Etiqueta: Normcore

  • El caprichoso afán de etiquetar a las personas

    El caprichoso afán de etiquetar a las personas

    Todos los individuos tenemos una forma de ser. Nuestra personalidad fue moldeada por varios factores: El temperamento, el carácter, la educación recibida tanto en la familia como en la escuela, las personas con quienes nos llevamos (familiares, amigos), nuestras experiencias, la influencia externa de los medios y corrientes de opinión y un sin fin de factores más.

    El caprichoso afán de etiquetar a las personas

    Dicen que los individuos somos únicos e irrepetibles, pero varios somos muy parecidos, más parecidos que otros. Por esto puede existir cierta predisposición para clasificar a los individuos en grupos relativamente homogéneos, sobre todo cuando tenemos cierta tendencia a juntarnos con gente parecida a nosotros, o que comparten rasgos (de personalidad, gustos o preferencias) en común. Pero al final no dejamos de ser únicos y creo que ponerle etiquetas a la persona, puede relativizar y trivializar su esencia.

    Al ver el spot que el partido Nueva Alianza lanzó, me vino a la mente este vicio (por llamarlo de una forma) que tenemos los seres humanos: «¿Fresa o pandrosa?, turquesa (en referencia al color del partido); ¿Dark o punketo?, turquesa. Y es cierto que los humanos podemos agruparnos en tribus urbanas, lo cual hace fácil clasificarnos, pero no siempre lo hacemos así y de todos modos terminamos siendo clasificados en algo, para que después el mercado se encargue de consolidar dicha clasificación y convertirla en un nicho.

    Una amiga me decía: -Técnicamente hoy me clasifican como hipster, pero yo siempre he sido así desde antes que yo conociera ese término, y me molesta, porque yo tenía mi propia forma de ser sin tratar de pretender ser nadie, y ahora resulta que soy parte de una tendencia.

    Y es que si nos fijamos, a la gran mayoría de las personas ya nos han etiquetado como algo sin siquiera pretender ser parte de algún movimiento, tribu o tendencia. Si gusto de ir en bici por mi café ya soy considerado un hipster; por el contrario, si uso la primera ropa que me encuentre para ir al Oxxo (unos pants y una camisa blanca) ya soy normcore. Si soy una persona que tengo un cuidado excesivo de mi imagen, soy un metrosexual; pero si decido dejarme la barba y tener un aspecto un poco soy más despreocupado, entonces me he convertido en un lumbersexual.

    Cuando estas etiquetas se vuelven tendencia, entonces las grandes marcas que ya han agrupado a los individuos en nichos de mercado, encuentran un pretexto para vender moda y reafirman dichas etiquetas. No importa que se trate de prendas caras dirigidas a quienes aparenten vestir despreocupadamente. Posiblemente Dolce & Gabbana lance una chamarra fodonga dirigida al mercado de los normcore, pero con un precio desorbitante ¡Y posiblemente se venda! Porque al señalar a los individuos con etiquetas, se crean tendencias, y a partir de ese punto, muchas personas querrán ser parte de esa tendencia (a pesar de que antes nunca se habrían identificado con ella).

    Pero en realidad los humanos somos únicos e irrepetibles, nuestras historias de vida, nuestros rasgos y nuestro temperamento podrá hacer que tengamos muchas cosas en común con otras personas, lo cual nos persuada a tener lazos con ellas; pero nunca serán lo suficientemente similares como para justificar una etiqueta que predefina nuestra personalidad.

  • Normcore o el afán de etiquetar todo, absolutamente todo

    Normcore o el afán de etiquetar todo, absolutamente todo

    Las modas y las tendencias son inherentes al ser humano. El biólogo Richard Dawkins hablaba de ellas como un ejemplo de lo que él bautizó como «meme» (de ahí el término que se utiliza tanto en Internet), que es una idea que se comporta tal como si fuera un gen, la cual por más fuerte es, más rápido se propaga y dura más tiempo. Pero me queda claro que hay de modas a modas, y de tendencias a tendencias. Y esta nueva «modita» que en los próximos días, meses, años, escucharás hasta el hastío, esta nueva tendencia del «Normcore» es una muestra de como a los seres humanos nos gusta etiquetarlo todo.

    Normcore o el afán de etiquetar todo, absolutamente todo

    ¿Qué es «Normcore? Pues ser común y corriente. Imagínate que te levantas de la cama, te bañas, es sábado, te pones la primer vestimenta que encuentres, fodonga, sin «gusto alguno» y sales al Oxxo por un café Andatti (¡Guac!). Ya eres un «Normcore». Así de absurdo. Las revistas de moda ponen a Jerry Seinfield como el claro ejemplo a seguir para ser un «Normcore». ¿Dónde está el ingenio?

    Al menos dentro de la moda «hipster» se podía alegar que esta tribu tenía algunos rasgos positivos como la lectura, cierto interés en la cultura y algunos temas que de alguna manera eran parte de una contracultura que hacía frente a los defectos de los influjos de la inercia mundial. Pero al convertirse en moda, lo «hipster» de alguna manera se contradijo, el principal argumento es aquel que se usó para hacer mofa de ellos. El hipster odia el mainstream, pero se había convertido en mainstream. Trataban de ser «diferentes a…» pero terminaban siendo «iguales a…».

    Con los normcore ni siquiera se trata de una moda, se trata de un modo de consumo que siempre ha existido. Más bien podría tratarse de meter a esta tendencia al mundo de consumo, hacer «cool» a los que no tienen el más mínimo interés en ser «cool». De esta forma, las empresas especializadas en ropa podrán aprovechar esta tendencia y vender.

    «¿Tiene exceso de ropa en su tienda? ¿Tiene mucha ropa que ya no usa? Le doy una noticia. Usted está a punto de volverse totalmente rico. Sí, venda esos pants guangos a $1,000 dólares, esa camisa sin chiste a $700 dólares.

    Posiblemente marcas de prestigio empezarán a invertir en esta moda. Tal vez no bajo el nombre de su marca principal, pero crearán tal vez marcas alternativas con un aspecto desenfadado, pero eso sí, muy caro. ¡Que se vea que esta camisa con hoyos es Aeropostale! ¿Es tu camisa de siempre que usas desde que ibamos en la prepa? -¡No, lo compré en el Fashion Mall de San Francisco en U$600! Viene con todo, hoyos y aroma a humedad.

    Una amiga alguna vez me expresó su molestia porque cuando emergió la cultura hipster, se sintió expuesta. Ella tenía una forma de comportarse parecida debido a que así era su personalidad y eso la hacía sentirse única, sentimiento que perdió a la hora de que lo «hipster» se volviera de moda. ¿Ahora la gente no podrá pasar desapercibida con su vestimenta completamente desenfadada? De pronto el mundo de la moda tiende a ser absurdo, y cuando falla la creatividad, sólo se trata de tomar algo que ya existe (o existió) y ponerlo dentro del mundo de la moda.

    Estos son los normcore, gente desenfadada, que quiere pasar desapercibida. Pero que paradójicamente estará a la moda.