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  • Cuando ya nada puede malir sal

    Cuando ya nada puede malir sal

    ¿El mundo está cada vez peor? No lo sé, pero eso sí, el mundo tiene muchos problemas, y tal vez ahora lo que faltan son ideales y convicciones. No sé si ya hemos transitado por muchas formas de organización y de gobierno, ya hemos tratado de analizarnos (es decir, analizar al ser humano) bajo varias perspectivas filosóficas, antropológicas, psicológicas o biológicas, y llegamos a la conclusión de que somos los mismos, que la paz mundial es una utopía y que sólo se puede sostener brevemente, por lapsos muy temporales, debido al equilibrio causado por los conflictos de varias partes.

    Cuando ya nada puede malir sal

    No es que los seres humanos seamos malos, simplemente el conflicto pareciera ser parte de nosotros y parte de nuestra supervivencia. Las guerras, la conquista, la necesidad de dominar al otros. Sería impensable el día en que todas las naciones vivan en paz porque se han convencido de que esa forma pueden coexistir.

    Ciertamente hemos aprendido a ser más civilizados, bueno, hasta cierto punto. Posiblemente ahora los seres humanos utilizamos métodos de dominación menos agresivos. Lo que antes se hacía en una guerra sangrienta, ahora se hace por medio de chantajes, de manipulación financiera y estrategias geopolíticas.

    Es muy difícil responder a la primera pregunta, porque es muy difícil medir los resultados, porque la percepción puede resultar muy engañosa y puede estar atada a muchos factores. Por ejemplo,  la información que nos llega por las redes sociales (a la cual no teníamos acceso antes) puede crearnos una percepción diferente. Un decir, que en Facebook te enteres de más corruptelas de políticos y más escándalos, y entonces, pienses que las cosas están peor. Tal vez para mí, de acuerdo a mi forma de pensamiento, el mundo esté peor y tú lo veas al revés. Para un economista que trata de responder en términos de ingreso per cápita, podrá pensar que las cosas van mejor, pero para otro que mida en términos de desigualdad podrá pensar lo contrario. Igual para un sacerdote que piensa que los valores se están perdiendo, o para un homosexual que ve cada vez más refrendados sus derechos.

    Independientemente de esto, sí creo que el mundo está pasando por un momento difícil, sobre todo por la falta de credibilidad que comienzan a tener las organizaciones que hacen que las cosas funcionen. Cada vez tenemos menos estadistas y cada vez más marionetas o figurines mediocres. La sociedad se siente cada vez menos representada por los partidos políticos de sus naciones, algunos incluso se abrazan ante corrientes extremas debido a la crisis que vive la democracia liberal. Tenemos a los rusos con su líder autoritario Vladimir Putin y si nos vamos más allá, a los terroristas islámicos que cada vez consiguen más adeptos.

    México es un microreflejo de lo que pasa en el mundo, y en algunos sectores la crisis puede ser más insultante. Por un lado hay una fuerte falta de identidad, y quienes sí la tienen, la cimientan bajo mitos históricos. La distancia entre ciudadano y gobierno es abismal. Peor aún, somos capaces de regresar al pasado y dejar que ello pase. Podemos volver a la época diazordacista y echeverrista de la guerra sucia a pesar de que «los tiempos han cambiado», podemos volver a hacer las cosas como antes sabiendo que en tiempos pasados no funcionaron y nos hicieron sufrir mucho.

    Posiblemente se trate de una transición. Posiblemente sea nuestra costumbre (al igual que la de Ortega y Gasset a principios del Siglo XX) de pensar que las cosas eran mejor antes. Pero sin duda parece haber una sociedad mundial con menos esperanza que antes. Posiblemente ante la falta de un enemigo visible (necesario según Umberto Eco) a cual combatir, tal como lo fue el fascismo o el comunismo (por eso es que luego a los americanos se les da mucho inventar enemigos para reforzar la identidad nacional).

    Por eso para muchos pareciera que la sociedad global ha tocado fondo, cuando ya nada puede malir sal… salir mal, perdón.

  • Salir de la zona de confort

    Leía una noticia que no era tan trascendental y que ya todos sabíamos, y es que Kodak está en quiebra. Naturalmente esta cuesta abajo de Kodak que se originó por las cámaras fotográficas digitales hizo que tuviera que hacer si o si, recortes de personal para que la empresa se pudiera solventar. Así como Kodak tuvo que despedir a varios de sus empleados, las otras empresas que se empezaron a beneficiar de las nuevas tecnologías, como Canon, HP, Sony, y muchas otras, naturalmente tuvieron que contratar más empleados para poder desarrollar su nuevo modelo de negocio. Y en un mundo competitivo, donde la tecnología avanza cada vez más rápido, igual que la innovación; uno ya no se puede dar el lujo de tener un empleo, o una empresa y pensar que haciendo las cosas de la misma manera ya uno tendrá la vida resuelta.

    La vida es caótica y así siempre ha sido, a veces te mantendrá en la cima, y luego posiblemente, en la sima. Existirán épocas en las que todo se le puede dar a uno, se podrá dar lujos, gastos; y de pronto tendrá que ajustarse el cinturón. La vida de cierta forma ha sido así, y los hombres naturalmente tienen que adaptarse a sus vaivenes. Naturalmente el que sufrirá más es aquel que se queda estático, el que no cambia de estrategia, pensando que lo que le funcionó antes, le funcionará por siempre. En cambio quienes se adaptan, podrán no solo neutralizar un poco esas mareas altas, sino que por el contrario incluso podrán aprovecharlas a su favor.

    El salir de la zona de confort no es algo fácil. Porque a veces los humanos nos quedamos con nuestras ideas, y pensamos que estas son inmutables; incluso algunas personas piensan que el modificar su estructura de pensamiento es una traición. Pero sucede lo contrario, las ideas no son inmutables, pueden funcionar a la perfección en algún momento de la vida, pero luego pueden ya no funcionar. Y es por eso que el hombre siempre se tiene que mantener abierto a los cambios e irse adaptando a ellos, por lo cual siempre se tiene que manener activo y flexible, seguir aprendiendo, estar actualizado. Dejar de añorar tiempos pasados y ver que es lo que depara el futuro. Ese conservadurismo mental era ideal para la edad media, pero no para la postmodernidad.

    En algún momento de la vida, un economista marxista se dió cuenta que sus teorías ya no aplicaban y eran obsoletas, con los economistas neoliberales empieza a ocurrir algo parecido. Y el problema es que al «abrazar una ideología» una persona se niega a ver los cambios y busca justificar todas aquellas lagunas que van surgiendo y las atribuye a otros factores de una manera erronea. Todos los que estudiamos carreras universitarias nos encontraremos que en unos años, parte de lo aprendido ya no será tan útil y tendremos que actualizarnos y modificar nuestra estructura de pensamiento.

    Si somos conscientes de esta mecánica natural de la vida, nos será mucho más fácil adaptarnos. El adaptarse inevitablmente genera ciertas dosis de ansiedad porque no sabemos a ciencia cierta si las estrategias que utilizaremos para adaptarnos sean las correctas, pero aquí entra la prueba del acierto y el error, de experimentar, seguir con lo que funciona y lo que no irlo desechando. Lo peor es que uno se quede petrificado y esperando a ver que lo que le funcionó antes le funcionará después aunque la verdad empírica demuestre lo diametralmente opuesto.