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  • Si te sorprende la alianza entre MORENA y el Verde, es que estás verde

    Si te sorprende la alianza entre MORENA y el Verde, es que estás verde

    Si te sorprende la alianza entre MORENA y el Verde, es que estás verde
    Foto: El Universal

    Hay quienes decían que López Obrador sería como Hugo Chávez. Aterrados, en pánico, nos alertaban: ¡no votes por ese populista! ¡Piensa en tu país y en tus hijos!

    Del otro lado estaban los que nos decían que él era el cambio, la esperanza, que la sociedad civil no importa, que lo que importe es que gane López Obrador.

    Y yo si bien sostuve una postura crítica ante AMLO, aquí en este espacio afirmé que no sería como Chávez, pero que estaría muy lejos de ser ese cambio con el que muchos sueñan (independientemente de si gobierne bien o no). Y creo, a mi parecer que la alianza que se ha tejido entre MORENA y el Verde, es un ejemplo.

    Es muy iluso pensar que con un solo gobierno una nación se va a transformar. Yo no conozco un sólo país de América Latina que se haya transformado radicalmente gracias a un gobierno. No sólo tenemos muy pocos ejemplos de países que se han superado a sí mismos, sino que en los muy pocos que tenemos no podemos afirmar que haya sido el resultado de un solo gobierno.

    Lo más parecido a un país que se superó a sí mismo es Chile. Y digo lo más parecido porque sigue siendo un país subdesarrollado con altos índices de desigualdad; pero lo tomo porque, como sea, es uno de los países más prósperos de la región. Los más derechistas me dirán que fue gracias a Pinochet (que al final fue un dictador y que, como tal, tiene un margen de maniobra mucho más grande que cualquier mandatario democrático), pero esa explicación es, cuando menos, muy insuficiente (amén de toda la sangre y represión que corrió en su mandato). El desarrollo de Chile fue resultado de varios procesos económicos y sociales que se han vivido desde hacia varias décadas y que también incluye a los presidentes después de la restauración de la democracia. 

    Un Presidente puede gobernar bien o mal, las cosas se pueden joder mucho o poco, pero la verdad es que dichas transformaciones se dan de forma muy progresiva y terminan haciéndose realidad y haciéndose palpables generalmente décadas después. Y esto ocurre porque un solo gobierno no tiene la capacidad de reformar todo el sistema, sino que hace lo que puede y lo que le alcanza, para lo cual un solo gobierno suele ser insuficiente.

    ¿Y por qué traigo a colación al Partido Verde? Porque es una clara muestra de la incapacidad que López Obrador tendrá para romper con muchos de los vicios del sistema. Es una alianza reprobable, sí, pero, a la vez, entiendo que es parte de la política. Si MORENA se alía con el Partido Verde puede garantizar la mayoría simple y, así, tener más margen de maniobra y poder para implementar sus políticas. Pero, por otro lado, si MORENA rechazara esa alianza porque ese partido es uno sin ética ni principios, entonces no tendría el margen de maniobra al que aspira a tener de tal forma que tendría mucho menor capacidad para hacer los cambios. 

    Otro ejemplo de lo que digo es la cantidad de miembros cuestionables dentro de su partido. Esto también es muy cuestionable, pero la alternativa (la incapacidad para lograr llenar el barco llamado MORENA) tal vez les habría salido peor y posiblemente ni hubieran llegado al poder. Como partido nuevo, a MORENA no le quedaba más que tomar de «lo que ya había», no tenía la capacidad de crear cuadros nuevos a partir de puros idealistas neófitos de la política sin experiencia alguna (y si es que los encontraban). Dicho esto, es imposible construir algo nuevo.

    Y no sin olvidar que, por más idealista y bienintencionado presuma ser, López Obrador creció dentro del régimen de partido único. Su manera de concebir la política es algo arcaica y más bien algo parecida al del viejo PRI con el que él creció (que abarca desde Lázaro Cárdenas hasta José López Portillo) y naturalmente, como cualquier mano, tenderá a echar mano de lo que ya conoce (incluyendo a políticos del viejo PRI). Si bien, probablemente su gobierno no sea una calca de ese PRI antiguo, si va a tener varios elementos en común. 

    Es decir, no solo son los obstáculos externos, también los internos: la forma en que él y los suyos (muchos también herencia de ese viejo PRI) conciben la realidad y la forma de hacer política. 

    Si AMLO gobierna muy bien (y si es que lo hace, porque también existe el escenario en el que gobierne mal) no vamos a tener un México mucho más desarrollado en seis años (aunque nos pongan en la portada del TIME). Tal vez veremos algunos signos de su buen gobierno como cierto decremento de la inseguridad, estabilidad económica, más empleos (nada del otro mundo), cierta reducción de la corrupción (aunque seguirá siendo un problema) o un crecimiento del PIB mayor al que estábamos acostumbrados (y que posiblemente no sea nada del otro mundo). México seguirá siendo desigual, el narco seguirá existiendo y seguiremos viendo corrupción en el servicio público (aunque AMLO no sea corrupto) Es simple, un sistema tan complejo como lo es un país donde hay muchos intereses y muchos cotos de poder no puede deconstruirse a voluntad propia ni con buenas intenciones. Hay que hacer y saber hacer política para enderezar lo más posible el barco con el fin de que vaya por buen rumbo y, de esta forma, que a largo plazo el país se vaya desarrollando poco a poco y convirtiendo en uno más justo.

    Por eso tal vez sea un error crear demasiadas expectativas en un gobierno, sobre todo unas que van más allá de sus capacidades. 

  • Juntos haremos histeria con el fideicomiso 19S

    Juntos haremos histeria con el fideicomiso 19S

    Juntos haremos histeria con el fideicomiso

    La mayoría de los que votaron por López Obrador lo hicieron porque «estaban hasta la madre de la corrupción del PRI». 

    Apenas, dos semanas después del triunfo del tabasqueño, el escenario más optimista es que MORENA creó un fideicomiso cuyos recursos efectivamente fueron a parar a los damnificados y que la motivación de AMLO y los suyos fue genuina y no electorera. Pero incluso, en ese escenario más optimista, ya estamos hablando de una ilegalidad ya que los partidos no pueden darse a la tarea de «donar dinero y recursos» con aportaciones privadas.

    Y ese es el escenario optimista; los otros escenarios, los más «pesimistas», son muy plausibles: por ejemplo, el 84% de quienes «aportaron» ese dinero eran legisladores de MORENA. Aquí se pone más raro el asunto. Leonardo Nuñez de «Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad A.C.» menciona que esos recursos se depositaron en efectivo y que lo hacían en varias ocasiones. Esta no es una «inferencia» del INE, está documentado en las grabaciones de los propios bancos. 

    Tal vez no se pueda determinar categóricamente que hubo algún fraude, pero la intensidad del olor crece cuando, en vez de aclarar a donde fueron a parar todos esos recursos y cómo se usaron, López Obrador sale a descalificar al INE y decir que se trata de una venganza, un complot. 

    Yo esperaría de un gobierno que en campaña enarboló la bandera anticorrupción que fuera totalmente respetuoso con las instituciones, las leyes y las normas, ya que ello es condición necesaria para el combate a la corrupción. En el ámbito político, la corrupción es, valga la redundancia, corromper el normal funcionamiento de las leyes y las instituciones con el fin de obtener un beneficio, incluso aquellas «cosas buenas que parecen malas». 

    En el escenario más optimista, el mensaje que MORENA manda es que «no importa si torcemos la ley para hacer cosas que nosotros consideramos buenas o nobles», que la cuarta transformación no es un México donde las instituciones y las leyes funcionen y sirvan a los intereses del pueblo y la nación, sino uno donde una cúpula política pueda gobernar a discrecionalidad y en el cual ellos, y no las leyes, sean quienes determinen qué es bueno, qué es justo, y qué es lo injusto y lo malo, lo cual estará necesariamente acomodado a sus intereses.

    Aunque las intenciones fueren buenas, la poca disposición a apegarse a la ley y la opacidad es la antesala para que un gobierno determinado entre dentro de una espiral de corrupción dado que no habrá contrapesos que controlen sus pulsiones. 

    Y ese es el escenario más optimista, el escenario del que hablan sus correligionarios y que defienden (aunque omiten que aún en dicho escenario hay una ilegalidad). El escenario pesimista, el cual dice que sí hubo un fraude y un mal uso de los fondos, es dilapidario; porque incluso sin haber llegado a la presidencia, la legitimidad que tenía AMLO en este sentido se habría deshecho (claro, menos dentro de la psique de los ceorreligionarios más fervientes). 

    Es paradójico también que dentro de los 50 puntos de austeridad se haya propuesto lo siguiente:

    “Se cancelarán fideicomisos o cualquier otro mecanismo utilizado para ocultar fondos públicos y evadir la legalidad y la transparencia”.

    Muchos de los puntos propuestos son positivos e incluso, en su mayoría, fueron reconocidos por algunos líderes de organizaciones civiles involucrados en estos temas. Pero ¿cómo confiar en que se van a implementar de buena forma si ellos mismos se contradicen entre su actuar y lo que proponen? 

    Estoy seguro que si este escándalo hubiera ocurrido dentro del PRI, la actitud de muchos de los que ahora defienden a MORENA e incluso están solicitando «coperacha» para pagar la multa, sería categórica e implacable. 

    Si dicen que es una «venganza» de los partidos o del INE, simplemente que comprueben cómo usaron el dinero. Y aún así lo que hicieron es una ilegalidad, no importa que AMLO haya donado regalías de su libro para los damnificados a través de ese fideicomiso. 

    Y todavía no comienzan a gobernar. 

  • Las elecciones 2016, el inicio del fin de la vieja política

    Las elecciones 2016, el inicio del fin de la vieja política

    Los resultados de hoy no son cualquier cosa:

    Las elecciones 2016, el inicio del fin de la vieja política

    Como lo mencioné en el artículo pasado, el PRI viene viviendo un lento proceso de extinción donde sus bases están envejeciendo y haciéndose más estrechas. Mi pronóstico fue conservador y lo hice con base en la única información que había disponible a la mano, las encuestas (parece que algunas de ellas se terminaron vendiendo al mejor postor).

    Pero el resultado fue más contundente.

    A pesar de que recuperaron Oaxaca y Sinaloa, perdieron por goleada. Perdieron Tamaulipas, Quintana Roo, Aguascalientes, Durango, pero sobre todo, perdieron Veracruz y Chihuahua, gobernados por déspotas que comparten el mismo apellido Duarte.

    Los resultados son importantes y quizá hasta históricos, porque el PRI hoy ha perdido fuerza dentro del territorio nacional, una fuerza que posiblemente jamás volverá a recuperar.

    A pesar de las encuestas compradas, de los acarreos de votos, de la guerra sucia, de los mensajes de texto incitando a la gente a no salir a votar, a pesar de todo eso, el PRI se llevó una dura lección el día de hoy.

    Me acuerdo muy bien cuando regresaron a Los Pinos, se sentían dueños del mundo, mostraban una arrogancia tal, que se ensimismaron, se metieron en su propio mundo paralelo y ahí están las consecuencias: Su modelo está caducando, y no bastaron ni 4 años desde aquel día que ganaron, para que su dura realidad quedara exhibida.

    Con el tiempo, sus bases se harán más chicas, su «divide y vencerás» funcionará cada vez menos.

    Entonces al PRI le quedará de dos sopas: se renueva, pero de verdad, y sí, eso incluye pedirle perdón a la sociedad por todos los agravios históricos; o muere.

    El PAN sin hacer mucho ganó y recuperó varios estados. Y digo sin hacer mucho porque los albiazules ganaron más por lo que dejó de hacer el PRI que por lo que hicieron ellos mismos. Los panistas simplemente aprovecharon la coyuntura, por eso es que no se deben engañar y creer en la «ilusión facilona» de que el partido ya es fuerte otra vez. Sigue siendo un partido dividido y fracturado.

    Morena por su parte, aunque no le alcanzó para ganar gobernatura alguna (más que en la Asamblea Constituyente de CDMX), comienza a tomar fuerza y ha hecho sonar la alarma de alerta en el PRD que podría dejar de ser el partido más importante de las izquierdas. Los priístas creen que en el 2018 podría ser entre ellos y Morena (López Obrador), con los resultados de hoy podemos poner ese argumento en tela de juicio. El PRI podría no ser siquiera uno de los dos actores principales.

    La lección que hoy recibe el PRI es contundente. Será cuestión de ellos si tienen la humildad para recibirla y actuar en consecuencia.

    Al mismo tiempo, es un día importante para México. La forma vieja de hacer política, con estructuras, acarreados y guerra sucia, recibió un golpe duro, muy duro.

    Hoy es un día histórico.

  • ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    Días atrás, escribí un extenso artículo explicando por qué la gente simpatiza con el PRI. Lo hice con base en mi experiencia y mis conocimientos. Para conocerlos tuve que conocer al partido, dado su carácter hermético.

    En el caso de López Obrador, el procedimiento que he hecho es distinto. Primero, porque a diferencia de los priístas quienes no utilizan mucho las redes sociales para manifestarse, los que simpatizan con López Obrador han encontrado en Internet y las redes, un campo de batalla.

    ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    Desde el 2006, antes que existiera Facebook o Twitter, ya existían portales web de sus simpatizantes para denunciar lo que llamaron el fraude del 2006: portales como El Sendero del Peje, y otros que tenían como objetivo criticar a Felipe Calderón con el mote de «Fecal» y su cara caricaturizada de tal forma que pareciera un pedazo de excremento.

    Para hacer el ejercicio me enfocaré en sus simpatizantes, quienes conforman su voto duro, y quienes ven a AMLO como la única posibilidad de que México cambie. No tomo en cuenta a quienes han votado por él de forma esporádica (como varios hicieron en 2006 y 2012).

    La pregunta de la cual partía el artículo anterior era ¿por qué la gente simpatiza por el PRI a pesar de su pésimo desempeño? López Obrador, en cambio, no ha gobernado nuestro país.

    Muchos, a pesar de la evidencia y experiencia de otros países, presuponen que al presentarse como el opositor u outsider, (de quien cuyas declaraciones tienen mucho contenido moral y se presenta como una político moralmente superior a todos los demás,  no se corrompe, no roba, dice) es la opción que México necesita.

    La pregunta en este caso sería un poco más extensa: ¿por qué la gente simpatiza con López Obrador a pesar de que el modelo político y económico que propone ya ha fracasado en diversas latitudes del mundo (sobre todo en Sudamérica) y a pesar de sus rasgos mesiánicos que balancean a su personaje entre el populismo latinoamericano y el PRI de los años 70?

    Hace unos pocos días tuve una discusión con un tuitero. Yo había criticado a López Obrador porque al oponerse a la #Ley3de3, coincidía con la mafia en el poder. El PRI, el PVEM y Morena son los más fervientes opositores a esta ley. Este usuario me criticó mostrando una columna que afirmaba que la #Ley3de3 había sido una invención de Televisa. La leí, y resultó que la columnista no sólo era seguidora de AMLO, sino que era miembro de Morena. A pesar de reparar en ese detalle, siguió mandándome tuits con el mismo link, y me mostró incluso pantallazos del artículo, como si fuera una verdad irrefutable, como si no estuviera entendiendo su texto.

    Acto seguido, esta persona me mostró artículos que él no había leído completamente, o al menos eso pensé cuando terminé de leerlo y encontré que tenía información que lo contradecía. Por ejemplo, me trataba de explicar que México creció menos que muchos países de Sudamérica (mi intención nunca fue defender el desempeño económico del gobierno actual), pero al final mostraba que Brasil y Venezuela, a quienes yo me refería, habían crecido menos que el propio México. Luego entonces, preferí no seguir el debate porque no tenía sentido. No se trataba de un debate de argumentos, sino de cuestión de fe.

    Seguidores de Morena

    La otra vez había dicho que los priístas suelen serlo por pertenencia y que eso los lleva muchas veces a asumir posturas maniqueas. Con los seguidores de López Obrador, la piedra angular es la fe, que de igual forma los lleva a asumir también ese tipo de posturas, las cuales son más notorias no necesariamente porque ese maniqueísmo sea más intenso, sino porque hacen más ruido mientras que los priístas mantienen un perfil bajo.

    Hablar de sus seguidores como «buenos para nada, mantenidos, ignorantes», es muy superficial e irresponsable y sería una absurda generalización. Antes que todo eso, está la fe. Y eso tiene raíces muy profundas, más en un México con abundantes rasgos verticales y un gobierno que siempre se asumió como dador. Es decir, sus seguidores asumen que para que haya un cambio en el país, se debe de apostar a una persona y no a ellos mismos. Una sociedad como la mexicana es más proclive a caer rendida a los pies de un demagogo; aunque Estados Unidos ya nos ha mostrado el ejemplo de que un país más democrático y desarrollado tampoco está exento de caer en ese tipo de trampas.

    En este sentido, López Obrador tiene varias coincidencias con el PRI.  López Obrador fue priísta y absorbió gran parte de su modus operandi. Muchos rasgos propios del PRI están muy presentes en su persona y organización.

    Si bien AMLO no tiene una estructura sólida (que trata de construir con Morena) como para replicar un club-partido a gran escala como lo hace el PRI (muchos simpatizantes ni siquiera están afiliados), varias de sus formas se replican (la sumisión y el alineamiento), pero en vez de tratarse de un partido, se trata de una persona. Se trata de una organización paternalista más que de grupo.

    Al igual que con el PRI, se está dentro, o se está fuera. Ser parte del movimiento de AMLO es un privilegio, «es un honor estar con Obrador». Como se presenta como moralmente intachable, entonces los que lo critican son «moralmente reprobables», o cuando menos, engañados: – Ya no veas Televisa. Si un columnista critica a AMLO, ya es considerado parte de la Mafia en el Poder. No importa si es Ciro Gómez-Leyva, Denise Dresser o Julio Astillero.

    A diferencia del PRI, la relación entre los simpatizantes y la figura en cuestión sí está cargada de elementos ideológicos. Es decir, no pertenecen por pertenecer, sino porque López Obrador representa la respuesta al diagnóstico que han hecho del país:

    Sus simpatizantes tienen una escala de valores, luego entonces, simpatizan con López Obrador, pero al simpatizar absorben todo su credo, como si esto fuera necesario para reafirmar su propia escala de valores.

    Pero no se trata de una postura ideológica muy definida, más que la confrontación con las élites. Su discurso contra la corrupción, la desigualdad y falta de oportunidades va en ese sentido. en confrontar las élites y defender la soberanía con argumentos nacionalistas, aunque con mucho menos vehemencia que Chávez o Maduro; en tanto para él y sus simpatizantes el enemigo está dentro del país y «el imperialismo» queda un poco más en segundo plano.

    La postura en temas que no tienen que ver con esta confrontación es muy vaga y no tiene relación con las corrientes progresistas, claro ejemplo es la postura de López Obrador en temas sociales como el matrimonio gay o la despenalización de la mariguana. En ese sentido, López Obrador muestra un pragmatismo parecido al de los priístas, donde la política importa más que las convicciones.

    El diagnóstico a priori puede no ser erróneo. Por ejemplo, en México existe mucha corrupción, desigualdad, injusticia, o unas élites rígidas que no permiten el desarrollo pleno del país. López Obrador coincide con esas críticas, les pone nombre y etiquetas. A esa élite le llama «la mafia en el poder» y todos aquellos problemas son a causa de la Mafia en el Poder. Toma verdades, o medias verdades y las generaliza para crear una retórica donde se asuma como el líder absoluto, tal y como lo han hecho los demagogos populistas como Hugo Chávez, o inclusive Donald Trump: El pueblo pobre contra la élite mala. Se asume como antisistema.

    AMLO Morena

    La solución que propone es fácil (cuando la realidad es opuesta), se trata de presentarse como impecable, impoluto; de mostrar que el problema tan sólo es de carácter moral, y basta ser recto para resolverlo. Basta con ser bueno.

    Basta con tratar de entender un poco de psicología, economía y otras disciplinas más para entender que esto no es así. Pero seguir a una persona que se asume como recta, es mucho más fácil que trazar una estrategia para combatir estos problemas. A esto se le debe sumar que la mayoría de los ciudadanos no creen que por sí solos tengan la capacidad de transformar su realidad (cuando la realidad, al menos al día de hoy, es que sólo desde la ciudadanía puede venir un cambio). Y de la misma forma, se debe sumar la desesperación. El resultado es un líder populista con un considerable número de seguidores.

    No podemos hablar de «personas ignorantes» como algunos sugieren cuando hablamos de los simpatizantes. Varios de sus seguidores tienen un nivel de educación relativamente alto, incluso no son muy pocos los llegan a estudiar en el extranjero y llegan a destacar en su área profesional (conozco quienes pisaron Harvard). Pero su vínculo con López Obrador sigue siendo eso, un acto de fe. No importa que los argumentos y postulados del tabasqueño puedan ser fácilmente rebatibles.

    No tiene que ver con la inteligencia en tanto la gente con un mayor cociente intelectual no siempre es «más objetiva» que el resto. De hecho, pueden utilizar su propia inteligencia para tratar de reforzar y justificar su postura.

    López Obrador y sus seguidores son parte de un mundo que tiene muchos enemigos en común y que se repiten a cada rato: «La mafia en el poder», «Los potestados»,  «Televisa», «Peña Nieto», «El Prian», etc. Son entidades o personas, que en su mayoría pueden ser duramente criticadas por quienes no simpatizan con López Obrador, pero que son un todo para quienes sí simpatizan con él, son un sólo enemigo.

    La premisa de López Obrador, y por consecuencia, de sus seguidores es: si estas entidades desaparecen, entonces México será otro. Reparan en ellas, y no en las causas que las hicieron surgir. Es más fácil decirlo así, es más fácil crear un enemigo en común. El político que quiera ganar poder creando una masa de simpatizantes leal y cohesionada, sabe que debe de crear un enemigo en común.

    Los lopezobradoristas son leales entre ellos, al menos ideológicamente. Acceden a las mismas fuentes de información (Proceso y La Jornada principalmente) porque son a su parecer, las únicas que presentan una realidad objetiva. En general tienden a ser más bien incapaces de aceptar críticas, y dan por descontado algún artículo crítico, porque la oposición a López Obrador tendrá siempre una oscura intención. No se puede ser opositor a López Obrador desde el bien. Como comenté anteriormente, la única alternativa es estar engañado.

    Muchos de sus seguidores son bienintencionados, pero les es más esperanzador sujetarse a los designios de un líder, que pensar que la ciudadanía por sí misma puede generar cambios dentro de la sociedad.

    De esta forma, al igual que el PRI, tienen sus propios ritos y costumbres. También se trata de pertenecer, pero esta pertenencia conlleva una carga ideológica, y dicha carga es la que da cohesión al movimiento.

    A diferencia de los priístas, dicha carga ideológica puede hacer que algunos de sus seguidores caigan en alguna especie de arrogancia intelectual. Sus seguidores suelen estar más leídos e informados (aunque de forma parcial) que quienes pertenecen al PRI (especialmente sus bases cuyos miembros poseen una baja escolaridad). Eso, más la postura moral que encarna el movimiento, puede hacer que en algunos casos se muestren moralmente superiores a los demás: «tenemos conciencia crítica, leemos y nos informamos».

    Aunque al mismo tiempo refutan argumentaciones críticas hacia la figura de López Obrador o su programa político y económico, sin importar si son contundentes. Porque, es un acto de fe.

    De esta forma, López Obrador sigue teniendo una base sólida de seguidores incondicionales, muchos de los cuales se asumen como agentes de transformación (supeditados a un líder). La crítica dentro del movimiento es escasa, en especial cuando va dirigida al propio líder. Quienes terminan desencantados terminan abandonando el movimiento, porque no se puede entender la pertenencia sin la sumisión ideológica a López Obrador. También, quien se decanta y muestra una postura crítica, termina siendo rechazado por los miembros del movimiento, quien a sus ojos, puede tener un interés particular: -Ya se vendió a la mafia del poder.

  • Elecciones 2018, primera llamada

    Elecciones 2018, primera llamada

    No sé si ya te diste cuenta, pero la disputa por las elecciones ya comenzó. Pasadas las elecciones del 2015, las piezas del juego se están comenzando a mover en el tablero; el poder comienza a sufrir algunos ajustes estructurales porque en el 2018 van a pasar muchas cosas. En ese año seguramente habrá un rompimiento del estado de las cosas que estamos viviendo actualmente.

    Elecciones 2018, primera llamada

    Ya tenemos un candidato, López Obrador. Tenemos otras figuras a quienes ya «están candidateando» como El Bronco. Nuestro querido Presidente ya está empezando a mover las piezas dentro del gobierno en aras de las elecciones. Bastará algún tiempo (posiblemente menos de un año) para que veamos mejor como va la cosa; pero el 2015 con el auge de las candidaturas independientes modificó el escenario para las elecciones venideras.

    Hay dos cosas que casi son un hecho: 1) López Obrador en la boleta, y 2) el PRI no repite. La primera la damos por sentada porque López Obrador buscará en su tercer intento llegar al poder, ya está haciendo campaña (por lo cual debería de perder el registro su partido) y él mismo ya ha declarado que va por la grande. Hasta aquí no hay ningún secreto.

    La segunda cosa tiene que ver con la pésima gestión del gobierno actual. Naturalmente Peña Nieto es uno de los peores presidentes del México moderno y el margen de maniobra que tiene es bastante poco como para poder dar un golpe de timón. Ya son demasiados tropiezos en su gobierno de tal forma que tendría que hacer algo heroico para poder quedar «tablas» en cuanto a la percepción de su Gobierno.

    Si en las elecciones pasadas al PRI no le fue tan mal fue porque muchos de los inconformes no salieron a votar y las estructuras (cada vez más rebeldes, que ni siquiera llenaron el Zócalo el día del grito) le alcanzaron para obtener mayoría relativa en el congreso. Eso no va a pasar en 2018, menos cuando el PRI no tiene una figura que siquiera tenga el arrastre que tuvo Peña Nieto en 2012. ¿Videgaray, Osorio Chong? ¡Ja!.

    Posiblemente el PRI termine negociando indirectamente con alguna otra fuerza de tal forma que sus intereses no se vean tan trastocados al irse del poder. Posiblemente ni a eso aspire. Todo lo que ganaron en 2012 (triunfo que de alguna forma los llenó de soberbia, y ahí están las consecuencias) se irá en el 2018.

    El PAN y el PRD no pueden aspirar a contender solos. Estos partidos están lo suficientemente desprestigiados. ¿Margarita Zavala? Los afines a Felipe Calderón la querrán, pero electoralmente la percibo como un perfil parecido a Vázquez Mota, no tiene arrastre, se presenta como mojigata. El PRD podría hacer la tontería de lanzar a Miguel Mancera, a quien le ha llovido críticas (en 2018 el PRD podría perder al DF). Posiblemente estos dos partidos vayan juntos (con toda la incongruencia ideológica que eso representa), posiblemente el PRD al final vaya con MORENA. Solos no ganan.

    Los dos principales contendientes de la batalla en la arena electoral serán a mi parecer Andrés Manuel y algún candidato independiente. ¿Por qué? Porque son los únicos dos que pueden aprovechar el descontento de la población. Ni PRI ni PAN ni PRD pueden asumir ese papel porque son vistos como parte del problema.

    Por eso no sorprende que López Obrador arremeta contra los independientes. El Peje ganaría si las elecciones se llevaran a cabo hoy, pero un independiente que cargue la bandera de la oposición al sistema y al mismo tiempo sepa recorrerse un poco más al centro será una amenaza para las aspiraciones del tabasqueño. El Bronco ha vendido un perfil así, Juan Ramón de la Fuente también podría desempeñar ese papel aunque no tiene el recorrido mediático que ya tiene el regiomontano. Jorge Castañeda podría postularse debido a que siempre ha cargado con la bandera de los candidatos independientes, pero meto que no tiene la frescura de los primeros dos.

    La estrategia de López Obrador es vincular a los candidatos independientes, sea quien sea, con lo que él llama «la mafia del poder» para restarles impacto. De hecho ya lo está haciendo.

    López afirma que detrás del Bronco está Salinas, y que cualquier otro que se postule (véase De la Fuente) es por un complot orquestado por la mafia del poder. Insistirá reiteradamente que los independientes no lo son y en realidad son más de lo mismo.

    Saber quien será el candidato del PRI, del PAN y/o del PRD podrá dar curiosidad y poco más. Es muy posible que por primera vez ninguno de los partidos grandes logre ganar. Ni creo que aspiren siquiera al triunfo dividiendo votos, sobre todo si el puntero es un candidato independiente, por que éste es el que tendría más capacidad de apropiarse del voto útil.

    Si el candidato independiente es endeble (o si se postula más de uno, de tal forma que se anulen entre sí), López Obrador estaría en ventaja. Incluso posiblemente alguno de los partidos podría declinar a favor de uno de los candidatos independientes si este escenario se da (lo contrario sería inviable).

    Faltan 3 años, muchas cosas pueden cambiar, pero mi lectura en el 2015 es esa, quienes se subirán al ring serán López Obrador y algún candidato independiente. Los demás partidos quedarán a la expectativa de quedarse con algo, de no perder muchas curules (o ganar algunas más en caso de los partidos chicos) y tal vez de llegar a algún acuerdo con quien podría ser el próximo Presidente de la República.

     

  • A Morena le deberían de quitar el registro

    A Morena le deberían de quitar el registro

    Hay dos partidos que han hecho muchos méritos como para ser desaparecidos por las instituciones relativas a la «cosa electoral», el Partido Verde y Morena. Del Partido Verde ya se ha hablado mucho; todos estamos hartos de las mochilas, de las tarjetas, de los spots en el cine, de las promesas sin ningún sentido, de que el Niño Verde, o más bien el Chavoruco Verde haga de las preferencias electorales un negocio y su partido actúe como satélite del PRI.

    A Morena le deberían de quitar el registro

    Pero de quien no hablan tanto es de Morena, de esa Morena de López Obrador, a esa Morena a la que le deberían de quitar el registro, de ese partido del cual se sirve el mesías tropical para ver si todavía le alcanza para llegar al 2018. Todo lo demás dentro de ese partido está completamente alineado a él, es un partido unipersonalista, antidemocrático (AMLO dicta todo ahí) y hasta aquí desde el punto legal y ético no hay nada malo. Si alguien quiere fundar un partido estrafalario lo puede hacer, si quiere fundar un partido masoquista también lo puede hacer. El problema es que López Obrador está haciendo campaña anticipada.

    AMLO habla de la «mafia en el poder» ese mantra del que la verdad ya estamos hartos. Lo repite una y otra vez, la mafia aquí, la mafia allá, la mafia acuyá. Ni los sermones de mi madre cuando me suspendían del colegio eran tan castrantes. Y vamos, en México sí hay una élite estancada, monopólica que se sirve a sí misma, el problema es que de alguna forma AMLO es parte de ella, comparte muchas características con aquellos que dice odiar.

    Y con su clásico maniqueísmo patentado, el puede «darse el lujo de saltarse las leyes» porque él es bueno, y entonces las leyes son malas, ¡Las creó la mafia! Pero cuando los «adversarios» hacen lo mismo que él (el caso del Partido Verde) entonces AMLO empieza a despotricar. AMLO quiere imponer una forma de moral en base a sus conveniencias.  -Si está conmigo es bueno, si no es parte de la mafia.

    A Morena le deberían de quitar el registro porque están haciendo actos anticipados de campaña, porque AMLO sale en todos los spots de su partido y no está contendiendo por ningún puesto en estas elecciones, porque se está promocionando utilizando los recursos que deberían de ser para promover o a su partido o a los candidatos.

    López Obrador al igual que a quienes demanda y critica, se salta las leyes para su beneficio. Mientras el Partido Verde o el PRI o los demás partidos pueden ser cínicos, AMLO se esconde dentro de su velo santificado de tal forma que crean que él sí puede pasarse por el arco del triunfo a las instituciones porque «sí quiere a México», porque «él es el único que puede hacer un cambio». Y la gente le cree.

    En un país que está urgido de constitucionalidad y un sólido Estado de derecho que se ha venido perdiendo cada vez más en el gobierno actual, una figura como López Obrador no ayuda mucho. Y una muestra de que el Estado de derecho existe, es que se le quite el registro a Morena (al igual que a los del tucán).

    Aunque sabemos que eso no va a ocurrir.

  • ¿Cómo serían los partidos políticos si fueran galanes?

    ¿Cómo serían los partidos políticos si fueran galanes?

    Imaginemos que los partidos políticos fueran galanes que quieren cortejar mujeres. ¿Cómo serían? Sigue leyendo este artículo y lo descubrirás:

    ¿Cómo serían los partidos políticos si fueran galanes?

    El galán priísta:

    El galán priísta sería un macho alfa clásico, no importa que lo critiquen, que lo odien, pero con las mujeres, siempre se va a salir con la suya. «¿Qué le verán a este cabrón? Es bien carita, pero está re pendejo, habla y habla pero dice puras tonterías».  El galán priísta tiene buena labia, tiene mucho, pero mucho dinero, porque saben que un galán pobre es un pobre galán. Pero a pesar de ser quien destaca sobre los demás, es tremendamente celoso, es mentiroso, tiene una gran habilidad para ocultar sus amoríos y engaños, pero aunque lo descubran, con su gran labia hacen que su novia o esposa siga con él, no importa que les peguen, que las repriman. Eso sí, a pesar de eso, le gustan las relaciones duraderas, para toda la vida, no le gusta mucho la idea de que se vaya con otro a los 6 años. A pesar de ser mujeriegos, no les gusta que nadie trate de «desestabilizar» su relación, cualquier amago o sospecha (aunque sea falsa) es motivo para agarrarse a «madrazos» a esa otra persona.

    El galán panista:

    El galán panista es serio, conservador, trabajador, caballeroso, pero no muy hábil para ligar. Es de esas personas que cuando estaban solteras eran muy cotizadas, pero a la hora de entrar a una relación, se descuidan, engordan, y si bien hablan de valores, de principios, pueden llegar también a ser golpeadores y tener una relación extramarital. Eso sí, van todos los domingos a misa, y son muy celosos. Cada rato hablan a sus parejas para saber donde están y a qué horas llegan, no les gusta que sus novias salgan con escote a la calle y mucho menos con faldas cortas. Cuando van a cenar les gusta siempre pagar la cuenta y nunca la dividen por partes iguales.

    El galán perredista:

    El galán perredista alguna vez trató de ser como el priísta pero afirma haber cambiado y aprendido a valorar a las mujeres. Es un galán no muy trabajador, con poca iniciativa y se monta en cólera ante algo que cree que puede ser muy injusto. Algunos dicen que es bipolar y otros que tiene personalidad múltiple. Reniega del galán priísta pero muy en el fondo desearía parecerse a él para atraer mujeres que están fuera de su alcance por su falta de iniciativa. Siempre que sale a ligar, logra dar los primeros pasos con una mujer, pero cuando por fin decide sacarle el teléfono para invitarla a salir, ella se está besando con otro.

    El galán morenista.

    Es todavía más mandilón que el perredista y bueno para nada, pero jura ser un buen individuo y con buenos sentimientos. Nunca trae dinero en la cartera que costó $10,000 pesos en una boutique de lujo. A pesar de su evidente ineptitud, muchas personas con problemas para conseguir pareja creen que es un Don Juan, pero en realidad es igual o más torpe para ligar. Las muy pocas veces que logra hacerse de una novia, termina frustrando su relación porque en su delirio cree que todo el mundo está tratando de quitársela, y el trata de convencer a ella que todos esos supuestos pretendientes son malos, y lo único que quieren hacerle es despojarla de su soberana virginidad.

    El galán del partido verde.

    Su dieta para verse bien consiste en comer la ensalada que venden en el McDonalds, pero también come Big Mac porque la hamburguesa tiene lechuga. Éste galán simplemente acompaña al galán priísta al antro, trata de imitar sus formas y se queda con las que al priísta no le interesan.

    El galán ciudadano.

    Él jura y rejura ser diferente a los otros galanes, por eso un día es patán como el priísta, el siguiente va a misa, el otro se convierte un bueno para nada y así.

    El galán petista.

    Digamos que… es gay.

     

     

     

  • López Obrador el reformofóbico

    López Obrador el reformofóbico

    Si hay algo más reprobable que hacer reformas al aventón, en su mayoría cambios para seguir igual y luego vanagloriarse con el argumento de que Peña Nieto sí está moviendo a México, es buscar revertir lo poco que se ha avanzado. Y la explicación más complaciente sobre la actitud de López Obrador, es que quiere vivir en el pasado, porque considera que el futuro necesariamente es sombrío, por lo cual lo más óptimo es quedarse en la «zona de confort». Término a debate porque no creo que la mayoría de los mexicanos se sientan confortados en la situación actual.

    López Obrador el reformofóbico

    Ese es el objetivo de López Obrador mediante su próximo partido político Morena, al menos en la retórica. Hasta ahora López Obrador no nos ha explicado por qué son malas reformas, se limita a llamar ladronzuelo a Peña Nieto, a hablar de la conspiración del «PRIAN» (recordemos que él es originario del PRI), y a utilizar términos como «traidores a la Patria».

    En todo este año de reformas, AMLO no mencionó una sola propuesta, su discurso fue totalmente negativo. Critica todas las reformas con las que no está de acuerdo, y si llegara a haber alguna otra con la que posiblemente pudiera no tener muchas objeciones (como la de telecomunicaciones) simplemente calla y no opina.

    Es triste ver a una figura que hizo creer a muchas personas que podía hacer un cambio en temas como la educación al perfilar en su posible gabinete presidencial a Juan Ramón de la Fuente, apoyar tácitamente a la CNTE. Es triste que prácticamente el único elemento político que puede fungir como una oposición real ante ese PRI que naturalmente no ha cambiado, y que tome una postura maniquea de total rechazo sin hacer una evaluación previa de lo propuesto, porque no hay un sustento de su contraargumento ¿Y hay contraargumento acaso?

    Si piensa que las reformas son nocivas (que tiene su derecho a estarlo) lo prudente es que explique por qué lo son. ¿Por qué es nociva la Reforma Laboral, la Reforma Energética, la Reforma Educativa? No nos ha dicho, nos dice como es que nos sumiremos en la desgracia, pero no nos dice por qué eso va a ocurrir. No nos muestra datos, estadísticas y sí mucha retórica.

    Un liderazgo desgastado como el de AMLO, un hombre que ya perdió lucidez y ya no brilla, aunado con las posturas timoratas y complacientes del PAN y el PRD, podrían hacer que el PRI logre su objetivo de restaurarse como partido hegemónico. Si López Obrador tomara una postura más sensata y menos cerrada (como lo aparentó en las elecciones pasadas) podría aspirar a ganar voto útil y a captar a la gente que está descontenta con la política actual. Su terquedad hace que sólo los suyos (en el mejor de los casos) lo apoyen. Pareciera, como dijo su ex asesor Costa Bonino, que AMLO parece no estar cómodo con la idea de ser Presidente, y sí mucho con el ser líder de un sector social, recibir aplausos y liderar manifestaciones.

    La impresión que llega de López Obrador a mi subconsciente (y a mi conciencia en el estado más racional) es que es un hombre que quiere vivir en el pasado, en lo que ya fue. A diferencia del PRI que aplica la máxima de Lenin a la inversa «dar un paso adelante para dar dos atrás». Es válido cuestionar los cambios, pero para ello se debería centrar en los comos, y no en pensar en que todo cambio es para mal. Es válido tener escepticismo ante los cambios y criticarlos, pero no lo es condenarlos por condenarlos, menos sin lograr separar aquellas partes que son buenas de las que no las son. López Obrador nos habla de la memoria histórica como argumento, pero si se le pregunta sobre Bartlett, se molesta.

    La buena noticia es que AMLO se recuperó del infarto que sufrió hace un mes. Independientemente que se pueda tener oposición a sus ideas o postura, esperamos que se encuentre en buenas condiciones de salud.