Etiqueta: narcotrafico

  • Daños Colaterales

    En mis noches de dolor siempre pensé:
    quién habrá matado a mi hijo, habrá sido
    ese engendro maligno hijo de la impunidad
    o todos nosotros que con el paso de los años,
    con nuestra irresponsabilidad y ceguera, hemos
    creado lo que hoy estamos viendo. Quién es más
    culpable: el que deja hacer o el que hace. Alejandro Martí, 2008

    Qué bonito es ser alguien. Qué bien se siente tener un nombre que posea el peso suficiente como para llamar la atención de las autoridades. Qué satisfacción que los atropellos cometidos contra una persona conocida sean inmediatamente del dominio público, y levanten mil disculpas de parte de los responsables con tal de contener la oleada de indignación que sucede a los hechos irregulares.

    Para aquellas personas que son “alguien” y que han perdido familiares, o que han sido víctimas de violaciones a sus garantías constitucionales, ya sea por delincuentes o como daño colateral por parte de las autoridades, sus nombres les han podido brindar la satisfacción de la representación pública; el peso de sus apellidos les ha valido las disculpas de los altos dirigentes nacionales, ha hecho temblar las rodillas a más de un poderoso, y nos ha conmocionado a todos gracias a la difusión que de ellos han realizado los medios nacionales.

    Así sucedió con el empresario Alejandro Martí cuando exclamó su sentido “sin no pueden, renuncien” a los gobernantes y asistentes del Consejo Nacional de Seguridad en 2008, después de que su hijo, Fernando Martí, fuera asesinado tras ser secuestrado. O con Nelson Vargas, cuando afirmó que las autoridades de seguridad y los legisladores mexicanos “no hacen su trabajo” en el combate al plagio, durante el foro “Alto al secuestro” ese mismo año, después de que su hija Silvia fuera encontada muerta tras haber sido plagiada.

    Recientemente fue Javier Sicilia quien levantó la voz para apadrinar un movimiento luego de que su hijo Juan Francisco fuera asesinado a manos del crimen organizado, y ahora, en circunstancias menos trágicas, aunque también indignante, es lo acontecido al escritor y poeta Efraín Bartolomé, quien sufrió una irrupción ilegal en su vivienda por parte de agentes de la policía mexiquense, quienes lo amedrentaron a él y a su esposa, además de robarles sus pertenencias, durante un operativo que tenía la intención de capturar a Óscar Osvaldo García, presunto líder del grupo delictivo “La mano con ojos”.

    Si bien es plausible que el supuesto jefe de la banda y sanguinario asesino haya sido aprehendido, es reprochable que haya sido a costa de la seguridad y violación de los derechos fundamentales de civiles inocentes, considerados como víctimas colaterales de la impartición de la justicia. Si el poder que ciudadanas y ciudadanos les otorgamos a las autoridades significa preservar el bien común y mantener un Estado de Derecho que garantice nuestra seguridad, ¿de qué nos sirve un Estado que viola nuestros derechos de igual forma que los delincuentes, sólo que impunemente?

    Lo acontecido a Efraín Bartolomé, que él mismo relata y puede ser leído en el siguiente link: http://diariodecolima.com/o/colaboradores.php?c=10978, no ha sido el único atropello que las autoridades han cometido en los últimos años, pero sí uno de los que ha trascendido gracias a que se trataba de un personaje público, lo que me lleva a cuestionar: ¿Cuántas víctimas anónimas existen en México?, ¿cuántos “presuntos implicados” habrán ingresado a las de por sí saturadas prisiones?, ¿cuántas Jacintas Francisco estarán esperando su día en el juzgado?, ¿cuántos atropellos, cuántas violaciones se estarán cometiendo en este momento en el nombre de la ley?

    Es evidente que a los cuerpos de policías de todo el país les falta capacitación, no sólo en derechos humanos, sino en las mismas leyes mexicanas, para conocer dónde están los límites que acotan el poder que les brinda su investidura. Asimismo, el Poder Judicial carece de mejores técnicas de inteligencia en la búsqueda de evidencia que excluyan a la gente inocente de tener que sufrir atropellos de esta naturaleza. En esta ocasión, debido a que dicha violación se cometió en contra de una persona que contaba con la posibilidad de hacer escuchar su voz es que nos enteramos de lo ocurrido, pero ¿cómo cuidamos la integridad de aquellos que no cuentan con los mismos privilegios?

    Vivimos actualmente momentos muy difíciles en la lucha por defendernos del dominio del crimen organizado, por lo que nuestras organizaciones de seguridad pública y nuestras autoridades reciben toda la presión para lograr esa meta, pero la misma no debe de ser buscada a costa de nuestras libertades civiles. Es cínico querer alcanzar la justicia por medio de la ilegalidad, pretender despojar del poder ilegítimo a los criminales abusando del que les brinda su placa para atropellar a ciudadanas y a ciudadanos honestos. ¿De qué nos serviría ganar la guerra si los vencedores son igual de corruptos que los perdedores? Ahora, además de cuidarnos de los criminales, debemos de protegernos también de quienes se supone nos “cuidan” de tales.

  • Una cumbre muy bajita

    Desde el inicio de esta guerra anticrimen, creí que la operación que el presidente Felipe Calderón se disponía a hacer era arriesgada e ingenua, no porque atacar a la delincuencia organizada no se hubiera vuelto urgente, sino porque consideré que no estaba contemplando el panorama completo, y por tanto no enfrentaba la situación desde una estrategia integral. En mi opinión, el hecho de que al comienzo hubiera informado en cadena nacional cuándo y qué lugares se disponía a atacar, constituía una maniobra mediática diseñada para unir a la población contra un enemigo común, después de unas elecciones que habían polarizado al país, no a una intención genuina de terminar con el tráfico de drogas. Golpes de este tipo, creo yo, deben de propinarse sin previo aviso para no darles tiempo a los criminales de huir o prepararse.

    Pero durante estos 5 años, donde la lucha contra las drogas ha dejado más víctimas de las que causa el mismo consumo de estupefacientes, Calderón ha madurado y entendido que no puede centrar su batalla en el combate frontal a los narcotraficantes y sus sicarios, cuyas filas son rellenadas inmediatamente con la juventud del mismo país que se pretende proteger, sino que debe de diversificar sus golpes, atacando a los cárteles a nivel económico, y exigir la corresponsabilidad de otros mandatarios, tanto a nivel local como internacional.

    Este último punto fue el fundamental en la Cumbre de Apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica que tuvo lugar la semana pasada en Guatemala, región que fue catalogada como la más insegura del mundo por la ONU, sin tomar en cuenta los sitios que se encuentran en guerra.

    En dicho encuentro, el presidente de México tuvo una participación activa, donde admitió que la corrupción había sido la semilla que había germinado en la situación actual de violencia: “Es cierto, la corrupción siempre ha estado presente en nuestros países, y lo hablo con toda honestidad a nombre de México. La corrupción ha sido mal endémico de mi país, no sé de otros, es probable… El problema actualmente es que al corromper se intimida a la autoridad no para conseguir el traslado de un cargamento de droga, sino para dominar el territorio”.

    Asimismo, hizo señalamientos dirigidos a urgir una mayor participación económica de la cooperación internacional para “neutralizar la fuerza de los criminales”, equivalente a los 35 mil millones de dólares que se calcula obtienen los narcotraficantes por sus ventas en los Estados Unidos; afirmó que el problema es general y se requiere de una participación seria, no sólo de forma simbólica, “porque no se trata de caridades”. Por otro lado, refirió que “es inaplazable poner controles al tráfico de armas en la región”, aludiendo al armamento que proviene de nuestro vecino del norte.

    La demanda de Calderón no es en vano, ya que datos de la Oficina para el Control de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego de los Estados Unidos indican que por lo menos el 70 por ciento de las 29 mil 284 armas incautadas por las autoridades mexicanas desde 2009 fueron compradas en Estados Unidos por los cárteles, luego de que en la administración de George W. Bush, o Junior, como le apodan a modo de mofa sus connacionales, se derogara la ley que prohibía la venta de armas de asalto.

    Ésta no fue la primera vez que el Presidente responsabilizaba a la Unión Americana por la situación en México y Centroamérica, pues ya antes había lanzado acusaciones a nuestro vecino imperialista. A principios de este mes, había cuestionado la permisividad que existe en ese país para adquirir armas de grueso calibre: “¿Por qué sigue este negocio de armas? Yo lo digo abiertamente: por el lucro, por las ganancias que le produce a la industria armamentista norteamericana este asunto. Yo acuso a la industria armamentista norteamericana de las miles de muertes que están ocurriendo hoy en México”.

    Por su parte, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, admitió que la mayor parte de la demanda de droga se encuentra en su país, por lo que el mandatario Barack Obama estaba destinando por tercer año 10 mil millones de dólares a la educación y prevención contra las drogas en su territorio, y ofreció incrementar hasta en 300 millones su ayuda con fines de seguridad para Centroamérica, lo que representa un 10 por ciento más de lo que se invirtió el año pasado, que se sumarán a los mil 500 millones que aportarán conjuntamente el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

    Clinton también urgió a la región a erradicar la corrupción, construir instituciones efectivas y responsables, a formar policías y crear tribunales bien financiados y equipados, capaces de proteger los derechos humanos y lograr la confianza de la sociedad, y sugirió a los “comercios y a los ricos” a que “paguen sus impuestos justos y sean socios plenos en un esfuerzo conjunto”.

    Sin embargo, el apoyo económico acumulado representa un 94.86 por ciento menos de lo que el presidente de México demandaba para estar en igualdad económica con los cárteles de la droga, y se estima que Centroamérica requiere al menos 6 mil 500 millones para hacer frente a este reto, lo que sugiere la dificultad de esta empresa.

    La Cumbre Centroamericana deja también un corolario interesante para ser analizado más adelante. Si bien son los países del “primer mundo” –la zona inglesa y francesa de Norteamérica, así como los Estados europeos- los principales consumidores de drogas, es el puente entre Colombia y la frontera norte de México la zona más afectada por los cárteles. Sería interesante saber a cuánto asciende el número de muertos que les deja el consumo (e incluso el tráfico) de estupefacientes en todos aquellos países, para compararlo con las víctimas, directas y colaterales, que ha causado en México, Centroamérica y Colombia el combate a un narcotráfico que existe para satisfacer una demanda extranjera, y cuestionarnos si en nuestra estrategia no debiéramos de exigir no sólo que Estados Unidos dedique 10 mil millones de dólares para enseñar a los estadounidenses a sacar la nariz del polvo blanco, sino que efectúe una serie de reformas, incluso a su Constitución, para impedir que se sigan fabricando las armas con las que se asesinan día a día a mexicanos, centro y sudamericanos.

  • Descanse en paz la risa mexicana

    risa mexicanaDecía el sociólogo Peter Berger que lo cómico construye mundos interpretativos diferentes en los que la condición humana supera sus propios límites. Lo cómico dibujado y vehiculizado por medio del humor, conforma una capacidad de burlarse de uno mismo y/o de las circunstancias. Durante muchos años, los mexicanos hemos construido un espacio de humor político que nos permite hacer que las desgracias de las acciones políticas sean menos dolorosas o bien, que las corruptelas y la impunidad con la que actúan quienes están en espacios de poder, puedan ser sobrellevadas. Si pasábamos por devaluaciones y crisis económicas, compartíamos el doloroso camino de sobrellevarlas con un chiste, con una burla, una sátira.

    Burlarnos del poder político, era la única forma de tener un espacio de redención. Escuchar casos de corrupción e impunidad política nos activaba en la sorpresa y la molestia, ante lo cual, la solución inmediata era reír y ser sarcástico; enfrentar nuestra fatalidad con humor y contar un chiste. Cuando Felipe Calderón llegó a la presidencia e inició la así llamada Guerra contra el narco nuestra capacidad de reír se vio sensiblemente disminuida. A pesar de que Posadas nos enseñó a reír y a burlarnos de la muerte, la realidad del México-narco ha transformado nuestra visión de la muerte acoplándola más al dolor y al pánico que a la burla.

    La nueva realidad interpretativa de este México-narco ha generado en nuestra cualidad de redención política, una minimización de la risa como instrumento de lucha y capacidad de resistencia. Nadie puede reír por las estrategias fallidas para combatir la violencia. Las dosis de indignación ya son tantas y tan dolorosas, que hoy es imposible hacer chistes y ser sarcásticos con respecto a nuestra propia fatalidad política. Si la risa y el chiste están imbricados (como dice Berger) de un sueño que anhelamos llevar a la realidad en la vida cotidiana, en este hoy del México en guerra, no hay sueño posible que nos permita reír para construir una realidad y una experiencia cotidiana diferente. Hemos aterrizado en un espacio obligado de lucha en donde la risa ha dejado de ser colectiva (a través de un chiste, por ejemplo) y se vuelve individual. Hemos dejado de reír sobre los “problemas serios” porque el ecosistema de violencia y muerte en el que convivimos todos los días, nos ha obligado a callar y a tener miedo, angustia y dolor; y nadie, puede reír cuando teme, cuando se llora tanto, cuando se suple la risa por el silencio.

    La nueva composición estética del dolor y de la violencia desdibuja nuestras sonrisas. Lo subversivo de un chiste político se suple por una frase de indignación y hartazgo. Estar “hasta la madre” de las dimensiones simbólicas y reales de la violencia en la que vivimos ha dejado de ser jocoso y hoy, solo es una sensación de dolor permanente. Hemos perdido nuestros interludios de risa y animosidad. Lo cotidiano ha dejado de estar enlazado con lo mundano y hoy, todo lo que vivimos en este país ha dejado de ser tan musical como la risa. En las narcofosas y las calles ensangrentadas descansa en paz nuestra tranquilidad y también nuestra risa. En este país, las instituciones nos han ofrecido ya demasiadas razones para indignarnos, muy pocas razones para reír. Nuestras autoridades, deberían de estar preocupadas por este hecho, sobre todo porque si una sociedad no ríe, la paciencia disminuye y el enojo se vuelve potente.

    Fuente Original

  • Los cárteles mexicanos. El territorio del narco

    Navegando por Internet me encontré un ilustrativo mapa de los cárteles mexicanos, que elaboró la agencia de creación visual Column Five, en colaboración con Good Magazine. Creo que ya después de esto me doy cuenta que efectivamente hay una guerra en el narcotráfico, no solo en contra de ellos, sino entre ellos. Al ver dicha ilustración, me recordó mucho a la II Guerra Mundial, a la división de territorios entre los países aliados y los países del eje.

    Caramba, después de ver esto, no veo por donde se pueda ganar la «guerra contra el narcotráfico«, son demasiados cárteles (y tómese en cuenta que sólo aparecen los más importantes) y entre ellos cubren todo el territorio. Cada uno tiene una pequeña porción, pero me brinca ver que el cártel de Sinaloa, quienes presuntamente tienen protección del gobierno federal, abarque casi todo el territorio nacional (excepto el golfo de México, que está en el poder del cártel del golfo). Queda con esto claro que el territorio del narco tiene mayor cobertura que el «Territorio Telcel».

    También véase por qué ha aumentado la violencia. Esto no solo se debe a la mano enérgica del gobierno, como muchos suelen presumir. Sino que los carteles se han dividido. Antes la intención era hacer una gran federación que controlara los flujos de mariguana y cocaína por el país. y así se mantuvo por varios años, pero hubieron rupturas que provocaron esta guerra entre carteles, más el surgimiento de nuevas organizaciones.

    Para ver el gráfico, hagan clic sobre la imagen para obtener una versión ampliada:

  • Los 40 mil muertos de Calderón

    Javier Sicilia culpó a Felipe Calderón por haber provocado los 40 mil muertos, y de paso también culpó al PRI por haber creado la «mierda de sistema». Por esas declaraciones, algunos politólogos criticaron al poeta por ser «muy buen poeta y mal analista político», pero sinceramente yo creo que las declaraciones de Sicilia no están tan desatinadas. Tal vez no concuerde al 100% con las declaraciones de Sicilia pero si lo hago al 80% o al 90%. Los 40 muertos no son «culpa» de Calderón, el no los mató (aunque algunos si fueron ultimados por los daños colaterales provocados por el ejército) la culpabilidad se los debemos atribuir a los narcotraficantes. Pero Felipe Calderón si tiene responsabilidad directa en esos 40,000 muertos:

    La tiene porque decidió sacar el ejército a las calles, la tiene por haber decidido tomar la estrategia equivocada y estar empecinado en seguirla. Quiso llevar a cabo una guerra frontal contra el narcotráfico, pero no sólo les quitó influencia a los cárteles, sino más bien ocurrió todo lo contrario, su guerra frontral contra el narco hizo que los cárteles empezaran a pelear entre sí, lo cual derramó mucha sangre. Estos siguen vivos y tienen mucha influencia. Además los narcotraficantes también se han dedicado a otros giros que lastiman más a la sociedad. Antes los cárteles y la sociedad eran dos cosas distintas, ahora se han fusionado y los cárteles han formado parte de la misma sociedad, no sólo porque estén reclutando cada vez a más jóvenes a sus filas, sino porque ya han penetrado en puestos públicos y también porque cada vez son más los muertos inocentes provocados por los narcotraficantes y la guerra misma. Todo esto no ocurría antes de la famosa «guerra contra el narcotráfico».

    Los que defienden a Felipe Calderón dicen que él trata de emular el caso de Colombia el cual fue todo un éxito, pero en realidad son dos casos muy diferentes. En Colombia el problema más fuerte fué una guerrilla, (las FARC) donde hasta intervino el ejército de los Estados Unidos; la guerra contra el narcotráfico en las ciudades en ese país se resolvió de una forma muy diferente, con otras estrategias no violentas como sucedió con el ex-alcalde Sergio Fajardo. Más bien tendríamos que comparar la guerra de Calderón, contra la batalla de Ronald Reagan contra las drogas, la cual fué todo un fracaso.

    No es que se deba repudiar la batalla contra el narcotráfico; el narco es el que debe de ser repudiado por la sociedad. Pero la sociedad si está en su derecho (si no es que en su obligación) de exigir un replanteamiento en la lucha contra el narcotráfico cuando este está mostrando signos inequívocos de ineficacia y está afectando a la sociedad. Es cierto que existen varios que por su ideología política o por ser afines a un político opositor buscan la cabeza de Felipe Calderón, pero muchos otros le atribuyen la responsabilidad no porque sea algo personal, sino porque los resultados no cuadran, porque el sexenio del Presidente Calderón ha sido algo menos que gris.

    Yo desconozco la personalidad de Felipe Calderón, no sé si Calderón sea una buena persona, o esté corrompido. Lo que si sé es que está demasiado obsesionado con el tema del narcotráfico y parece ser que este tema no lo va a soltar. En algún tiempo le llegó a funcionar para el tema de la legitimidad, pero a los dos años del fin de su mandato su apuesta es electoral. Electoralmente no le conviene replegarse porque muchos lo verían como un cobarde (hay que pensar que todavía muchos lo apoyan) y ya después de declarar la guerra es difícil hecharse para atrás. Pareciera que está esperando la captura de un chivo expiatorio que lo hiciera ver como un heroe ante la sociedad (¿el Chapo Guzmán?), como sucedió con el caso de Obama y Osama Bin Laden, donde la captura y muerte del terrorista, le dió al Presidente de los Estados Unidos, una elevada de casi 10 puntos más de popularidad.

    Regresemos al tema de Javier Sicilia, ¿Quienes tienen la culpa?. Haremos un recuento de como empezó todo. Aquí en México el narcotráfico comenzó con unos pequeños grupos que sembraban mariguana. En las épocas de Echeverría y López Portillo lo preocupante eran los grupos guerrilleros y el comunismo. Estados Unidos estaba tan preocupado que tanto el Presidente como algunos funcionarios públicos fueron parte de una operación llamada Litempo, cada uno tenía una clave, por ejemplo, Luis Echeverría era Litempo-8. La preocupación era el comunismo, no el narcotráfico, el cual todavía era muy incipiente. Sucede que un poco después, en los años 80, surge el conflicto Iran-Contras, donde aparte de la venta de armamento al gobierno iraní (durante la guerra Iran-Irak) se buscaba acabar con la Revolución Sandinista, con lo cual se creó el movimiento «Contra» nicaraguense. Este movimiento estaba auspiciado por Ronald Reagan, entonces Presidente de los Estados Unidos, pero la mayoría del congreso era demócrata (Reagan era republicano) y ellos se oponían al movimiento. Al tener el rotundo «no» del senado, hicieron esta operación por lo oscurito, y por lo tanto requirireron de la ayuda de las bandas narcotraficantes mexicanas (que todavía no eran cárteles) ¿cual era el negocio?. Las bandas mexicanas exportarían armamento a Nicaragua a cambio de que las bandas pudieran importar droga a los Estados Unidos lo cual empezó a fortalecer al narco con armamento y entrenamiento (nótese la hipocresía de Ronald Reagan cuando él mismo había declarado una lucha frontal contra las drogas). Primer culpable, Estados Unidos (ese no lo mencionó Sicilia).

    Tras este convenio, las bandas de la droga en México se fueron fortaleciendo. En ese entonces no solo el gobierno no hacía nada, sino que era cómplice, lo cual fortaleció al narcotráfico. En épocas de La Madrid, el gobierno inclusive ayudaba en esas operaciones (en el traslado de la droga y armamento), aunque se mantenían como dos entidades aparte (es decir, el narco todavía no penetraba al gobierno). Todavía no habían los suficientes cárteles para que se pelearan entre ellos, todos eran amigos: Caro Quintero, Amado Carrillo, Los Arellano Felix, El Chapo Guzmán. El narco fué creciendo y fué penetrando al gobierno, ahí tenemos el caso de Raúl Salinas de Gortari. Pero no solo eso, también hubieron empresarios que de alguna forma ayudaron al narco, se habla de los Vazquez Raña y de Roberto Hernández. Se tejió una red de complicidades que fueron fortaleciendo al narco. Segundo culpable, el PRI y los empresarios. Llegó Fox, todos creímos en el cambio, pero más bien permitió que esta red creciera y se fortaleciera al grado que ahora sí penetrara al gobierno y hubieran suficientes cárteles para que hubieran disputas y pleitos entre ellos. Y no solo eso, con Fox liberaron al Chapo Guzmán, uno de los millonarios según Forbes y al cual no han logrado agarrar: Tercer Culpable, el PAN y Vicente Fox.

    El narcotráfico adquirió tal poder que había que hacer algo. Pero la guerra de Felipe Calderón no ha logrado acabar con esa red que opera impunemente al país. De hecho hay rumores que ponen entre dicho a esta batalla: el diputado Fernández Noroña se atrevió a afirmar que el ahora fallecido Juan Camilo Mouriño vendió plazas al narco, también hay rumores que pesan sobre Genaro García Luna, del cual Sicilia pidió su renuncia.

    Entonces, ¿a donde esta llendo al país con todo esto?. La violencia recrudece, el aumento de estupefacientes aumenta y no se ve por donde se pueda ganar esta guerra, más empero, cuando le falta al gobierno solo dos años y cuando lo más seguro es que la oposición va a tomar la silla de Los Pinos. Calderón ha dejado de un lado otros temas importantísimos (Educación, cultura, desarrollo del tejido social, ciencia y tecnología, empleos) y se ha obsesionado con el tema del narco. Si, se habla de los 40 mil muertos de Calderón, ¿no son también los muertos del narco, y de todos los cómplices a través de la historia?

     

  • Marcha por la Paz

    Llegué en un taxi a la Plaza Juárez en frente del Parque Agua Azul, no pensaba llevarme el carro porque sabía que encontrar estacionamiento iba a estar muy difícil. En dicha Plaza Juárez había una multitud vestida de blanco cargando globos blancos con helio que representaban la paz. Había gente con pancartas, carteles, y una especie de protesta creativa contra los «efectos colaterales» de la guerra del narcotráfico por parte de la FEU que consistía en unas siluetas con la descripción de los acaecidos en la guerra. No tarde en encontrar a mis amigos de Propuesta Ciudadana, la organización a la que pertenezco: Carmina, Laura, la madre de ellas dos y Peter. Ya todo estaba listo por la Marcha por la Paz, que se llevaba a cabo simultaneamente con la marcha en México D.F. convocada por Javier Sicilia.

    La marcha empezaría en el Parque Agua Azul y terminaría en la Plaza de Armas, a un costado de la Catedral. Un poco después de las 11 emprenderíamos la marcha.

    Es la primera vez que tengo el privilegio de participar en una marcha, y ya estaba pensando en escribir un artículo sobre ella porque estaba viviendo cosas nuevas. Laura me preguntaba sobre qué iba a escribir mi siguiente artículo y yo le dije que efectivamente iba a estar relacionado con la marcha. Ella me dió a notar cosas muy importantes: –Mira, la gente marcha por la paz, sin importar el credo, la ideología, el nivel sociocultural, todos están marchando por la paz. Efectivamente, era una marcha donde no importaba quien fueras, el unico requisito era que estuvieras a favor de la paz.

    Las exigencias eran variadas, querían reformas, cambios, que el ejército regresara a sus cuarteles, repudio al narcotráfico y a la violencia, honrar a los desaparecidos, participaban jóvenes, adultos, en su mayoría progresistas, que estaban en contra de la guerra contra el narcotráfico, no solo por parte del gobierno, sino por parte del narcotráfico mismo; algunos exigían la renuncia del Secretario de Seguridad Genaro García Luna, otros la del mismo presidente Calderón. Pero a pesar de todo esto, la marcha nunca estuvo politizada, no estuvo dominado por algún grupo político o o corriente ideológica, la marcha emanaba desde abajo, desde la sociedad.

     

    El evento en la Plaza de Armas fué conmovedor, había música, la gente estaba entusiasmada, una señora clamaba por el hijo perdido hace algunos meses, varias personas dieron su punto de vista sobre la violencia que estaba viviendo el país, pero el punto climax fué cuando la Maestra Érika Loyo y Marco Nuñez de la FEU dieron a conocer las 6 demandas ciudadanas sobre las cuales estaban sustentada la marcha, lo cual se me hace importantísimo porque yo siempre decía que a las marchas les hacía falta dar «ese paso» para que fructificaran y con estas propuestas lo dieron. Pusieron en la mesa exigencias muy valiosas para la sociedad, exigencias bien planteadas que generarían un cambio positivo en el país.

    También se colocó una placa en la Rotonda de los Hombres Ilustres en honor a los niños acaecidos por los efectos colaterales de la guerra contra el narcotráfico.

    A continuación les presento las 6 demandas ciudadanas, las cuales fueron el punto neurálgico de esta marcha, mientras yo vuelvo a decir, ahora por este medio, al gobierno, a los narcotraficantes, a los delincuentes: YA BASTA:

    1.  Demandamos la creación de un Registro Nacional de Víctimas, Desaparecidos y Personas privadas de su libertad.

    2. Demandamos a los Medios de Comunicación escritos, electrónicos y digitales, que no operen como “Ministerios Públicos”.

    3. Proponemos crear en los programas educativos de la educación primaria y media, un curriculum transversal que incluya: a) Educación cívica para la paz. b)  El respeto y protección de los Derechos Humanos. c) La gestión pacífica de las diferencias de todo tipo. d) La deliberación como instrumento de gestión del conflicto.

    4. Demandamos la recuperación de la convivencia social a través de la apropiación del espacio público, por lo que exigimos la creación de infraestructura pública que lo facilite (ciclovías, parques lineales, banquetas, centros deportivos y culturales).

    5. Celebramos la decisión de posponer la llamada Ley de Seguridad Nacional, Sin embargo, insistimos y demandamos que esas reformas incluyan, como principio fundamental, la seguridad de las personas y no sólo la del Estado.

    6. Como parte de la Reforma Política, exigimos que sea incluida la figura de Consulta Popular en los términos de la iniciativa aprobada ya por el Senado, y que uno de sus primeros usos sea la Consulta Popular sobre la Estrategia de Seguridad Ciudadana.

    En este sitio pueden ver la versión completa de las demandas que se están elaborando al gobierno, haz click aquí.

    Para firmar las propuestas, haz click aquí

  • Felipe Calderon, su lucha, y la lucha de la sociedad

    El poeta Javier Sicilia convocó una marcha que irá desde Morelos, hasta el D.F. La razón, se quiere llevar a cabo una marcha por la paz, y según los organizadores la exigencia principal es el esclarecimiento del asesinato de su hijo Juan Francisco Sicilia Ortega. Pero esa no es la única que habrá. En Guadalajara se llevará a cabo la marcha por la paz «Por un México sin violencia» que se llevará a cabo el 8 de mayo y que involucra a muchas asociaciones civiles que buscan terminar tajantemente con la violencia que nuestro país esta viviendo, venga de donde venga.

    Es por eso que el presidente Felipe Calderón se apresuró a dar un mensaje en cadena nacional para que la sociedad no se rinda ante la lucha ante el narcotráfico. Pero parece que la presidencia y la sociedad tienen prioridades diferentes a pesar de que las dos entidades están en contra de los narcotraficantes. Felipe Calderón busca (o hace como que busca) acabar con el narcotráfico en el país. A la sociedad no le importa tanto eso, la sociedad quiere paz, la sociedad quiere que ya no haya muertos ni ejecuciones, y he ahí la rispidez entre lo que quiere nuestro gobierno y lo que queremos nosotros.

    Todavía un sector importante de la población apoya al presidente en su lucha (la mitad), pero el otro sector ya esta cansado y cree que se deben de buscar alternativas. Muchos creen que la guerra ha sido necesaria dado que el narcotráfico ha crecido considerablemente en el país. Se dejó crecer gracias a la complicidad de muchos gobernantes, de empresarios que siguen impunes (véase Vazquez Raña y Roberto Hernández) y sobre todo por la CIA que utilizó estos cárteles para exportar armas a Nicaragua para el caso Irán-Contras mientras estos importaban enervantes. Pero ahora a pesar de la sangre que corre parece que en lugar de combatirlos directamente, se deja que combatan entre ellos para obtener las plazas.

    El combate ante el narcotráfico de Felipe Calderón es de por sí dudoso por el tipo de estrategia que ha planteado (sus detractores hablan de una legitimización), pero no solo eso, se ha acusado a Genaro García Luna de tener nexos con el narcotráfico y también se ha cuestionado la displicencia del gobierno federal para con el cártel de Sinaloa, donde se encuentran Mayo Zambada, Los Valencia, Coronel (al único que el gobierno ha tocado y cuya muerte deja muchas dudas) y el Chapo Guzmán, que después de la muerte de Osama Bin Laden, se ha convertido en el millonario más buscado de todo el mundo. También se dice que Camilo Mouriño pactó con el narco e incluso se entrevistó con el Chapo Guzmán.

    Pareciera que Calderón ha querido emular a Colombia en el combate contra el narcotráfico, pero son dos realidades muy diferentes. En Colombia el gobierno sacó al ejército de sus cuarteles para combatir a las FARC, pero esta organización es una guerrilla. Para hacer el comparativo con los colombianos, tendríamos que fijarnos más bien en lo que ha hecho Sergio Fajardo en Medellín. Lo cual discrepa bastante con las formas de Felipe Calderón Hinojosa.

    Un sector de la sociedad se ha dado cuenta de las incongruencias que hay en la lucha contra el narcotráfico y quiere que todo esto termine de una vez. Han capturado a algunos capos importantes como Beltran Leyva o La Barbie, pero han surgido otros y el problema se multiplica, las organizaciones se fragmentan y buscan captar más integrantes dentro de sus organizaciones, lo cual es muy fácil, dada las condiciones socioeconómicas del país. El narcotráfico ha crecido tanto que la lucha ya no es solo entre los cárteles, sino que compete también a la población civil cuya vida está en riesgo y por eso clama por la paz. El gobierno se ha visto insuficiente al tratar de satisfacer las necesidades de seguridad de la población, y me atrevo a decir que por el contrario, la ha acrecentado al meternos en esta lucha sin pies ni cabeza.

    No se cuantas marchas se necesiten, y ni siquiera se si sean de utilidad para acabar con el problema cuando el gobierno sigue empecinado en seguir con la misma estrategia de siempre. Yo en lo personal no creo que se deba de abandonar la lucha, pero si se debe de hacer un profundo replanteamiento, de buscar formas menos violentas y que incluyan a los servicios de inteligencia más que al ejército (en riesgo de corromperse) y a los policías (ya corrompidos), pero sobre todo, se debe hacer una lucha donde no haya favoritismos con cárteles como siempre ha sido con los últimos gobiernos.

    Aquí les muestro el video de Felipe Calderón, no dice nada nuevo, se muestra enérgico pero cada vez parece tener menos credibilidad:

  • La cultura del narco.

    Hace dos semanas tuve la oportunidad de ver la película de Rescatando al Soldado Pérez, que trata sobre un comando de narcotraficantes que va a Irak a rescatar a su hermano que se había enlistado en la armada estadounidense. Los narcotraficantes lo lograron, salieron victoriosos, lograron el rescate y se les dió un merecido reconocimiento en el país, como si los narcos se hubieran convertido en heroes nacionales al lograr una hazaña que ni el mismo ejército mexicano hubiera podido lograr. La película es cómica, da gracia, pero también nos pone a reflexionar, ¿de verdad hay motivos para exhaltar el narcotráfico?. Lo peor de todo es que la película está patrocinada por el gobierno de Coahuila quien seguramente les facilitó instalaciones para el rodaje.

    Ser narcotraficante en México es cada vez algo más heróico. Lo vimos en la película del Infierno de una manera cruda y también en Rescatando al Soldado Perez. En el primer filme la crítica era directa hacia el narcotráfico y exponía lo que se estaba viviendo allá en el norte, el segundo filme no, se vanagloria a los narcotraficantes presentándolos como heroes, como si fueran personas con sentimientos que han ganado legítimamente todas las posesiones que ellos tienen.

    Ser narco está de moda. Las famosas camisas polo que La Barbie tenía en su detención ya se ven entre la gente común y corriente, se venden al por mayor. Se venden como lo afirmaba en su columna del Informador Petersen Farah, rifles de asalto inflables, cuernos de chivo y demás artefactos. Incluso ya existen tiendas donde se venden exclusivamente accesorios relacionados con el narcotráfico. ¿Qué es lo que está pasando para que la sociedad en lugar de criticar este fenómeno, exhalte al narcotráfico y lo vea como algo positivo?.

    Ya hemos mencionado aquí anteriormente por qué el narcotráfico crece en desproporcional medida: Falta de oportunidades en el empleo formal, reconocimiento, falta de valores, materialismo etc… Pero también los narcotraficantes se han encargado de exhibirse como heroes, conformaron un estado dentro del estado y ahora construyen escuelas, caminos, todo lo necesario para que una sociedad funcione y listo, la sociedad queda contenta con el trabajo que ha hecho el narcotráfico.

    Muchos se han equivocado al ver la guerra contra el narco como la «Guerra de Calderón«. Felipe Calderón ha emprendido una batalla por cierto mal planeada, y posiblemente atacando con fuerza algunos cárteles mientras es displicente con otros como es el cartel del Chapo Guzmán. Y todos estamos en nuestro derecho de criticar al presidente por las formas en que ha tomado las acciones, pero no en el fondo. El narcotráfico es indeseable en México y parece que un gran sector de la sociedad no lo entiende. Es tan intolerable el clima de violencia que ya muchos están pidiendo que se pacte y negocie con el narcotráfico, o que se legalicen las drogas. Es cierto, el presidente pudo haberse equivocado al meterse a esta guerra frontalmente, pero ya que la desató no se puede hacer para atrás.

    Parte de la estrategia del combate al narcotráfico es precisamente, acabar con la cultura del narco. Acabar con las razones que hacen que la sociedad exhalte de tal manera a los narcotraficantes, dejarlos de ver como heroes y verlos como lo que en realidad son: una escoria social indeseable. Mientras no cambiemos esa percepción, la guerra contra el narcotráfico estará perdida.