Etiqueta: Millennials

  • Léelo antes de que linches a un millennial

    Léelo antes de que linches a un millennial

    Leelo antes de que linches a un millennial
    Fuente: State Farm / Flickr

    En los últimos tiempos se ha vuelto una moda linchar a los millennials. Se ha vuelto un deporte.

    Ciertamente, como ocurre con muchas generaciones, la de los millennials tiene defectos y rasgos negativos. Podrían criticarse o señalarse tales rasgos, pero atreverse a condenarla me parece un craso e irresponsable error, y explicaré por qué:  

    Se ha dicho que son unos buenos para nada, que no tienen ideales, que se la pasan pegados a sus gadgets, que son una generación perdida. Y se dice como si ellos fueran los culpables, como si ellos se hubieran puesto de acuerdo para condenarse a la autoperdición. 

    En esta tesitura, me llamó la atención la columna de Antonio Navalón donde dice que lo más que han llegado a hacer es crear filtros para Instagram; columna, que por cierto, generó una gran polémica. Navalón, como «adulto grande» (el pleonasmo es a propósito) condenó a los millennials categóricamente:

    Por eso los demás, los que no pertenecemos a esa generación, los que no estamos dispuestos a ser responsables del fracaso que representa que una parte significativa de estos jóvenes no quieran nada en el mundo real, debemos tener el valor de pedirles que, si quieren pertenecer a la condición humana, empiecen por usar sus ideas y sus herramientas tecnológicas, que aprendan a hablar de frente y cierren el circuito del autismo.

    Antonio Navalón dice que su generación no quiere hacerse responsable del «fracaso que los millennials representan». Lo paradójico del caso es que fue su generación la que los crió y educó. Y no sólo eso, la suya fue la que les creó el mundo en el que viven, tanto en lo político, en lo social, como en lo tecnológico. Personas como Antonio Navalón pretenden ver a los millennials como algo ajeno a ellos cuando en realidad son producto de lo que su generación engendró.

    Si la generación de los millennials es tan vacía, lamentable y hasta catastrófica como los «adultos grandes» nos lo quieren pintar, entonces deberían ser igualmente estrictos con ellos mismos y responsabilizarse sobre el «monstruo que ellos engendraron». Ellos educaron a los jóvenes que se la pasan pegados a los smartphones.

    De la misma forma puedo hablar sobre el terreno político. No quiero de alguna forma justificar que, por ejemplo, los millennials del Reino Unido hayan sido lo suficientemente apáticos como para que ganara el sí al Brexit, pero también habríamos de preguntarnos si las estructuras políticas actuales (justo acababa de escribir un artículo sobre su relación con la política) son capaces de representar y comunicarse efectivamente con los millennials. Habríamos de preguntarnos si la apatía es una simple indiferencia o flojera de ellos, o si bien ellos se sienten ignorados por unas estructuras políticas ensimismadas y poco dispuestas a renovarse.

    Porque por ejemplo, es paradójico que en nuestro país se perciba una profunda apatía de los jóvenes cuando de salir a votar se trata, pero al mismo tiempo haya más jóvenes que nunca involucrados en organizaciones civiles y colectivos de participación ciudadana. Incluso, algunos de estos últimos forman parte de los primeros (participan activamente en temas ciudadanos pero no salen a votar porque no se sienten representados). 

    En el tema tecnológico y de emprendedurismo Navalón dice que la mayor aportación de los millennials son Apps y filtros de Instagram (ignora que Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, entra dentro de la categoría de los millennials). Ciertamente, los millennials tienden a ser más inestables cuando de empleos se trata y también son algo más indisciplinados que su antecesores, pero decir que no aportan absolutamente nada es un tremendo error que puede ser evidenciado fácilmente; e incluso algunos de dichos defectos parecen ir en consonancia con el entorno en que viven (y que crearon aquellos como Navalón que los condenan): por ejemplo, es casi un sinsentido esperar que un joven sea leal a la empresa donde trabaja como lo fueron los adultos cuando el mercado es muy cambiante y cuando ya ha dado por sentado que tendrá muchos trabajos a lo largo de su vida. 

    Así, los millennials son producto de su entorno y de sus circunstancias. Mientras los «adultos grandes» como Antonio Navalón se enclaustran en la nostalgia con el recurrente sesgo cognitivo de que lo pasado siempre fue mejor, los millennials, con todas sus virtudes y sus limitaciones, intentan crear un proyecto de vida dentro del mundo que sus antecesores les heredaron; ellos fueron los que les crearon este mundo posmodernista donde todos los simbolimos que les puedan dar una identidad son considerados constructos sociales; ellos fueron los que construyeron y diseñaron los gadgets a los que se la pasan pegados. Los grandes construyeron un mundo, y ahora se quejan de sus consecuencias. 

  • Internet. El conocimiento y la sabiduría es sólo para los disciplinados

    Internet. El conocimiento y la sabiduría es sólo para los disciplinados

    Imagen: coursetalk.com

    En este mundo contemporáneo y hedonista, nos hemos acostumbrado a sobreprotegernos con el argumento de que el humano no merece sufrir. El placer es bueno y el dolor es malo, se dice. Desde un utilitarismo mal entendido, hemos diseñado políticas públicas que buscan reducir el dolor del ser humano al mínimo. Así, el individuo se ha vuelto muy cómodo y más frágil, dada la sobreprotección que recibe. Al niño o a la niña que sufren de bullying ya no se les enseña a defenderse, el joven que está estresado con los exámenes está «sufriendo», y como el sufrimiento y el dolor se deben evadir, entonces algo mal están haciendo las instituciones, dirán, y reclamarán que su método de estudios debe ser arcaico o los maestros deben ser insensibles.

    Por otro lado, -no, no estoy cambiando abruptamente de tema-, me sorprendo al ver en Internet la gran cantidad de información y conocimiento disponible. Ya no sólo es ese gran volumen de información dispersa que el usuario debía molestarse en estructurar por su cuenta. Ahora el usuario puede encontrar información lo suficientemente estructurada como para hacerse experto en un tema o para continuar con su desarrollo profesional.

    Sitios como Coursera o Edx, donde los usuarios pueden aprender de cursos (MOOCS) impartidos por las mejores universidades del mundo, pueden ayudar a desarrollar profesionalmente incluso a quienes no tienen oportunidad de pagar una universidad. Estos cursos son gratis y el usuario sólo debe pagar si quiere que le expidan un certificado. Una persona puede, a través de Internet, convertirse en un programador de primer nivel, o volverse un experto en Big Data de forma gratuita o a un módico costo. Cursos organizados de forma pedagógica, que posiblemente en unos años en décadas, vuelvan a la educación superior tradicional obsoleta. 

    De igual forma, si el individuo quiere aprender filosofía, psicología, o quiere tener un nivel de cultura mucho más amplio, no sólo hay canales de Youtube que le dotarán al usuario de un nivel de conocimiento en el tema más que aceptable, sino que también puede encontrar diversos sitios web como The Book of Life que ayudan a mejorar la autoestima y la integridad de personas a través de la cultura y la filosofía, y así formarse como persona. Y si no tiene conocimiento del idioma inglés para consumir estos contenidos que en mayor parte están en este idioma, también puede adquirir un buen nivel de inglés en Internet, a un costo más bajo que en una escuela.

    Dirás que todo esto es maravilloso, que las posibilidades son infinitas, y técnicamente es cierto, pero entonces regreso al primer argumento:

    ¿Cómo puede aprovechar esta información el individuo sobreprotegido al cual educaron para no sufrir porque el dolor es malo? Estamos, y créanme porque lo he visto una y otra vez en mi trayectoria profesional, ante nuevas generaciones más comodinas que se sienten especiales por el simple hecho de tener la etiqueta de millennials, que se dicen ser críticas, irruptivas, pero muchos de ellos no están dispuestos a hacer un gran esfuerzo. Incluso algunos ni siquiera saben buscar información en Internet. 

    Fuente: forbes.es

    Algunos de ellos sueñan con ser el nuevo Steve Jobs, pero se despiertan tarde; y así, con su pijama puesta y su Mac, mientras se reclinan en la cama, dicen estar creando el proyecto que va a cambiar para siempre los hábitos de consumo. Hablo de jóvenes que conocen el arte del Facebook, que son expertos en las mascarillas de realidad aumentada del Snapchat, pero a quienes si les pides buscar algún concepto filosófico, no sabrán ir más allá de Wikipedia.

    Cierto, no son todos, no puedo generalizar. Allá afuera hay jóvenes muy talentosos que tienen las virtudes que les achacan a los llamados millennials -su horizontalidad a la hora de organizarse, la intención de irrumpir y crear cosas nuevas y cuestionarse todo-, a la vez que son disciplinados y trabajadores. Esos son quienes logran cambios positivos, los que innovan. Esos son los que han hecho que en México haya una mayor participación ciudadana, y son quienes están aprovechando la ola de la innovación digital.

    Pero al comparar a ésta con las pasadas, parece que a estas nuevas generaciones les están, en cierta medida, atrofiando la fuerza de voluntad.

    Entonces, mientras que toda esa información, todo ese conocimiento está ahí, a la mano de todos, lo que no abunda es la gente que tiene la voluntad para poder absorberla.

    Porque para eso se necesita de autodisciplina; pero a los jóvenes de hoy, poco resilientes, y quienes llevaron a sus madres a su escuela porque es un «insensible maltrato psicológico» que le pongan 5 de calificación al chamaco, no les enseñaron el hábito. Porque hacerse de dicho hábito implica dolor y sacrificio. Implica dejar los placeres inmediatos a un lado.

    Y es paradójico, porque los jóvenes millennials ya no quieren ser «godínez», quieren crear sus propios proyectos o quieren «freelancear», no quieren horarios fijos. Y para eso se necesita un chingo de autodisciplina, más que la que se necesita para conservar un puesto de trabajo de nueve a seis.

    Supongamos que quiero tomar un curso en Coursera, alguno de Big Data impartido por MIT, o uno de filosofía impartido por Harvard (cursos que no son cualquier cosa). El «aspirante a estudiante digital» tendrá que hacerse el hábito de dedicar una hora diaria al estudio de ese curso. Esa hora implica prescindir de una que dedicaba al ocio. Y como el curso no tiene un horario fijo ni una estructura como sí lo tiene la escuela o la academia de inglés a la que va porque y pagó (pagaron sus papás), tendrá que obligarse él mismo a estudiar ese curso a tal hora y en determinada cantidad de tiempo todos los días.

    Pero antes de eso, tuvo que haber una disposición para buscar información e informarse de los cursos disponibles y que le podrían ser útiles, hasta para eso se necesita disciplina y fuerza de voluntad.

    Me llama la atención, porque en esta sociedad globalizada cualquier persona con acceso a Internet puede acceder a conocimiento que está disponible en todo el mundo y que es desarrollado por las mejores instituciones y los más talentosos en su campo. Y en vez de eso, vemos muchos jóvenes que se pierden, que no saben trabajar, que no se involucran en temas sociales o no les importa la política porque «todos son iguales». Jóvenes que quieren el placer inmediato, que piensan en las fiestas, en el placer, en la peda, en el iPhone, y no en la inversión en ellos mismos. 

    En lugar de sobreproteger jóvenes y hacerlos más débiles de carácter con el argumento de que el dolor per sé «vulnera sus derechos humanos», deberíamos fomentar jóvenes más resilientes.  Si esas cualidades atribuidas a los millennials como su capacidad para innovar y pensar fuera de la caja se compaginara con las cualidades de la disciplina y la fuerza de voluntad, sumado a todo el conocimiento que está disponible en Internet, tendríamos a una generación que marcaría un hito en la historia de la humanidad. 

    Pero los que aprovechan este mundo de oportunidades, son los menos. 

  • La generación de los Millennials. Ser Esteban Godínez antes que Steve Jobs

    La generación de los Millennials. Ser Esteban Godínez antes que Steve Jobs

    Este texto podría desilusionar a algunas personas. Pensé alguna vez si era injusto que las tratara de bajar de su nube desde donde sueñan cuando yo mismo siempre he insistido en no repetir los patrones que todo el mundo repite y en tratar de ser algo diferente a lo común. Pero en realidad mi propósito no es matar los sueños de nadie, sino simplemente contarles con base en mi punto de vista y experiencia cómo son las cosas, o cómo me he dado cuenta que son en realidad, y que para perseguir esos sueños se necesita algo más que soñar.

    La generación de los Millennials. Ser Esteban Godínez antes que Steve Jobs
    makia.la

    Vivimos en una era paradójica, al mismo tiempo que es homogeneizadora te invitan a «pensar fuera de la caja». ¡Sé diferente para que seas igual! La generación de los millennials somos el futuro, somos los que la vamos a romper, somos los que traemos ideas diferentes. Aunque bueno, eso siempre sucede, las nuevas generaciones siempre traen «ideas nuevas y diferentes», ocurrió con los Baby Boomers y con la Generación X. Es un proceso completamente normal cuando hablamos de las nuevas generaciones y así ha sido al menos desde los tiempos de la Ilustración.

    Dentro de este contexto, sabemos los millennials son aquellos que dicen que van a salir, van a romper esquemas y van a inventar algo nuevo. Los millennials no son empleados, son emprendedores, traen otro chip. Mark Zuckerberg es un millennial que dejó la universidad para crear Facebook (ni Steve Jobs ni Bill Gates lo eran), hay jóvenes que se han hecho ricos con sus inventos, hay quienes han revolucionado el mundo. Entonces ¡yo soy millennial y lo puedo hacer! Muchos de ellos salen de la universidad con su idea rompedora, se imaginan volviéndose millonarios mientras trabajan desde su casa en pijama inventando ese nuevo invento que va a marcar un parteaguas en la industria.

    Cierto, los millennials apuestan cada vez menos a ser «simples empleados», quieren mayor libertad, no quieren jerarquías sino estructuras horizontales. Tiene sentido, una organización burocrática weberiana con horarios estrictos ya no es muy funcional en la era de la información que requiere cada vez más del «músculo intelectual», que a la vez requiere mayor flexibilidad para poder desempeñarse de mejor forma. Las necesidades de la sociedad van por ese sentido, las clases medias realizan trabajos cada vez más especializados en vez de trabajos monótonos y repetitivos que están siendo reemplazando por robots o mecanismos más automatizados.

    Otra cosa es pensar que ser millennial te hace ser algo especial. No, no lo eres, y si lo eres no es porque seas un millennial. Y no, tampoco vas a cambiar el mundo con tan solo soñar. Cuando se trata de hablar de aquellos que siguieron sus sueños, la mass media se enfoca más en su carácter irruptivo, en lo que los hizo diferentes a los demás, más que en todo el esfuerzo que debieron emplear y en aquello que los hace iguales a los demás. Hablan del esfuerzo sólo cuando está relacionado con su «irrupción» y no tanto de la disciplina o la rutina diaria de estos personajes que son modelos para muchos.

    Por eso entiendo que te imagines cambiando el mundo en pijamas. Como si se tratara tan solo de «inventar algo nuevo» y pelearte con todos los que no creen en tu idea y no entienden que eres especial para ¡vualá!

    Pero así no funciona el mundo.

    El genio es 1% inspiración y 99% transpiración – Thomas Alva Edison

    Primero hay que entender el contexto. Ni México ni todos los países latinoamericanos tienen un mercado dinámico como el estadounidense. Eso hace más difícil de inicio el surgimiento de «entrepreneurs genio». A pesar de algunos esfuerzos por crear una comunidad de innovadores de tecnología de punta (como sucede en Guadalajara), estamos todavía en pañales.

    La realidad es que para crear un proyecto irruptivo, se necesitan adquirir muchas habilidades. Cuando sales de la universidad la realidad es que no sabes nada, lo que aprendiste allá dentro posiblemente sea valioso porque son las bases de tu profesión, pero al mismo tiempo es minúsculo en comparación con todo lo que vas a aprender en el mercado laboral. Entonces, si quieres romperla, primero tienes que aprender «cómo romperla».

    Existirán algunos «genios» como Bill Gates que casi no trabajaron en algún otro lado antes de comenzar con su proyecto (otros como Steve Jobs sí lo hicieron). Pero vaya, el genio que se salió de la universidad para emprender su negocio es un caso demasiado excepcional. Es la excepción, no la regla. Por ejemplo, el guitarrista de Nirvana, Kurt Cobain, no era ni de lejos el mejor guitarrista de la historia y se convirtió en una leyenda. Muchísimas personas tocan mucho mejor que él en su recámara y no trascienden, menos lo van a hacer si no se preocupan mucho por su técnica como ocurrió con Kurt. Y la realidad es que si quieres tener una banda que trascienda, lo más probable es que te debas preocupar por refinar tu técnica en vez de esperar a tener demasiada suerte como Cobain.

    Dentro de esa misma tesitura, entonces tienes que entender que vas a tener que aprender a trabajar. Si quieres crear un negocio o proyecto propio, necesitas adquirir habilidades que sólo vas a poder adquirir dentro de un trabajo.

    The Huffington Post
    The Huffington Post

    Y cuando de esto se trata, muchos caen en el error de buscar un trabajo bien pagado en vez de uno donde puedan aprender. Muy posiblemente al salir de tu carrera sigas viviendo con tus padres y ellos sigan financiando varios de los recursos que necesitas: comida, ropa y tal vez hasta gasolina. Entonces ganar mucho no es prioritario, aprender a trabajar sí.

    Porque la realidad es que necesitas adquirir disciplina de trabajo (lo cual una empresa te puede dar) porque ser autodisciplinado es todavía mucho más costoso, crear un horario o agenda sin que alguien te lo imponga, es sumamente difícil. Necesitarás aprender a lidiar con tu jefe y tus compañeros (lidiar con socios y colegas es todavía más difícil). Necesitarás además aprender sobre la industria donde «la quieres romper», trabajar en ese ramo naturalmente te dará mayor experiencia.

    Ya cuando hayas adquirido las habilidades necesarias dentro de tu trabajo, puedes pensar en crear tu proyecto. Posiblemente dejes tu empleo o te decidas por alternar horas (lo cual suena más sensato a menos de que hayas ahorrado lo suficiente para emanciparte por completo del mundo godínez).

    Ya estás fuera, ya tienes en tu mente tu proyecto innovador. ¿Ahora qué?

    El inicio va a ser muy diferente al que pensabas. Porque no sólo se trata de soñar, sino de ejecutar ese sueño, que es lo que hace que muchos ilusos se rindan y regresen al mundo godínez.

    Necesitarás conocer gente que haya recorrido de alguna forma el camino que tú quieres recorrer, necesitarás un mentor. Muchos de los «genios» que admiras tuvieron alguno.

    Muy posiblemente no tendrás vida social. Vas a estar tan ocupado en tu proyecto, que eso de las fiestas, saliditas o ligues, va a ser algo muy esporádico. A veces ni siquiera tendrás tiempo de publicar en Facebook que estás en una relación con tu mano izquierda.

    Vas a tener que trabajar duro, mucho más duro que en tu pasado empleo godínez. Vas a tener que aprender a relacionarte, necesitarás conocer a gente de tu ramo, hacer networking, establecer relaciones estratégicas. Vas a tener que topar con pared una y otra vez. La mayoría de las puertas que toques se te cerrarán y te las restregarán en tu cara. Muchos no creerán en tu proyecto (posiblemente ni tu familia), perderás algunos amigos, unos por falta de tiempo, otros por conflictos, algunos relacionados con tu proyecto. Habrán momentos de infinita frustración, sentirás que el mundo se te viene encima. Y sólo es el principio.

    Ah, y tendrás que hacer mucha talacha, al menos hasta que tengas la experiencia y capacidad económica de delegar esas responsabilidades. Es decir, tu mayor tiempo no lo gastarás soñando, sino llevando a cabo tareas repetitivas. Pregúntaselo a Steve Jobs. Él, junto con Wozniak, hacían mucha talacha al armar las computadoras una y otra vez, empaquetarlas, llevarlas en automóvil, pegar etiquetas, abrir, cerrar. Te tendrás que levantar muy temprano y dormirte a deshoras para terminar de hacer estos trabajos.

    Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.
    Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.
    Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.

    Y sólo soñar de forma muy esporádica…

    Entonces te darás cuenta que ésto no se trataba de soñar tu proyecto en pijamas sentado frente a tu Mac mientras ves memes y videos de Youtube.

    Se trataba de «pegarle duro», de esforzarte hasta el cansancio, al punto en que estarás a punto de abandonarlo y dejarlo todo una y otra vez.

    Y aún así no será garantía alguna, aparte de esfuerzo y decisiones bien tomadas, necesitarás un poco de suerte. Porque como expuso Malcolm Gladwell en su libro Outliers, los triunfadores requirieron también algo de suerte, que ciertos eventos ocurrieran y que el entorno fuera favorable. Por ejemplo, en su libro menciona que no es casualidad que estos genios del oeste de Estados Unidos hayan nacido casi en el mismo año, por ejemplo, Bill Gates o Steve Jobs (ambos de 1955), para que después no surgiera alguno durante un periodo prolongado de tiempo hasta la nueva generación como la de Mark Zuckerberg, Google y Youtube.

    No es que no haya surgido gente con el talento de Jobs en ese periodo prolongado de «ausencia de genios». Ello se debió al comportamiento de la industria de la computación. Jobs, Gates, Bezos y Zuckerberg nacieron en la fecha indicada para que su edad de mayor capacidad creativa, coincidiera con ciertos cambios en el ramo en que se desempeñaban.

    Entonces te tendrás que quitar esa aura de que eres especial, y que como eres especial, entonces vas a triunfar. Olvídate de ser arrogante, de que puedes tratar mal a tus cercanos, a tus socios, o a tus nuevos empleados porque traes una idea bien chingona que muy posiblemente ni hayas estructurado bien.

    The simpsons / FOX

    No, no estoy sugiriendo que mates tus sueños. Te estoy contando cómo es todo esto en realidad.

    De hecho, se entiende por completo que sueñes, porque necesitarás hacerlo y mucho para poder soportar psicológicamente todo el desgaste, toda la chinga, todas las críticas, todas las puertas restregadas en tu cara, todos los fines de semana sin salir, toda la talacha. Sólo soñando y teniendo tu meta muy clara podrás permitirte hacer todo eso.

    Y aún haciendo todo esto, no tendrás nada seguro. No hay fórmulas mágicas, tú tendrás que encontrar la fórmula por ti mismo.

    Así que quítate la pijama, métete a bañar y vístete decentemente porque vas a tener que trabajar todo el día.