Etiqueta: neoliberalismo

  • Laudato si. El Papa Francisco y un lavado de cara

    Laudato si. El Papa Francisco y un lavado de cara

    El Papa Francisco ha venido a lavar la cara de la Iglesia Católica, que precisamente estaba urgida de eso. El carisma del Sumo Pontífice ha atraído no sólo a los católicos tradicionales, ha llamado la atención de algunos líderes e intelectuales tendientes a la izquierda con su discurso, con su desapego a los bienes materiales sin llegar al discurso demagógico de la izquierda latinoamericana (en una pose un poco parecida a la del ex Presidente de Uruguay Pepe Mujica). El Papa cae bien, pero no cae tan bien a los más reaccionarios y tradicionalistas, y tampoco a la derecha económica.

    Laudato si. El Papa Francisco contra la derecha económica

    Generalmente se ha asociado al conservadurismo moral con el liberalismo económico. Es decir, se asume que los religiosos y conservadores son los mismos que pugnan por una economía de mercado (aunque no siempre es así). Pero en la encíclica «Laudato si» escrita por el Papa Francisco, y centrada en la ecología, las pedradas van contra el dogma del mercado, el mercado como pensamiento único, contra el consumismo voraz y la degradación del medio ambiente. Y la crítica la hace desde una postura moderada, ecuánime; emite críticas a aquellos empresarios que en su afán de ganar dinero no cuidan su entorno. Pero la gran diferencia con el populismo latinoamericano es que no niega a la iniciativa privada, la cree necesaria, pero dice que poseer bienes privados implica una responsabilidad para con la sociedad.

    Las palabras han molestado demasiado dentro del Partido Republicano de los Estados Unidos, entre los indignados se encuentra Jeff Bush, pre candidato a la Presidencia de los Estados Unidos:

    No me dejaré dictar la política económica por mis obispos, mis cardenales o mi Papa

    Es cierto, el Papa Francisco es socialista (en el buen sentido de la palabra) y tiene inclinaciones más bien de izquierda: Argentino, jesuita, influenciado por San Francisco de Asís (de donde toma su nombre). No va a caer bien a aquellos quienes defienden a ultranza la economía de mercado. El Papa da por válido el calentamiento climático y pide un mayor respeto del hombre para con la naturaleza y los animales (para algunos, jugar con la integridad de un animal, es arte):

    También es verdad que la indiferencia o la crueldad ante las demás criaturas de éste mundo siempre terminan trasladándose de algún modo al trato que damos a otros seres humanos… Todo ensañamiento con cualquier criatura es contrario a la dignidad humana.

    Por momentos, al leer su encíclica, sentí que estaba leyendo un artículo de divulgación científica. Un Papa hablando de ciencia, validando las opiniones de los científicos y dando por bueno el calentamiento global, mientras otras religiones siguen hablando de creacionismo o que el mundo «fue creado» solo hace miles de años:

    Sobre muchas cuestiones concretas la Iglesia no tiene por qué proponer una palabra definitiva y entiende que debe escuchar y promover el debate honesto entre los científicos, respetando la diversidad de opiniones.

    El Papa Francisco parece haber entendido la realidad en que vivimos, no se nota tan desfasado como muchos prelados. Mientras algunos como Juan Sandoval Íñiguez ven a los homosexuales como una aberración, el Papa Francisco dice que no es quien para juzgarlos, invita a no discriminarlos y a integrarlos a la sociedad. Entiende que vivimos en un mundo inmerso en la tecnología, dentro de una sociedad consumista, pero donde también hay muchas personas que quieren innovar y quieren cambiar las cosas. Señala las contradicciones de algunos grupos o formas de pensamiento pero sin darse golpes de pecho.

    El Papa Francisco tomó un riesgo al publicar esta encíclica, sobre todo por las críticas de los más reaccionarios y de los conservadores que defienden el mercado a ultranza. Ésta circular (recordar que una encíclica es una carta circular dirigida a todos los obispos y fieles católicos) refleja vientos de cambio a una Iglesia tan golpeada tanto por factores externos como por errores graves cometidos dentro de su institución.

    Este texto es recomendable no sólo para los religiosos, sino también para los que no lo somos tanto e incluso para quienes se proclaman ateos. El Papa Francisco hizo un diagnóstico digno de tomarse en cuenta sobre el papel que tenemos en este mundo y sobre las circunstancias que nos rodean.

  • El mal llamado neoliberalismo mexicano

    El mal llamado neoliberalismo mexicano

    -Carlos Salinas (refiriéndose a la época de las privatizaciones) no tocó las estructuras corporativas, sólo hubo un cambio de personas – Macario Schettino.

    El mal llamado neoliberalismo mexicano

    Thomas Piketty en su libro «Capital» habla mayormente sobre la desigualdad que existe en el mundo, habla sobre sus causas, y sobre las razones por las que ésta disminuyó en el siglo XX (Guerras Mundiales que acabaron con los patrimonios así como las políticas redistributivas implementadas) para que en las últimas décadas esta volviera a aumentar debido a la disminución de impuestos así como por el surgimiento de los súper-ejecutivos. La realidad (que coincide con las proyecciones de Piketty) es que las 80 personas más ricas del mundo, poseen la misma cantidad de dinero que tiene el 50% de los habitantes más pobres del planeta, lo que seguramente está generando debates, donde muchos cuestionarán al libre mercado, y otros lo apoyarán afirmando que a pesar del incremento de la desigualdad, el bienestar de la mayoría de los habitantes del planeta ha aumentado con el tiempo.

    El debate sobre estas políticas (llamadas por muchos como neoliberales) es necesario. El problema es que no tienen la misma dimensión en México, o más bien en nuestro país existen otros factores que exacerban más la desigualdad (aunado a un aumento del bienestar raquítico). Entonces nos damos cuenta que culpar directamente al «neoliberalismo» por la situación actual (como generalmente lo ha hecho la izquierda) es un error. En el caso de México tiene que ver más con el estado (es que temen que desaparezca, pero que al mismo tiempo detestan) y al régimen vertical heredado del PRI que ha oscilado desde el socialismo hasta el corporativismo (que es a lo que se llama erróneamente «neoliberalismo»).

    López Obrador, crítico del sistema, pero a la vez, asiduo y promotor de regímenes verticales como el que sigue sosteniendo al país, habla de la «mafia en el poder», el término es contestatario y adecuado a su discurso populista, pero de alguna forma, tiene alguna razón de ser. Cuando se habla de potentados y privilegiados, no hablamos de empresas privadas que surgieron de la competencia y la innovación. Muchas de las grandes empresas en México surgieron al amparo del Estado y crecieron gracias a él. Eso ha generado una mayor concentración de la riqueza, al tiempo que ha obstaculizado el crecimiento de la ciudadanía.

    Cuando hablamos de Telmex, Televisa, y demás empresas grandes, no hablamos de innovadores, ni de súper-ejecutivos que tuvieron una idea en un garage. Hablamos de empresarios que tuvieron las suficientes amistades dentro del gobierno para que en base a privilegios, pudieran crecer por encima de quienes no los tuvieron. Porque no es lo mismo Mark Zuckerberg que Carlos Slim (ambos en el ramo de las comunicaciones) ni es lo mismo la familia Rockefeller a Grupo Higa. Y el problema es que este régimen vertical sigue siendo promovido.

    El llamado neoliberalismo tiene sus defectos, y entre ellos está el que por sí sólo no logra disminuir la desigualdad, sino por el contrario. Pero no es el caso de México. Estados Unidos es mucho más «neoliberal» que México (la intervención estatal es menor). El coeficiente de Gini de Estados Unidos es de 41.1 y el de México es de 48.1 (donde 1 es igualdad perfecta y 100 inequidad perfecta).

    Si queremos combatir la desigualdad, tendremos que cambiar de enfoque y saber utilizar los términos. Por contradictoria que pudiera parecer la afirmación, en México, la intervención estatal en la economía es la que ha producido los niveles de desigualdad que ahora tenemos. El hecho de que existan corporaciones públicas y privadas que abusen de quienes no forman parte de ellos, provoca que casi no exista movilidad social (es decir, que las personas puedan aspirar a cambiar de posición social), ni competitividad. Necesitamos mexicanos que logren crear grandes empresas en base a su creatividad, innovación y esfuerzo, y no en base a los amigos o palancas que puedan tener en el gobierno.

  • México y su problema con los monopolios

    México y su problema con los monopolios

    En México, la comentocracia burguesa nos ha vendido una retórica de libre mercado, que en realidad de libre mercado tiene poco. No es raro escuchar a Emilio Azcárraga o a Salinas Pliego hablar de los beneficios del libre mercado y de la globalización, al tiempo que muchas de sus empresas no se hicieron ni al amparo del libre mercado, ni en una sociedad global. En este mismo tenor, la comentocracia izquierdista también ha errado, al afirmar que el neoliberalismo ha sido el culpable de todos nuestros males. Pero si alguno lee a los pensadores o economistas que sostuvieron este ideal económico, como Milton Friedman o Friedrich Hayek, verá que en realidad no ven con buenos ojos a los monopolios creados al amparo del estado. Como esa Televisa declarada por Azcárraga Milmo, como soldado del PRI. En realidad entonces nunca hemos tenido una economía neoliberal, más bien ha sido un corporativismo vertical que se ha tratado de adaptar a las nuevas olas económicas, pero sin perder su esencia.

    México y su problema con los monopolios

    El liberalismo económico, o neoliberalismo, busca una intervención mínima del estado en la economía, y un mercado libre que se autorregule. Este supuesto se rompe cuando una empresa privada, que fue creada con el cobijo del estado entonces gobernado por Miguel Alemán (y cuyos descendientes directos e indirectos llegaron a tener trabajo en esta empresa, como Raúl Velasco, conductor) tiene la capacidad y el permiso de involucrarse directamente en una campaña política (la de Enrique Peña Nieto) e incidir en el resultado. La misma empresa, concebida para crear televisión, tiene también la capacidad de decidir quien es el nuevo director técnico de una selección mexicana venida abajo, en parte por un ambiente de la corrupción del que ellos mismos son parte. Pueden también colocar su telebancada, es decir, se pueden erigir como cuarto poder, no sólo por su influencia mediática (decreciente por cierto), sino por sus cotos de poder.

    Mientas la comentocracia burguesa habla de un país con un mercado «más dinámico que antes», afuera nos ven como el país de los monopolios, de las altas concentraciones económicas y poder en manos de unos pocos. Es cierto que en el mercado siempre habrá cierta tendencia al surgimiento de monopolios, y también el lobbying es algo que está a la orden del día. Pero un país como México, con los altos niveles de corrupción en medio de medidas políticas ineficientes, estos traban la economía a un punto mucho mayor que otros países. Un ejemplo que ilustra la diferencia fue la controvertida Ley SOPA para presuntamente combatir la piratería. Algunas empresas estadounidenses cabildearon, pero su mercado más abierto y dinámico que el nuestro, dio para que otras a su vez, cabildearan en contra de esta ley. Y nótese que tomo una referencia de un país que por más fuerte y hegemónico que sea, no es el mejor ejemplo de honestidad y combate a la corrupción.

    Parte de la apertura al mercado no ha funcionado porque esta aparente apertura se ha dado con un esquema donde se mantienen varios de los rasgos corporativos de antaño, ya sean monopolios públicos o privados. Las concentraciones tanto económicas como de poder llegan a ser insultantes, y más que achacar al «neoliberalismo» la profunda desigualdad, habría que achacarlo a este corporativismo que de ninguna manera se ha ido, y que la oposición no ha sabido (y a veces querido) combatir. Paradójicamente la izquierda ha sido más insistente en el fin de la condición monopólica de estas empresas para tener un mercado más libre. Mientras que la derecha ha propuesto en la retórica la necesidad de un mercado libre, al tiempo que no lo ha terminado de promover en la práctica.

    El combate a los monopolios es totalmente necesario, hará más dinámica la economía, creará más empleos, y el consumidor tendrá productos más baratos y de mejor calidad. A su vez, las empresas no podrán poseer por sí mismas tanto poder, y sus mecanismos para incidir en las políticas públicas tendrán que ser más bien a través de las cámaras de comercio u organizaciones empresariales, lo cual es mucho más sano. Cuando se agradece a Televisa por la iniciativa del Teletón (proyecto, que de alguna manera tiene buenos resultados en la sociedad, con todo lo que se diga), también se olvida que lo que deja de pasar por la condición monopólica de esta empresa, es mucho más grande que los resultados de esta iniciativa que tiene más de 10 años. Condonaciones de deudas que equivalen a varios «CRIT», y un deterioro de la vida democrática que podría generar más asociaciones civiles autónomas e iniciativas como las que ellos promueven.

    La solución no se encuentra ni en la nacionalización o la expropiación que sólo dejarán vacíos de poder que deberán de ser llenados por algo no necesariamente mejor a lo anterior. La solución estriba en la creación de mecanismos para promover el libre mercado, y la creación de reglas que no permitan a estas empresas trabajar desde una condición monopólica, y mucho menos, intervenir en políticas públicas en su beneficio, y en perjuicio de la sociedad.

  • Margaret Thatcher, la Dama de Hierro

    Margaret ThatcherEstaba pensando en hacer la reseña de la película «La Dama de Hierro», pero creo que está un poco de más hacerla, y simplemente puedo resumirla a una de las mejores caracterizaciones que he visto en mi vida. Después de ver el papel de Meryl Streep (quien merecidamente ganó el Oscar por su actuación) vi un video de la Margaret Thatcher original y la diferencia es, prácticamente imperceptible, si acaso el rostro entre el personaje de Streep y la Tatcher es levemente diferente. La voz es prácticamente igual y que decir del acento, y más meritorio porque Meryl Streep no es inglesa, es estadounidense. Aunque pienso que dicha película si bien puede ser muy interesante para aquellos que en efecto, saben quien es Margaret Tatcher, para la gente a la cual no le interesa en lo más mínimo la película puede ser algo así como un somnífero.

    Pero me quiero enfocar en la Margaret Thatcher real. Ciertamente, no comparto su ideología política conservadora neoliberal de derecha, pero a pesar así siento algo de admiración por ella. Es cuestión de verla, (no solo en la película, sino a la Maggie real de quien circulan muchos videos en Youtube), tiene una personalidad increíble, imponente, solo basta verla en la cámara de los comunes refutando todas las críticas de sus opositores laboristas. Gracias a ella fue que se puso de moda eso de aplicar «medidas impopulares». Ella decía que sabía que la iban a criticar mucho, pero que las próximas generaciones se lo iban a agradecer. Aunque la verdad a más de 20 años de que dejó el cargo de Primer Ministro, está en entredicho si las generaciones actuales están agradeciendo dichas medidas.

    Mujer de convicciones firmes. A diferencia de muchos «politiquillos neoliberales» tenía convicciones propias y no era un títere de intereses corporativos. Así lo hizo desde joven y esas convicciones la hicieron llegar hasta donde ella misma pensaba que no tenía posibilidad alguna de llegar: A ser Primer Ministro. Su caracter era imponente, su figura femenina no representaba debilidad, por el contrario, tenía un carácter más fuerte que la mayoría de políticos masculinos que podamos conocer. No por ser mujer inspiraba ternura y compasión, no se tentaba el corazón, aunque al menos, según la película, si tenía sentimientos y aunque fuera en privado si flaqueaba. Pero en política era lo que le apodaban, una «dama de hierro».

    A veces me sorprende como algunas personas se preguntan si candidatas como Josefina Vázquez Mota podrían emular a Margaret Thatcher, yo tengo una respuesta: JA JA JA JA JA. Una cosa es tener carácter y una voz fuerte que imponga autoridad, y otra cosa es aclamar un texto como robot. Aunque Maggie, al menos después de su mandato en el Reino Unido, si fue de compras al súper. Y otra cosa, Margaret Thatcher presumía de su «conservadurismo» mientras acá en México los más derechosos dicen ser de centro, es más, hay unos transnochados como el gobernador panista Emilio González Márquez se atreven a decir que son de izquierda.

    Muy admirada por algunos y muy repudiada por otros, pero Margaret Thatcher es sin duda uno de los políticos más emblemáticos de las últimas décadas. Acá una frase que me gustó y por último, un video de su gestión en la camara de los comunes criticando el socialismo:

    Pensar de forma realista nunca ha llevado a nadie a ninguna parte. Sé fiel a tu corazón y lucha por tus sueños

  • Vivir Mejor, la inercia de la macroeconomía

    Vivir MejorLos gobiernos del PAN nos han vendido el cuento de que México bajo su gestión ha venido mejorando, que todos los tipos de pobreza fueron reduciéndose, la patrimonial, la alimentaria; y al menos en el sexenio de Fox si sucedió así, aunque hay que aclarar que esta disminución comenzó con Ernesto Zedillo cuando comenzó la recuperación de la crisis. Felipe Calderón no puede presumir lo mismo porque quesque vino una crisis de afuera y nuestro principal socio comercial, de quienes somos su patio trasero, sufrió la crisis más severa desde 1929. Pero así el PAN nos presume que dentro de lo que cabe si ha reducido los índices de pobreza, que los niveles macroeconómicos están estables, hay una mayor responsabilidad fiscal, no hay inflación y entonces el país está progresando.

    Lo que no dicen es que la dinámica mundial provoca que en realidad la gran mayoría de los países (tal vez exceptuando este bache por el que estamos pasando) van creciendo económicamente. Si uno analiza no sé, el historial del PIB per cápita de tantos países al azar verá que salvo en honradas excepciones todos han tenido cierto crecimiento. El apegarse a la macroeconomía tal cual medida neoliberal, hace que un país entre en esa inercia. Y ese crecimiento en realidad no se está dando porque se esté fomentando precisamente el crecimiento, sino que los avances científicos y tecnológicos hacen que más personas puedan dotarse de más recursos (aunque en estos últimos años la concentración de la riqueza a nivel mundial es tan fuerte que ya ni eso sucede).

    El gobierno actual nos dice que para «Vivir Mejor», basta con una macroeconomía responsable, porque así bajarán las tasas de interés, se fomentará la inversión y vendrán las empresas extranjeras a invertir y a crear empleos. Es decir, hay que aprovechar la inercia, pero bajo ningún motivo el estado debe de propiciar ese crecimiento, ni siquiera buscando fortalecer a la iniciativa privada. Porque en realidad la derecha cree que invertir en mejor educación que de verdad capacite a los mexicanos para que puedan producir valor agregado, ya sea trabajando en una empresa o invirtiendo en sus propios negocios (porque en realidad el gobierno no confía en nosotros y por eso llama a los de afuera), o que invertir en ciencia y tecnología, al ser intervención estatal dentro de la economía, la relacionan con palabras como comunismo, socialismo. Aunque claro, shh, no hay que hablar del Partido Comunista de China, que por medio de políticas estatales ha hecho crecer a su mercado de una forma espeluznante al grado que ya es una de las potencias mndiales más fuertes.

    No es que esté mal que se aproveche esa inercia, pero para poder navegar en el mar, no es solo suficiente construir un barco que sea dirigido por el oleaje de las aguas, sino que este debe de tener un timón. Y a fin de cuentas bajo esa política de la inercia, México nunca llegará a ser un país destacado. Si, con el tiempo habrá menos pobreza y más desarrollo. Pero los otros países que si se tomaron las cosas en serio, estarán triplemente desarrollados que nosotros. Así sucedió con Corea, España, y ahora Chile y Brasil se apuntan a comernos el mandado.

    Si los mexicanos nos ensimismamos podremos decir que si, «vamos progresando, vamos avanzando», pero si nos ubicamos dentro de un contexto mundial, nos estamos quedando estancados. Y la pérdida de influencia en América Latina es un claro ejemplo de este estancamiento. Pero no importa, el estado no debe hacer nada, debe quedarse quietecito, que vengan las corporaciones extranjeras a hacer el mandado, quienes contratarán mano de obra poco calificada para la mayoría de los puestos y para la minoría mano de obra calificada egresada de las universidades privadas o de algunas universidades públicas (empleos que no alcanza a abastecer a todos los mexicanos con alto grado de cualificación y que terminan conduciendo un taxi para ganarse el pan). Eso es, Vivir Mejor.

    Bueno, mientras mi país «como que avanza» y también avanza el número de muertitos, voy a la calle a silbar el tono ese que sale en la tele.

  • El México Cínico

    México CínicoCuando la miseria de terceros en más grande que la propia- piensa Calderón- se vive en la riqueza… “Podríamos estar más jodidos” parece ser el argumento más reciente del gobierno calderonista:

    “Se están viniendo cada vez más empresas especializadas a nuestro país, no tanto porque los salarios sean muy bajos, que ciertamente habrá que mejorarlos, pero en China, por ejemplo, son infinitamente más bajos, o en India… porque, además de la cercanía con EUA, hay una gran calidad de nuestros ingenieros”, expresó Felipe Calderón Hinojosa durante una gira por el estado de Aguascalientes…

    Con el abandono de los conservadores mexicanos la caída del imperio de Maximiliano se aceleró y, como era de esperarse, las fuerzas juaristas triunfaron; con esto los sueños de conquista sobre tierras mexicanas de Napoleón III se vinieron abajo y su principal objetivo, frenar el acelerado crecimiento de los Estados Unidos en América, se destrozó. No eran erróneas las especulaciones francesas sobre los planes de los autoproclamados americanos, pues la mirada de los Estados Unidos se fijó, nuevamente, en México, ya no con las viejas manías del capitalismo europeo pues los yanquis ya habían evolucionado sus ideales expansionistas a las nuevas políticas mundiales; de esta manera ya no era el territorio lo que giraba en las cabezas de los dirigentes estadounidenses; era someter al vecino sureño a su mercado lo que buscaban; EUA  necesitaba de México sus recursos naturales para poder transformarlos en productos que serían comercializados tanto en su marcado interno como exportados a otros países; entre ellos México. De esta manera las materias primas serían extraídas de suelo mexicano y exportadas a Estados Unidos, allá serían transformadas en productos y luego vendidas, a un precio mayor que el de la importación de recursos “puros”, a México…

    “No tengo duda-decía el general Grant- que con la construcción de ferrocarriles podríamos adquirir de México esos productos, que, en vez de tenerlos de países antidemocráticos, esclavistas y de excesivos impuestos aduanales, los tendríamos de un país republicano cuyos derechos de exportación son menores- ¿a qué precio?- ya no el de nuestro dinero sino al de nuestros productos ( maquinaria, herramienta, artefactos ), que remitiremos a cambio de frutos”.

    -“Manuel González y su Gobierno en México” de Salvador Quevedo y Zubieta.

    Con la llegada de Porfirio Díaz a la presidencia, y con la “paz” que trajeron sus administraciones, se abrieron las puertas a los sectores inversionistas yanquis; no tuvieron problemas en aplastar a una burguesía naciente:

    “Para poder explotar a la clase campesina  e impedir el crecimiento de la burguesía nacional, los imperialistas trataron de conservar el carácter agrícola de México. La producción de enormes cantidades de materia prima por los capitalistas extranjeros los convierte en ricos hacendados: organizan plantaciones, concesiones forestales, mineras y petroleras, todo lo cual requiere amplias concesiones agrícolas…”

    -“Historia de las Revoluciones Mexicanas” de Andrés Volsky.

    Favorecieron, a la conquista económica extranjera, las reformas, aprobadas durante el Porfiriato, en las que se permitía la compra de territorios a partículares; incluyendo los tesoros naturales que pudieran existir en ella…

     …

    Las referencias históricas, que pudieran parecer en un principio un tanto fuera de lugar,  relatan cómo ocurrió, a grandes rasgos, la penetración económica extranjera durante el gobierno de Porfirio Díaz y, de la misma manera, cómo México se convirtió en una nación dependiente que básicamente cumple la función de una mina, entonces, regresando a las palabras del “mandatario” nacional, si las empresas vienen a México no es por “la calidad de nuestros ingenieros” (que no niego que exista) es porque de México obtienen las materias primas que utilizan para la fabricación de sus productos que, posteriormente, son exportados a un precio mayor que al que los importados; un claro ejemplo es el petróleo; de suelos mexicanos PEMEX extrae el crudo, el cual es exportado a Estados Unidos para refinarse y luego importado desde ese país para comercializarse como gasolina u otros derivados… Para las potencias comerciales no es conveniente que México desarrolle la tecnología necesaria para realizar los procesos industriales completos, pues, bajo las lógicas neoliberales que rigen nuestra actualidad, un país con recursos debe de mantenerse como proveedor y nada más,  la negativa  de nuestros representantes políticos ante la inversión en tecnología nacional y su positiva hacia la participación de la iniciativa privada en la vida nacional parten de ese principio.

    Gracias a la era Neoliberal, y la idea de “todo para el patrón”, el desempleo se disparó y los salarios se volvieron  risibles; algo más de 57 pesos diarios:

    • Entre 1977 y 2006 el salario perdió 75% de su valor.
    • Entre 1982 y 2008 el costo de la canasta alimenticia recomendable se incremento 4.35 veces más que los salarios.
    • El deterioro acumulado de los trabajadores entre 1982 y 2008 es más de 82%
    • Bajo el gobierno de Calderón, tan sólo entre diciembre de 2006 y mayo del 2010, la pérdida del poder adquisitivo fue del 47.1%. En ese lapso la canasta alimenticia recomendable aumentó 93%; el salario mínimo sólo aumento 17%.
    • Un obrero tendría que trabajar 21 horas y 50 minutos para obtener la canasta alimenticia recomendable.
    • Según datos de la INEGI 5 millones 422 mil 647 trabajadores ganan el salario mínimo o menos.
    • Como todos lo salarios tienen como referencia el salario mínimo; la mayoría son bajos.
    • Más del 60%, según la INEGI, de  la clase productiva mexicana labura en el subempleo (sin seguro ni prestaciones).
    • Datos de la INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) y de Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM.

    Calderón nos dice que, comparados con China, no estamos tan mal, pero ¿y qué con el resto del mundo?

    Salarios mínimos en:

    • Francia e Inglaterra: 1 024 pesos diarios.
    • Japón: 790 pesos diarios
    • Estados Unidos: 825 pesos diarios
    • Brasil: 122 pesos diarios
    • México: 60 pesos diarios

    La desfachatez y la hipocresía con la que habla el que representa al ejecutivo es insultante, pero más aun es pararse a defender los “logros“ de los gobiernos panistas y/o priístas  que, como se ha demostrado, han sido beneficiosas sólo para un grupo selecto de empresarios y privilegiados;  aletargar a la industria mexicana y congelar salarios han sido “cuchillas” que han clavado los  políticos derechistas desde fines del siglo XX hasta la actualidad… POR EL BIEN DE MÉXICO… NO MÁS PRI… NI PAN.

  • Neoliberalismo, Patria o Muerte

    Una plática entre unos economistas y políticos estadounidenses de la Reserva Federal quienes tienen también cargos en el FMI, estas personas están preocupadas porque la sociedad mexicana no está contenta con el andar su economía y porque dicen que las políticas neoliberales no han logrado incrementar la riqueza del país y en los últimos años ha aumentado el número de pobres a pesar de que el Presidente Felipe Calderón ha recibido reconocimientos por el «excelente manejo de la macroeconomía» y por ser el «lider del mundo global». Los economistas estadounidenses tienen una solución para el problema que atraviea el país mexicano. Wikileaks encontró una conversación entre dos economistas de muy alto rango, con mucho poder y afiliados al Partido Republicano, el título del cable de Wikileaks se llama «Neoliberalismo, Patria o Muerte».

    John Grasper: Oye, tenemos un problema, los mexicanos nos están reclamando; dicen que con los préstamos no han solucionado sus asuntos de la pobreza, tienen 50 millones de pobres.

    Kevin Heartless: ¿De qué se quejan los cabrones?, sus índices macroeconómicos están muy bien, tienen poca inflación, no se cuantas reservas, el peso no está muy devaluado. ¿Pues que quieren o que?

    John Grasper: Dicen que el problema es como ellos le llaman, el libertinaje de mercado. Que los empleos se han vuelto más precarios, que cada vez hay más pobres. Y todo eso después de ese paquete que el FMI les entregó. Dicen que el mercado no está funcionando como debería, no se está produciendo la «competencia perfecta» que nosotros los promotores del libre mercado dijimos que iba a ocurrir.

    Kevin Heartless: ¿Sábes lo que recomendamos acá en mi rancho en Texas? Que cuando no funciona bien el mercado, hay que aplicar más mercado. ¿Qué queda allá por privatizar?

    John Grasper: Muy poco en realidad, solo tienen dos empresas paraestatales, Pemex, y la Comisión Federal de Electricidad. Ya todo está en manos de empresarios mexicanos y algunos de nuestro país como Banamex que ahora es nuestro, jajajjajajaj

    Kevin Heartless: Mira, para el caso de Pemex pues mi amigo Dick Cheney y Haliburton están interesadísimos en comprarla. Sería una ganga, si sumamos a los pozos petroleros de Irak de la guerra esta que hicimos más lo de Pemex imagínate, y claro Haliburton tiene que quedarse con la mayoría de las acciones, si nó imagínate, estaríamos promoviendo esa palabra que ambos odiamos llamada «socialismo».

    John Grasper: Pero toma en cuena una cosa, si les quitamos Pemex a los mexicanos tendrían mucho menos recursos y el país se vendría abajo.

    Kevin Heartless: A ver, no te me «estalinices», así le vamos a hacer, les quitamos Pemex, no les decimos a la sociedad mexicana que les quitaremos Pemex, sino que se trata de una modernización, que se escuche así muy bonito, «futuro», «progreso». Entonces cuando nos quedemos con Pemex, el gobierno tendrá que subirle los impuestos a las clases medias. No se, el IVA al 25% y el ISR al 50%, por ahí.

    John Grasper: ¿Y que pasará con los millonarios?

    Kevin Heartless: Pues nada, acuérdate que ellos generan empleos y se «esforzaron mucho». Ellos no deben de pagar nada porque si el gobierno los aprieta imagínate, dejan de generar empleos. Además ellos hacen negocios con nosotros. Ah recuerdo, no, mejor hay que decirles que el IVA al 35% y el ISR al 70% porque si aprobamos la Ley SOPA, muchos negocios que tienen software pirata van a quebrar, entonces habrá que apretar más a los que si cumplen con las normas.

    John Grasper: Pero entonces esas empresas van a quebrar

    Kevin Heartless: Yo sé, pero como a Carlos Slim, a Salinas Pliego, a Azcárraga y a todos esos amigos nuestros no les vamos a apretar, entonces ellos se encargarán de toda la economía y los microempresarios pasarán a ser sus empleados, y los empleados de los microempresarios pues terminarán en la calle. Si es cierto, habrá más pobres, pero también habrán más ricos que es el indicador del progreso.

    John Grasper: Y mira que inteligente eres, porque haciendo todo esto, su macroeconomía seguirá estando de lujo y no nos podrán reclamar. Si habrá millones de pobres, desintegración social, epidemias. Pero no habrán devaluaciones, el PIB se mantendrá (porque pasará a ser de nuestros amigos mexicanos), todo muy bien, serán aplaudidos por el FMI, el Banco Mundial, la OCDE no se porque son medio especialitos. Pero en general a todos estos ricachones mexicanos los invitamos a Davos para que nos expliquen su éxito.

    Kevin Heartless: Ah claro, y si funciona lo aplicamos a toda Latinoamérica. Y mira en el caso de que las cosas salgan mal en México y se endeuden por gastos irresponsables, pues les compramos no se, Baja California Norte (imagínate, Rosarito nuestro), algún pedazo de Sonora o qué se yo.

    John Grasper: Y si aumenta demasiado el número de pobres, hacemos la segunda versión de Rápido y Furioso para darle al narco más armas; y como los pobres se volverían narquillos, en uno o dos años morirían y listo, limpieza social. Haríamos algo así como cuando nuestros antepasados colonizaron norteamérica, acabaron con todos los indios. Acá sería más discreto y más bien ellos se autodestruirían, nosotros solo les daríamos las herramientas.

    Kevin Heartless: Otra cosa, como no van a tener liquidez fuera gastos innecesarios, adios Seguro Popular, y el programa Oportunidades, nada de programas comunistoides. Este Felipe Calderón parecía ser nuestro cachorro y de pronto sale con sus tonterías marxistas. Salud para quien lo pueda pagar. Educación para quien la pueda pagar. Si estás jodido te aguantas, así es la vida, es la lucha de los fuertes contra los débiles. ¿Acaso tenemos que ayudar a los débiles?. Para eso nos inventamos este sistema neoliberal tan chingón. Nosotros nos hacemos ricos, y ellos se joden, pero les damos reconocimientos por sus «buenos manejos en la macroeconomía» y al Secretario de Hacienda, ese que se parece a Mr Bean, Ernesto Cordero le damos un buen puesto en la FMI, ¿cual propones?.

    John Grasper: De intendente de limpieza, y le vamos a pagar muy bien, el equivalente a $6,000 pesitos mensuales, así se puede pagar la universidad privada de sus hijos, tener crédito para casa y un carro. ¿Entonces qué?

    Kevin Heartless: Deja arreglo todo para la operación, armamos un fraude electoral para que gane Peña Nieto en el 2012 y el se encargará de pasar todos estos planes. Lo malo es que su hija no podrá criticar a la prole, porque pues ya no habrá prole, esta estará muerta.

  • Consumir, consumir y consumir

    Mi padre me regaló de navidad un iPhone, ya mi celular anterior estaba viejito (ni siquiera era un smartphone) y tenía muchos problemas al recibir mensajes. En realidad no estaba muy dispuesto a «estar a la moda» con uno de los teléfonos más solicitados en el mercado, pero ya que me lo regalan, lo mejor que puedo hacer es aprovecharlo, y hacer toda la tramitología que se requiere, ir al Telcel a mover mi número de mi antiguo Nokia al iPhone, pagar como 100 pesos por la tarjeta SIM, luego llegar a mi casa y restaurar todo el sistema (porque como antes lo usaba mi papá, ya estaba lleno de muchas cosas que no) etc. Y digo, para mí es fácil, porque yo seguiré con mi plan amigo, y no necesitaré endeudarme para estar a «la moda», pero me pregunto, ¿cuánta gente si lo hacen con tal de sentirse parte de un grupo, de algo o de alguien?.

    Para que el sistema neoliberal funcione (al menos en teoría), la gente debe de consumir, consumir y consumir. Para los economistas que forman parte de la tecnocracia neoliberal, una persona es como un «objeto que produce y consume«, porque de esta forma se puede evaluar con las estadísticas que tanto les encantan. Lo que no pueden medir estos tipos, es el impacto social (además del cultural y ambiental) de un modelo económico que basa en el consumo su existencia. Debido a las presiones del mercado por esta dinámica, las empresas nos contratan a nosotros los mercadólogos para buscar convertir los deseos de la gente en necesidades. Nuestra actividad no es perjudicial cuando analizamos un mercado, buscamos cuales de esos son clientes potenciales y le ofrecemos el producto que ellos están buscando (darle a la gente lo que necesita), pero a veces podemos ser maquiavélicos cuando buscamos modificar los patrones de conducta de las personas para incitarlas a consumir (decirles que necesitan), algunas veces con engaños (a veces tan simulados que pasan por una actividad normal, y otras veces tan descarados que es ya necesaria la intervención de las autoridades).

    A veces la dinámica consumista es tan fuerte, que crea modelos de conducta en los humanos que los hacen depender de los objetos materiales, ya no tanto para satisfacer sus necesidades, sino para modificar su sentido de pertenencia y de filiación con ciertos sectores sociales. Naturalmente como el humano tiene una tendencia a querer más y más (eso lo sabemos muy bien los mercadólogos) lo aprovechamos para orientar esa tendencia humana hacia la compra de productos; entonces si el consumidor no tiene la capacidad para comprar cierto producto, se frustra, y ahí entra la necesidad de endeudarse, uno de los motivos que a la larga ha deteriorado al mismo sistema económico.

    Este problema no es percibido por un economista, porque no se percibe en el crecimiento del Producto Interno Bruto de un país, o en el Coeficiente de Gini, o en cualquier metodología para evaluar los índices microeconómicos o macroeconómicos de un país. Esto lo perciben ya no los sociólogos, sino los psicólogos y psiquiatras que cada vez reciben a mas pacientes deprimidos porque la dinámica de mercado (quiero aspirar, por lo que tanto tengo que comprar, lo que me causa una frustración, la cual solo podría resolver con el endeudamiento, que a la larga también me causa una frustración) muchas veces socava la integridad no solo mental, sino física de las personas. Lo peor de todo, es que cuando el individuo logra tener su producto, al cabo de un tiempo se acostumbra a él, y ya no satisface la necesidad que si logró al momento de su compra, por lo cual el individuo entra en un círculo vicioso.

    Erich Fromm, cuando el capitalismo no era tan «salvaje» como lo es ahora; decía que los humanos entrábamos en esta dinámica del tener, como si fuéramos engranajes que alimentan al sistema; y que esta dinámica era tan fuerte que los que la promovían no dejaban de ser víctimas de ella. Ahora el ser humano es valorado por los bienes materiales que tiene y por su posición social (dada mayoritariamente por la acumulación de riquezas), ya no es valorado por el ser, ni por sus aportaciones a la sociedad. Una persona que vive en una mansión en uno de los suburbios más prestigiados de Estados Unidos «vale más» que un científico que ha aportado avances en la sociedad, o más que un pensador, o un maestro, o un doctor que se «rompe la madre a diario» para salvar vidas.

    Esta dinámica del consumo, nos está alejando cada vez de nuestra esencia humana, y nos ha orillado hacia un mecanismo de supervivencia. El hombre, independientemente de su posición social, debe de «sobrevivir» de acuerdo a su modus vivendi, cualquier descenso en el escalafón social implica una degradación como persona (recalcando que importa más el tener que el ser). El hombre «moderno» no puede desapegarse de sus bienes materiales, porque son los que lo determinan. El prestigio, el éxito, son dados por la cantidad de bienes materiales que posea. Si tengo muchos bienes, entonces he sido una persona exitosa en la vida, de lo contrario no.

    Somos de cierta forma esclavos del consumo. Nadie nos obliga a hacerlo, como si estuviéramos en una sociedad totalitaria, pero si decidimos no hacerlo, podríamos estar fuera del sistema.