivencia.

    No se trata de ser el más rico o el que más produce, sino contar con una menor pobreza y disparidad económica, lograr satisfacer los requerimientos de empleo a la mayor cantidad de personas, y tener un salario mínimo decoroso para llevar una vida digna. El dinero no lo es todo, es cierto, pero ayuda mucho.

    El no ser capaz de satisfacer las necesidades básicas provoca la desilusión de saber que el salario mínimo alcanza apenas para sobrevivir, y a veces ni siquiera para eso. La conciencia de que una vida ardua de trabajo será quizás suficiente sólo para mantener a las y los hijos hasta que éstos tengan la edad conveniente para buscarse el pan individualmente, mientras se observa desde el otro lado de la acera a las y los más privilegiados pasearse en los autos que jamás se llegarán a tener, no es un aliciente para ser felices.

    La razón por la que mucha de nuestra población ha migrado a los Estados Unidos es para buscar ese derecho a la felicidad que está escrita en la propia Constitución de ese país, y que el nuestro falló en darles, para poder satisfacer las necesidades mínimas personales y de sus familias, para huir de la violencia que atenaza nuestra sociedad, o para garantizar que su descendencia no la sufra.

    No es para mí clara entonces la relación felicidad-nivel de vida que se maneja en estos índices. No es congruente con los demás resultados, a menos que en realidad las y los mexicanos nos hayamos resignado a vivir por debajo de la mediocridad, pues ni siquiera cumplimos con el promedio de los demás países socios de la multicitada organización.

    En la víspera del regreso a clases, después de los números que tanto el índice para una vida mejor del OCDE y el PEEI arrojan, me preocupa que las y los mexicanos estemos siendo adoctrinados para no darnos cuenta de las diferentes enfermedades que acosan a nuestra nación, las cuales pueden ser enumeradas en los 11 indicadores descritos párrafos arriba, lo cual puede ser en beneficio de unos cuantos que han secuestrado nuestro sistema educativo y mantienen a México como un país productor de mano de obra barata.

    El engaño que sufrimos es tanto que un 81 por ciento de los mexicanos cree pertenecer a la clase media, cuando sólo el 32 por ciento lo hace, según el área de Estudios Sindicados de la firma especializada en estudios de mercado De la Riva Group, esto quiere decir que sus ingresos familiares son menores a 13 mil 500 pesos mensuales, lo que los coloca por debajo de esta categoría.

    Engañarnos para creer que no vivimos esta realidad, o que nuestro país (o estado, que por ahí se empieza) se encuentra en el camino correcto para llevarnos a un mejor nivel de vida podrá crear el espejismo de que todo está bien, y congraciarnos con quienes les conviene que esa mentira se mantenga, pero eso no cambia nuestra calidad de vida ni mejora el futuro de México en ningún sentido, sólo genera un panorama desolado y oscuro para los que seguirán después de nosotros.

  • Los mexicanos trabajamos más y recibimos menos

    La imagen del mexicano dormido bajo su sombrero en un nopal es la que prevalece en el extranjero. Varios de los foraneos todavía tienen en su cabeza la idea de que los mexicanos no trabajamos y que somos, disculpen la expresión «unos güevones». Pero esto no necesariamente tiene que ser así, por el contrario, los mexicanos trabajamos más que en otros países, y lo peor de todo, es que ganamos menos. La OCDE publicó un artículo donde compara a los países miembros de esta organización donde por supuesto está incluído México (herencia de Salinas) y donde demuestra que en nuestro amado y querido país se trabajan 10 horas diarias (incluyendo empleos remunerados y empleos no remunerados como las actividades domésticas). En cambio un belga solo trabaja 7 horas diarias haciendo lo mismo. ¿Quien gana más?. Por supuesto, el belga.

    Pero no solo eso, México es lider tanto en horas diarias remuneradas y horas diarias no remuneradas, según la encuesta de la OCDE. En horarios remunerados trabajamos igual que los chinos y en no remunerados somos los líderes solitarios. Nadie nos gana. Así queda demostrado que México es uno de los países más chambeadores del planeta. Hagamos cuentas: En nuestro país según la ley lo máximo permitido para trabajar son 48 horas diarias, es decir, se trabajan 6 días 8 horas y se descansa solamente uno. Lo podemos ver en los empleos eventuales, como los que trabajan en cadenas de autoservicio, puestos de comida rápida o tiendas de conveniencia. Luego están los que trabajan 45 horas, que viene siendo el grueso de la población empleada en el país, son aquellos que trabajan 8 horas de Lunes a Viernes y 5 horas los Sábados. Y para finalizar están aquellos privilegiados que tienen lo que le llaman la semana inglesa, es decir, trabajan 8 horas de Lunes a Viernes. En los países desarrollados la gran mayoría de los empleos maneja esta última configuración, por lo cual trabajan menos que nosotros. De hecho los franceses (con todo y sus sindicatos que cada vez quieren menos horas de trabajo con más prestaciones) trabajan 7 horas de Lunes a Viernes. ¿Entonces hablamos de que México es un país flojo?. No lo creo.

    ¿Entonces que pasa?. Esa es una de las preguntas que creo que nos deberíamos hacer. Es cierto que México no alcanza los niveles de productividad que alcanzan los países desarrollados. Primero, esto se puede deber a que la gran mayoría de los empleos son de bajo valor agregado. Hay mucho trabajo de servicios, de maquila, pero no hay empleos de alto valor agregado que permita generar mayores niveles de productividad. Segundo, puede ser que los mexicanos no seamos tan productivos en nuestros puestos de trabajo y por lo tanto no alcancemos a justificar el número de horas que trabajan los países desarrollados o los niveles de sueldo que ellos gozan, pero eso estaría por verse, porque dicen al menos los estadounidenses que la mano de obra mexicana es muy trabajadora y eficiente, como dijo alguna vez nuestro querido Vicente Fox: Ellos hacen el trabajo que los norteamericanos no quieren hacer.

    Todavía no logramos llegar a una conclusión que nos diga el porqué está la situación así en México. La respuesta podría estar en el subdesarrollo y en la poca preparación de la fuerza laboral que existe en México. Mmmm, digamos que es una verdad a medias. Si nos ponemos a analizar como está la educación básica en México con el infame sindicato de maestros (SNTE) si podríamos encontrar una razón de peso, alumnos mal preparados que salen de las escuelas públicas que al final tienen grandes problemas para poder adaptarse a las universidades. Pero también es cierto que tenemos universidades tanto públicas como privadas con cierto nivel de prestigio que egresan a estudiantes altamente capacitados para poder obtener empleos con un alto nivel agregado. Los que egresan de las escuelas públicas y no logran colocarse en las universidades son aquellos que toman aquellos empleos de 48 horas (o también aquellos que están buscando costearse su universidad), y los que egresan de las universidades son los que toman los trabajos de 45 y 40 horas. Claro, es una generalidad.

    Mas bien el problema es un todo. Sería poco objetivo achacarle el fenómeno de «trabajar más y recibir menos» a un solo factor. Existen diversos factores que provocan que el mexicano tenga que estar dispuesto a trabajar más para recibir un salario (o sueldo) decente. Pero básicamente esto está relacionado con el desarrollo del país. Por más desarrollado esté un país, es mayor el ingreso y menor el esfuerzo que tiene que hacer por conseguirlo, por el contrario, por más subdesarrollado sea, es menor el ingreso y mayor el esfuerzo que se tiene que emplear, así de fácil. Los factores son muchos, son los mismos que determinan que tan desarrollado es un país, no hay vuelta de hoja.

    Muchos dirán que es injusto. Pero es la ley de la naturaleza, no nos tocó nacer en Inglaterra, Irlanda o Corea, pero también tuvimos la fortuna de no haber nacido en el Congo, en Burundi o Burkina Faso. Existen ricos y pobres, países desarrollados y países subdesarrollados y esas diferencias son inherentes a la naturaleza del ser humano. Obvio, se ve mal, porque México (como decía, gracias a Salinas) se logró colar en el club de los ricos de la OCDE y las comparaciones son odiosas, siempre son con países más desarrollados que el nuestro.