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  • El nuevo PRI

    El nuevo PRI

    Después de un análisis concienzudo he llegado a la conclusión de que la diferencia entre el nuevo PRI y el viejo PRI solo se encuentra en la doctrina económica. Los viejos priístas son aquellos que abogan por un mayor intervención del estado en la vida económica del país, los nuevos priístas son aquellos llamados neoliberales. Aunque no siempre parece ser la apuesta por el libre mercado, sino un poco más por ese «capitalismo de cuates». A partir de ahí el PRI es exactamente el mismo, con sus defectos y sus virtudes, y es que no se les puede pedir que cambien su ADN que les funcionó por tanto tiempo.

    El nuevo PRI

    Podemos ver algunas diferencias ahora, pero tienen que ver más con las circunstancias que rodean al partido en el gobierno (y el partido del gobierno) que con un cambio dentro de éste. Temas como el Pacto por México tienen que ver más con que llegaron con una oposición más fuerte en las cámaras que en tiempos pasados, tiene que ver con una sociedad cada vez más exigente y crítica (aunque todavía nos hace falta mucho), pero el partido sigue siendo el mismo. Vemos caras jóvenes y guapetonas, pero están formadas por «los de siempre», ellos son herederos del modus operandi clásico del partido (aunque afortunadamente también ya hay quienes llegan con ideas más frescas y abierta). No se puede pedir otra cosa porque es lo que les ha funcionado. Para muchos de nosotros esas prácticas pueden representar preocupación, pero para ellos representa el éxito político y eso es lo que cuenta.

    El reformismo es una de sus caras, no es algo nuevo. Miguel Alemán se presentó como el reformador que orientaría a México al industrialismo, Echeverría como el reformador que promovería la apertura (interesada) con diversos sectores sociales como un aparente rompimiento con el régimen pasado de Díaz Ordaz del cual fue parte, Salinas de Gortari se presentó, luego, como el reformador que abriría a México al mundo. A pesar de que al régimen priísta se le ha puesto la etiqueta de «autoritario», han sido expertos en los consensos. Echeverría hizo una especie de pacto con los estudiantes del 68 para desligarse del fantasma que lo perseguía, Salinas hizo lo propio vía Diego Fernández de Ceballos en las famosas concertasesiones, y Peña Nieto vuelve a hacer un pacto con la oposición, con el fin de, precisamente, mostrarse como el reformador.

    Lo sucedido en Veracruz, dónde el Presidente del PAN Gustavo Madero evidenció el uso de programas sociales con fines electorales, es una muestra de que las viejas prácticas siguen, también es muestra la alineación total de todas las estructuras al Presidente Enrique Peña Nieto, las formas son las mismas. La intención del PRI es quedarse en el poder para no irse en mucho tiempo. Saben que es importante ir acumulando poder, para esto quieren asegurar el triunfo en las mayores entidades posibles, hasta las elecciones intermedias donde buscarán la mayoría en el congreso. Lo visto en Veracruz seguramente se replica en muchos estados y las mañas seguirán existiendo porque es imperativo asegurarse diversos triunfos que los vuelva a restablecer en el poder. Así ya no necesitarán ceder para firmar pactos o para sacar las reformas.

    El pez grande se come al más chico, y el PRI ha puesto en evidencia que tiene bastante más oficio que la oposición. Tantos años en el poder les ha dotado de una experiencia que deja ver a panistas y perredistas (aunque parte del origen de estos últimos sea el PRI) como unos neófitos políticos. El PRI une a la oposición para una causa en común, pero a la vez incide en sus divisiones internas, Divide et impera. En su historial, el PRI ha hecho lo mismo con opositores, sindicatos, estudiantes. Una especie de maquiavelismo a la mexicana.

    La ambigüedad política del partido le permite moverse a donde se tenga que mover.  Puede ser liberal en algunos casos, conservador en otros, puede ungir a un político con rasgos de izquierda, y a la vez puede formar un cuadro tecnócrata. Debido a que la identidad del partido tricolor no tiene que ver tanto como su postura ideológica, no es tan criticado si cambia de idea, si forma una alianza con algún partido, y de esta forma nunca terminará arrinconado con su ideología como si puede pasar con el PAN o con el PRD.

    El PRI funciona porque es el que más se adapta a la cultura del mexicano, el que más la entiende y la acepta como está (a pesar de cierto rompimiento con el nacionalismo revolucionario). No aspira tanto a cambiarla como sucede con el PAN y hasta cierto punto con el PRD. De esta forma el PRI todavía es el que mayor capacidad tiene de satisfacer las necesidades de los mexicanos (independientemente de las formas). El PAN por un ejemplo (al menos en sus principios y doctrina), cree que para lanzar a México al desarrollo es necesario cambiar la cultura e idiosincrasia del mexicano. El PRI más bien pensaría em lanzar a México al desarrollo pero tomando en cuenta que los mexicanos ya somos de tal forma y pensamos de tal forma.

    Por todo esto, el PRI no tiene la necesidad de cambiar. Yo creo más bien que el PRI solo cambiará si la sociedad mexicana comienza a cambiar. Por eso esperamos, los que somos escépticos con este partido, que logren implementar políticas atinadas que puedan significar algún cambio benigno, para que de esta forma, el PRI tenga que adaptarse al cambio generado por sus propias políticas, y no solo eso, sino para que sean más rentables en México, las opciones políticas que signifiquen una mayor apertura.

     

  • El PRI buscará el desarrollo de México, al punto en que preserve sus intereses

    El PRI buscará el desarrollo de México, al punto en que preserve sus intereses

    Viejo PRI, Nuevo PRI. ¡Son lo mismo hombre! no le busquen tres pies al gato.

    El PRI buscará el desarrollo de México, al punto en que preserve sus intereses

    Un conocido declarado libertario se mostró optimista con Peña Nieto. Decía que podía ser un gran reformador. Que si bien su inteligencia no daba para mucho, ahí estaría su gabinete para complementar esas carencias (algo como lo que quiso hacer AMLO). Yo me mostré escéptico, y le dije que el PRI va a hacer que este país avance, solo hasta el punto en que sus intereses no sean trastocados (recordar que esos intereses afectan el desarrollo del país). El me comentó que el PRI también hizo reformas que «México necesita» y le explique que esa «apertura» salió a medias porque todas estas reformas y privatizaciones se llevaron a cabo en un ambiente de mucha corrupción. Le dije que iba a pasar lo mismo con la reforma.

    Lamentablemente acerté. La reforma así se aprobó. No se aprobaron las propuestas que tocaban a los grupos de poder del PRI (sindicatos y demás). De hecho lo que no se aprobó era lo mejor de la reforma laboral, esa parte que obligaba a transparentar a los sindicatos. De igual manera ahora podemos esperar una reforma energética de tal forma que no toque al sindicato de Pemex ni a Romero Deschamps. Si hubiera una reforma educativa (porque propuesta ni hay), no se tocaría posiblemente a Elba Esther Gordillo (a menos que vaya a ser el quinazo de Peña Nieto).

    Algo que empodera al PRI es el autoritarismo y el clientelismo. Uno llega a sospechar por qué el TEPJF fue tan «contundente» en su fallo al afirmar que no existía la más mínima evidencia de compra de votos, con lo cual le darían cuerda al PRI para volver a hacer esas prácticas cuando quiera. Parte de la estructura del PRI se basa en el clientelismo (sin negar que los otros partidos lo usen pero los tricolores son los campeones) y su fuerza también se basa en la ignorancia de la gente, más que en el voto razonado. Entonces eso se vuelve un botín y naturalmente no van a querer que se los quiten. Tan poderoso es su botín que es más rentable conservarlo aún estando en la oposición que pensar en renovarse.

    Ningún político desearía tener el propósito de hacer que el país le vaya mal, ni creo que el PRI ni Peña Nieto desean que a México le vaya mal. El problema es que su fin principal debería ser que a México le vaya bien, y a veces parece ser que para aspirar a eso, primero tienen que saciar otros intereses y deseos; y estos intereses perjudican al país. De hecho, a Peña le conviene por obvias razones que al país le vaya bien, la situación estriba en que no les conviene tanto que les vaya bien si esto significa que tengan que sacrificar sus intereses. Así lo demostraron con la reforma laboral.

    Me queda claro que uno de las cosas que «México necesita» es que todo ese aparato corporativo que dejó el PRI fuera desmantelado. El PAN no se atrevió a hacerlo, el PRD por sus errores internos, perdieron la oportunidad de hacerlo en estos 12 años. Con esto, el PRI llega a montarse en su moto a la cual no se le siente el peso de la edad. Si se hubiera hecho lo primero, no estaríamos preocupados por la llegada del PRI, porque eso hubiera significado una reconstrucción interna dentro del partido. Pero como nada cambió, seguramente seguirá usando esa «vieja motocicleta» para hacer piruetas en los pinos en estos seis años que vienen.

    Por cierto, la imagen del presidencialismo hegemónico está de regreso. Solo basta con ver las imágenes que suben a las cuentas de las redes de Peña Nieto, es el mismo PRI cuyo presidente extendía los brazos, rodeado por sus cercanos bien vestidos, mostrando esa clara estructura vertical y autoritaria que tiene el PRI en sus genes.