Etiqueta: narcotrafico

  • Baños de Pureza

    Gran controversia generó la entrevista que concedió Felipe Calderón al The New York Times, donde hizo comentarios duros cuestionando la pasividad de Estados Unidos en la guerra contra las drogas, y aseguró que El Chapo Guzmán está o estuvo en dicho país para el nacimiento de sus gemelos.

    Pero por más incendiarias que pudieran parecer estas declaraciones, fue la opinión de que había “…mucha gente en el PRI que piensa que los arreglos de antes (pactar con el crimen organizado) funcionarían ahora…”, lo que le valió una queja del mencionado partido político ante el IFE.

    Lo que a mí me llama la atención es que Calderón Hinojosa también dijo que “hay mucha gente en el PRI que coincide con la política que yo tengo… aunque públicamente digan otra cosa…”. La declaración del Presidente fue tan amplia que se podría aplicar a cualquier partido político, a México entero, donde un porcentaje apoya sus decisiones, mientras otro considera que debería pactar con el narcotráfico. Se podría aplicar incluso al PAN, donde se podrían citar las declaraciones de Vicente Fox recomendando esta práctica.

    Sin embargo, el simple hecho de que Felipe Calderón dijera esto, aun cuando dio un ejemplo para sustentar su argumento, hizo que la moral de algunos tricolores se inflamara al grado de responder con una indignación tal que resulta sospechosa.

    Las declaraciones del exmandatario Fox Quesada le dan un indicio a la ciudadanía de que él sí hizo o permitió tratos con el narcotráfico a cambio de una paz relativa, pero el poder acumulado por estos grupos se aprecia tan grande que resulta imposible creer que en los tiempos en que el PRI gobernaba no se hubiera gestado ninguna complicidad, o de que actualmente no existan gobernadores que prefieran hacerse de la vista gorda para evitar conflictos.

    Los y las mexicanas no creemos en las vestiduras rasgadas del priismo que se ofende como si en sus filas jamás se hubiera dado un acto de corrupción, como si estuvieran hechos de una moral indestructible. El mismo presidente de la República cita a Sócrates Rizzo, exgobernador de Nuevo León: “Tiene unas declaraciones maravillosas. ‘Que nosotros nos arreglábamos con los criminales y no pasaba nada’”.

    La realidad de la denuncia presentada ante el IFE en contra de Calderón es la de pretender darse un baño de pureza que no les va ni se les cree, así como mostrarse como víctimas de una guerra sucia emprendida por el gobierno oficial, para ganarse la simpatía de la sociedad, la cual suele identificarse con los grupos oprimidos.

    No se trata de estar de acuerdo con la política del Presidente, con ser panista o gobiernista; no se trata ni siquiera de coincidir con su estrategia en la guerra antidrogas, sino la de poner las cosas en su debido contexto, sin emprender una persecución derivada por la opinión de un hombre que ante todo está protegido por su derecho constitucional a la libertad de expresión.

    Más aún, el tiro les podría salir por la culata a los priistas, pues algo que cada vez lastima más a la gente es que los partidos se vean a sí mismos como un bloque infalible que defiende a sus integrantes sin poner a la ley y a México por delante, contribuyendo a la impunidad y a la corrupción que es el verdadero cáncer que padece este país.

    En lo personal, yo no creo en la invulnerabilidad de los partidos, pues me queda claro que éstos están conformados por personas susceptibles de cometer errores. Podrá haber en ellos, en todos, integrantes dignos, honestos, que crean en ayudar a su nación por medio de su gestión política; pero la experiencia enseña que también hay quienes ponen sus intereses personales por encima de los ideales partidistas, y que prefieran hacerle creer a sus gobernados que vivimos un sueño de paz haciendo pactos con criminales.

    La mejor forma en como el PRI podría hacer que Felipe Calderón se tragara sus palabras no es mediante la censura, ni intentando lucrar políticamente sacando sus declaraciones de contexto, sino aprobando la Ley de Seguridad que está atorada en el Congreso y asumiendo su responsabilidad en los estados que dirige, sumándose a la guerra contra el narcotráfico sin esperar que la Federación haga todo el trabajo, mientras le apuesta a su derrota con la intención de recuperar así el poder federal. Paradójicamente, esta conducta sí podría traducirse en un acuerdo indirecto con la delincuencia organizada.

  • Felipe Calderón, a la Corte de La Haya por “crímenes de guerra y lesa humanidad”

    Había soltado tremenda carcajada cuando Felipe Calderón se había autonombrado «humanista», porque a pesar de que se dice que el PAN es un partido humanista, el gobierno de Calderón no me lo ha parecido tanto, porque las políticas económicas neoliberales (como lo ha sido en la mayor parte de su gestión exceptuando algunos rubros como el Seguro Popular o el Programa Oportunidades) no son humanistas, obedecen a interes económicos. También su combate contra la delincuencia no es humanista, no porque no lo sea combatir a los criminales, sino porque se ha olvidado de reforzar las bases (educación, oportunidades de empleo, reconstrucción del tejido social) como una medida complementaria para atacar al narcotráfico.

    Pero creo que existen personajes en México que se están llendo al otro extremo al demandar a Felipe Calderón por «crímenes de guerra y lesa humanidad». Entre esta gente se encuentra el periodista de la revista Proceso Julio Scherer, el productor Epigmenio Ibarra, y el sociólogo John M. Ackerman. ¿Por qué al otro extremo?, porque están culpando directamente al Presidente de la muerte de ahora más de 50,000 personas. Es cierto que ese es el resultado de su estrategia fallida contra el narco, pero tampoco he visto que Felipe Calderón haya mandado matar a esas personas lo cual marca una gran diferencia. Me pregunto, ¿Por qué nadie tuvo el atrevimiento de mandar a esta Corte a Díaz Ordaz por la masacre del 68 o a Salinas de Gortari quien mandó a matar no se cuantos perredistas?. Esos si eran casos para someterlos a juicio ante una autoridad internacional.

    Hago una paradoja. Imagínense a un empleado de una importante firma. El tiene autonomía en su puesto de trabajo y el puede tomar ciertas decisiones sin autorización de su jefe. Tiene que diseñar un plan y lo hace mal, toma la decisión equivocada, la empresa empieza a perder dinero y el empleado necio creyendo que su decisión es la correcta no cambia de parecer. La empresa termina perdiendo muchos millones de dólares, por lo cual decide no solo despedir a su trabajador, sino que lo demanda penalmente y este termina en la cárcel. ¿Sería justo?. Claro que no.

    Felipe Calderón nos debería responder muchas preguntas, sobre todo lo relacionado con los grupos paramilitares que comienzan a aparecer (como los Matazetas), los cuales supuestamente están financiados por empresarios, y algunos sugieren que incluso hay intervención gubernamental. El Gobierno Federal lo niega, pero está a la vista de todos. Y si bien algunos podrían pensar que esos paramilitares ayudarán a combatir al narcotráfico, lo deberían de pensar dos veces, porque algo así sucedió en Colombia y cuando estos vencieron, se quedaron con el negocio de la droga.

    También que decir del caso de Rápido y Furioso donde se comprobó que autoridades norteamericanas abastecieron a cárteles de la droga con armas, y muchas otras cosas que oscurecen más el panorama ya de por sí negro en el asunto del narcotráfico. Pero no, no va por ahí, el que Felipe Calderón termine bajo las rejas no solucionará de ninguna manera el problema del narcotráfico. Me preguntaría si esto es una iniciativa ciudadana o más bien, tiene propósitos políticos. Y está bien que se le rinda cuentas al presidente, que se le exija o recrimine, pero creo que llegar a estos extremos nos habla de la intolerancia que todavía predomina en México, el buscar atacar a una figura pública en vez de buscar el bien común.

    De seguro, no existirá sentencia alguna por la Corte de la Haya, más aún cuando Felipe Calderón forma parte de los «aliados» y todavía más aún cuando esta corte no logró poner a dictadores sanguinarios como Pinochet tras las rejas.

    P.D. Sobre la pena de muerte

    En Guatemala como tienen problemas de narcotráfico, el candidato derechista quiere implantar la pena de muerte. Se me hace una reverenda tontería, más cuando los narcos están sentenciados a la pena capital (y de una forma mucho más cruel que la que implementaría un estado) por parte de los cárteles rivales y aún así siguen haciendo de sus fechorías.

  • Humanidad, cruel humanidad

    He hablado ya mucho sobre el narcotráfico, pero ahora lo haré desde otra perspectiva, hoy no vengo a criticar la estrategia de Calderón ni nada por el estilo. Por el contrario, vengo a maldecir a aquellos seres humanos (si se les puede decir así) inadaptados que son no solo producto de la degradación social, sino que colaboran con dicha degradación. Estoy de acuerdo en que muchas personas se convierten en malas personas debido al entorno en el que viven, pero también hay algunos, la minoría tal vez, que nacen con el gen del mal. Hace un mes escribí sobre un conocido con ese «gen». Pero lo que acabo de ver hoy rebasó mis límites de tolerancia, de coraje y de asombro. No es que haya visto actos donde se ataca salvajemente a otros humanos, ya nos acostumbramos los mexicanos a verlos, pero esto ya le da la vuelta a la página.

    No voy a poner el link del video por naturales razones, nada más diré que lo encontré navegando en www.blogdelnarco.com (advertencia, porque el sitio tiene imágenes extremadamente fuertes, si quieren pueden encontrar el video ahí, pero será bajo su propia responsabilidad). El en video se pueden ver a dos narcotraficantes del Cártel de Sinaloa capturados por miembros de otro cártel, el cual desconocemos. Las personas capturadas fueron despojadas de su camisa y muestran señas de algun tipo de tortura según lo que revelan las imágenes, primero los hacen hablar ante la cámara donde «confiesan» lo que hacían, en resumen, operaban para el Chapo Guzmán, pero por lo que parece eran narcotraficantes de bajo nivel (o sea, no era gente importante), después de eso, uno de los plagiarios decapita con una sierra eléctrica a una de las víctimas y el otro de los plagiarios hace lo propio con la otra víctima, pero con un cuchillo. He visto videos de asesinatos, imágenes violentas, pero nunca había visto en mi vida como asesinan a gente con tanta crueldad, los plagiarios, ni se inmutaron al hacerlo, no mostraron ni una señal de resistencia ante lo que iban a hacer, parece que ya estaban acostumbrados a hacerlo.

    No entiendo como hay gente en la sociedad que puede «deshumanizarse» tan fácilmente. Simplemente no lo entiendo, gente que no tiene sensibilidad con sus semejantes. Hay personas que pueden readaptarse, pero estos criminales que vi ya no tienen posibilidad de adaptación, ya no hay remedio con ellos.

    Me llegó un correo enviado por un amigo (correos de cadena) donde una persona que visitó cárceles y analizó a los criminales, quedó convencida de que se debía aplicar la pena de muerte en México. Dijo que en países como Pakistán (donde esta persona estuvo) se sentía más segura que en el DF porque allá te cortan una mano o te decapitan si cometes un acto criminal. Yo difiero con ella, no es que no quiera que maten a esos sinverguenzas que ya no tienen remedio. Es que con el mismo sistema penal y de justicia corrompido que tenemos, el cual provoca que estos delincuentes salgan de las cárceles o sigan dirigiendo delitos desde ellas, provocaría que con la pena de muerte, se sentenciara a muchas personas inocentes. Una muestra de esto es el documental Presunto Culpable (pueden ver el filme aquí) donde una persona es sentenciada a varios años de prisión por un delito que no cometió, y que tuvo que consultar con abogados expertos para esquivar toda la burocracia y la corrupción que existe para poder salir de ahí. Además por alguna razón (excepto algunos estados de EEUU) la pena de muerte solo se aplica en países poco desarrollados, poco democráticos, con dictaduras o fundamentalismos religiosos. Aplicar la pena de muerte sería volver atrás en la evolución como humanidad, de alguna forma sería rebajarnos a lo que los delincuentes hacen. Además, estoy seguro que muchos de estos criminales preferirían morir a pasar una cadena perpetua en una cárcel hacinada y en condiciones insalubres.

    Pero independientemente de eso, la pena de muerte si la están aplicando los narcotraficantes, la aplican cuando alguien obstaculiza su modus vivendi o modus operandi o como se le quiera llamar. Son gente decadente (por eso me molesta cuando instituciones conservadoras muestran más preocupación por la homosexualidad que por estos temas), sin valores, ni principios. Hay que ver porque surgen, porque se descomponen y atacar el problema de raíz. Algunos nacieron con ese gen, lo comentaba pero son casos mínimos, que también se llegan a dar en países desarrollados porque no se hicieron malos por las circunstancias; pero muchos otros se desarrollan gracias al tejido social dañado de la sociedad mexicana, a la falta de valores, el poder por el poder, el exacerbado deseo aspiracional y el materialismo entre otras cosas.

    Duele ver que esto exista entre nosotros los seres humanos, me duele que en pleno siglo XXI sigan cometiéndose actos de barbarie como estos. Ojalá toda esta crueldad que estamos viviendo y que vemos, decapitados, torturados, cuerpos tirados en Veracruz, blogueras asesinadas por denunciar al narcotráfico entre otras cosas, twitteros amenazados se termine. Porque si, los narcos han visto un peligro en las redes sociales donde personas anónimas denuncian sus actos, pero algunos de ellos tienen la capacidad y el entrenamiento para dar con estas personas.

    La humanidad sigue siendo cruel, a pesar de todos los intentos y luchas por volver al ser humano un animal manso, incapaz de atacar a su prójimo. Lástima: Humanidad, cruel humanidad.

     

  • Cerebro Vs Enrique Krauze

    Enrique Krauze me cae bien, no lo niego, tenemos algunos puntos ideológicos en común (otros no tanto), es un gran historiador (si no es que el mejor de México), aunque también tiene sus bemoles. Es parte del consejo de Televisa y por ende, que yo sepa, nunca ha emitido crítica alguna contra esa televisora, el dice que si lo ha hecho, pero en una rigurosa búsqueda por Internet no encontré nada. Ese compromiso con la televisora se nota en las obras históricas que ha escrito. Explica muy bien sobre lo de Tlatelolco, pero nunca menciona el nefasto papel que tuvo la televisora al censurar lo realmente ocurrido. Lo mismo en las elecciones del 88 donde el acepta que hubo un fraude (encubierto por Televisa).

    También Krauze se ha caracterizado por ser muy complaciente con el gobierno en turno (la única vez que ví criticarlo fue relativo a los festejos del Bicentenario), a pesar de que su «supuesta linea ideológica» es diferente a la del Presidente. Krauze se define como «izquierda liberal», y Calderón es de la «derecha conservadora». Es cierto, ambas ideologías están abiertas a la globalización y al mercado (aunque la linea de Krauze supone la intervención parcial del gobierno en la economía), pero en lo social, deberían tener conceptos muy diferentes sobre el quehacer político, pero parece en la práctica que para Krauze no es así.

    La crítica que vengo a hacer ahora viene de un artículo que escribió llamado concenso contra el crimen (el cual pueden consultar aquí). El dice que su artículo que no hay un «repudio generalizado contra el crimen«, pero se contradice al mostrar las cifras. Dice que hay un 83% de la población que apoya el uso del ejército. Solo el 17% lo rechaza, y no significa que ese porcentaje no repudie al crimen, sino que no creen en que se deba sacar al ejército para combatirlo. A mi punto de vista, el concenso contra el crimen que menciona Krauze, si existe en la mayoría de la población, casi todos estamos en contra de los narcotraficantes y estamos hartos de la violencia que generan. El pone el ejemplo de la ETA en España y el caso de Colombia. De como el concenso de la población en contra de ellos ayudó para minar su poder e influencia.

    Dice Krauze, que lo que no permite generar ese concenso es el rechazo a la estrategia de seguridad de Calderón. En realidad solo un pequeño porcentaje de los mexicanos la rechaza por completo. Lo que criticamos muchos de los mexicanos no son los «qués» sino los «comos», hay un repudio hacia la estrategia de Calderón porque estuvo muy mal planteada desde su origen y ese mal diseño de la estrategia provocó una escalada de violencia, la cual no hubiera ocurrido (o hubiera sido más tenue) si la hubiera planteado de otra forma. El mismo Krauze dice, que el concenso nacional contra el crimen no supone en absoluto el apoyo a la política de Calderón y menciona las discrepancias que tiene Krauze con la política de Felipe Calderón: Se puede -es mi caso- criticar el énfasis en el ángulo militar del problema. Y se debe, con mucho mayor razón, deplorar la falta de resultados en temas cruciales como el lavado de dinero, la vigilancia de las aduanas o las ligas corruptas entre el poder y el crimen.

    Dice que se critica al gobierno y que a los criminales se les deja en segundo plano, los cuales tienen sus 15 minutos de fama, se desvanecen, van a la cárcel, y muchos recobran su libertad. Que yo sepa, todos sabemos quien es el JJ, La Barbie, o los Beltran Leyva; y también conocemos a narcos a los cuales no se ha tocado como el Chapo Guzmán. Todos sabemos quienes son los Zetas, conocemos su poder y su falta de escrúpulos, conocemos a La Familia (ahora templarios). Si algunos de los criminales recobran su libertad, es entonces responsabilidad del gobierno y de las débiles instituciones que permite que terminen fuera de prisión. Hay un concenso generalizado en que todos los queremos tras las rejas, e incluso muchos piden la pena de muerte.

    Es cierto, que cuando ocurre una tragedia relacionada con el narcotráfico normalmente los ojos de la población apuntan al gobierno y no a los criminales. Sucede por lo mismo, la gente ve estos atentados como resultado de una estrategia fallida en contra del narcotráfico. La población podrá condenar a los maleantes, pero sabe que ellos seguirán con su mismo propósito mientras las condiciones sigan igual. El que tiene el poder de cambiar las circunstancias del juego es el gobierno, y si a 5 años de haber iniciado una guerra contra el narcotráfico las cosas están saliendo así, es porque necesariamente se necesita replantear la estrategia. En este caso yo estoy de acuerdo con que la población recrimine al gobierno, por su capacidad de cambiar las cosas, porque él es el que tiene el poder para regresar la paz, habrán muchas teorías entre los ciudadanos, muchas discrepancias, pero lo que exigen al gobierno es la paz.

    Cita Krauze a Sicilia donde dicen: «Los delincuentes también son víctimas», aquí le tomo la palabra a Krauze y creo que Sicilia si peca de ingenuo. Yo creo que los delincuentes fueron víctimas hasta que decidieron transformarse en delincuentes, pasaron de ser de víctimas a victimarios, las personas tienen la decisión de pasarse al otro bando. Pero Sicilia tiene mucha razón al decir que hay que analizar el tejido social y ver porque los niños crecieron y se volvieron así. Ahí está el punto neurálgico, lo que se tuvo que combatir primero para evitar el engrosamiento de personas a las filas del narco. Eso Calderón no lo tomó en cuenta y por eso los resultados están como están.

    Sicilia hace una correlación entre pobreza y crimen, Krauze nos dice que esta correlación está basada en la teología moral católica, que llega a atenuar la gravedad del crimen mediante la comprensión de sus causas y determinaciones. Hay una correlación entre pobreza y crimen, la cual dice Krauze que es falsa, que hay narcotraficantes con estudios (los cuales en realidad terminan importando poco cuando hay falta de oportunidades). Yo creo que aquí no les doy la razón ni a Sicilia ni a Krauze, la correlación correcta sería entre desigualdad y crimen. Un ejemplo es si comparamos a Cuba con Brasil. Cuba es pobre pero es igualitaria y sus índices de criminalidad son bajos, Brasil es un país más rico que Cuba pero es muy desigual y los índices de criminalidad son altos. Lo mismo sucede si comparamos a Estados Unidos (más desigual) con varios países europeos (menos desigual).

    Es cierto que no nos podemos esperar a tener altos índices de educación y riqueza (yo le agregaría una mejor distribución de la riqueza). El problema ya esta ahí y hay que tomar medidas correctivas, no se puede negociar con los cárteles ni rendirse ante el narcotráfico. Pero también se necesita un cambio de estrategia. Krauze sugirió algunos puntos como el lavado de dinero y la seguridad en las aduanas. Pero hay que implementar desde ya las medidas preventivas para que cuando se empiecen a debilitar los cárteles, exista la menos gente posible que pueda engrosar sus filas.

    Es cierto, todo el estado tiene el deber de ejercer en un marco de la legalidad, la violencia para proteger al pueblo. Pero esta debe de ir acompañada de otras medidas. En una guerra contra otro país bastará con usar la violencia, pero cuando el problema es interno, se debe paliar el origen de raiz que provoca dicho problema. Y creo que ahí Calderón se equivocó. Antes de utilizar los métodos violentos, debió utilizar los «no violentos» para debilitar al crimen. Utilizando los sistemas de inteligencia, rastreando lavado de dinero, reduciendo la corrupción en las instituciones, y comenzar a recomponer el tejido social, para que así cuando se utilicen los métodos violentos, el crimen organizado esté debilitado, pero Calderón hizo las cosas al revés y están las consecuencias. Ahora que quiere meter una reforma sobre el lavado de dinero, queda parada por intereses políticos, cuando antes del 2009 hubiera podido pasar.

    El combate al crimen ya no se puede postergar porque ya «se metió la pata» y ya salieron las cucarachas. Los errores de Calderón durante 5 años trajeron esta escalada de violencia, pero puede recomponer el barco. Claro, los resultados tardarán en llegar, pero no existe otra alternativa. Para generar más concenso el presidente debería de ganar legitimidad, recordemos que el 49% de la población cree que ganó las elecciones por medio de unas elecciones fraudulentas y si decidiera recontar todas las boletas (en caso de que si haya sido el ganador) ganaría más legitimidad por parte de la población. Pero creo que ya es demasiado tarde  sabiendo que solo falta un año para que deje el poder. Creo que lo que más puede hacer es enderezar el barco y replantear la estrategia lo más que pueda a su alcance, para que el siguiente mandatario siga con ella.

    Krauze ignora o no menciona otro punto. El fenómeno del narcotráfico se debe a que el consumidor es Estados Unidos, mientras ellos no reduzcan el consumo, el narcotráfico difícilmente dejará de existir. El problema es muy complejo, tan complejo que no solo se puede solucionar por medio de la violencia, se necesitan otros métodos y es importante empezarlos a usar ya.

    El concenso creo que existe, pero es necesario que el gobierno nos demuestre que va por el camino correcto para que esto se fortalezca. Y yo también pienso que la sociedad se unirá cada vez más en contra del narcotráfico. Las autoridades tienen la palabra.

     

  • Felipe Calderón, a juicio.

    Yo recuerdo que uno de los motivos por los que no voté por López Obrador fue porque se me hacía una persona con una mentalidad cerrada, anacrónica y con una difícil adaptación a los cambios que siempre existen en el quehacer político. Tal vez no me equivoqué al elaborar mi juicio, de hecho se sigue comportando de la misma manera. Pero pareciera que Felipe Calderón está padeciendo del mismo mal ante el problema del narcotráfico. La estrategia de la guerra frente al narcotráfico sigue siendo la misma que hace unos años y los resultados son desastrosos. En solo una semana nos percatamos de la balacera en Torreón, y tristemente de la muerte de más de 60 personas en el Casino Royale en un ataque perpetrado por Los Zetas.

    Muchos dirán que se necesita mano dura, pero ya la ha habido, se sacó a los militares de sus bases para combatir al crimen y los resultados han sido nefastos. La violencia ha crecido, no porque sea sintomático de que el gobierno esté ganando la lucha. Claro ejemplo el del Casino Royale, no fue un atentado para amedrentar al gobierno, fue simplemente un ajuste de cuentas de Los Zetas que extorsionaban a los dueños del casino con $100,000 pesos semanales. La violencia ha crecido por la división de los cárteles, el crecimiento de estos, y porque las condiciones socioeconómicas en México (cuya falta de oportunidades y de valores ha provocado una disolución social) son como un germen que alimentan este mal. Esto aunado a que el principal consumidor (Estados Unidos) está «arribita» de nosotros. Lo peor es que los norteamericanos se hacen de la vista gorda cuando deberían participar más activamente dado que ellos en parte son responsables del crecimiento de los cárteles.

    Lo he repetido, mientras exista mercado y las actuales condiciones económicas, el problema seguirá existiendo. Eso no lo ha entendido Felipe Calderón, que curiosamente viene de la corriente «pragmática» del PAN y de lo que ha carecido, sobre todo en estos últimos años es de pragmatismo. No se ha dedicado a buscar alternativas ni a reconocer que la guerra estuvo mal planteada desde un inicio. Supongamos que los carteles pudieran ser exterminados por medio de un combate frontal (lo cual ya dije que es muy difícil dado las condiciones que mencioné). Lo prudente hubiera sido rastrear cuentas de bancos, combatir el lavado de dinero, tráfico de armas, todo esto sin que la sociedad lo supiera. De esta forma los cárteles estarían más debilitados a la hora de que comenzara la batalla. Calderón no lo hizo así, prefirió emprender la guerra desde el inicio y estamos llegando a un punto en que los mexicanos estamos empezando a conocer el terrorismo.

    También el presidente olvidó que se requería de una lucha integral que no solo incluyeran las «acciones violentas», era necesario resanar el tejido social y crear en la sociedad una escala de valores, para evitar que el narco se siguiera alimentando de ella (el entregar la educación a Elba Esther Gordillo lo cual empeoró la educación produjo el efecto opuesto al que se requería). Tan no se ha hecho nada que el narco ha penetrado dicha escala, tanto en su versión religiosa como en su versión laica. Calderón no solo se volvió un presidente cerrado al debate o a la autocrítica, sino que parece haberle dado la espalda a esos valores humanistas que presume el PAN.

    Muchos dicen que el narco quiere ver a un México dividido, que orille al gobierno a replegarse. No lo creo tan así. Más bien los narcotraficantes se encontraron con un México que ya estaba dividido desde el 2006. Es curioso que si bien no todos, la mayoría de los que apoyan o rechazan la lucha de Calderón son los mismos que estaban a favor o en contra de él después de lo acontecido en las elecciones del 2006. Aquí Calderón también se equivocó, si no hubiera existido el presunto fraude electoral. Si hubiera aceptado el recuento voto por voto, casilla por casilla y este demostrara su triunfo, más mexicanos seguramente lo hubieran legitimado y el país no estuviera tan dividido ante esta causa (recordemos que el 49% de la población cree que hubo fraude electoral en el 2006). Claro, muchos criticarían su lucha contra el crimen por razones prácticas y pragmáticas, y no por razones ideológicas o partidistas. Las redes sociales son un claro ejemplo de esto, muchos muestran su total apoyo al Presidente y pide que se combata enérgicamente y con todas las de la ley al crimen, otros no solo no lo apoyan, sino que llegan al punto de desear su muerte, lo cual se me hace realmente patético.

    Calderón no es el principal responsable del acto terrorista, a los primeros que hay que señalar son a los criminales, y son con los que nos debemos de sentir indignados. A Calderón le podemos reprochar que la barbarie está relacionada con una estrategia mal planteada, la cual el diseño en conjunto con su gabinete y le podemos exigir un cambio de estrategia como sociedad, pero sería demasiado culparlo directamente, el no fue el que prendió el fuego ni quien aventó los granadazos. Hay quienes lo quieren ver fuera de la silla presidencial de una vez, pero a la vez Calderón tampoco se quiere abrir al debate (la única vez que lo hizo y a medias, fue cuando recibió a Sicilia en el Castillo de Chapultepec). No hay alguna convicción democrática por ambas partes. El Presidente nunca ha querido crear un foro de debate como si se realizó con la reforma energética donde acudieron especialistas de todas ideologías. Parece que Calderón ha caído en el autoritarismo, como si eso fuera a mostrar a los narcos la dureza con la que va a actuar. Porque una cosa diferente es titubear y otra cosa es adaptarse a los cambios, y recomponer la ruta cuando las cosas se están saliendo de control, y Calderón no ha querido reconocer sus errores.

    Ya a estas alturas sería contraproducente meter al ejército a los cuarteles o pactar con el narco (como sugiere Vicente Fox), el problema ya se salió de control y hay que tomar otras medidas. Empezar también en reforzar el tejido social, empezar a combatir a los carteles también por vías no violentas (cuentas bancarias, evitar el tráfico de armas) para debilitarlos. ¿O por qué no, traer ayuda a la policía israelí, francesa o alemana como sugirió Carlos Fuentes?, e inclusive que Estados Unidos interviniera, máxime cuando son en gran parte responsables del crecimiento del narcotráfico en México, se hablará mucho de la soberanía, pero creo que lo más importante es regresar la paz al país y yo no vería con malos ojos la ayuda internacional.

    También está la posibilidad de la legalización de las drogas (tanto en México como en Estados Unidos), que si, terminarían debilitando enormemente la violencia que genera el narcotráfico al incluírlos en la economía nacional, se les podría poner un alto gravamen y usar ese dinero para desincentivar su consumo y a la vez aumentar la recaudación fiscal, pero también tendríamos que ver que repercusiones sociales tendría en la sociedad y si puede ser contraproducente. Es cierto, en Amsterdam funcionó, pero aquella ciudad vive un escenario socioeconómico muy diferente (superior) al nuestro; y también se puede mencionar la legalización del alcohol que acabó con los capos en Estados Unidos, nada más que la mayoría de las drogas son más fuertes y dañiñas que el alcohol.

    El Mandato de Felipe Calderón está a juicio. Su nombre resuena en la mente de todos los mexicanos cuando se habla de temas relacionados con el narcotráfico. Seguramente será recordado a través de la historia por la guerra que emprendió con los carteles, parece que el balance es malo, así lo sugieren las estadísticas. Tendrá un año para recapacitar y al menos enderezar la nave un poco para que la historia no sea tan cruel con él.

     

  • ¿Cómo parar la violencia en México?

    México se está volviendo un país cada vez más violento. Es cierto, en Latinoamérica existen otras entidades más violentas. Según la BBC mientras en México hay 15 homicidos por cada 100,000 habitantes, en Brasil hay 21, en Colombia hay 34, y en Venezuela hay 57. El caso de Venezuela es extraño, porque si bien, se cree que la violencia aumenta con la desigualdad, según la CEPAL Venezuela ha logrado reducir la desigualdad y la pobreza en el mandato de Hugo Chávez, pero la violencia se ha disparado. Si comparamos a Estados Unidos (más desigual) con los países Europeos (más igualitarios), o bien países como Brasil con Cuba, la teoría de que la violencia aumenta con la desigualdad es cierta. Pero Venezuela es un caso excepcional, desde luego hay otras variantes, cómo un estado de derecho: La presencia de cierto número de policías, la educación, y otros factores, tal vez sea el caso de Venezela, no lo sabemos. Tampoco sé que certeras sean las cifras de CEPAL, las cuales son similares a las del gobierno venezolano. Pero hay que tomar en cuenta que CEPAL a pesar de ser una dependencia de la ONU, siempre ha tenido una marcada ideología socialista (un claro ejemplo es que Alejandro Encinas tuvo un buen puesto en dicha organización) y puede haber un sesgo a favor de el gobierno de Chávez, como igual lo puede haber en contra cuando hablamos del FMI o el Banco Mundial.

    Pero ahora vamos a lo que nos atañe. México. No, México no es el país más violento, pero ciertas características hacen que parezca que sea eso. En países como Venezuela o Brasil, los homicidios son más de «tipo común» (asaltos, pleitos entre pandillas), en cambio en México con el fenómeno del narcotráfico la estela que deja la violencia es más visible, porque hablamos de decapitados, descuartizados, balaceras afuera de los estadios, granadas, bombas, y eso desde luego provoca el pánico en la gente. A pesar de no ser el país más violento, la violencia continúa aumentando a pesar de los constantes esfuerzos que ha hecho el gobierno para acabar con los cárteles del narco.

    Tal vez ahí estaría un error, en que el gobierno se ha focalizado en acabar con los cárteles y no con la violencia que estos generan. No se trata de sentarse a negociar con los cárteles como algunos proponen, sería un tremendo error, más cuando tenemos el ejemplo de lo sucedido en Colombia. Cuando el ex-presidente Pastrana decidió negociar con ellos, los cárteles colombianos hicieron lo que quisieron y la violencia aumentó. Se trata mas bien de cambiar la estrategia con que se les combate orillándolos a que dejen el uso de la violencia y que no penetren dentro del aparato político. Lamentablemente la «desaparición» de los cárteles es una tarea casi imposible, porque mientras exista mercado potencial (que se encuentra en Estados Unidos) y existan condiciones socioeconómicas que orillen a la gente a enrolarse al narco, el problema no va a desaparecer. Se debe de ir al fondo del problema, desde las cuentas bancarias de los narcotraficantes, hasta la reconstrucción del tejido social, el trabajo será arduo y durará mucho tiempo. Porque México tiene que crecer económicamente y en base a ese crecimiento lograr un mejor reparto de riqueza para desincentivar que más personas se conviertan en narcotraficantes o delincuentes. Tiene haber mayor justicia social, más oportunidades de empleo y de crear riqueza por parte de la sociedad.

    Muchos hablan del éxito de Colombia donde el narcotráfico se ha debilitado. Pero hay que ponernos a analizar bien. Mientras las autoridades colombianas (con ayuda de Estados Unidos) acababan con líderes del narco como Pablo Escobar, en México comenzaron a surgir los Chapo Guzmán, los Beltrán Leyva. Es decir, el mercado meta (que se encuentra en Estados Unidos) no cambió, si no que los proveedores cambiaron de manos, Colombia le pasó «la bolita» a México, quien se convirtió en el principal proveedor de estupefacientes a los Estados Unidos. Para acabar con el narcotráfico ¿deberíamos pasarle la bolita a otro país?. No creo, más siendo México vecino de los Estados Unidos. Los norteamericanos naturalmente se van a cuidar para que el problema del narco no cruce la frontera, por eso a veces se hacen de la vista gorda.

    Lo que nos tiene que preocupar no es si existe narco o no. Si los cárteles de la droga se dedicaran solo a traficar droga a Estados Unidos, sin la necesidad de violentar a la sociedad, de matar, de descuartizar o de penetrar en las áreas del gobierno, no tendríamos que estar preocupados, porque si bien el fenómeno del narcotráfico se da aquí, los que lo padecen son los norteamericanos, que son los que consumen los estupefacientes. y ellos son los que deberían en este caso implementar medidas para que la droga no pase.

    Y reitero, no se trata de negociar con ellos, sino limitarlos, acabar con cualquier tipo de violencia que estos generen. Esta claro, que el narcotráfico debe de estar penalizado, pero no fue una decisión correcta la de llevar una guerra frontal en contra de ellos. Estamos pagando la mala decisión de Felipe Calderón, balaceras afuera de un estadio, granadazos en un casino, muertos civiles, daños colaterales. Muchos dicen que es el precio que se tiene que pagar. Pero me pregunto, ¿hay señales de que esta guerra, ya no que si se este ganando, que esté dando pasos al frente?.

    La estrategia se debe de cambiar, Colombia no solo bajó sus niveles de inseguridad por las acciones bélicas de Álvaro Uribe, también lo hizo porque en ciudades como Medellin, gente como Sergio Fajardo se dedicó a reconstruír el tejido social, a invertir en escuelas, en mejorar las colonias. Medellín antes era una ciudad a la que no se podía entrar, y ahora si bien tampoco podemos presumir que es la ciudad más segura de Latinoamérica, ya no se corren los riesgos que se corrían antes.

    Quien definirá si el narcotráfico sigue existiendo o no en México es Estados Unidos, ellos son los que han creado el mercado, y de hecho se encargaron de hacer crecer los cárteles del narcotráfico en México porque la CIA negoció con ellos a cambio de que llevaran armas ilegalmente a Nicaragua en el caso Iran-Contras. El gobierno estadounidense es responsable de si su sociedad se sigue drogando, los mexicanos no tenemos que pagar con muertos y degradación de nuestra sociedad por un problema que nosotros en parte no creamos.

    El día en que se focalicen los esfuerzos en acabar con la violencia que los narcos y delincuentes generen, comenzaremos a ver frutos, tal vez pasará algún tiempo y costará mucho esfuerzo. Pero es más redituable a combatir al narcotráfico mismo, que es como una especie de bestia al cual le salen más tentáculos cuando le mutilas uno.

  • Mujeres criminales

    En días pasados, el periódico The New York Times publicó una nota en donde destacaba la “feminización de la guerra contra las drogas”, haciendo referencia al fenómeno de victimización y criminalización de las mujeres en el narcotráfico en México. The New York Times hace referencia al incremento de 400 por ciento de mujeres encarceladas por delitos federales en México desde el año 2007 y da cuenta de una serie de relatos de mujeres criminales hoy encarceladas en un penal de Ciudad Juárez. Pero la nota, deja muchos cabos sueltos en términos de análisis y evidencias con respecto este fenómeno de feminización del crimen en México. Un estudio del Instituto Mexicano de las Mujeres publicado en 2009 indica que en los últimos 10 años, el número de mujeres en las cárceles aumentó 200 por ciento (cifra que contrasta con 400 por ciento de incremento que menciona el periódico norteamericano) y señala que en 1993 había en los 445 centros penitenciarios del país 230 mujeres encarceladas (4 por ciento de la población total de reos). Los cálculos oficiales estiman que al día de hoy, existen 469 mujeres presas que representan 14.14 por ciento de la población total de reos.

    En México, las mujeres representan 51 por ciento de la población nacional, 52 por ciento del padrón electoral y participan con 33 por ciento de la actividad económica nacional. Según los cálculos oficiales, en nuestro país, existen 4 millones de hogares que son dirigidos por Mujeres Jefas de Familia. Los análisis más recientes indican que durante la década de los noventa, explicar los motivos por los cuales una mujer se implicaba en el crimen tenían un fundamento basado en causas biologicistas y psicologistas, cosa que hoy no es suficiente dado que no existen estudios que nos hablen de los aspectos estructurales de este tema, mucho menos de las implicaciones sociales a largo plazo.

    Hay quienes dicen que las mujeres que se implican en el crimen organizado lo hacen por tener una relación de sumisión con quien las implica, por necesidad y porque al ser el sexo débil, terminan siendo engañadas para ser “mulas, ganchas y burreras” del crimen. Al hacer referencia a las causas actuales de la reclusión femenina, las mujeres hablan de la falta de oportunidades, de las pocas expectativas generales que les brinda la sociedad para salir delante de manera digna, a la vulnerabilidad de la que son objeto por el bajo poder adquisitivo que tienen y a la dependencia emocional que pueden tener con su pareja. Las mujeres presas, han mencionado que la crisis económica y de seguridad social que viven, es un motivo suficiente para “entrarle” al crimen con tal de satisfacer las necesidades de sus hijos. Ello demuestra que las causas no están sólo fundamentadas en la sumisión hacia el varón, sino sobre todo, en las pocas oportunidades que tienen.

    El gobierno federal, no muestra disposición a investigar, entender e incorporar estas causas y razones a una visión de largo plazo que pueda traducirse en políticas públicas diferentes que mejoren la realidad de estas mujeres; solo se dedica a promover, mediatizar y espectacularizar este fenómeno de feminización del crimen. Según El Universal, el gobierno calderonista gastó más de 3 millones y medio de pesos del erario en promover la captura de Sandra Ávila (La Reyna del Pacífico); cosa que demuestra que para el gobierno, la feminización del crimen es un tema de estereotipos, sensacionalismo y simplicidad. No hay duda de que la feminización del crimen es un fenómeno actual y en incremento, pero observarlo con simplicidad política, no aportará a combatirlo y reducirlo.

  • Sociedad Podrida, ¿y los valores?

    Abriré este artículo con la historia de un conocido, del cual no voy a revelar su nombre por obvias razones, el era una persona muy controvertida, en el club deportivo que yo frecuentaba se corrían los rumores de que el, en su juventud (no debía tener ni 15 años) había tratado de violar a la sirvienta, también en dicho club deportivo había mostrado sus genitales a un grupo de mujeres para impresionarlas. No era cualquier persona, había algo malo dentro de él. Este hombre tenía posición muy cómoda, sus padres tenían solvencia económica, vivían en Colinas de San Javier en la ciudad de Guadalajara, una de las colonias de mayor nivel socioeconómico en Guadalajara, sus padres, según me describía un gerente del club, eran muy buenas personas, su hermano también, pero el no. No sabían porque.

    Después, al ver la conducta rebelde de esta persona, deciden enviarlo a Estados Unidos a un campamento militar para que corrigieran su conducta. Aparentemente regresó muy reformado, su corpulencia había cambiado, de ser un joven debilucho, terminó convirtiéndose todo un atleta con una gran musculatura. Cuando regresó se inscribió en la preparatoria donde yo cursaba y ahí coincidí con él. A pesar de que su actitud era dura, parecía que si había logrado un cambio. No estabamos en el mismo grado pero coincidíamos en las clases de inglés y ahí me contó su experiencia dentro del campamento militar. Me decía que la disciplina era tan estricta que muchos trataban de huír (lo cual era imposible) y que algunas personas terminaron suicidándose porque no aguantaban el ritmo de vida que le imponían los militares. Ese cambio parecía haber moldeado su caracter, pero nunca logró extirpar esa maldad que tenía dentro.

    Después de la preparatoria ya no lo ví. Supe de él hasta después de la universidad cuando yo trabajaba en una franquicia de cartuchos remanufacturables. Justo cuando fuí al club con el gerente para ofrecerle mis servicios, me contó todo lo que había sido de el. Había asaltado una tintorería (sin más no recuerdo) y terminó en la cárcel. Su papá, al tener mucho dinero, lo logró sacar de ahí. Me pregunté, ¿como una persona que vive bien, tiene recursos económicos y tuvo la posibilidad de ser educado en las mejores escuelas, decide irse por ese camino?. Pero ahí no acabó todo, junto con otra persona, secuestraron un joven y pidieron un rescate económico. Pero todos los planes salieron mal, las autoridades lo agarraron con las manos en la masa y lo volvieron a meter a la cárcel. Su padre ya no se quiso hacer responsable de el y actualmente está en los separos cumpliendo una condena.

    Seguramente el tenía algo mal dentro de su cabeza, tenía un ambiente propicio para desarrollarse bien y terminó lléndose por el lado equivocado, el es una persona que seguramente no podrá ser reformada, su naturaleza es destructiva, nociva. Ahora, cuando veo todo lo que está pasando en el país, me pregunto ¿cuanta gente será como él, que seguramente un mal congénito los hace comportarse de esa manera o cuantas personas se volvieron criminales por las circunstancias que los rodearon?. Leyendo sobre la historia de los grandes capos del narcotráfico veo ambas modalidades. Algunos empezaron en la siembra de mariguana, pero ni sus padres ni sus amigos eran violentos, no tenían mucho dinero pero tampoco vivían tan mal. Otros si tenían problemas familiares, sufrieron el divorcio de sus padres o maltrato.

    La sociedad mexicana está viviendo un proceso de putrefacción, de pérdida de valores. En solo una semana hubo dos sucesos que me llamaron en demasía la atención, primero fué el asalto a un pizzería en Nuevo Laredo, y luego la balacera ocurrida en las afueras del Territorio Santos Modelo mientras se jugaba el partido Santos vs Morelia. Cada vez más personas sucumben ante las tentaciones del narco, de la delincuencia, de la violencia. Todo esto podría si no erradicarse, al menos si aminorarse con la transmisión de valores humanistas que dignifiquen al ser humano. A muchos les vendrá la mente la religión. México es un país religioso, pero parece que la enseñanza de esta religión no es suficiente, o bien, algunos la tergiversan en su favor. Por alguna razón vemos algunos de los narcotraficantes tienen sus santos, asisten a misa, e incluso tienen compadrazgo con párrocos.

    Se necesita hacer un cambio más drástico. La guerra emprendida por Felipe Calderón es correctiva, pero no previene los brotes de violencia. De hecho provoca su aumento, porque esta guerra divide a los cárteles, provoca que se peleén entre ellos y generen más violencia. Por eso muchos culpan al mandatario por el aumento de violencia. No están equivocados, aunque cabe mencionar que los primeros responsables son los narcotraficantes mismos. La estrategia debe de ser replanteada y se debe apelar a los valores y a reconstruír el tejido social para evitar que emergan más ciudadanos violentos, aquí es donde ha fallado Felipe Calderón. Muchos le han reclamado, primero lo hicieron sus opositores con un toque de oportunismo, pero luego también lo hizo la gente común y corriente, gente que ha marchado en contra de la violencia como Javier Sicilia. Las encuestas no mienten, la popularidad de Calderón va en picada mientras la percepción de la violencia por parte de los ciudadanos va en aumento (consultar fuente aquí).

    Hace falta una revolución de las conciencias, cambiar la idiosincrasia del mexicano donde todo se vale y donde el que no tranza no avanza. México está podrido, las instituciones funcionan a medio gas, los partidos políticos velan por sus intereses saltándose sus preceptos ideológicos, la gente se pasa los altos y da mordidas. Tenemos que repensarnos como sociedad ¿qué es lo que nos está sucediendo?. Hay que buscar soluciones, en la Guerra ante el narcotráfico veo dos posturas, quienes se alinean a Felipe Calderón, como si estuvieran cerca de caer dentro de un precipicio y la mano que la sostiene empieza a perder fuerzas, y quienes quieren la retirada del ejército y el pacto de los carteles. Creo que los dos puntos son muy debatibles, más bien hay que compaginarlos y proponer una tercera vía, pero en esta como digo, se necesita la colaboración de la sociedad y la reconstrucción del tejido social, si no, estaremos perdidos.