Dada la naturaleza humana, lamentamos las muertes de las personas más importantes, y pasamos casi por desapercibidas aquellas que son menos importantes. Una persona importante puede ser un familiar o amigo cercano, un personaje importante ya sea político, un hombre de poder. Una persona menos importante es aquella que no es relevante en la vida de los demás. Claro, en un país tan desigual como México los importantes son «más importantes» y los menos son «menos importantes». Naturaleza humana al fin…

Muere Jenni Rivera. A mí me es irrelevante, se lamenta su muerte, al igual que lamento la muerte de aquel señor a dos cuadras de mi casa que nunca conocí. No veo TV, no me gusta la banda, con mucho esfuerzo reconocía el nombre y para ser sinceros ni sé a que se dedicaba y me entero que ya falleció. Mi postura es igual de válida que la de aquella mujer consternada que tenía todos los discos (no importa si originales, piratas o bajados de Taringa) y se sorprende que esta persona haya muerto, sencillamente porque ella le atribuye más valor a su persona.
Veo que en Twitter se burlaron de su muerte, hasta López Dóriga. Sí, los mexicanos nos burlamos de la muerte, por algo tenemos el día de muertos, pero creo que existe algo que se llama prudencia y respeto, y creo que hacerlo horas, e incluso minutos después de la noticia es falta de tacto cuando mínimo. No solo eso, muchas personas se indignaban porque la gente lamentaba la muerte de un artista que no era precisamente una maestra del arte o intelectual. Ella no tiene la culpa de que la prefieran a Carlos Fuentes. Que no se haya lamentado tanto la muerte de Carlos Fuentes es más bien un reflejo de que somos un pueblo inculto. No tiene nada que ver con Jenni Rivera. Se debería criticar la incultura del mexicano común.
Tampoco estamos obligados a lamentar muertes. Miles de personas mueren a diario y me pregunto si les damos tiempo a cada una de ellas para lamentarlas. Cada quien puede lamentar la muerte de quien quiera, de acuerdo al valor que le asigne a esas personas que fallecen. Sí, yo me pregunto por qué no se le dio la misma atención a Monsivais, a Dehesa, a Fuentes, a Granados Chapa. Simplemente somos un pueblo inculto, creo que no hay que preguntar ni esperar algo que las masas no pueden dar. Y bajo esta realidad la gente puede lamentar la muerte de Steve Jobs, del gato de la azotea, de Kurt Cobain o de Saramago.
Así es la vida pues…
A cierto usuario que me pidió una respuesta en un PD, ya le he cargado $100 pesos a su tarjeta de crédito.



Hoy, 5 de octubre de 2011 ha muerto Steve Jobs, a sus 56 años por un problema de cáncer pancreático. No importó toda la fortuna que tenía a su disposición, la vida es caprichosa y ya sea Dios o quien ustedes consideren, decidió que era hora de que Steve dejara de vivir. Parece que es injusto, que la vida así es. Porque mientras vemos que muchos millonarios estadounidenses lograron su fortuna mediante la corrupción y la especulación; Steve Jobs la hizo de la forma más digna, por medio de la innovación y ofreciendo productos de calidad a los consumidores, el colaboró con el desarrollo tecnológico de la computación y la telefonía celular. Facilitó muchas tareas a sus consumidores mediante sus productos.
Resulta que hace unos días, dos conocidos míos (y dos amigos) iban saliendo de un antro. Habían ido, como cualquier noche, a divertirse y a romper un poco la rutina. A mover un poco las caderas, a platicar, y tal vez a ligar. Pero no sabían lo que les esperaba a dos de ellos. El conductor tenía algo de alcohol encima, parecía no ser mucho, por lo que podía manejar con normalidad. Vamos, como cuando uno toma dos tres copas y se regresa a su casa, como todo mundo.